Los enfermos más desasistidos y necesitados

Los enfermos más desasistidos y necesitados

Día del enfermo 1988

 

1. «Los enfermos más desasistidos y necesitados» es el tema que ha elegido la Iglesia española para la campaña del Día del Enfermo. Su objetivo es dar a conocer a las comunidades cristianas y a la sociedad, en general, la situación real en que viven muchos enfermos, descubrir sus necesidades, comprometernos en su solución y apoyar a cuantos están trabajando con ellos.

2. Cualquiera que mire la realidad con los ojos bien abiertos, se encontrará con ancianos enfermos que viven solos y abandonados en sus casas o que andan de hospital en hospital como mercancías que nadie quiere; con enfermos crónicos faltos de medios económicos y de personas que les atiendan; con enfermos terminales que mueren técnicamente bien asistidos pero faltos de calor humano; con enfermos mentales a quienes se niega la comprensión y cariño que necesitan; con enfermos drogadictos y de sida que despiertan miedo y rechazo en torno a ellos.

3. Nuestra sociedad, construida desde los sanos y para los sanos, olvida, en general, a estos enfermos, los aparca y margina. Estorban, molestan y nos complican la vida. Su abandono y desamparo son un reflejo de la insolidaridad que padecemos, de nuestra creciente apatía, indiferencia e inhibición y de nuestro alejamiento de los valores humanos y evangélicos.

4. Esta situación es un escándalo y debería herir la conciencia de todos: la sociedad, los ciudadanos, las familias, la Administración, los políticos, los educadores, los profesionales sanitarios, la Iglesia. No somos humanos si damos la espalda a un problema que afecta a los más débiles y necesitados de asistencia, cuidados y cariño. No creemos de verdad en Jesús si no nos sentimos obligados a prestarles la misma atención que él les prestó.

5. Jesús no pasó de largo ante los enfermos, el sector más desamparado y despreciado en la sociedad de su tiempo. Se acercó a ellos, se conmovió ante su situación, les dedicó una atención preferente, buscó el contacto humano con ellos, por encima de las normas que lo prohibían, y les libró de la soledad y abandono en que se encontraban reintegrándolos a la comunidad. Así es como concibió el Reino de Dios que vino a predicar e instaurar.

6. Si las comunidades cristianas quieren ser fieles a la persona y al mensaje de Jesús, han de atender a los enfermos más desasistidos y necesitados con la misma solicitud con que él lo hizo.

7. La atención a estos enfermos comporta: descubrir quiénes son y qué necesitan; conocerles, acompañarles, compartir su situación y ayudarles a vivirla con dignidad y esperanza; ponerse a su servicio y ser, cuando lo necesiten, su voz, sus ojos, sus manos o sus pies; luchar con ellos y denunciar la situación injusta en que se encuentran y trabajar por erradicar las causas que la provocan; desterrar de nosotros actitudes y posturas tales como la falsa compasión, el dolorismo y los consejos fáciles que, lejos de ayudarles, pueden hacerles daño; y fomentar en ellos el sano realismo, la voluntad de lucha, la unión con otros para solucionar problemas.

8. Ofrecemos a las comunidades cristianas algunas pistas para su trabajo en este campo de los enfermos marginados:

  • Crear una nueva sensibilidad colectiva y promover un cambio en la actitud ciudadana ante los enfermos más desasistidos y necesitados. Es necesario romper entre todos el cerco de marginación social en que se encuentran atrapados. La Administración pública ha de tenerlos presentes a la hora de elaborar sus presupuestos. La política sanitaria no puede ignorarlos o menospreciarlos por el hecho de no considerarlos rentables. Y los ciudadanos hemos de romper las barreras, prejuicios e inhibiciones con las que les eludimos.
  • Acudir a donde se encuentran estos enfermos.
  • Apoyar y colaborar en toda clase de iniciativas, actividades y asociaciones que persigan una atención más adecuada a los enfermos abandonados.
  • Promover una transformación real de las instituciones sociopolíticas y religiosas que generan o consienten el abandono y la marginación de estos enfermos.
  • Valorar la entrega de las familias que cuidan con amor solícito y paciente a sus enfermos y prestar apoyo y ayuda a las que se ven impotentes para sobrellevar solas la enfermedad de uno de sus miembros.
  • Apoyar y alentar la labor abnegada que desarrollan en este campo los grupos de pastoral sanitaria parroquiales, las asociaciones y movimientos de enfermos, las religiosas, los religiosos y los profesionales sanitarios.
  • Reconocer que los enfermos son miembros activos en las comunidades cristianas a las que evangelizan desde su situación.

9. No queremos concluir nuestro mensaje sin expresar la convicción de que este problema tan grave y la atención que merecen estas personas supone tal grado de dedicación, que la sociedad difícilmente podrá responder a él sin un voluntariado eficaz y organizado. Apelamos a la conciencia de los católicos y de los ciudadanos de buena voluntad para que, superando el carácter meramente lucrativo del trabajo social, desarrollen también su sentido de gratuidad en favor de estos enfermos.

10. Que María, salud de los enfermos y madre entrañable de los desamparados, nos enseñe en este Año Mariano a seguir los pasos de su Hijo y anunciar su Buena Nueva a los más pobres y abandonados.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral

Javier Osés Flamarique, presidente de la Comisión, obispo de Huesca
Teodoro Úbeda Gramaje, obispo de Mallorca
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca
Rosendo Álvarez Gastón, obispo de Jaca
Santiago García Aracil, obispo auxiliar de Valencia