Los enfermos nos evangelizan

Los enfermos nos evangelizan

Día del enfermo 1986

 

1. Hoy la Iglesia vive, como gracia especial de Dios, una insistente llamada a lo que es su razón de ser más íntima, su identidad más profunda y su misión esencial: la evangelización.

El reciente Congreso de Evangelización, de septiembre de 1985, ha sido una expresión viva de esta vocación y urgencia evangelizadora de la Iglesia: sólo una Iglesia que es evangelizada puede evangelizar al mundo. Esta afirmación fue una constante en el Congreso y una de sus conclusiones. Y, dentro de él, el sector Mundo de la Salud nos dejó la consigna: «Que la Iglesia se deje evangelizar por los enfermos».

2. Los enfermos, desde su enfermedad, pueden evangelizarnos: no es sólo evangelizador el creyente en Jesús que, lleno de vitalidad, contagia la fe, la esperanza y la vida nueva que Cristo nos ha traído.

Jesús evangelizaba cuando recorría incansablemente los pueblos y ciudades proclamando la buena noticia del Reino de Dios y curando todo achaque y enfermedad, pero nos dio el más sublime anuncio evangelizador desde el dolor, la agonía, la soledad de la pasión y la muerte en cruz.

El apóstol Pablo recuerda con agradecimiento, en su carta a los cristianos de Galacia, la acogida que le prestaron cuando, con motivo de una enfermedad suya, les anunció por primera vez el Evangelio: «No me despreciasteis –les dice– ni me hicisteis ningún desaire, aunque mi estado físico os debió tentar a ello; al contrario, me recibisteis como a un mensajero de Dios, como a Cristo Jesús» (Gál 4,13-14).

3. Los enfermos nos evangelizan porque, desde su propia situación, nos ayudan a relativizar algunos de los valores y formas de vida de la sociedad actual y, también, de nuestras comunidades: la eficacia a toda costa, la competitividad, la ambición de dinero, de poder, de éxito y de prestigio, el ansia de tener y el afán de consumir.

Los enfermos, con su actitud, nos ayudan a vivir y recuperar los valores fundamentales del Evangelio: la gratuidad, la fuerza del amor, la esperanza, la entereza en la hora de la prueba.

Los enfermos, desde su postración, nos llaman a la solidaridad humana, el amor servicial y sacrificado y a la reivindicación de sus derechos.

Los enfermos nos ayudan a ser realistas en un mundo que vive de apariencias, de espaldas a la enfermedad, al sufrimiento y a la muerte, porque nos hacen reconocer que somos frágiles, limitados, mortales, pero con un caudal de energías ocultas muy considerables.

Los enfermos nos muestran el rostro de Cristo y lo más original y llamativo del Dios cristiano: un Dios que, por amor, se anonada y comparte hasta el fondo el dolor del hombre, y así nos salva.

Los enfermos que viven con sentido cristiano cada una de las etapas de su enfermedad, son un testimonio vivo de que es posible mantener el vigor de la esperanza, la paz serena e incluso la alegría; ser fieles al Dios que siempre es fiel; luchar con la enfermedad, asumirla con amor, y madurar humana y cristianamente.

4. Los enfermos nos evangelizan:

  • Cuando nos acercamos a ellos no como maestros y consejeros que van a dar lecciones, sino como discípulos que desean escuchar y aprender;
  • Cuando los acompañamos estando a su lado incondicionalmente, solidarios con sus necesidades, y sintonizando con lo que ellos viven, sienten y experimentan;
  • Cuando oramos por ellos y con ellos, si lo desean;
  • Cuando entablamos un diálogo entre enfermos y comunidad cristiana que permita el mutuo conocimiento y brinde la posibilidad de transmitir sus vivencias y testimonios.

5. Que este Día del Enfermo renueve en nuestras comunidades de Iglesia su vocación a ser evangelizadas y, al celebrarlo, encuentren en los enfermos una fuente riquísima de donde brota a raudales el Evangelio de Jesús. Y María, salud de los enfermos, que acogió en su corazón y en su seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo, nos enseñe a ser evangelizados para evangelizar.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Javier Osés Flamarique, presidente de la Comisión, obispo de Huesca,
Teodoro Úbeda Gramaje, obispo de Mallorca,
José Gea Escolano, obispo de Ibiza,
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca,
Rosendo Álvarez Gastón, obispo de Jaca.