Los Sacramentos en la enfermedad. Celebra la vida

Los Sacramentos en la enfermedad. Celebra la vida

Día del enfermo 1994

1. Con motivo del Día del Enfermo, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral nos dirigimos a vosotros los enfermos, a los profesionales sanitarios que os asisten, a los agentes de pastoral que os acompañan en vuestro caminar y a las comunidades cristianas de las que formáis parte. La jornada de este año nos invita a conocer y valorar más los sacramentos de los enfermos y a renovar su celebración recuperando su dimensión sanante.

Los sacramentos

2. Los sacramentos son la celebración por antonomasia en la que actualizamos, en la fe de la Iglesia, la acción sanadora y salvífica de Jesucristo. Expresan eficazmente la salvación que Dios ofrece por medio de Jesucristo en la comunidad cristiana y al mismo tiempo la respuesta de ésta que acoge la salvación. Por ellos alabamos y damos gracias al Padre por la vida, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo.

En ellos celebramos la vida porque Jesucristo que es la vida, la vida misma de Dios, y la fuente de toda vida. Celebramos los signos de vida de la Iglesia: la fe de tantos cristianos, el crecimiento de comunidades vivas a lo largo y ancho del mundo, los logros de la acción evangelizadora, el testimonio, amor y entrega de muchos cristianos que participan de la Buena Noticia y la comunican al mundo. Celebramos la vida del mundo y nuestro propio vivir en Cristo.

Los sacramentos en la enfermedad

3. Los sacramentos son momentos únicos en la vida del enfermo y de la comunidad si se celebran bien. Gracias a ellos Jesús el Señor está hoy junto al enfermo y le acompaña en su enfermedad para vivirla en la fe. La Iglesia ofrece al enfermo, para cada etapa de su camino, el sacramento que le ayuda a recorrerlo.

En el sacramento de la reconciliación, por mediación de la Iglesia, Dios sale el encuentro del cristiano enfermo, débil y pecador, le acoge con misericordia y le dice «Tus pecados quedan perdonados… Levántate y anda».

4. La unción es el sacramento específico de la enfermedad. En él Cristo resucitado se acerca con amor al enfermo para aliviar sus angustias, mitigar sus dolores, aliviar su esperanza, confortarle en su enfermedad y darle fuerza para afrontarla con entereza y vivirla con paz. La unción con el óleo significa y realiza esta presencia cercana de Jesús y también la solicitud de la comunidad cristiana y las atenciones que la familia y el personal sanitario dispensan al enfermo.

5. La comunión alimenta y fortalece la fe del enfermo, le ayuda a descubrir el sentido de entrega a Dios y al prójimo, que Cristo da a la vida. Llevar la comunión a los enfermos es un gesto que manifiesta la unión y la solidaridad entre la comunidad cristiana y los enfermos. El viático es el sacramento del tránsito del cristiano de este mundo al Padre, acompañado por el Señor, pan de vida y prenda de resurrección.

Caminos para la renovación

6. Celebrar bien los sacramentos en la enfermedad no es fácil. Requiere el esfuerzo y la colaboración de todos: sacerdotes y fieles, enfermos y familias, teólogos y liturgistas, catequetas y pastoralistas, comunidades cristianas y servicios de asistencia religiosa en los hospitales. Con el fin de estimular y orientar la necesaria renovación de los sacramentos en la enfermedad ofrecemos, entre otros, los caminos siguientes:

  • Integrar la celebración de los sacramentos en el proceso de la asistencia al enfermo y de la acción evangelizadora de la Iglesia en el mundo de la salud. Sólo así estarán conectados con la vida y serán gestos humanamente expresivos.
  • Recuperar la unción como el sacramento específico de la enfermedad. Es preciso, para ello, cambiar la imagen que del mismo tiene hoy una buena parte de la gente y celebrarlo en el tiempo oportuno; es decir, cuando el cristiano está débil a causa de la enfermedad o vejez y no a última hora. Hemos de realizarlo con decisión a la vez que con prudencia y delicadeza.
    Las celebraciones comunitarias de la unción están sirviendo para conocer más este sacramento y quitar el miedo al mismo. Pero hemos de evitar que se conviertan en una fiesta de la tercera edad o en un pretexto para no atender a los enfermos de forma personalizada o para olvidarlos, al considerar que ya están preparados.
  • Recuperar la fuerza sanante de la reconciliación. La enfermedad puede ser para el enfermo un tiempo de conversión. El sacerdote ha de acercarse a los enfermos y pecadores como Cristo, no como juez sino como médico que cura y perdona.
  • Revitalizar la comunión de enfermos. Toda comunidad cristiana ha de facilitar a sus enfermos la participación en la Eucaristía y llevarles el pan de la Palabra y el Cuerpo del Señor cuando no pueden asistir. Hemos de vincular la comunión que llevamos a los enfermos con la Eucaristía que celebra la comunidad. Los ministros extraordinarios de la Comunión, debidamente preparados, pueden prestar un servicio inestimable a los enfermos y a la comunidad.
  • Recuperar el viático. Es un desafío importante que hemos de situar en el marco más amplio de la promoción de un morir humano y cristiano. Invitamos a los pastores a prestar una mayor atención a este sacramento y a los fieles a manifestar, en el «Testamento Vital», su deseo de recibirlo.
  • Fomentar el protagonismo del enfermo en la celebración del sacramento. Es él quien ha de solicitarlo o aceptarlo con fe y celebrarlo consciente y libremente. Hemos de respetar, por consiguiente, los niveles de fe del enfermo y evitar toda presión o celo intempestivo.
  • Cuidar la dimensión eclesial y comunitaria de los sacramentos, que debe manifestarse antes, en y después de la celebración.

7. Celebrados así, los sacramentos de los enfermos manifiestan la vitalidad de la comunidad cristiana auténtica y son signos expresivos de la vida del Resucitado y de cuantos participan en ella.

Que María, Madre del Señor, dado
r de vida, nos acompañe en el gozo de participar en la vida nueva que nos comunican los sacramentos.

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Teodoro Úbeda Gramaje, presidente de la Comisión, obispo de Mallorca
Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca
Javier Salinas Viñals, obispo de Ibiza