Manifiesto por la educación integral

Manifiesto por la educación integral

El Consejo General de la Educación Católica, compuesto por asociaciones, instituciones y grupos de profesores, padres y alumnos tanto de la escuela pública como de la escuela de iniciativa social, pretende aportar su reflexión en orden a la mejora de la situación de la escuela española acuciada por graves dificultades para el logro de sus fines y objetivos; en consecuencia, manifestamos que:

  1. Aún valorando positivamente elementos del sistema educativo, como son: la generalización de la educación sobre todo en las etapas no obligatorias, la ampliación de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años y ciertas innovaciones en el proceso de enseñanza – aprendizaje, consideramos que su actual situación es deficitaria. La situación es de todos conocida: Un elevado fracaso escolar que está oculto bajo la obligación de mantener a los alumnos hasta los 16 años en la escuela, una disminución creciente de la calidad educativa, un desconcierto y desencanto de amplias capas del profesorado, falta de motivación de los alumnos. Es constatable el deterioro disciplinar de la escuela y las importantes dificultades que tienen los profesores para ayudar a los alumnos en su verdadera formación integral.

  2. Es verdad, y así lo valoramos, que hoy los alumnos poseen más información que la que tenían las anteriores generaciones sobre los ámbitos culturales de su entorno, pero ésta adolece de datos básicos sobre su propia identidad y de respuestas a sus cuestiones vitales más importantes; saben más sobre el entorno y menos sobre sí mismos. Otros ámbitos de influencia ajenos a la escuela, en quienes los padres no han depositado su confianza, se erigen en supremas instancias que marcan los valores y las actitudes que deben adquirir los alumnos.

  3. Es de todos conocida la gran influencia de los medios de comunicación sobre la educación: Su gran deposito está al alcance de todos y sin el menor esfuerzo ofrece información con medios más eficaces que la escuela. El alumno recibe mucha más información de la que es capaz de procesar. La facilidad de acceso a los datos contrasta con la dificultad para aprenderlos, pues, el verdadero aprendizaje exige esfuerzo, ordenación y sentido. Es comprensible la postura del algún profesor resignado y desamparado ante situaciones tan difíciles de abordar por sí solo. De todo ello, una de las consecuencias más patentes ha sido la desvalorización de la autoridad moral del profesor, que pierde su capacidad educativa para convertirse en transmisor de conocimientos.

  4. Ante estos problemas es de capital importancia, junto con la renovación y cualificación del propio sistema educativo, el apoyo de la familia a la escuela, pero ésta, en muchos casos, acuciada por muchos problemas, sobre todo, la insuficiencia de medios formativos adecuados, descarga sobre la escuela todas las responsabilidades sobre la formación de la personalidad. En no pocas familias se ha originado la convicción de su incapacidad o impotencia para educar adecuadamente a sus hijos y dotarles de aquellos principios, valores y actitudes con los que prepararse ante la vida.

  5. En el fondo de estos problemas educativos está el tipo de educación y, en consecuencia, el tipo de hombre subyacente. Doctrinas pedagógicas que, partiendo de la negativa a una intervención formativa, propugnan una educación que cada alumno desarrolla por sí mismo desde su propia naturaleza y en la que el profesor debería limitarse a no contrariar su natural desarrollo. Bajo esta inspiración naturalista de la educación, se ha desatendido prácticamente la educación moral. Ha desaparecido la instancia última que ilumine la acción del hombre y, en consecuencia, se ha cercenado un elemento fundamental para su comportamiento ético, como persona responsable y libre.

  6. Frente a estas concepciones afirmamos que el hombre es una persona libre, dotado de conciencia responsable, capaz de conocer la verdad y de discernir el bien, pero capaz también de equivocarse y, por tanto, necesitado de ayuda, de formación; su dignidad está por encima cualitativamente de cualquier otra realidad física y biológica. Su valor es transcendente. Su deseo de perfección y de infinito le capacita para el servicio y el amor.

  7. Creemos que es urgente promover y facilitar la educación del hombre entero, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, es decir, respondiendo al fin mismo refrendado por la Constitución Española, (art.27.2), el desarrollo de aquellos elementos de la cultura que le ayuden a asumir su ser y su sentido, aquello que satisfaga las aspiraciones más grandes y más altas. En consecuencia, es indispensable afrontar y dar sentido a los problemas de los educandos, proponer metas en su formación, motivar y posibilitar todas sus capacidades.

  8. Para ello, abogamos por una formación en los principios universalmente admitidos, en los valores básicos y compartidos y en esas convicciones profundas que respondan a la capacidad del alumno de ser plenamente persona. El lenguaje de los valores tiende a expresar lo más grande del ser humano en su afán de perfección y búsqueda de lo más alto. Los valores señalan al ser humano un deber ser y se convierten en razones para vivir. A su vez, el hombre tiene necesidad de una base sobre la que construir la existencia personal y social, una base sobre la que apoyarse para desarrollar su capacidad para conocer la verdad, la verdad acerca de Dios y del hombre.

  9. Es vital establecer en la escuela la prioridad de la ética sobre la técnica, la primacía de la persona sobre las cosas, la superioridad del espíritu sobre la materia. Conviene aquí recordar que el derecho de los padres, refrendado por la Constitución, (art.27.3), a la formación religiosa y moral que responda a sus convicciones obliga al Estado a conseguir que el tipo de educación que se imparta en todos los centros respete los derechos de los alumnos y padres de familia, sobre todo en lo que se refiere al sentido de la vida humana y a los valores morales y religiosos. Lo contrario sería aceptar posiciones radicalmente totalitarias que de una manera aparentemente neutra, anulan, manipulan y desorientan las conciencias.

  10. El deterioro de la autoridad e incluso, la oposición a toda autoridad en nombre de la libertad, es una de las raíces del deterioro de la educación en la escuela. Precisamente, la autoridad hace posible la libertad para ser educado, pues ella se ejerce en función de la libertad de tal manera que la libertad individual no coarte la libertad de todos, ni que la libertad de unos haga imposible la libertad de otros. La indisciplina de los colegios está impidiendo la liberta
    d de los que desean aprender y formarse, que son la mayoría.

  11. Preconizamos una regeneración de la autoridad moral del profesor, de su prestigio. Toda autoridad en la escuela tiene que estar basada en la dignidad personal, en la calidad, bondad y necesidad de los saberes que se imparten y en la dignidad de la función que se ejerce, en la propia convicción de la verdad que se transmite. Pero sobre todo, necesita que las instituciones, los padres y la Administración valoren y confíen en el quehacer del profesor.

  12. Abogamos por un proyecto educativo coherente en cada institución escolar. Cuando los miembros de la comunidad educativa están coordinados en la consecución de unos fines claros y asequibles, asumidos por todos, esto demanda, necesariamente, los criterios y medios apropiados para llevar a cabo su propio proyecto educativo. Es de capital importancia la participación de los padres en este proyecto, que no puede ser reducida a ser corresponsables de las decisiones disciplinarias o asuntos organizativos.

  13. Hacemos hincapié en el proyecto educativo, pues, éste facilita el ejercicio del derecho de los padres para decidir el tipo de formación que quieren para sus hijos. Cualquier elemento que coarte este ejercicio del derecho de los padres atenta también a la libertad de enseñanza. Así, se coarta la libertad de educación cuando los padres no tienen las mismas posibilidades de elección para que sus hijos accedan desde la educación infantil al tipo de colegio que deseen.

  14. Los miembros de este Consejo, desde la concepción cristiana de la educación, pretendemos, incluyendo la defensa de los derechos humanos, colocar al hombre y a la mujer en la más alta dignidad, en la más plena libertad, en el más alto destino, como hijos de Dios. Situarlos en la más estrecha relación de solidaridad con los demás seres humanos por el amor fraterno e impulsarlos al más alto desarrollo. La educación cristiana lleva necesariamente a la formación de alumnos solidarios y responsables con un mundo cada vez más humano. En este contexto, la escuela católica ofrece en su acción educativa a Cristo, el hombre nuevo; El manifiesta plenamente el hombre al propio hombre; sin El no puede entender quién es, ni cuál es su verdadera dignidad, ni cuál es su vocación y destino.

  15. Todo ello se logra mediante la coordinación y trabajo de toda la comunidad educativa desde un proyecto común, y sobre todo, mediante esa visión global que aporta el mensaje y acontecimiento cristiano: una nueva visión del hombre, de la historia y del mundo. En este contexto, la enseñanza religiosa escolar aborda las cuestiones límites de los orígenes y de los fines de la vida, crea un universo de sentido, funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de la escuela.