Mensaje a los cristianos de Tierra Santa tras la visita de obispos de Europa y América del Norte

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Mensaje a los cristianos de Tierra Santa tras la visita de obispos de Europa y América del Norte

Obispos de Conferencias Episcopales de Europa y América del Norte, miembros del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y de la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE) se han reunido en Jerusalén, del 13 al 16 de enero, conrepresentantes de la Iglesia de Tierra Santa para buscar formas concretas de ayuda a los cristianos de Oriente Medio. La Conferencia Episcopal Española ha estado representada en esta reunión por el obispo coadjutor de Urgell, Mons. D. Joan Enric Vives Sicilia.

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Los obispos europeos y norteamericanos han redactado un mensaje dirigido a los cristianos en Tierra Santa, que reproducimos íntegramente:

MENSAJE A LOS CRISTIANOS DE TIERRA SANTA TRAS LA VISITA
DE OBISPOS DE EUROPA Y AMÉRICA DEL NORTE
Jerusalén, 16 de enero de 2003

A nuestros hermanos y hermanas cristianos de Tierra Santa;

A Su Beatitud el Patriarca latino, como Presidente, y a sus Excelencias, los miembros de la Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa;

A Sus Beatitudes los Patriarcas Griego y Armenio de Jerusalén y Sus Excelencias, los Obispos y Cabezas de las Iglesias en Jerusalén y en Tierra Santa;

La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté con vosotros (2 Cor 13, 13).

Hace un año compartíamos con vosotros vuestros sufrimientos y hablamos de vuestros anhelos de justicia y de paz. Con gran dolor por nuestra parte, al volver un año después nos encontramos, no con más paz y esperanza, sino sólo con más violencia y con una mas profunda desesperación.

Las medidas de seguridad se han hecho más opresivas, ha crecido el desempleo, sigue aumentando la pobreza material, cultural e incluso espiritual. También hemos constatado el miedo y el desánimo ante el peligro de guerra en Irak.

Está claro que el miedo y la desconfianza están muy arraigados entre vosotros, queridos hermanos y hermanas cristianos. No obstante, al mismo tiempo hemos constatado el deseo universal de justicia y de paz y hemos experimentado la vigorosa esperanza que, creemos, debe inspirar el continuo valor y dedicación de tanta gente, así como vuestro compromiso con la reconciliación.

El año pasado decíamos: «El actual ciclo de violencia es una tragedia para todos. Es profundamente injusto mantener a un pueblo bajo la ocupación; es horrible tener a millones de hombres, mujeres y niños confinados en una inmensa cárcel. Es también moralmente reprensible vengarse o resistirse mediante ataques indiscriminados contra la población inocente». La violencia continua, de tantas diferentes formas, nos indica que algo hay profundamente injusto.

La triste historia de estos doce meses confirma las palabras del Papa Juan Pablo II del año pasado:

Nadie puede permanecer indiferente ante la injusticia de la que el pueblo palestino ha sido víctima durante más de cincuenta años. Nadie puede negar el derecho del pueblo israelí a vivir de forma segura. Sin embargo, ninguno de ellos puede olvidar a todas las víctimas inocentes, de ambos lados, que caen un día tras otro bajo el impulso de la violencia. Las armas y los ataques sangrientos nunca pueden ser el medio correcto de plantear propuestas políticas a la otra parte. La lógica de la Ley del Talión ya no es capaz de conducir a nadie más allá de los caminos de la justicia.

A nuestra vuelta a casa, pedíamos a nuestras Conferencias Episcopales nacionales, a las Agrupaciones regionales de Conferencias Episcopales y a las Comisiones católicas de Justicia y Paz que hicieran de la defensa de la paz en Tierra Santa un objetivo prioritario. Ellas lo han hecho, a pesar de que en este año nos hemos ido haciendo cada vez más conscientes de la necesidad de que estos grupos continúen sus esfuerzos y coordinen su trabajo de forma más eficiente. Nosotros hemos tratado continuamente de aumentar el conocimiento público de los hechos y de comprender las causas subyacentes a los mismos. Tal como prometíamos, hemos vuelto. Lamentablemente, nuestra intención de enviar un gran número de peregrinos se ha encontrado con un éxito muy limitado, aunque las peregrinaciones han continuado y han constituido una fuente de mutuo estímulo.

Renovamos la promesa que hicimos hace un año. Hasta que Dios conceda la paz por la que todos suspiramos, prometemos trabajar sin descanso para ayudar a sosteneros, hermanos y hermanas en la fe, que estáis en Jerusalén, en Palestina, en Israel y en Jordania. Os prometemos nuestro amor y solidaridad a vosotros, que fuisteis los primeros testigos de Cristo resucitado y buscáis compartir de manera justa la paz que sólo puede encontrarse en Él.

Porque Jesús de Nazaret ha resucitado y su tumba está vacía, nos alegramos con vosotros, especialmente en los días oscuros de vuestro sufrimiento, con esta segura confianza: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5, 5).

Con nuestras constantes oraciones, somos suyos devotos en Cristo,

Obispo Jacques Berthelet CSV
Presidente de la Conferencia Episcopal de Canadá

Arzobispo Patrick Kelly
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales,y Delegado del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE)

Obispo Reinhard Marx
Delegado de la Conferencia Episcopal Alemana

Obispo William Skylstad
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos

Obispo Joan Enric Vives
Delegado de la Conferencia Episcopal Española

Mons. D. Piergiuseppe Vachelli
Vicesecretario de la Conferencia Episcopal Italiana