Domingo V del Tiempo ordinario

Domingo V del Tiempo ordinario

En el Evangelio de hoy Cristo nos dice que somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Pero no podremos iluminar al mundo si no estamos unidos por la fe y la gracia de Dios a Cristo. La participación en la Eucaristía nos une a Cristo (cf. oración después de la comunión) Y, desde ahí, practicando las obras de misericordia —«parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos»— brillará nuestra luz en las tinieblas y nuestra oscuridad se volverá mediodía (1 lect.). (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2019-2020).

 

 

Aleluya, aleluya, aleluya
Yo soy la luz del mundo -dice el Señor-;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.

 

Mt 5, 13-16. Vosotros sois la luz del mundo.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

 

Otras lecturas del día:


– Is 58, 7-10. Surgirá tu luz como la aurora. 

Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: «Aquí estoy». Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía».

 

– Sal 111. El justo brilla en las tinieblas como una luz.
o bien: Aleluya.

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad.

 

– 1 Cor 2, 1-5. Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.



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