El conocimiento del misterio de Cristo nos lleva a la madurez de nuestra vida cristiana. La riqueza de este misterio está en que Él es para nosotros la esperanza de la gloria (2 lect.). Conocer el misterio de Cristo es conocer el amor que Dios nos tiene, crecer en él y responder con amor. Es abandonar el pecado y pasar a una vida nueva (cf. orac. después de la comunión). La fe en el Señor Jesús que nos salva es una disposición fundamental a lo largo de nuestra vida. Marta y María (Ev.) saben escuchar y acoger al Señor: dos actitudes necesarias para abrirnos a la salvación. Estemos atentos al paso del Señor por nuestras vidas y como Abrahán pidámosle: «Señor, no pases de largo junto a tu siervo». En la eucaristía acogemos al Señor escuchando su Palabra y comiendo en su banquete. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

 

 

Aleluya, aleluya, aleluya
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
con un corazón noble y generoso,
la guardan y dan fruto con perseverancia.

Lc 10, 38-42. Marta lo recibió. María ha escogido la parte mejor.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Otras lecturas del día:

– Gén 18, 1-10a. Señor, no pases de largo junto a tu siervo.

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día.  Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo». Contestaron: «Bien, haz lo que dices».

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».  Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.

Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Contestó: «Aquí, en la tienda».  Y uno añadió: «Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».

– Sal 14. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.

– Col 1, 24-28. El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo.