XVIII domingo del tiempo ordinario

XVIII domingo del tiempo ordinario

¿En qué tenemos puesta nuestra seguridad? ¿Qué pensamos que es la fuente de nuestra felicidad?: ¿el dinero, las propiedades, los placeres de este mundo, la fama, el poder…? Las lecturas de hoy nos responden a estas preguntas. «¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?… ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!». El Evangelio nos llama a no atesorar bienes de este mundo sino a hacernos ricos ante Dios: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». En la misma línea la 2 lect. nos recuerda que, habiendo resucitado con Cristo, debemos buscar los bienes de arriba, donde está Cristo. Nos haremos ricos ante Dios compartiendo lo que tengamos con nuestros hermanos más pobres y necesitados. Y solo en Cristo, pan de vida, saciaremos nuestra hambre y nuestra sed (cf. ant. de la comunión).(Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

 

Aleluya, aleluya, aleluya
Bienaventurados los pobres de espíritu
porque de ellos es el reino de los cielos.

Lc 12, 13-21. ¿De quién será lo que has preparado?

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Que haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Otras lecturas del día:

Ecl 1, 2; 2, 21-23. ¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?

¡Vanidad de vanidades!, —dice Qohélet—. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia. Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

– Sal 89. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».

Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna.


Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

Col 3, 1-5. 9-11. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.

¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.