Jerusalén – Roma.- En un año en que el mundo ha vuelto a poner su atención en el logro de una paz justa entre israelíes y palestinos, la Coordinación de Conferencias Episcopales para el apoyo de la Iglesia en Tierra Santa acaba de regresar de su octava visita a Tierra Santa para solidarizarse con la Iglesia local y sus Obispos y apoyar la búsqueda de una paz justa. La Coordinación representa a Conferencias Episcopales de Europa y Norteamérica y se constituyó en Jerusalén en 1998 a petición de la Santa Sede.

Nuestra primera acción como Obispos y pastores ha sido la de ofrecer nuestra presencia orante y nuestro apoyo a una Iglesia que sufre.  Ha supuesto opera nosotros una gran alegría visitar y orar con los católicos locales en las parroquias a lo largo de Tierra Santa.  También hemos escuchado sus hisorias de lucha y sus esperanzas de un futuro para su tierra. Admiramos su fe y su valor y animamos a los católicos de nuestras propias naciones a que vengan en peregrinación a Tierra Santa – visitando tanto los santos lugares como las comunidades católicas vivas que dan testimonio de Cristo en la tierra de su nacimiento.

Reconocemos que la situación social, política y humanitarian en Israel y Palestina es compleja y que no es fácil encontrar soluciones al conflicto. Muchas personas con las que nos hemos encontrado son pesimistas acerca de que los actuales esfuerzos de los líderes de Israel y Palestina, con el apoyo de la comunidad internacional, conduzcan a un tratado de paz justo. Pero también hemos escuchado de otros muchos que suspiran por un future de libertad, paz y seguridad, tanto para los palestinos como para los israelíes.

Al venir de varias naciones de Europa y Norteamérica, necesitamos examinar qué elementos de las actitudes y las políticas de nuestros países contribuyen a la división en vez de al logro de la paz y la justicia para ambos pueblos. Demasiado a menudo nuestros países han tomado partido en la disputa, siendo así que de hecho, el destino de ambos pueblos, israelíes y palestinos, está inextricablemente unido. Nuestras naciones pueden a veces ser parte del problema, pero también pueden ser parte de la solución.

Hemos encontrado signos de esperanza en nuestra visita a Tierra Santa. Nos hemos encontrado con los jóvenes en la Universidad de Belén y en varias parroquias. En la Universidad, los cristianos y los musulmanes estudian juntos en armonía. Nos impresionaron su entrega a los estudios, su energía y entusiasmo, su deseo de permanecer en su lugar de nacimiento y su esperanza de una paz justa que les ofrezca, a ellos y a toda la gente de Tierra Santa, un futuro mejor. También nos hemos enterado de que hay una creciente cooperación interreligiosa entre judíos, cristianos y musulmanes.

Trágicamente, también hemos conocido signos de desánimo y de división.  El muro de separación a través del cual hemos pasado nos ha recordado vívidamente la seguridad que preocupa a Israel y la profunda división entre los israelíes y los palestinos corrientes que han perdido el contacto humano que les puede ayudar a fomentar la justicia y la reconciliación. Hemos escuchado historias conmovedoras de cómo el muro ha agravado los sufrimientos y comprometido la dignidad humana al separar familias, devastar la economía palestina y exacerbar la crisis humanitaria.   Nos preocupa de una forma especial la calamitosa situación humanitaria en Gaza, que ha empeorado desde que la visitamos hace un año. Un estribillo que se oye con frecuencia llama a respetar los derechos humanos básicos de todos, incluyendo la seguridad para los israelíes y la seguridad y libertad para los palestinos.

Al comienzo de este mes, Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI dijo en la alocución al Cuerpo Diplomático:  “Me alegra que la Conferencia de Annapolis haya dado signos en la dirección de un abandono del recurso a soluciones parciales o unilaterales, en beneficio de una visión global, respetuosa de los derechos e intereses de los pueblos de la región. Una vez más, hago un llamamiento a los israelíes y a los palestinos, para que concentren sus esfuerzos en poner en práctica los compromisos asumidos en esta ocasión y no frenen el proceso felizmente iniciado. Invito además a la comunidad internacional a sostener a estos dos pueblos con convicción y comprensión hacia los sufrimientos y los miedos de cada uno de ellos” (7 de enero de 2008).

Nuestra visita pastoral a Tierra Santa nos ha convencido de que este es un momento crucial para Israel, Palestina y la comunidad internacional. Es tiempo, a la vez, de oportunidad y de peligro. Nuestra esperanza y nuestra plegaria sincera es que los dirigentes y los pueblos de Israel y de Palestina, con el total apoyo y ánimo de nuestras propias naciones y de la comunidad internacional encuentren el camino para una paz justa. Lo que hemos visto y oído no siempre nos hace ser optimistas, pero la gracia de Dios nos da esperanza. La Coordinación de Conferencias Episcopales espera volver a visitar la Tierra Santa y el día en que todos los pueblos de esta tierra puedan vivir en paz, seguridad y dignidad.

Firmantes:

Emmo. Cardenal Seán BradyArzobispo de Armagh,
Conferencia Episcopal Irlandesa

Obispo Pierre BürcherObispo de Reykjavik,
Islandia

Obispo Michel DubostObispo de Evry,
Conferencia Episcopal Francesa

Obispo Raymond FieldObispo auxiliar de Dublin, Comisión Irlandesa para la Justicia y los Asuntos Sociales,
de la Conferencia Episcopal de Irlanda

Emmo. Cardenal Francis George OMIArzobispo de Chicago,
Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos

Arzobispo Patrick KellyArzobispo de Liverpool,
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales

Obispo William Kenney CPObispo auxiliary de Birmingham,
Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales
Representante de la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) Union

Obispo Joan Enric Vives i SiciliaObispo de Urgell y Copríncipe de Andorra,
Conferencia Episcopal Española

Arzobispo V. James WeisgerberArzobispo de Winnipeg,
Presidente de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos

 

(Traducción no oficial del original en inglés realizada por la Conferencia Episcopal Española)