Palabras de salutación del Nuncio a la XC Asamblea Plenaria

MonteirodeCastro

Palabras de salutación del Nuncio a la XC Asamblea Plenaria

Excmo. Señor Presidente,
Emmos. señores Cardenales,
Excmos. señores Arzobispos y Obispos,
Hermanos y hermanas:

 

MonteirodeCastro

Agradezco al Excelentísimo y Reverendísimo señor Don Ricardo Blázquez Pérez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, su invitación a participar en esta sesión inaugural de su Asamblea Plenaria. Transmito a todos ustedes, a las Iglesias que el Señor les ha encomendado y a todos los presentes, el saludo y la bendición del Santo Padre, a quien tengo el honor de representar en España.

Permítanme, en primer lugar, que exprese en público mi felicitación a los dos nuevos señores Cardenales, cuya elección, además de un honor para sus personas y para las Iglesias particulares de Valencia y de Barcelona, indica un aprecio especial del Santo Padre a la Iglesia que camina en España. Que la Santísima Virgen les proteja para que puedan prestar al Santo Padre el nuevo servicio que les encomienda, tan unido a su persona. Felicito también al Secretario General, cuyo nombramiento como Obispo auxiliar de Madrid ha sido hecho público anteayer.

Vigésimo quinto aniversario de la primera visita del Siervo de Dios Juan Pablo II a España.

Se acaban de cumplir veinticinco años de la primera y esperada vista pastoral del Santo Padre Juan Pablo II a España, quien durante diez largos e intensos días recorrió los cuatro puntos cardinales de España y pronunció cuarenta y siete discursos, homilías o alocuciones, en las que iluminó todos los campos de la vida y actividad de la Iglesia, así como de los trabajos y preocupaciones de los hombres.

Al dirigirles mi saludo en el comienzo de la Asamblea Plenaria, les invito a todos ustedes a que vuelvan a leer y hacer presente el discurso que dirigió a los miembros de la Conferencia Episcopal Española en esta misma Aula el día 31 de octubre de 1982. De los Obispos presentes en el Aula aquel día, sólo seis son actualmente miembros de pleno derecho de la Conferencia Episcopal Española. Otros son ya Obispos eméritos.  No quiero repetirles ahora el discurso ni hacer una exégesis del mismo, pero sí recordar algunos puntos fundamentales que pueden ser de utilidad para todos.

Juan Pablo II tuvo como línea maestra de su discurso la Constitución Lumen gentium y el Decreto Christus Dominus, del Concilio Vaticano II. Del triple munus episcopal, el primero es el oficio de santificar: los Obispos, dispensadores de la gracia, no son sólo administradores de los sacramentos y predicadores, sino que santifican a sus fieles también con su ejemplo y santidad. Esta es la tarea principal del Obispo: ser un hombre de Dios, compasivo y sacrificado, ser maestro de oración, ser el liturgo de su diócesis, que impulsa y dirige el culto divino en su Iglesia local.

Destacó después el papel de maestros y predicadores del Evangelio. Este oficio comporta para el Obispo una grave responsabilidad en la transmisión de la doctrina católica, en comunión con el Sucesor de Pedro. Juan Pablo II enumeró algunos campos de actuación del Obispo en este ámbito: predicación, cartas pastorales, uso de los medios de comunicación y relaciones con los teólogos, tanto para animarlos como para ayudarles a corregir, si fuera necesario, eventuales desviaciones.

El oficio del Obispo es descrito también en las palabras del Papa como una diaconía. Una vida de servicio al Pueblo de Dios que se les encomendó, una vida al servicio de la unidad, que es unidad en Cristo y en su doctrina, en la fe y en la moral, en los sacramentos, en la obediencia a la jerarquía, en los medios comunes de santidad y en las grandes normas de disciplina.

Por último, los Obispos han de ser pastores dedicados y vigilantes, es decir, han de ser Padres y Pastores.

Juan Pablo II quiso concluir su encuentro con los Obispos haciendo una fuerte llamada a la esperanza, con una frase repetida posteriormente: tengo confianza y espero mucho de la Iglesia en España, aludiendo a que una Iglesia que ha producido tantos santos a lo largo de su historia, no ha podido agotar su riqueza espiritual y eclesial.

Los 498 mártires beatificados el pasado 28 de octubre –entre ellos los Obispos de Cuenca y de Ciudad Real-, han de ser un estímulo en la hora presente para que todos, los primeros los Obispos, seamos testigos del Evangelio de Jesucristo y del amor de Dios en la circunstancia presente.

 

A la intercesión de la Santísima Virgen y de los nuevos beatos, encomiendo los trabajos de esta Asamblea Plenaria.   



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