Palabras de salutación del Nuncio a la LXXX Asamblea Plenaria

MonteirodeCastro

Palabras de salutación del Nuncio a la LXXX Asamblea Plenaria

Emmo. Señor Cardenal Presidente,
Emmos. Señores Cardenales,
Excmos. Señores Arzobispos y obispos,
Hermanos y hermanas:


MonteirodeCastro

Agradezco muy cordialmente al Eminentísimo señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española la invitación que me ha dirigido para estar presente en esta sesión inaugural de la octogésima Asamblea Plenaria. Les transmito a todos ustedes el saludo y la bendición del Santo Padre a quien tengo el honor de representar en España.

Acabamos de vivir con gozo la quinta Visita Apostólica de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a España, concluida a plena satisfacción de todos. Ante esta Asamblea quiero agradecer, en nombre del Santo Padre, el eficaz trabajo desarrollado por las personas al servicio de la Conferencia Episcopal Española y del Arzobispado de Madrid, que con la colaboración de innumerables voluntarios y de la Instituciones del Estado, han contribuido al éxito de la Visita. Que Dios se lo premie.

El Santo Padre ha dejado a la Iglesia en España unas orientaciones que, como no podía ser de otra manera, están en la línea del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española “Una Iglesia esperanzada ¡Mar adentro!”, cuyo título ustedes han querido simbolizar en el logotipo de la visita del Papa: la barca de la Iglesia española que se lanza sin miedo a una nueva Evangelización. En esta singladura es acompañada por los santos que en el último siglo han vivido de forma heroica el Evagelio, cinco de los cuales han sido canonizados en la gran ceremonia de la Plaza de Colón.

El Santo Padre ha propuesto a los jóvenes vivir la interioridad y la contemplación como María, “modelo insuperable de contemplación y ejemplo admirable de interioridad fecunda, gozosa y enriquecedora”. Al mismo tiempo, les ha invitado a salir confiados al encuentro de Jesús, a escuchar su llamada y a ser apóstoles de sus coetáneos. A todos ha propuesto la santidad como camino, invitando a los fieles católicos de España a dejarse interpelar por los ejemplos de los cinco nuevos santos, en los que el Espíritu Santo suscitó una adhesión inquebrantable a Cristo.

Una palabra constante del Papa ha sido su apelación a la paz en todos los órdenes y ámbitos. Desde su saludo inicial: “¡La paz esté contigo, España!”, a la invitación a los jóvenes a ser “operadores y artífices de paz”, pacíficos y pacificadores.

Por último, quiero resaltar la invitación constante a que España reavive sus raíces católicas para contribuir a la construcción de una Europa fiel a sus raíces cristianas, no encerrada en sí misma, sino abierta al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra; consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo, al servicio de la paz y solidaridad entre los pueblos. Las raíces cristianas del Viejo Continente, y la aportación del cristianismo al alma y a la cultura de Europa han sido silenciadas de momento en el proyecto de constitución europea que en estos días se está debatiendo. Quiera Dios que la Convención europea encuentre el camino para subsanar esta laguna incomprensible, pues no se puede construir la Europa que todos deseamos olvidando una parte sustantiva de su historia.

En la Asamblea Plenaria que hoy comienza, tendrán ocasión de recordar sobre los acontecimientos gozosos vividos en la Visita del Santo Padre y de recordar sus orientaciones que, como señaló el Comité Ejecutivo en la nota que hizo pública el pasado 8 de mayo, marcan “el camino para la auténtica renovación de la Iglesia, para una nueva primavera de santidad y de vida cristiana, y para una realización más honda del Plan Pastoral”.

Encomiendo a la Virgen María los trabajos de la Asamblea que hoy comienza a fin de que sirvan a la Iglesia en España para profundizar en su identidad como Iglesia evangelizada y evangelizadora.