Palabras de salutación del Nuncio a la LXXXII Asamblea Plenaria

MonteirodeCastro

Palabras de salutación del Nuncio a la LXXXII Asamblea Plenaria

Emmo. Señor Cardenal Presidente,
Emmos. señores Cardenales,
Excmos. señores Arzobispos y Obispos,
Hermanos y hermanas:


MonteirodeCastro

Una vez más tengo el honor de dirigirme a ustedes al comienzo de una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Agradezco muy cordialmente a su Presidente, el Eminentísimo señor Cardenal Antonio María Rouco Varela, la invitación que me ha dirigido para participar en esta sesión inaugural. Les transmito a todos ustedes, así como a las Iglesias particulares que presiden en la caridad, el saludo y la bendición del Santo Padre a quien tengo el honor de representar en España.

Hoy mismo se cumple el primer aniversario del quinto viaje de Su Santidad Juan Pablo II a España que, aunque breve y centrado solamente en dos actos públicos, nos dejó, además de la alegría de su presencia y del testimonio de su vida gastada en el anuncio del Evangelio, una doctrina apropiada a las circunstancias concretas, a los problemas y a las ilusiones de la Iglesia en España. Mañana, Dios mediante, me uniré a todos ustedes en la celebración eucarística que tendrá lugar en la Catedral de la Almudena de Madrid, en la que nuevamente daremos gracias a Dios un año después de la canonización de los cinco nuevos santos, que tuvo lugar en la memorable ceremonia de la Plaza de Colón.

Toda España ha sido sacudida por los terribles atentados del 11 de marzo en Madrid. El Santo Padre estuvo desde el primer momento unido en la oración y en el dolor al pueblo de Madrid y a todo el pueblo español, como lo hizo saber personalmente al señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española. La crueldad de los crímenes cometidos en los trenes de cercanías mostró palpablemente hasta dónde puede llegar la fuerza del mal, que pervierte el razonamiento hasta justificar los más horrendos asesinatos, y hasta dónde llega la fuerza del bien, que hace brotar en otras personas el amor al que sufre, manifestado en el rescate, ayuda y acompañamiento de los afectados, tan abundantemente ejercitado por el pueblo de Madrid. Perseveremos en la oración por el cese del terrorismo y pidamos al Señor que nos dé fuerza para vencer el mal a fuerza del bien.

La nueva situación política que se vive en España trae a la Iglesia nuevos desafíos en el anuncio del Evangelio, a los que habrá de responder adecuadamente. En la Asamblea Plenaria que hoy comienza, van a recibir información y, en su caso, a concretar acciones anunciadas en el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal, que se desarrollarán a lo largo del año, como la prevista Exposición de arte, la Peregrinación europea de jóvenes a Santiago de Compostela y el Congreso de Apostolado Seglar. Estas acciones concretas, para ser efectivas, han de haber sido preparadas cuidadosamente en las diócesis, en los movimientos y en los grupos de jóvenes, a fin de que su celebración incida profundamente en la vida de los participantes y perdure después en sus compromisos. Sé que también van a reflexionar sobre la celebración del Sacramento de la Penitencia y se van a actualizar las normas que en su día dio la Conferencia Episcopal Española sobre la tercera de las formas previstas en el Ritual, es decir, la absolución general a varios penitentes sin confesión individual. El Santo Padre ha insistido, en particular con motivo de la celebración del Gran Jubileo del 2000, en la necesidad de que los fieles se acerquen con frecuencia al Sacramento de la Reconciliación y de que los sacerdotes estén dispuestos a escuchar las confesiones de los fieles. Estoy seguro de que el tratamiento de este asunto en la Asamblea Plenaria servirá de impulso a la práctica frecuente del Sacramento.

Hace pocos días tuve el honor y la satisfacción de participar, presidiendo la Eucaristía, en el comienzo de la peregrinación europea a Santiago de Compostela organizada por la Comisión de Episcopados de la Unión Europea (COMECE), junto con Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y miembros de otras confesiones cristianas de los 25 países que, desde hace tres días, forman parte de la Unión Europea. Con la peregrinación a Santiago se quería recordar a Europa sus raíces cristianas, que pensamos deberían quedar recogidas en la nueva Constitución Europea. Además se reflexionó sobre el significado de la ampliación de la Unión para que toda Europa progrese, no sólo en el orden económico, y sea solidaria con otros continentes más necesitados. Ante la tumba del Apóstol oraron para que la nueva Europa no olvide sus raíces y para que ahonde en la solidaridad entre los Estados y los pueblos, que es el alma y la razón de existir de la Unión Europea.Encomiendo a la Virgen María, Madre de la Iglesia, los trabajos de la Asamblea que hoy comienza y a todos los Obispos que participan, a fin de que el Evangelio de Jesucristo sea siempre anunciado en todas las ocasiones.

 



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