Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2006-2010. Presentación a los medios

Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2006-2010. Presentación a los medios

Presentación a los medios de comunicación

El pasado día 30 de marzo la LXXXVI Asamblea Plenaria aprobó el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española para los años 2006-2010. Se trata del séptimo documento de este género desde que en 1983, tras la primera visita del Papa a España, se redactara el primer Plan Pastoral.

1. Sentido de los Planes Pastorales

Los Planes Pastorales han venido prestando un servicio muy valioso a la Conferencia Episcopal, porque, por un lado, toman de alguna manera el pulso a la situación eclesial y, por otro lado, permiten orientar y coordinar la acción pastoral de la Conferencia. Hay que notar bien que no son sin más el Plan de la Iglesia en España, sino el de un organismo que sirve al ministerio de los Obispos en colegialidad, es decir, de la Conferencia Episcopal.

2. Diagnóstico de la situación

En la Introducción se afirma que «la mirada pastoral a nuestra situación, según el diagnóstico realizado en el Plan Pastoral precedente, sigue siendo válida en sus líneas fundamentales, aunque hay que señalar algunos cambios acaecidos y nuevos subrayados, especialmente en el ámbito de la transmisión y vivencia de la fe en la familia y en el de las migraciones.»

Se constata, pues, con gratitud «la fidelidad de muchos cristianos a su vocación bautismal… en un contexto cultural difícil», así como la vitalidad de muchas instituciones y acciones eclesiales. Y se señalan las dificultades, que tienen su origen tanto «en una cultura pública que se aleja decididamente de la fe cristiana y camina hacia un humanismo inmanentista», como en la «secularización interna» de la propia vida eclesial, calificada como «el problema de fondo al que una pastoral de futuro tiene que prestar la máxima atención.» (nº 4).

3. El tema central: la Eucaristía

«Al proponer como tema central del Plan Pastoral el Misterio de la Eucaristía pretendemos revitalizar la vida cristiana desde su mismo corazón, pues adentrándonos en el misterio eucarístico, entramos en el corazón de Dios, como nos recuerda magistralmente Benedicto XVI: «La mística del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios a nosotros,… lleva mucho más alto de lo que cualquier elevación mística del hombre podría alcanzar… El Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía» (nº 5).

«La Iglesia renace siempre de nuevo gracias a la Eucaristía», dijo el Papa al iniciar su ministerio petrino. Por eso, profundizando en el mensaje y en los frutos del Año de la Eucaristía, los Obispos españoles se proponen que su «empeño en los próximos años ha de orientarse a vivir de la Eucaristía con una mayor interioridad.» Lo hacen convencidos de que «de la Eucaristía brota la fuerza capaz de transformar el mundo y la cultura, porque ella es epifanía de comunión, lugar de encuentro del Pueblo de Dios con Jesucristo, muerto y resucitado, fuente de vida y esperanza» (nº 42).

Y por eso, la única acción que se prevé como gran acontecimiento que implicará a todas las diócesis – además del próximo Encuentro Mundial de las Familias en Valencia – será un Congreso Eucarístico que tendrá lugar en el año 2010, el cual, al concluir la primera década del milenio, «reflejará y potenciará hacia el futuro las iniciativas y las acciones» de este quinquenio (nn. 8 y 41).

4. Esquema del Plan: fe, esperanza y caridad

El Plan Pastoral se divide en tres partes, correspondientes a tres dimensiones básicas de la vida cristiana: la confesión y la transmisión de la fe; la celebración sacramental de Jesucristo; y el servicio de la caridad. Llevan los títulos siguientes, bien significativos: 1. Del misterio de la fe a la transmisión de la fe. 2. De la celebración eucarística a la vivencia de la esperanza. 3. De la comunión eucarística al servicio de la caridad. Cada parte incluye determinadas acciones.

La primera parte incide en aspectos relacionados con la acción misionera de la Iglesia; la catequesis; la educación, formación teológica y pastoral de la cultura, así como las comunicaciones sociales. Todos ellos «encuentran en la Eucaristía su punto de verificación más auténtico», de modo que sea realmente posible «acreditar a la Iglesia como hogar de la fe y profesar la fe rectamente» (nº 10).

La segunda parte se refiere a los sacerdotes, a los consagrados y a los seglares, en particular, a las familias, es decir, a todo el Pueblo de Dios en su diversidad específica, el cual, en cuanto comunidad del Domingo, redescubre con orgullo, especialmente en la celebración dominical, «el privilegio de participar en la Eucaristía, que es el sacramento del mundo renovado» y, por tanto, de la esperanza (nº 21).

La tercera parte aborda la acción social y la caridad fraterna, especialmente en el campo de la pastoral de los emigrantes, así como el diálogo ecuménico e interreligioso. Todo, en la perspectiva de que «quienes participamos en la Eucaristía estamos llamados a descubrir, mediante este Sacramento, el sentido profundo de nuestra acción en el mundo en favor del desarrollo y de la paz» (nº 33).



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