"En Ti está la fuente de la vida" (Sal. 36,10)

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"En Ti está la fuente de la vida" (Sal. 36,10)

Mensaje con ocasión de la semana de oración por la unidad (2002)

logo2002Al comienzo de cada año, del 18 al 25 de enero, todos los cristianos nos sentimos especialmente unidos por la oración común al constatar que, aunque todavía estamos separados en la comunidad de la Iglesia, necesitamos la unidad que Cristo pidió para sus discípulos. Esta situación, aunque sigue siendo dolorosa porque es una herida abierta entre los cristianos, nos llena de esperanza, porque cada día todos somos más conscientes de que no podemos seguir así, ofreciendo un testimonio cristiano dividido que resta credibilidad y eficacia.

Los obispos que integramos la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales dirigimos una breve exhortación a todos los católicos, y también a todos los cristianos españoles. Todos somos hijos de Dios, y por ello somos hermanos. A todos nos interesa que la familia cristiana viva en un clima de paz y de unidad, pero también de respeto y convivencia. Sabemos de nuestras diferencias, pero no tenemos derecho a seguir con nuestras separaciones. Todos tenemos que pedir la unidad respetando la diversidad: la unidad tiene su origen en Dios y la diversidad es una característica de nuestra fraternidad.

La unidad de los cristianos a lo largo de la historia ha sido quebrada en numerosas ocasiones, y hemos de ser conscientes de ello. Quizá nosotros no habremos provocado las divisiones, pero tenemos que preguntarnos si no estaremos manteniendo esta situación anómala, si estamos haciendo todo cuanto está en nuestras manos, si estamos convencidos de que la unidad es necesaria. Solamente así la unidad, que humanamente parece siempre lejana, se comenzará a percibir cada vez más cercana.

Sin embargo, la aspiración por la unidad de los cristianos requiere la pregunta por nuestra fidelidad personal a Dios. A Él tenemos que volver nuestra mirada y reconocer el amor que tiene a sus hijos. Si Dios quiere la unidad, la Iglesia ha de ser comunidad donde se proclama la misma fe, se celebra la presencia sacramental de Cristo y somos guiados por su Espíritu. Cada cristiano está invitado a intensificar su adhesión a Cristo y su vinculación a la Iglesia.

Para poner remedio a las divisiones, fruto egoísta del corazón humano, sabemos la importancia que tiene el ecumenismo como medio de promover la unidad. Como Juan Pablo II nos recuerda constantemente, es algo esencial para la Iglesia y prioritario para su misión apostólica. Por ello, la meta del ecumenismo es la unidad, y el estímulo para conseguirla es la oración.

La oración por la unidad de los cristianos no se reduce a una semana o a un día especial. Siempre, cada día, pedimos al Señor que conceda a su Iglesia la paz y la unidad. Y lo pedimos porque la unidad forma parte del ser de la Iglesia y del quehacer del cristiano. Por ello, la unidad es don y tarea: es un don de Dios que ha querido para su pueblo constituido como Iglesia; pero también es tarea nuestra de cada día, para mantenernos en fidelidad a Dios y en comunión con todos nuestros hermanos.

La unidad siempre ha sido una planta delicada. Crece junto a la corriente de agua, pero tiene que resistir frente a todas las adversidades. El lema escogido para este año está tomado de un salmo que, leído y meditado en clave cristiana, es una profesión de fe: Dios es la fuente de la vida. La unidad que queremos los cristianos y que pedimos en la oración tiene su origen en Dios. De esa fuente divina deriva el cauce del río. La unidad se acrecienta en el río del ecumenismo, y se agosta cuando la humedad se ha sustituido por la sequedad del desierto.

Aquella mujer samaritana que nos refiere el evangelista san Juan estaba cansada del camino y necesitaba saciar su sed sacando agua de un pozo. Cristo fue para ella descanso hecho conversación y fuente que sacia plenamente. Los cristianos no tenemos que sacar agua del pozo para beber: tenemos en Cristo la fuente que brota de su costado.

Animamos, pues, a todos los cristianos a sentirse unidos por la oración en esa especial semana de oración por la unidad, y a mantener siempre ese deseo de alcanzarla, mediante el testimonio común, el conocimiento y amor fraternos, la colaboración mutua.

Finalmente, nuestro mensaje contiene también una exhortación: secundando la iniciativa del Papa Juan Pablo II de dedicar el próximo día 24 de enero a una Jornada de oración en Asís, en la que otros líderes religiosos y especialmente católicos y musulmanes imploren la paz tan amenazada, deseamos que nuestra oración en ese día tenga en cuenta esta intención. Es un testimonio común que los cristianos podemos ofrecer, porque todos hemos de ser solidarios ante los problemas que vive nuestro mundo.

Nuestro saludo va acompañado de una bendición y de un particular afecto para todos, católicos y no católicos, hermanos siempre en el Señor.

+ Agustín, Arzobispo de Valencia
+ José, Obispo de Tui-Vigo
+ Adolfo, Obispo de Ávila
+ Jesús, Obispo auxiliar de Orihuela-Alicante
+ Esteban, Obispo auxiliar de Valencia
+ Ambrosio, Obispo emérito de Barbastro-Monzón
+ Jaume, Obispo emérito de Girona