"Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" (2 Cor 4,7)

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"Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" (2 Cor 4,7)

Mensaje con ocasión de la semana de oración por la unidad (2003)

unidad2003La oración por la unidad de los cristianos está en estrecha relación con la oración de Cristo antes de su muerte, para que todos estemos en comunión con Él, como Él está con el Padre (Jn 17,21). Este ejemplo de Cristo y el contrasigno que ofrecemos los cristianos divididos en su Iglesia han de ser los motivos para que supliquemos cada día aquella unidad, que de forma conjunta hacemos todos los años del 18 al 25 de enero.

Con esta ocasión, los obispos que integramos la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales dirigimos este mensaje a los fieles católicos españoles y a todos los demás cristianos, y alentamos a que valoren lo que significa la unidad cristiana y las consecuencias de nuestras separaciones. A todos ofrecemos una reflexión compartida fraternalmente, dejándonos guiar por el único Maestro.

La unidad es un don de Dios a su Iglesia. No podríamos estar tranquilos con el grado de unidad ya alcanzado, como si la unidad plena y total fuera inalcanzable. La confianza de poder alcanzar, incluso en la historia, la comunión plena y visible de todos los cristianos se apoya en la plegaria de Jesús, y no en nuestras capacidades (NMI 48). Por ello, hemos de agradecer a Dios el don de la unidad en nuestra oración, porque así nuestro testimonio es más creíble.

La unidad eclesial, en consecuencia, ha de ser la aspiración de todo cristiano, especialmente cuando la historia se encarga de recordarnos las separaciones acaecidas. Ante esta penosa realidad nadie puede permanecer indiferente, como si la falta de comunión no nos afectara: al contrario, somos responsables ante Dios y su Iglesia si no trabajamos por la plena comunión, o nos conformamos con una comunión parcial, o incluso entorpecemos el camino hacia la unidad o el ecumenismo con nuestra desidia o apatía.

Cuando un cristiano es consciente de que la falta de comunión plena no se corresponde con los deseos de Cristo siente pasión por la unidad: al poner todo su empeño en hacer cuanto de él depende para que todos los cristianos sean una familia unida y sin divisiones, se convierte en un “apasionado por la unidad”. Pero también la unidad exige sacrificio e incluso sufrimiento: amar a la Iglesia significa fomentar la comunión en ella, desterrar actitudes de desafecto o la crítica sin amor y verdad, ponerse a trabajar sin pérdida de tiempo en una espiritualidad de comunión y en una actuación conjunta. Todos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a este tipo de sacrificio. Entonces la unidad eclesial es “pasión” o sufrimiento, porque nos recuerda lo que tiene que sufrir el cuerpo de la Iglesia cuando sus miembros no están coordinados entre si, o viven paralizados en su actuar.

Para proclamar a Cristo como Salvador del mundo, nuestras desavenencias internas y las divisiones entre los cristianos restan credibilidad al mensaje que la Iglesia se esfuerza en proclamar a nuestra sociedad, marcada por la indiferencia religiosa y la increencia.

El lema escogido para este año es un texto de san Pablo, para quien el anuncio del evangelio brilla con luz propia, e invita al mensajero a ser consciente de que este tesoro lo llevamos en vasijas de barro (2 Cor 4,7). En este texto paulino se ensalza la fuerza de la luz, que es Cristo, y de la que el cristiano es receptor y portador, aún envuelto en debilidades personales y dificultades ambientales. La grandeza del poder de Dios y la misión encomendada en medio de las flaquezas humanas nos impulsan a trabajar por la unidad. Aunque la unidad plena de los cristianos será una realidad por la fuerza del Espíritu Santo, esto no nos dispensa de nuestra tarea que, aunque es débil, no deja de ser necesaria.

El cartel de este año nos presenta una vasija de barro en la que se acusan algunos golpes, y en medio de ella brilla la luz que ilumina el entorno oscuro. Así se pone de relieve la unidad de los cristianos en Cristo, aunque necesitamos recomponer mediante el ecumenismo esa unidad rota por nuestras divisiones. El texto paulino nos indica también que la Iglesia, siendo débil en sus miembros, es portadora de la luz de Cristo.

Los cristianos no podemos alcanzar la unidad eclesial por nosotros mismos o al margen de Jesucristo. La unidad de los cristianos será más fácil de alcanzar si avanzamos en la relación profunda entre Cristo y su Iglesia. Pretender que el ecumenismo consista en la unión con Dios sin necesidad de alcanzar la unidad de los cristianos en la Iglesia sería una infidelidad a la voluntad de Cristo. La comunión eclesial no plena todavía ha de motivarnos a suplicar a Dios que cesen las divisiones por la falta de fe y de amor. Que estos próximos días de oración unánime de todos los cristianos en una misma Iglesia, en torno al único altar y a una sola voz, nos aliente en el camino de la unidad.

+ Ricardo, Obispo de Bilbao y Presidente
+ Agustín, Arzobispo de Valencia
+ Jesús, Obispo auxiliar de Orihuela-Alicante
+ Esteban, Obispo auxiliar de Valencia