"Mi paz os doy" (Jn 14,27)

unidad2004

"Mi paz os doy" (Jn 14,27)

Mensaje con ocasión de la Semana de Oración por la Unidad (2004)

18 a 25 de enero de 2004

unidad2004La semana de oración por la unidad de los cristianos reviste una especial relevancia ecuménica. En ella, de forma solemne y conjunta, nos reunimos en el nombre de Jesucristo para pedir que las divisiones sean superadas y la unidad se convierta en una realidad plena y visible. Nuestro testimonio será creíble en el mundo en la medida en que los cristianos estemos unidos. Con este motivo, los Obispos de esta Comisión queremos recordar la importancia de esta semana de oración en orden a la unidad de los cristianos.

La última Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia (17 de abril de 2003) del Papa Juan Pablo II pone de relieve la íntima relación que guarda la comunión eclesial con la comunión eucarística. No es posible participar en la misma mesa del Señor si no estamos reunidos bajo el mismo techo de la Iglesia. Participar de los sagrados dones del Cuerpo y de la Sangre del Señor es el alimento que nos hace una familia y refuerza nuestra fraternidad.

Si por una parte la unidad de la Iglesia es actualmente imperfecta, por otro podemos esperar su plena realización con la ayuda del Señor. Jesucristo nos pide a todos los cristianos que oremos para que seamos uno y se superen las divisiones que históricamente venimos arrastrando. La oración se convierte de esta forma en un estímulo para revisar no sólo nuestras conductas, sino también las diferencias graves que todavía perduran. La oración expresa nuestra necesidad de concordia, se dirige a Dios Padre siguiendo la exhortación de Jesús, y nos capacita para trabajar por la unidad con el poder de su Espíritu. Por ello, el ecumenismo, movimiento que tiende a alcanzar la unidad entre todos los cristianos, siempre tiene necesidad de la oración.

El lema y el cartel de este año son verdaderamente estimulantes. Nos sitúan en el contexto del llamado discurso de despedida que recoge el Evangelio según san Juan. Jesucristo ha lavado los pies a sus discípulos y les ha dejado como distintivo el mandamiento del amor. Les promete la paz que el mundo no puede dar y una unión íntima con Él. La paz entre nosotros y la unidad con Cristo mutuamente se implican: por ello, en la liturgia latina se expresan juntas antes de recibir la Eucaristía y acoger al hermano en gesto fraterno de paz.

Mi paz os doy (Jn 14,27). Cristo es nuestra paz (Ef 2,14). Donde está Cristo hay paz; por eso el cristiano está llamado a vivir en la paz de Cristo. La fraternidad cristiana y la comunión eclesial caracterizan a quienes desean realmente trabajar por la unidad de los cristianos.

El cartel de este año, en el que aparecen unas manos transmitiendo la paz a otras muchas manos que la desean vivamente, significa el don de la paz que procede de Dios y que los hombres recibimos de Él.

La semana de oración por la unidad es una preciosa ocasión para que todos los cristianos nos impliquemos en la tarea de ser una sola familia sin divisiones. Necesitamos vivir la comunión en nuestras comunidades y preguntarnos si con nuestras actitudes favorecemos la unidad. Demos gracias a Dios por todo lo conseguido en el camino del ecumenismo, y no dejemos de pedir en nuestras oraciones la unidad que el Señor quiere para su Iglesia.

Terminamos este mensaje con las bellas palabras de un autor de nuestra tradición cristiana:


¡Oh Madre de Dios y hombre!
¡Oh concierto de concordia!
Tú que tienes por renombre
Madre de misericordia;
pues para quitar discordia
tanto vales,
da remedio a nuestros males.


En el seno virginal de María se unió el Hijo de Dios con la humanidad. Ella, que es concierto de concordia, interceda ante Dios para que desaparezcan las discordias entre los cristianos y podamos ser instrumentos del Evangelio de la paz en medio de nuestro mundo.

Con todo nuestro afecto fraternal.

+ Ricardo, Obispo de Bilbao y Presidente
+ Agustín, Arzobispo de Valencia
+ Jesús, Obispo de Ávila
+ Esteban, Obispo auxiliar de Valencia