Saludo del Arzobispo de Valencia

Saludo del Arzobispo de Valencia

AL INICIO DE LA EUCARISTIA CONCLUSIVA

DEL V ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS

 

Santo Padre

Familias de todo el mundo se congregan en torno a este altar para celebrar la Eucaristía con el Papa.

Gracias, Santidad, por estar aquí con todas las familias. Queremos corresponder a su compañía y consuelo, con todo el calor y la ternura de nuestro cariño.

Con claridad Juan Pablo II anticipó proféticamente que el destino de la humanidad se forja en la familia.

Nos recordó que el compromiso de la Iglesia con la verdad y dignidad del hombre es el corazón de una nueva evangelización y nos invitó a promover la construcción de una civilización del amor y de la vida frente a la cultura de la muerte.

“¡Sed, convertíos en lo que sois!” pedía Juan Pablo II a las familias. Hoy le recordamos agradecidos y emocionados.

Estamos aquí por Juan Pablo II y por Benedicto XVI. Por las familias, la paz y el futuro de la humanidad.

En esta encrucijada de los tiempos, Vuestra Santidad ha dicho recientemente que el amor es la única revolución capaz de salvar al mundo y al hombre.

Se lo habéis dicho a la juventud: El arma que a todas desarma es el amor.

Bajo estas perspectivas de largo alcance hemos preparado este V Encuentro Mundial de las Familias con su Santidad.

Nos han ocupado tres importantes aspectos.

Hemos deseado que el Encuentro perdure en el tiempo, siendo ocasión de una nueva, amplia y extensa catequesis del Magisterio de la Iglesia sobre la sexualidad, el amor humano, la verdad del matrimonio y la familia.

Hemos salido al encuentro de las familias, meses antes de su celebración.

Queremos, además, que este V Encuentro, con vuestro discurso de ayer a las familias y vuestra homilía de esta mañana, se convierta en punto de partida de nuevas, y más directas formas de comunicación del Magisterio para todas las familias del mundo.

Queremos corresponder a su presencia entre nosotros y a la luz de su palabra con este esfuerzo y con esta ilusión de renovación comunicativa y pedagógica.

Estamos confiados en merecer, como ocurre en familia, la tierna sonrisa de su agrado y beneplácito.

La fe cristiana —habéis recordado Santo Padre— no es una idea, una ideología, un código de normas éticas. Es, ante todo, un encuentro de amor con la persona concreta de Jesucristo. Un encuentro íntimo con todas sus consecuencias.

Esta infinita locura de amor ocurrió en familia.

Dios nos ama. Ama a cada una de nuestras familias.

Vuestra Santidad nos ha dicho que Dios nos ama con amor apasionado, con amor que perdona, con amor fuerte, con amor que nos revive de cualquier anemia.

Este amor de Dios a cada uno de nosotros y a cada familia es la fuente de nuestra alegría y nuestra paz en cualquier circunstancia favorable o adversa.

Jesucristo nos está esperando, a todas las familias, en esta Eucaristía junto al Santo Padre, su Vicario en esta tierra, Benedicto XVI, para infundir la luz y la gracia eficaz de su amor dentro de cada uno de nuestros amores familiares.

Que sea la fuerza del Sacramento quien mueva nuestras vidas y no nuestros sentimientos.

Gracias Santo Padre, en nombre de todas las familias, por vuestra amorosa compañía y por la luz de vuestra palabra.

Gracias por venir a Valencia.

Gracias por venir a España.



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