Santísima Trinidad, solemnidad

Santísima Trinidad, solemnidad

Contemplamos hoy de manera especial el misterio de Dios. La 1 lect. de hoy nos habla de la sabiduría de Dios, que antes de existir el mundo ya había sido engendrada: el Verbo, nacido del Padre antes de todos los siglos. Ese Hijo, hecho hombre, es Jesucristo, nuestro mediador en el camino hacia Dios, en el amor derramado en nuestros corazones, el Espíritu Santo (2 lect.). Ese Espíritu nos guía hacia la verdad plena. Procede del Padre y del Hijo y es igualmente Dios; y por el don de la fe y los sacramentos nos introduce en la vida trinitaria (Ev.). Una vida que se acrecienta cada domingo en nosotros cuando nos sentamos a la mesa de la Santísima Trinidad, la eucaristía, hasta que pasemos al banquete eterno del cielo, en el que alcanzaremos la plenitud de la contemplación y del gozo del Dios uno y trino. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo;
al Dios que es, al que era y al que ha de venir. 

Jn 16, 12-15. Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.

Otras lecturas del día:

– Prov 8, 22-31. Antes de que la tierra existiera, la Sabiduría fue engendrada.

Esto dice la Sabudiría de Dios:

El Señor me creó al principio de sus tareas,  al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres.

Sal 8. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! 

¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!  

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano para mirar por él?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Rom 5, 1-5. A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado por el Espíritu.

Hermanos,
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.