El sufrimiento en la enfermedad. Tu amor alivia el dolor

El sufrimiento en la enfermedad. Tu amor alivia el dolor

Día del enfermo 1995

1. Con motivo del Día del Enfermo, los obispos de la Comisión de Pastoral queremos acercarnos al dolor de las personas que sufren a causa de la enfermedad. Lo hacemos con respeto, conscientes de estar ante un misterio insondable que no pide ser aclarado con bellas palabras sino combatido y aliviado por el amor.

Nos dirigimos a todos los cristianos, pero especialmente a los enfermos y a quienes de una u otra forma estáis en contacto con ellos: familiares, comunidades cristianas, capellanes de hospital, religiosas y religiosos sanitarios, profesionales de la salud, visitadores, etc. Queremos compartir con vosotros nuestra reflexión, desde la fe cristiana, sobre este profundo misterio del sufrimiento a fin de que unos y otros podamos vivirlo como fuente de gracia, esperanza y salvación.

El mosaico del sufrimiento en la enfermedad

2. La enfermedad es una experiencia dolorosa, a veces durísima, y da origen a diversos tipos de sufrimiento. Duele el dolor físico pero también el sufrimiento espiritual, es decir, verse limitado y frágil, no valerse por sí mismo y tener que depender de los demás, hacer sufrir a sus familiares, sentir la propia vida amenazada, sufrir sin saber por qué, para qué y hasta cuándo. El ser humano, pues, cuando enferma sufre y con él su familia y los que le atienden.

El sufrimiento es una experiencia personal intransferible. Los demás podrán imaginarlo y hasta prestar ayuda, pero el que sufre será siempre el protagonista insustituible que ha de dar su propia respuesta.

Cómo se vive hoy el sufrimiento

3. En medio de una cultura que valora la vida –ciertos estilos de vida– y la salud por encima de todo, y que oculta y rechaza el dolor como algo inútil y absurdo, no es fácil afrontar los sufrimientos que ocasiona la enfermedad y vivirlos de manera sana y constructiva.

El hombre de nuestro tiempo no busca ni admite explicaciones al sufrimiento. Exige, apoyado ciegamente en las posibilidades de la ciencia y de la técnica, que sea eliminado a toda costa y cuanto antes. Cuando el sufrimiento se torna crónico o inevitable, no sabe qué hacer, se ve solo ante el mismo y desprovisto de recursos para afrontarlo y asumirlo como una posibilidad de crecimiento humano y espiritual.

Teniendo en cuenta estas circunstancias nos preguntamos: ¿Es posible vivir de manera sana el sufrimiento? ¿Cómo? Desde el Evangelio y el testimonio de nuestros hermanos enfermos creemos que sí, y os ofrecemos algunas claves para conseguirlo.

Jesús, maestro también en el sufrimiento

4. La contemplación de la conducta de Jesús con los enfermos y de su propia muerte y resurrección nos revela su actitud ante el sufrimiento: Jesús rehúye el discurso y las explicaciones teóricas y lucha contra él y trata de quitarlo o aliviarlo.

Ante el sufrimiento, sobre todo en la hora de su pasión, siente miedo y angustia, busca compañía y consuelo y pide ser liberado del mismo. El Padre no le preserva del sufrimiento pero está con él, sufre con él y le ayuda a vivirlo como expresión de su fidelidad a Dios y su amor a sus hermanos. De hecho, en medio de su dolor, Jesús se preocupa de su madre, perdona a los que le matan, atiende la súplica del buen ladrón y, cumplida la misión, entrega confiadamente su vida en las manos de Dios.

Y Dios, resucitándole, nos dice definitivamente que el sufrimiento no tiene la última palabra, sino que el amor vence a la muerte y nos une con el Cristo glorioso a la espera de la resurrección definitiva.

Misión del cristiano con el enfermo

5. Como Jesús, el cristiano ha de acercarse al enfermo con respeto y amor, superando toda tentación de paternalismo, dejando que él sea el protagonista. Ha de luchar contra el dolor para eliminarlo o aliviarlo, pues «el Evangelio –como dice Juan Pablo II– es la negación de la pasividad ante el sufrimiento» (Salvifici doloris, 20). Ha de acompañar al que sufre y crear en torno a él un clima acogedor y sereno que le ayude a sentirse acogido, a descubrir el sentido de su dolor, a vivirlo en la esperanza y asumirlo, cuando es inevitable, con una actitud de confianza y amor, que es sin duda el gran milagro de la fe cristiana. Ha de orar por el enfermo y con él y mostrarle con sus gestos y palabras al Dios de Jesús.

Evangelizar el sufrimiento

6. Evangelizar el mundo del sufrimiento constituye para nuestras comunidades cristianas un reto. Reconociendo su trabajo, les alentamos a proseguirlo con empeño y les proponemos las siguientes acciones por considerarlas prioritarias y urgentes hoy:

  • Educar para vivir y asumir el sufrimiento. «Forma parte de la experiencia humana y es vano, además de equivocado, tratar de ocultarlo o descartarlo. Se debe ayudar a cada uno a comprender, en la realidad concreta y difícil, su misterio profundo» (Evangelium vitae, 97).
  • A la luz del Evangelio, renovar actitudes y purificar lenguajes ante el sufrimiento propio o ajeno para lograr que la fe sea fuerza y no lastre en medio de la enfermedad. Actualmente la resignación y la ofrenda del sufrimiento están, cuando menos, en crisis.
  • Escuchar más a los enfermos, pues ellos saben lo que es sufrir, difundir su testimonio y facilitar el intercambio de experiencias de fe en la enfermedad. El que sufre tiene necesidad de modelos y ejemplos más que de palabras.
  • Despertar y afinar la sensibilidad hacia el prójimo enfermo y desarrollar actitudes de cercanía y asistencia (SD 29).
  • Promover una solidaridad afectiva y efectiva hacia los enfermos. «El sufrimiento está presente en el mundo para irradiar el amor» (SD 29).
  • Finalmente, reconocer y celebrar los logros de la ciencia para suprimir o aliviar el dolor, los gesto
    s innumerables de afecto, preocupación y ternura de los que asisten a los enfermos, así como la presencia sacrificada y amorosa de las familias junto a sus seres queridos.

7. Que María, madre de la esperanza y del consuelo, que participó en plenitud del misterio del dolor de su Hijo durante su vida, ilumine y acompañe el sufrimiento humano, sobre todo el de los enfermos.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Teodoro Úbeda Gramaje, presidente de la Comisión, obispo de Mallorca
Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca
Javier Salinas Viñals, obispo de Ibiza