Voluntariado y Pastoral de la Salud. "Gratis has recibido, da gratis"

Voluntariado y Pastoral de la Salud. "Gratis has recibido, da gratis"

Día del enfermo 1998

1. «Gratis has recibido, da gratis». Con este lema de hondo sabor evangélico, el Día del Enfermo del presente año nos trae a la memoria la rica y compleja realidad del voluntariado, especialmente del que actúa en el mundo de la salud, del sufrimiento y de la enfermedad. Con el ánimo de contribuir a profundizar y potenciar su presencia evangelizadora dentro de ese sector tan importante, nos dirigimos a los voluntarios y a toda la comunidad cristiana.

Signo y realidad

2. El voluntariado es una forma de participación en la vida social y, al mismo tiempo, una expresión de la solidaridad que anida en toda persona. Por eso ha existido siempre. Hoy en día es un fenómeno cultural, social y eclesial de nuevas e insospechadas dimensiones. Son numerosos los grupos y asociaciones que lo promueven y ejercen, muy variados los servicios que prestan y ámbitos donde operan, plurales los estilos de acción, las motivaciones que los sustentan y los significados a los que remiten.

3. En cuanto signo, remite al espíritu de gratuidad y de solidaridad en favor de personas y colectivos que viven en la necesidad, en la adversidad y en la exclusión. Es, por tanto, un indicador elocuente de la capacidad humana dar tiempo y de darse, de entregar los propios recursos y energías más allá de las ocupaciones profesionales y familiares, y de asociarse para hacer el bien y transformar la sociedad. Al mismo tiempo, el voluntariado representa una saludable reacción a la sociedad paradójica en que vivimos; en ella las desigualdades, la exclusión y la marginación contrastan poderosamente con la capacidad de generar recursos suficientes para todos. El voluntariado apuesta por la solidaridad frente al egoísmo, por los valores cualitativos frente al ansia de tener y poseer, por la gratuidad frente al interés, por la justicia frente a las injusticias individuales y estructurales.

4. La campaña del Día del Enfermo del presente año mira al voluntariado en su relación, no siempre expresa y manifiesta, con la pastoral de la salud, es decir, con la misión evangelizadora de la Iglesia. Por ello, se propone ahondar en la inspiración evangélica del voluntariado, en su identidad y misión, con el fin de potenciar su presencia en el mundo de la salud y de la sanidad.

«No he venido para ser servido, sino para servir» (Mt 20,28)

5. En esta manifestación de Cristo, desgranada en múltiples gestos, se revela la fuente de todo voluntariado cristiano. En Cristo, el voluntario descubre ante todo su vocación cristiana, que consiste en revestirse de sus mismos sentimientos y actitudes (Flp 2,5) y configurar la propia existencia de acuerdo con el dinamismo del amor: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos» (Jn 13, 35). El cristiano es alguien que cree en el amor de Aquel que nos amó primero (1Jn 4, 16.19), y en ese amor encuentra la razón última de su vida y de sus opciones.

6. En esa fuente se inspiran quienes conciben y orientan su vida como servicio: Dar gratis lo recibido gratis; orientación que en unos se plasma en una vida entera de voluntariado, en otros impregna el ejercicio de su actividad profesional, y en otros, finalmente, se traduce en una opción de voluntariado compatible con otras ocupaciones. En todos ellos dicha inspiración está llamada a suscitar, además, una particular sintonía con la misión de Cristo: ser testigos del Padre de la misericordia, anunciar el Evangelio fuente de liberación, contribuir a la edificación de la Iglesia y promover una sociedad más acorde al designio de Dios revelado en Cristo: Que todos sean uno como nosotros somos uno (Jn 17,11).

7. Por consiguiente, el voluntariado cristiano no es una nueva profesión, sino más bien la respuesta a una llamada que, además de impulsar a hacer el bien mediante gestos solidarios, reclama una actitud de vida coherente en todos sus órdenes. De este modo, quienes ejercen esa forma de caridad se van liberando de los riesgos no infrecuentes en el voluntariado, como es la búsqueda de gratificaciones, la pretensión de lavar la propia conciencia, el paternalismo, etc.

«Curad… y anunciad» (Lc 10,9)

8. Cristo, el Buen Samaritano, nos reveló que el servicio a los enfermos es una expresión viva del amor y quiso que fuera el signo de su misión salvadora (cf. Mt 11,4-5; Lc 4,18ss). Unió en un mismo mandato el anuncio del Reino y el servicio a la salud, de tal manera que quienes se adhieren a Él son, a la vez, discípulos, testigos y servidores. La comunidad cristiana, pues, ha de distinguirse por su solicitud en favor de quienes están viviendo la experiencia de la enfermedad o sienten particularmente amenazada su salud. El voluntariado es una de las formas de participación en dicho mandato, dejado a la Iglesia como don precioso.

9. El mundo de la salud y de la sanidad y especialmente «el mundo del sufrimiento humano recuerda de alguna manera y de modo constante otro mundo: el del amor humano» (Salvifici doloris, 29). Ahí un número creciente de cristianos está reviviendo el origen cristiano y evangélico del servicio de la Iglesia a los enfermos, un servicio que hoy reclama el rigor de la profesionalidad y, al mismo tiempo, un permanente suplemento de alma, en el que los profesionales cristianos, los agentes de pastoral y los voluntarios han de ser siempre especialistas.

10. El voluntario cristiano que actúa en ese mundo se sabe partícipe de la misma misión de Cristo, que vino a asumir la causa del hombre entero, a ofrecerle una nueva calidad de existencia, a revelarle los nuevos horizontes de la esperanza, a ser mediación del amor infinito del Padre, a reconciliarlo con sus propios límites. En la variedad de servicios que presta y de espacios donde actúa, el voluntario ha de ser consciente de que nunca es de forma excluyente un agente social o un agente pastoral, sino un testigo del Evangelio. De ahí la necesidad imperiosa de educarse en la escuela del Buen Samaritano, de formarse para servir mejor, de enriquecer a diario las motivaciones y purificarlas, de cultivar el sentido de participación y de pertenencia a la comunidad, de mantener viva y creativa la llama de la solidaridad mediante la oración.

11. En razón de su condición de voluntario y de cristiano, quien escoge servir así ha de dejarse guiar por el «sentido evangélico de la urgencia», dando prioridad a los enfermos o sectores de enfermos más desasistidos, privilegiando la dimensión huma
nizadora y evangelizadora de la Iglesia en el mundo de la salud y de la enfermedad, y optando por intervenciones socialmente significativas, sin descuidar, obviamente, los pequeños gestos diarios, humildes y callados. Este tipo de voluntariado no es posible sin una adecuada renovación y dinamización la pastoral de la salud, especialmente en el ámbito de las parroquias y de las instituciones sanitarias y sociosanitarias.

Comunidad de voluntarios, voluntarios en la comunidad

12. La campaña del Día del Enfermo del presente año se nos ofrece como un tiempo de gracia para esta labor, que requiere el esfuerzo de todos. A este respecto quisiéramos señalar algunas tareas y orientaciones:

  • Ante todo es preciso reconocer y discernir el valor evangélico y social del voluntariado, como signo de los tiempos, con sus luces y sombras, y, en este caso, del que actúa en el campo de la salud y de la enfermedad.
     
  • El voluntariado ha de ser siempre expresión de la comunidad, destinataria del mandato del Señor de curar y anunciar y, al mismo tiempo, de los dones que el Espíritu distribuye para edificación común (1Co 12,4; 14,13).
     
  • Toda comunidad, también dentro del sector de pastoral de la salud, está llamada a promover hoy el voluntariado cristiano, como signo y cauce de la fe que la congrega y de su misión evangelizadora. Se ha de favorecer, pues, la constitución de grupos de voluntariado allí donde todavía no existen.
     
  • El voluntariado cristiano y, de forma especial, el que actúa en los ámbitos de la pastoral de la salud necesita de una formación adecuada y de un apoyo mantenido. Por ello, es preciso que el voluntariado sea asumido por la comunidad, esté dotado de una eficaz organización y cuente con animadores idóneos.
     
  • Por ser una expresión de la Iglesia al servicio de un único Evangelio, es también urgente favorecer la inserción de los grupos de voluntariado dentro de la Iglesia local y potenciar la colaboración entre ellos, al fin de evitar duplicidades y una pérdida evidente de eficacia evangelizadora.
     
  • Es también, por tanto, preciso ahondar en la identidad del voluntariado cristiano so pena de desembocar en una peligrosa indiferenciación, y, al mismo tiempo, preparar adecuadamente a quienes, desde su condición de voluntarios, son enviados a servir como agentes de pastoral.
     
  • Un lugar privilegiado para la creación y animación del voluntariado cristiano han de ser los equipos o servicios de asistencia religiosa dentro de los hospitales e instituciones socio-sanitarias. Animamos, pues, a que desde esa plataforma se favorezca la colaboración de y con los voluntarios, y a incorporar a tareas pastorales a quienes estén preparados y vocacionados para ello.

Un nuevo impulso

13. El voluntariado cristiano es como una tierra rica en semillas, que hemos de ayudar a fructificar con empeño. Pedimos al Señor que el Día del Enfermo sea vivido como una oportunidad propicia para dar vida a nuevas iniciativas, grandes y pequeñas, que contribuyan a la «nueva evangelización» del mundo de la salud y de la enfermedad. Al mismo tiempo damos gracias al Señor por cuantos de forma voluntaria están siendo testigos del evangelio de la salud y de la solidaridad: las asociaciones y grupos de voluntariado, los equipos de visitadores de enfermos, y, de forma especial, las congregaciones religiosas femeninas y masculinas, pioneras en el servicio a los enfermos y en la promoción del voluntariado cristiano.

14. Que María, «icono del voluntariado cristiano» (Juan Pablo II), renueve y afiance en todos la entrega incondicional al servicio del Reino mediante la solidaridad voluntaria y gratuita en favor de los enfermos.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo, presidente de la Comisión
Javier Osés, obispo de Huesca
José Vilaplana, obispo de Santander
Javier Salinas, obispo de Tortosa
Jesús Murgui, obispo auxiliar de Valencia
Juan José Omella, obispo auxiliar de Zaragoza