XXV Jornadas Generales de Apostolado Seglar

XXV Jornadas Generales de Apostolado Seglar

Los días 12 y 13 de febrero de 2005, se han celebrado en la Casa de Ejercicios “San José”, de El Escorial, las XXV Jornadas Generales de Apostolado Seglar, organizadas por la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), con el objetivo de retomar para su discernimiento y concreción en cada una de las diócesis, movimientos y asociaciones las Conclusiones que surgieron del Congreso de Apostolado Seglar, que se celebró en Madrid, del 12 al 14 de noviembre de 2004.

Estas jornadas han contado con la presencia de los obispos de la CEAS, Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid y Presidente de CEAS, Mons. D. Atilano Rodríguez Martínez, Obispo de Ciudad Rodrigo y Obispo Consiliario de Acción Católica Española,  Mons. D. Casimiro López Llorente, Obispo de Zamora, y D. Antonio Cartagena Ruiz, Director del Secretariado de la Comisión, moderador de las Jornadas.

Asimismo han participado 90 representantes correspondientes a 32 Delegaciones Diocesanas de Apostolado Seglar y a 30 Presidentes y Consiliarios Generales de Asociaciones de Laicos y Movimientos de Apostolado Seglar.

El Santo Padre, en su mensaje con motivo del Congreso de Apostolado Seglar animaba a la Iglesia española a “buscar las formas más adecuadas para acrecentar en todos los fieles laicos su compromiso de vivir coherentemente su fe, dar testimonio de ella en el mundo e infundir en las realidades terrenas un alma evangélica, llevando la luz de Cristo, esperanza de la humanidad, a todos los sectores de la sociedad española”. Y este empeño ha estado presente en los trabajos en grupos y en los debates plenarios de las Jornadas.

Se ha dedicado un tiempo a releer y debatir las distintas conclusiones de los talleres que centraron el trabajo en el Congreso de Apostolado Seglar (Jóvenes, Familia, Trabajo, Sociedad, Formación del laicado y Medios de Comunicación), de cara a hacer propuestas operativas que permitan ir dando pasos para poner en marcha todo lo reflexionado. Una puesta en marcha que, poco a poco, vaya empapando a todos los niveles de nuestra Iglesia.

Se ha tomado conciencia de la constante necesidad que afecta a todos los ámbitos de la presencia del laico en nuestro mundo de hoy: la urgencia de una formación integral (humana y cristiana) que nos permita llevar a cabo la Evangelización. Una formación que permita modelar el sujeto misionero que se requiere para caminar en diálogo y positivamente con nuestra sociedad, y anunciar a nuestro mundo en transformación el Evangelio que hoy necesita.

El tiempo litúrgico que estamos viviendo –se dijo-, nos invita a la conversión. Una conversión a Dios, a la Iglesia y al Mundo, a este mundo concreto en el que tenemos que anunciar el Evangelio. Son muchas las dificultades que hoy encontramos a la hora de anunciar el Evangelio, y a la hora de buscar laicos formados que sigan siendo sacramento y signo de Jesucristo.

Conversión que tiene que darnos alegría y esperanza, sabiendo que caminamos hacia la Pascua, para llevar el Evangelio a los pobres, y ser testimonio vivo de lo que anunciamos.



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