XXVI Jornada General de Delegados de Apostolado Seglar

XXVI Jornada General de Delegados de Apostolado Seglar

El pasado día 5 de mayo tuvo lugar en la Casa de la Iglesia, sede de la Conferencia Episcopal, el encuentro de Delegados Diocesanos de Apostolado Seglar que anualmente convoca la Comisión Episcopal correspondiente.

Presidió esta XXVI Jornada el presidente de la Comisión, Mons. D.  Julián Barrio, Arzobispo de Santiago, y los también miembros de la misma, Mons. D.  José Angel Saiz, Obispo de Terrassa, y Mons. D.  Atilano Rodríguez, Obispo de Ciudad Rodrigo y Consiliario de la Acción Católica. Moderó la activa participación de los asistentes D. Antonio Cartagena, Director del Secretariado de la CEAS.

Treinta y cinco diócesis, por medio de los Delegados presentes, compartieron durante siete intensas horas de trabajo, sólo interrumpìdas por la comida del mediodía, las aportaciones al cuestionario sobre el laicado remitido previamente por el Secretariado de la CEAS. Los obispos presentes se mantuvieron en actitud de escucha a lo largo de la jornada, y sólo hicieron uso de la palabra en los momentos iniciales y finales, así como, en puntuales turnos de palabra pedida, como el resto de los participantes.

En el saludo, tras la oración inicial, Mons. Barrio animó a los Delegados presentes a compartir experiencias y proyectos, conscientes de que “en el Apostolado Seglar ya todo está dicho, aunque todavía está todo por decir”. Definió el encuentro como la expresión de la voluntad de la CEAS de escuchar a los implicados en el Apostolado Seglar y hacer el servicio de canalizar las respuestas, intuiciones y preocupaciones compartidas. Hizo alusión al entorno social y cultural y constató una cierta debilidad profética y apostólica en algunos ámbitos eclesiales. “Falta alegría pascual” –dijo-. Advirtió que el escaso asociacionismo laical indica carencias de fraternidad y de sentido comunitario en la vivencia de la fe, pero que no hemos de caer en la tentación del proselitismo. Terminó su saludo pidiendo a los presentes palabras de esperanza y de futuro: “Los diagnósticos ya están hechos. Acertemos con el tratamiento y tracemos el nuevo horizonte del Apostolado Seglar en España”.

De inmediato empezaron a compartirse las respuestas al Cuestionario de Trabajo, el mismo que habían abordado en febrero los Presidentes de Asociaciones y Movimientos Apostólicos ante los obispos miembros de la CEAS. Las cuestiones, inspiradas en el itinerario temático del documento episcopal Cristianos laicos, Iglesia en el mundo, versaban sobre las dificultades reales y sobre las posibilidades concretas de favorecer la participación y corresponsabilidad de los laicos, la presencia de los mismos en la vida pública, su formación y finalmente la propia vida asociativa, la coordinación, identidad e implicación de las organizaciones laicales en la vida pastoral diocesana y parroquial.

Los delegados se expresaron con franqueza y libertad. Aunque en algunas intervenciones asomaron algunas diferencias de criterio eclesiológico y pastoral, el coloquio rodó sin polémicas y el resultado del mismo es un material abundante que –en palabras del Director del Secretariado- servirá de base para trazar el programa de la CEAS para los próximos cursos. Mons. Saiz, en su turno de palabra, señaló “un déficit de eclesiología, que no de eclesialidad” en grupos laicos especialmente de los ambientes juveniles, y, por su parte, Mons. D. Atilano Rodríguez precisó que los Movimientos de Acción Católica no sólo no son un proyecto agotado sino que, por su identidad eclesial propiamente diocesana, son los que mejor pueden propiciar la presencia de un laicado activo y corresponsable en la pastoral ordinaria de parroquias. Por la renovada Acción Católica apuesta claramente en múltiples declaraciones el Episcopado español, concluyó. En su intervención, al final de la mañana, Mons. Barrio hizo una breve consideración sobre la necesidad del testimonio cristiano en una sociedad donde aparecen tantas formas de reduccionismo de las personas y de su dignidad. Esta presencia de los cristianos en el mundo nace de su pertenencia a Cristo y a la Iglesia. Es posible que algunos cristianos se sientan incómodos en la Iglesia –reconoció-. Pero lo decisivo, aun estando incómodos, es que nos sintamos a gusto. Es verdad, concluyó, que el hombre es el camino de la Iglesia, tal como enseñó Pablo VI, pero también la Iglesia es el camino del hombre.

La sesión de la tarde incluyó una evaluación del propio encuentro, valorado muy positivamente por todos los asistentes. Entre las valoraciones positivas se señaló reiteradamente la actitud de los obispos de escuchar y querer conocer las inquietudes y realidades expresadas ahora por los Delegados y en marzo por los representantes de las asociaciones laicales.

También los obispos presentes mostraron su satisfacción. Monseñor Saiz recalcó que quedaban puestas las bases para el futuro trabajo de la CEAS y ante el cúmulo de dificultades constatadas, recordó una estimulante anécdota del entonces cardenal Ratzinger, cuando en febrero de 2005 durante la visita ad limina, animó a los obispos de Cataluña y de Galicia: no se aflijan ustedes por las dificultades. Lo que tienen que hacer es propiciar el encuentro con Jesucristo.

Mons. D. Atilano Rodríguez recordó a todos que el hacer sigue al ser . Que cuidemos la identidad de cristianos, que en la Iglesia nos trabajamos agobiados por plazos electorales ni para ejercitar el poder. “Tenemos dificultades –dijo- pero las resolveremos desde el diálogo, el amor a las personas y la cercanía a todos. Con la ayuda del Espíritu la alegría del Resucitado también ilumina nuestras impaciencias y desalientos”.

Cerró la jornada con breves palabras Mons. D. Julián Barrio, que tras agradecer nuevamente la presencia y el trabajo de los presentes, acogió ese trabajo como “gozo y tarea” para la Comisión que preside. El Bautismo –añadió- no nos llama a una aventura en solitario. La Iglesia es la primera y fundamental asociación del cristiano. Hemos de ser conscientes de que en la pastoral del laicado estamos pisando tierra sagrada. Las preguntas quedan formuladas. Hemos de ser como aquel Ananías que devolvió la vista y la fe al joven Saulo, no sin antes expresar la dificultad de acoger al perseguidor. También nosotros acabamos de formular las dificultades y riesgos de nuestro laicado, pero hemos de abrirnos a la acogida y al servicio. En la ribera de nuestras confusiones siempre aparece Aquel que nos ha de indicar por
qué lado hemos de echar la red y que ya nos tiene preparado el alimento que nosotros no hemos ganado.

Con el rezo del Magnificat concluyó el trabajo y la jornada.



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