Piedad popular
La religiosidad popular es el conjunto de expresiones de fe y prácticas religiosas que nacen espontáneamente del pueblo creyente. Se viven de forma sencilla, cercana y profundamente arraigada en la cultura, la historia y la vida cotidiana de un pueblo.
Incluye gestos, ritos, celebraciones y devociones como procesiones, romerías, peregrinaciones, fiestas patronales, novenas, rosarios, promesas, veneración de imágenes y devociones a santos y a la Virgen María.
Semana 1 de 12
Siete ideas clave

La firma de Francisco Romero*
La Piedad Popular es una ventana preciosa para el encuentro con Cristo, para la evangelización, para encontrar un nuevo horizonte de sentido y paz.
* Francisco Romero es director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado y responsable de área de Piedad Popular: Hermandades, Cofradías, Santuarios y Peregrinaciones.
La Piedad Popular, es decir, esa realidad eclesial que habla de la relación del creyente con diferentes imágenes religiosas que representan a Nuestro Señor Jesucristo, a la Virgen María o a los Santos, es un vehículo significativo para vivir la fe en las hermandades y Cofradías, en los Santuarios o en las peregrinaciones. Es un aspecto con mucho valor en la pastoral de la Iglesia que se ha de tener en cuenta, promoverla, animarla, corregirla… desde un acompañamiento significativo.
Muchas personas que viven situaciones especiales en su existencia, que presentan heridas, que buscan la verdad, que se interrogan y quieren encontrar un sentido a la vida, la primera ventana que abren para llegar a Dios y entablar una relación con Él es la de la Piedad Popular. Hoy muchos santuarios están llenos de personas que buscan a Dios, que desean encontrar un nuevo horizonte en sus vidas. Las cofradías acogen a jóvenes que se interesan por lo trascendente y que se ofrecen como costaleros, o simplemente desean ser parte de la cofradía porque esperan alcanzar sus metas en esa fraternidad eclesial. Otros recorren caminos como peregrinos buscando luz en su oscuridad, o afianzando su ser cristiano mientras caminan y llegan a la meta. Estamos ante una realidad que siempre ha estado ahí como espacio para el encuentro con Dios, pero que hoy está recobrando un valor y una importancia que no logramos a alcanzar en toda su dimensión. No queremos decir que la Piedad Popular esta de moda, sino que en una sociedad como la nuestra de vacío, la Piedad Popular hace posible que la trascendencia del hombre se encauce y se de respuesta a las aspiraciones mas singulares.
La Piedad Popular hace posible que la trascendencia del hombre se encauce y se de respuesta a las aspiraciones mas singulares.
La Piedad Popular es, por tanto, un espacio donde el hombre de nuestro tiempo se encuentra con Dios, tiene una experiencia de fe y se abre al seguimiento a Cristo. Por ello, para la Iglesia se debe convertir en un reto y en una oportunidad para evangelizar y para acompañar a aquellos que se decidan seguir a Jesucristo para que se inicien en la fe y lleguen a la madurez cristiana. En estos momentos no es posible quedarnos en nuestros santuarios, hermandades, cofradías, peregrinaciones en los aspectos litúrgicos y celebrativos, tan importantes, ni tampoco en las obras de caridad, hay que ir a mas y generar espacios en ellos para el anuncio del Evangelio, para lo que llamamos el primer anuncio que permita el encuentro con Jesucristo, el Salvador del hombre, y que lleve a los que lo experimenten a proseguir el camino de la fe consolidándose como discípulos misioneros por medio de un proceso bien hecho de iniciación cristiana. Este es el reto del que hablamos, esta es una oportunidad evangelizadora para la Iglesia. Hay que buscar modos creativos para presentar el kerigma, es decir, comunicar a los que se acercan que Dios les ama, que Jesucristo ha dado la vida con su muerte y resurrección por ellos, y que los acompañan en su vivir cotidiano. Cuando saboreen esto seguro que desean seguirle y empezar a poner los cimientos de la vida cristiana. Donde todo esto ocurre las cofradías se enriquecen, los santuarios se oxigenan adecuadamente, las peregrinaciones tienen sentido verdadero.
Somos hombres en camino. Vivimos como peregrinos. Progresamos si somos capaces de vivir con autenticidad la fe. La Piedad Popular es una ventana preciosa para el encuentro con Cristo, para la evangelización, para encontrar un nuevo horizonte de sentido y paz. La Iglesia sigue promoviendo y animando esta mediación de la Piedad Popular.
PODCAST
Una fe viva
¿Qué significa que la religiosidad popular es una fe viva? ¿Qué papel juega la Virgen María? ¿Pueden surgir ambigüedades en la piedad popular? Estas son algunas de las cuestiones que aparecen en este primer podcast de la Iglesia en 12 semanas 2026. Además, el episodio cuenta con la participación del obispo de Palencia y responsable del Área de piedad popular en la CEE, Mons. Mikel Garciandía, y el secretario responsable de este Área, Francisco Romero.
En Historias contadas
Clara Eugenia Aledón,
Cofrade en Alzira (Valencia) y en Palencia.
Cada vez más jóvenes se acercan a la fe mediante las distintas hermandades y cofradías.
Tradición y fe que vivimos plenamente los cofrades jóvenes hoy en día y que el día de mañana transmitiremos a nuestros hijos.
La religiosidad popular refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer
La religiosidad popular ocupa un lugar significativo en la reflexión y en la praxis pastoral de la Iglesia católica, que la reconoce como una expresión auténtica de la fe del Pueblo de Dios. Lejos de considerarla una forma imperfecta o secundaria de cristianismo, el Magisterio subraya que se trata de una fe encarnada en la cultura, en la historia y en la sensibilidad religiosa de los pueblos. Pablo VI afirmó que la religiosidad popular “manifiesta una sed de Dios que solo los pobres y sencillos pueden conocer” (Evangelii nuntiandi, 48), reconociendo así su profundo valor espiritual.
La religiosidad popular alcanza una expresión propia en hermandades, cofradías, asociaciones de fieles, muchas de ellas vinculadas a las fiestas cristianas (Semana Santa, Navidad, Cuaresma…) o a la vida de los santos. Además, tienen una mirada caritativa de asistencia social fruto de su compromiso cristiano.
Esta forma de vivir la fe expresa el “alma religiosa” de los pueblos y constituye una espiritualidad legítima, con rasgos propios, que no debe ser sustituida por otras expresiones más elaboradas, sino acompañada, iluminada y fortalecida. El papa Francisco ha insistido en que la piedad popular es “una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia” (Evangelii gaudium, 124). En ella se manifiesta una fe que integra la vida cotidiana, el sufrimiento, la esperanza y la gratitud, utilizando un lenguaje simbólico cercano a las personas.
Desde el punto de vista pastoral, la Iglesia considera la religiosidad popular una riqueza que debe ser evangelizada, no reprimida. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia señala que estas expresiones requieren purificación y orientación, pero nunca desprecio, ya que contienen semillas del Evangelio. Bien acompañada, la religiosidad popular se convierte en un espacio privilegiado de evangelización y misión, capaz de llegar allí donde otras formas de pastoral no alcanzan.
La religiosidad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia
Además, la religiosidad popular desempeña un papel clave en la transmisión intergeneracional de la fe. Procesiones, romerías, fiestas patronales o devociones marianas mantienen viva la memoria cristiana y ayudan a conservar la identidad creyente de comunidades enteras. El Documento de Aparecida subraya que esta forma de fe es una “espiritualidad del pueblo sencillo” que ha sostenido la vida cristiana durante siglos (DA, 262) en los que la estructura eclesial no alcanzaba.
La Iglesia también destaca su riqueza simbólica y afectiva. La religiosidad popular integra cuerpo, emociones y gestos, utilizando imágenes, cantos y ritos que permiten una experiencia concreta del misterio cristiano. Al mismo tiempo, recuerda que estas prácticas deben armonizarse con la liturgia, sin confundirse con ella, como ya indicó el Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium, 13).
Finalmente, el Magisterio reconoce que la religiosidad popular es un lugar teológico, donde actúa el Espíritu Santo y se expresa el sensus fidei del pueblo creyente. Aunque pueda presentar límites o ambigüedades, constituye una auténtica experiencia de encuentro con Dios, que la Iglesia está llamada a custodiar, acompañar y valorar como un don precioso para la vida y la misión eclesial.
En España la religiosidad popular se manifiesta de manera especial en la Semana Santa, la peregrinación a Santiago, al santuario de Sta. María de la Cabeza, al Rocío, a Javier y a tantos santuarios por toda España, muchos de ellos marianos, con sus tradiciones y romerías.
Cifras que hablan
Datos relevantes sobre la presencia de la Iglesia en este ámbito
Fuente: Memoria anual de actividades de la Iglesia católica en España 2024
638
santuarios
499.183
peregrinos del Camino de Santiago
426
celebraciones y fiestas
religiosas
171
fiestas de semana santa declaradas de interés turístico
97
fiestas religiosas de
interés turístico nacional
47
fiestas religiosas de
interés turístico internacional
5.534
cofradía inscritas en el Registro
Entidades Religiosas
+ 1.000.000
de cofrades









