León XIV es el nuevo sucesor de Pedro desde el 8 de mayo de 2025. Los 133 cardenales electores reunidos desde el miércoles 7 de mayo de 2025 en cónclave eligieron, tras cuatro escrutinios, al cardenal Prevost para ser el 267º Papa en la historia de la Iglesia católica. Robert Francis Prevost adoptó el nombre de León XIV y se convirtió en el primer Papa agustino.
Habemus Papam! el cardenal Prevost es el nuevo papa León XIV
En la Plaza de San Pedro la fumata blanca, y el repicar de las campanas, anunciaron, a las 18.07 horas, del 8 de mayo de 2025, que había un nuevo Papa. A las 19.14 horas se abría la logia o balcón central del Aula de las Bendiciones, situada sobre el pórtico de la Basílica de San Pedro y que da a la plaza. La Plaza de San Pedro y el mundo entero escucharon la expresión Habemus Papam! Comenzaba un nuevo Pontificado.
El cardenal francés Dominique Mamberti, como corresponde al cardenal Protodiácono, anunció al pueblo romano y al mundo entero el nombre del nuevo Papa según la fórmula, pronunciada en latín, de acuerdo con el Ordo Rituum Conclavis (ritual del cónclave):
Os anuncio un gran gozo: Habemus Papam! El Eminentísimo y Reverendísimo Señor Robert Francis, Cardenal de la Santa Iglesia Romana Prevost, quien se ha dado el nombre de León XIV.
El Santo Padre, precedido por la cruz, sale entonces al balcón de la logia de las bendiciones de la Basílica de San Pedro para saludar e impartir su primera Bendición Apostólica Urbi et Orbi. Antes de dar la bendición, se ha dirigido a la multitud con las palabras: «La Paz esté con todos vosotros. Quisiera que este saludo de paz llegara a todos vosotros, a todas las personas, a toda la tierra».
El papa León XIV invita a que «vayamos adelante, Cristo nos precede. La humanidad tiene necesidad de Él como el puente que necesita alcanzar». También ha tenido palabras de agradecimiento para el papa Francisco y para recordar «su condición de agustino» citando a S. Agustín quien dijo: «Con vosotros sois cristiano, para vosotros soy obispo».
El nuevo Papa también ha hablado en español para saludar a su «querida diócesis de Chiclayo». Y termina rezando el Ave María ante los miles de fieles que se encuentran en la Plaza de San Pedro.
Misa de inicio de Pontificado, el domingo 18 de mayo, a las 10.00h
La Misa de inicio de Pontificado de León XIV tendrá lugar a las 10.00 horas en la plaza de San Pedro. Se podrá seguir en directo por TRECE y en el canal de YouTube de Vatican Media Live en Español.
El presidente, el vicepresidente y el secretario general de la Conferencia Episcopal Española –Mons. Luis Argüello, el cardenal José Cobo y Mons. Francisco César García Magán – participarán el domingo 18 de mayo en la celebración eucarística por el inicio del ministerio petrino del obispo de Roma.
La ceremonia comienza dentro de la Basílica Vaticana con una oración ante la tumba del Apóstol San Pedro, junto con los Patriarcas de las Iglesias Orientales. Desde allí, el Evangeliario, el Palio y el Anillo del Pescador son llevados en procesión hasta el altar en el atrio de la Plaza de San Pedro, mientras el coro entona la letanía de todos los santos.
Tras la proclamación del Evangelio, tres cardenales de los tres órdenes (diáconos, presbíteros y obispos) se acercan a León XIV para la entrega de las insignias episcopales “petrinas”: el cardenal Mario Zenari le impone el Palio y el cardenal Luis Antonio Tagle le entrega el Anillo del Pescador. La ceremonia continua con el rito simbólico de la “obediencia”, rendido al Papa por doce representantes de todas las categorías del Pueblo de Dios, provenientes de varias partes del mundo, entre ellos, el cardenal brasileño Jaime Spengler. A continuación, el Pontífice pronuncia su homilía.
HOMILÍA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
Plaza de San Pedro
Domingo 18 de mayo de 2025
Queridos hermanos cardenales,
hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
distinguidas autoridades y miembros del Cuerpo diplomático,
¡Saludos a los peregrinos que han venido al Jubileo de las Cofradías!
hermanos y hermanas:
Los saludo a todos con el corazón lleno de gratitud, al inicio del ministerio que me ha sido confiado. Escribía san Agustín: «Nos has hecho para ti, [Señor,] y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, 1,1.1).
En estos últimos días, hemos vivido un tiempo particularmente intenso. La muerte del Papa Francisco ha llenado de tristeza nuestros corazones y, en esas horas difíciles, nos hemos sentido como esas multitudes que el Evangelio describe «como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36). Precisamente en el día de Pascua recibimos su última bendición y, a la luz de la resurrección, afrontamos ese momento con la certeza de que el Señor nunca abandona a su pueblo, lo reúne cuando está disperso y lo cuida «como un pastor a su rebaño» (Jr 31,10).
Con este espíritu de fe, el Colegio de los cardenales se reunió para el cónclave; llegando con historias personales y caminos diferentes, hemos puesto en las manos de Dios el deseo de elegir al nuevo sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, un pastor capaz de custodiar el rico patrimonio de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de mirar más allá, para saber afrontar los interrogantes, las inquietudes y los desafíos de hoy. Acompañados por sus oraciones, hemos experimentado la obra del Espíritu Santo, que ha sabido armonizar los distintos instrumentos musicales, haciendo vibrar las cuerdas de nuestro corazón en una única melodía.
Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría, caminando con ustedes por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una única familia.
Amor y unidad: estas son las dos dimensiones de la misión que Jesús confió a Pedro.
Nos lo narra ese pasaje del Evangelio que nos conduce al lago de Tiberíades, el mismo donde Jesús había comenzado la misión recibida del Padre: “pescar” a la humanidad para salvarla de las aguas del mal y de la muerte. Pasando por la orilla de ese lago, había llamado a Pedro y a los primeros discípulos a ser como Él “pescadores de hombres”; y ahora, después de la resurrección, les corresponde precisamente a ellos llevar adelante esta misión: no dejar de lanzar la red para sumergir la esperanza del Evangelio en las aguas del mundo; navegar en el mar de la vida para que todos puedan reunirse en el abrazo de Dios.
¿Cómo puede Pedro llevar a cabo esta tarea? El Evangelio nos dice que es posible sólo porque ha experimentado en su propia vida el amor infinito e incondicional de Dios, incluso en la hora del fracaso y la negación. Por eso, cuando es Jesús quien se dirige a Pedro, el Evangelio usa el verbo griego agapao —que se refiere al amor que Dios tiene por nosotros, a su entrega sin reservas ni cálculos—, diferente al verbo usado para la respuesta de Pedro, que en cambio describe el amor de amistad, que intercambiamos entre nosotros.
Cuando Jesús le pregunta a Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,16), indica pues el amor del Padre. Es como si Jesús le dijera: sólo si has conocido y experimentado el amor de Dios, que nunca falla, podrás apacentar a mis corderos; sólo en el amor de Dios Padre podrás amar a tus hermanos “aún más”, es decir, hasta ofrecer la vida por ellos.
A Pedro, pues, se le confía la tarea de “amar aún más” y de dar su vida por el rebaño. El ministerio de Pedro está marcado precisamente por este amor oblativo, porque la Iglesia de Roma preside en la caridad y su verdadera autoridad es la caridad de Cristo. No se trata nunca de atrapar a los demás con el sometimiento, con la propaganda religiosa o con los medios del poder, sino que se trata siempre y solamente de amar como lo hizo Jesús.
Él —afirma el mismo apóstol Pedro— «es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular» (Hch 4,11). Y si la piedra es Cristo, Pedro debe apacentar el rebaño sin ceder nunca a la tentación de ser un líder solitario o un jefe que está por encima de los demás, haciéndose dueño de las personas que le han sido confiadas (cf. 1 P 5,3); por el contrario, a él se le pide servir a la fe de sus hermanos, caminando junto con ellos. Todos, en efecto, hemos sido constituidos «piedras vivas» (1 P 2,5), llamados con nuestro Bautismo a construir el edificio de Dios en la comunión fraterna, en la armonía del Espíritu, en la convivencia de las diferencias. Como afirma san Agustín: «Todos los que viven en concordia con los hermanos y aman a sus prójimos son los que componen la Iglesia» (Sermón 359,9).
Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado.
En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela! Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos, unidos entre nosotros, pero también con las Iglesias cristianas hermanas, con quienes transitan otros caminos religiosos, con aquellos que cultivan la inquietud de la búsqueda de Dios, con todas las mujeres y los hombres de buena voluntad, para construir un mundo nuevo donde reine la paz.
Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo.
Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con mi predecesor León XIII, hoy podemos preguntarnos: si esta caridad prevaleciera en el mundo, «¿no parece que acabaría por extinguirse bien pronto toda lucha allí donde ella entrara en vigor en la sociedad civil?» (Carta enc. Rerum novarum, 20).
Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad, una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra, que se deja cuestionar por la historia, y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad.
Juntos, como un solo pueblo, todos como hermanos, caminemos hacia Dios y amémonos los unos a los otros.
Regina Caeli al finalizar la Misa
Al finalizar la misa de inicio del ministerio petrino, este V domingo de Pascua, el papa León XIV rezó el Regina Caeli:
Al final de esta celebración, los saludo y les doy las gracias a todos ustedes, romanos y fieles de tantas partes del mundo, que han querido participar.
Expreso mi gratitud en particular a las Delegaciones oficiales de numerosos países, así como a los representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de otras religiones.
Dirijo un cordial saludo a los miles de peregrinos que han acudido de todos los continentes con ocasión del Jubileo de las Cofradías. Queridos hermanos, les agradezco que mantengan vivo el gran patrimonio de la piedad popular.
Durante la Misa sentí fuertemente la presencia espiritual del Papa Francisco, que desde el cielo nos acompaña. En esta dimensión de comunión de los santos recuerdo que ayer en Chambéry, Francia, fue beatificado el sacerdote Camille Costa de Beauregard, que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX, testigo de una gran caridad pastoral.
En la alegría de la fe y de la comunión no podemos olvidarnos de los hermanos y hermanas que sufren a causa de las guerras. En Gaza, los niños, las familias y los ancianos supervivientes están pasando hambre. En Myanmar, nuevas hostilidades han destruido vidas inocentes. La atormentada Ucrania espera por fin negociaciones para una paz justa y duradera.
Por eso, mientras encomendamos a María el servicio del Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal, desde la “barca de Pedro” contemplémosla a ella, Estrella del mar, Madre del Buen Consejo,como signo de esperanza. Imploremos por su intercesión el don de la paz, el auxilio y el consuelo para los que sufren y, para todos nosotros, la gracia de ser testigos del Señor Resucitado.
Primeros momentos del Pontificado
Alrededor de una hora y cinco minutos han transcurrido desde la elección hasta que se ha abierto el balcón para el anuncio a la ciudad de Roma y al mundo entero (Urbi et Orbi). En este tiempo, el nuevo Pontífice ha vivido sus primeros momentos de Pontificado según está establecido en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis de Juan Pablo II, con algunas modificaciones incorporadas por Benedicto XVI, y por el ritual del Cónclave, Ordo rituum conclavis .
El nuevo Papa, ha obtenido al menos, los 89 votos (dos tercios de los cardenales electores) necesarios para ser elegido. En ese momento, es canónicamente válida la elección del Romano Pontífice.
- Realizada la elección canónicamente, el último de los cardenales diáconos, el indio George Jacob Koovakad, ha llamado a la Capilla Sixtina al secretario del Colegio de los Cardenales, el arzobispo brasileño Ilson de Jesus Montanari, y al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, Mons. Diego Ravelli. Ambos han sido testigos, junto con los 133 purpurados, de cómo el nuevo Papa daba el consentimiento para el Pontificado.
- Al Decano del colegio cardenalicio le corresponde preguntar al elegido:
¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?
Y, una vez recibido el consentimiento, se le ha preguntado:
¿Cómo quieres ser llamado?
A lo que el cardenal ha contestado: León XIV
- El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, Mons. Diego Ravelli, actuando como notario y teniendo como testigos a dos ceremonieros que han sido llamados en aquel momento, ha levantado acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que ha tomado.
- Se ha procedido entonces a quemar las papeletas para la «fumata» blanca.
- Acto seguido el nuevo Papa, acompañado del Maestro de Ceremonias Pontificias, se ha vestido la sotana blanca y la estola papal en la llamada «Estancia de la lágrimas».
- Ya revestido, ha regresado a la Capilla Sixtina y ha ocupado por primera vez la Cátedra. Junto al resto de los cardenales ha escuchado las palabras dirigidas por el cardenal elegido:
Beatísimo Padre, en esta hora solemne en la que, por un impenetrable proyecto de la Divina Providencia, has sido elegido a la Cátedra de Pedro, antes de elevar, unánimes, nuestras oraciones a Dios y de darle gracias por tu elección junto a la beata siempre Virgen María, Madre de Dios y todos los Santos, conviene recordar las palabras con las que nuestro Señor Jesucristo prometió a Pedro y a sus sucesores el primado del ministerio apostólico y del amor. - El Card. Dominique Mamberti ha proclamado un texto del Evangelio. A continuación, se ha rezado, tras invitar a un instante de oración en silencio, la siguiente oración:
Oh Dios, que en el proyecto de tu sabiduría has edificado a tu Iglesia sobre la roca de Pedro, cabeza del colegio apostólico, protege y sostén a nuestro Papa León: tú que lo has elegido como sucesor de Pedro, haz que sea para tu pueblo principio y fundamento visible de la unidad en la fe y de la comunión en la caridad. Por Cristo Nuestro Señor.
- Seguidamente, los cardenales electores se han acercado, por orden de precedencia, para expresar un gesto de respeto y obediencia al recién elegido Sumo Pontífice. Al terminar este acto, han dado gracias a Dios en la misma Capilla Sixtina con el solemne canto del himno Te Deum laudamus.
- Posteriormente el Santo Padre se ha dirigido a la Capilla Paulina para un tiempo de oración, tras la cual, el cardenal protodiácono, Dominique Mamberti, ha salido al balcón de la logia de las bendiciones para anunciar en latín el nombre del nuevo papa de la Iglesia católica.
“Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam. Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Robertum Franciscum. Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Prevost, qui sibi nomen imposuit LEONEM XIV.” - En ese momento, el Papa, precedido por la cruz, ha salido al balcón de la logia y ha sido recibido por un gran aplauso de los fieles y ha dirigido unas palabras en italiano. Tras esas palabras, el cardenal Protodiácono anuncia que el papa impartirá la Bendición Urbi et Orbi.
Palabras del Papa León XIV en la logia de las bendiciones
¡La paz esté con todos vosotros!
Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el Buen Pastor que dio la vida por el rebaño de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, alcanzara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con vosotros!
Esta es la paz de Cristo Resucitado: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, de un Dios que nos ama a todos incondicionalmente. Aún conservamos en nuestros oídos aquella voz débil pero siempre valiente del Papa Francisco que bendecía a Roma.
El Papa que bendecía a Roma daba su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana del día de Pascua. Permítanme dar continuidad a esa misma bendición: Dios nos quiere, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá! Todos estamos en las manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo va delante de nosotros. El mundo necesita su luz. La humanidad necesita de Él como el puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayúdennos también ustedes, y luego entre todos, a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. ¡Gracias al Papa Francisco!
Quiero agradecer también a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser Sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes como una Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, buscando siempre trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros.
Soy un hijo de San Agustín, agustino, que dijo: “con vosotros soy cristiano y para vosotros obispo”. En este sentido, podemos todos caminar juntos hacia aquella patria que Dios nos ha preparado.
¡A la Iglesia de Roma, un saludo especial! Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, el diálogo, siempre abierta para acoger, como esta plaza con los brazos abiertos. Todos, todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor.
Y si me permiten también, una palabra, un saludo a todos aquellos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo.
A todos ustedes, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, de todo el mundo, queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia en camino, una Iglesia que siempre busca la paz, que siempre busca la caridad, que siempre busca estar cerca especialmente de los que sufren.
Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María siempre quiere caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor.
Entonces, quisiera rezar con ustedes. Recemos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo, y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre.
Dios te salve, María llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Homilía de la primera misa del papa León XIV con los cardenales electores
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Con estas palabras Pedro, interrogado por el Maestro junto con los otros discípulos sobre su fe en Él, expresa en síntesis el patrimonio que desde hace dos mil años la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, custodia, profundiza y trasmite.
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, es decir, el único Salvador y el que nos revela el rostro del Padre.
En Él Dios, para hacerse cercano a los hombres, se ha revelado a nosotros en los ojos confiados de un niño, en la mente inquieta de un joven, en los rasgos maduros de un hombre (cf. CONCILIO VATICANO II, Const. pastoral Gaudium et spes, 22), hasta aparecerse a los suyos, después de la resurrección, con su cuerpo glorioso. Nos ha mostrado así un modelo de humanidad santa que todos podemos imitar, junto con la promesa de un destino eterno que, sin embargo, supera todos nuestros límites y capacidades.
Pedro, en su respuesta, asume ambas cosas: el don de Dios y el camino que se debe recorrer para dejarse transformar, dimensiones inseparables de la salvación, confiadas a la Iglesia para que las anuncie por el bien de la humanidad. Nos las confía a nosotros, elegidos por Él antes de que nos formásemos en el vientre materno (cf. Jr 1,5), regenerados en el agua del Bautismo y, más allá de nuestros límites y sin ningún mérito propio, conducidos aquí y desde aquí enviados, para que el Evangelio se anuncie a todas las criaturas (cf. Mc 16,15).
Dios, de forma particular, al llamarme a través del voto de ustedes a suceder al primero de los Apóstoles, me confía este tesoro a mí, para que, con su ayuda, sea su fiel administrador (cf. 1 Co 4,2) en favor de todo el Cuerpo místico de la Iglesia; de modo que esta sea cada vez más la ciudad puesta sobre el monte (cf. Ap 21,10), arca de salvación que navega a través de las mareas de la historia, faro que ilumina las noches del mundo. Y esto no tanto gracias a la magnificencia de sus estructuras y a la grandiosidad de sus construcciones —como los monumentos en los que nos encontramos—, sino por la santidad de sus miembros, de ese «pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz» (1 P 2,9).
Con todo, por encima de la conversación en la que Pedro hace su profesión de fe, hay otra pregunta: «¿Qué dice la gente —pregunta Jesús—sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» (Mt 16,13). No es una cuestión banal, al contrario, concierne a un aspecto importante de nuestro ministerio: la realidad en la que vivimos, con sus límites y sus potencialidades, sus cuestionamientos y sus convicciones.
«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» (Mt 16,13). Pensando en la escena sobre la que estamos reflexionando, podremos encontrar dos posibles respuestas a esta pregunta, que delinean otras tantas actitudes.
En primer lugar, está la respuesta del mundo. Mateo señala que la conversación entre Jesús y los suyos acerca de su identidad sucede en la hermosa ciudad de Cesarea de Filipo, rica de palacios lujosos, engarzada en un paraje natural encantador, a las faldas del Hermón, pero también sede de círculos crueles de poder y teatro de traiciones y de infidelidades. Esta imagen nos habla de un mundo que considera a Jesús una persona que carece totalmente de importancia, al máximo un personaje curioso, que puede suscitar asombro con su modo insólito de hablar y de actuar. Y así, cuando su presencia se vuelva molesta por las instancias de honestidad y las exigencias morales que solicita, este mundo no dudará en rechazarlo y eliminarlo.
Hay también otra posible respuesta a la pregunta de Jesús, la de la gente común. Para ellos el Nazareno no es un charlatán, es un hombre recto, un hombre valiente, que habla bien y que dice cosas justas, como otros grandes profetas de la historia de Israel. Por eso lo siguen, al menos hasta donde pueden hacerlo sin demasiados riesgos e inconvenientes. Pero lo consideran sólo un hombre y, por eso, en el momento del peligro, durante la Pasión, también ellos lo abandonan y se van, desilusionados.
Llama la atención la actualidad de estas dos actitudes. Ambas encarnan ideas que podemos encontrar fácilmente —tal vez expresadas con un lenguaje distinto, pero idénticas en la sustancia—en la boca de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Hoy también son muchos los contextos en los que la fe cristiana se retiene un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer.
Hablamos de ambientes en los que no es fácil testimoniar y anunciar el Evangelio y donde se ridiculiza a quien cree, se le obstaculiza y desprecia, o, a lo sumo, se le soporta y compadece. Y, sin embargo, precisamente por esto, son lugares en los que la misión es más urgente, porque la falta de fe lleva a menudo consigo dramas como la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad de la persona en sus formas más dramáticas, la crisis de la familia y tantas heridas más que acarrean no poco sufrimiento a nuestra sociedad.
No faltan tampoco los contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido solamente a una especie de líder carismático o a un superhombre, y esto no sólo entre los no creyentes, sino incluso entre muchos bautizados, que de ese modo terminan viviendo, en este ámbito, un ateísmo de hecho.
Este es el mundo que nos ha sido confiado, y en el que, como enseñó muchas veces el Papa Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús Salvador. Por esto, también para nosotros, es esencial repetir: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).
Es fundamental hacerlo antes de nada en nuestra relación personal con Él, en el compromiso con un camino de conversión cotidiano. Pero también, como Iglesia, viviendo juntos nuestra pertenencia al Señor y llevando a todos la Buena Noticia (cf. CONCILIO VATICANO II, Const. dogmática, Lumen gentium, 1).
Lo digo ante todo por mí, como Sucesor de Pedro, mientras inicio mi misión de Obispo de la Iglesia que está en Roma, llamada a presidir en la caridad la Iglesia universal, según la célebre expresión de S. Ignacio de Antioquía (cf. Carta a los Romanos, Proemio). Él, conducido en cadenas a esta ciudad, lugar de su inminente sacrificio, escribía a los cristianos que allí se encontraban: «en ese momento seré verdaderamente discípulo de Cristo, cuando el mundo ya no verá más mi cuerpo» (Carta a los Romanos, IV, 1). Hacía referencia a ser devorado por las fieras del circo —y así ocurrió—, pero sus palabras evocan en un sentido más general un compromiso irrenunciable para cualquiera que en la Iglesia ejercite un ministerio de autoridad, desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado (cf. Jn 3,30), gastándose hasta el final para que a nadie falte la oportunidad de conocerlo y amarlo.
Que Dios me conceda esta gracia, hoy y siempre, con la ayuda de la tierna intercesión de María, Madre de la Iglesia.
Visita al santuario de de la Madre del Buen Consejo de Genazzano
El Papa León XIV visita, el sábado 10 de mayo, después de las 16.00 horas, el santuario de la Madre del Buen Consejo en Genazzano, a las afueras de Roma, para una visita privada. El santuario, regentado por los religiosos de la Orden de San Agustín, alberga una antigua imagen de la Virgen, muy querida por la Orden de los Agustinos y en memoria de León XIII, según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
El Papa saludó a la gente en la plaza y rezó ante el icono de la Virgen: “Tenía muchas ganas de venir aquí en estos primeros días del nuevo ministerio que la Iglesia me ha encomendado, para llevar adelante la misión como Sucesor de Pedro”.
El papa León XIV reza ante la tumba del papa Francisco en santa María la Mayor
El papa León XIV, al regresar de Genezzano, se detuvo, sobre las 19.05h, en la Basílica de Santa María la Mayor, donde está enterrado el papa Francisco, para rezar ante su tumba y rendirle homenaje. Se detuvo en silencio y el primer gesto fue arrodillarse y colocar una rosa blanca –la rosa blanca, en memoria de Santa Teresita– sobre el mármol de la lápida donde está grabada la palabra Franciscus. León XIV continuó su recorrido deteniéndose bajo la estatua de María Regina Pacis, donde tantas veces acudió Francisco. A la salida, el Papa quiso saludar a un grupo de monjas y algunas mujeres y niños que se encontraban en las puertas de la Basílica. Los fieles, sorprendidos por su llegada, le aplaudieron y vitorearon.

Las palabras del Papa en el Regina Caeli, domingo 11 de mayo
A las 12.00h. del domingo 11 de mayo el Santo Padre León XIV se asomó a la Logia Central de la Basílica Vaticana para recitar la oración del Regina Caeli con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.
Estas fueron las palabras íntegras del Papa al introducir la oración mariana:
Antes del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Considero un don de Dios el hecho de que el primer domingo de mi servicio como Obispo de Roma sea el del Buen Pastor, el cuarto del tiempo de Pascua. En este domingo, en la misa, siempre se proclama la lectura del capítulo décimo del Evangelio de Juan, en la que Jesús se revela como el verdadero Pastor, que conoce, ama y da la vida por sus ovejas.
En este domingo, desde hace sesenta y dos años, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Y, además, Roma acoge hoy el Jubileo de las Bandas musicales y de los Espectáculos populares. Saludo con afecto a todos los peregrinos y les doy las gracias porque con su música y sus representaciones alegran la fiesta, la fiesta de Cristo Buen Pastor: sí, es Él quien guía a la Iglesia mediante su Espíritu Santo.
Jesús en el Evangelio afirma que conoce a sus ovejas, y que ellas escuchan su voz y le siguen (cf. Jn 10,27). En efecto, como enseña el Papa san Gregorio Magno, las personas “corresponden al amor de quien les ama” (cf. Homilía 14,3).
Hoy pues, hermanos y hermanas, tengo la alegría de rezar con ustedes y con todo el Pueblo de Dios por las vocaciones, especialmente al sacerdocio y a la vida religiosa. ¡La Iglesia los necesita! Y es importante que los jóvenes encuentren en nuestras comunidades: acogida, escucha, estímulo en su camino vocacional, y que puedan contar con modelos creíbles de entrega generosa a Dios y a sus hermanos.
Hagamos nuestra la invitación que el Papa Francisco nos dejó en su Mensaje para esta Jornada en la que nos pedía acoger y acompañar a los jóvenes. Roguemos al Padre celestial el ser, los unos para los otros, cada uno según su estado, pastores “según su corazón” (cf. Jr 3,15), capaces de ayudarnos mutuamente a caminar en el amor y en la verdad. Y a los jóvenes les digo: “¡No tengan miedo! ¡Acepten la invitación de la Iglesia y de Cristo Señor!”
La Virgen María, cuya vida fue toda una respuesta a la llamada del Señor, nos acompañe siempre en el seguimiento de Jesús.
Después del Regina Caeli
Hermanos y hermanas,
la gran tragedia de la Segunda Guerra Mundial, terminó hace 80 años, el 8 de mayo, después de haber causado 60 millones de víctimas. En el dramático escenario actual de una tercera guerra mundial por partes, como afirmó el Papa Francisco en más de una ocasión, también yo me dirijo a los grandes del mundo, repitiendo el llamamiento siempre actual: “¡Nunca más la guerra!”
Llevo en mi corazón los sufrimientos del amado pueblo ucraniano. Se haga lo posible para alcanzar cuanto antes un paz auténtica, justa y duradera. Sean liberados todos los prisioneros y los niños puedan regresar con sus familias.
Me entristece profundamente lo que sucede en la Franja de Gaza. ¡Cese inmediatamente el fuego! Se preste ayuda humanitaria a la exhausta población civil y se liberen a todos los rehénes.
He acogido con satisfacción el anuncio del alto el fuego entre India y Pakistán, y deseo que a través de las próximas negociaciones se pueda alcanzar pronto un acuerdo duradero.
¡Pero cuántos otros conflictos hay en el mundo! Encomiendo a la Reina de la paz este sentido llamamiento para que sea Ella quien se lo presente al Señor Jesús para obtener el milagro de la paz.
Y ahora os saludo con afecto a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países. Saludo a los miembros de la British and Foreign Bible Society, el grupo de médicos de Granada (España), los fieles de Malta, Panamá, Dallas (Texas), Valladolid, Torrelodones (Madrid), Montesilvano y Cinisi (Palermo).
Saludo a los participantes en la manifestación “Elegimos la vida” y a los jóvenes de la Fraternidad Santa María Inmaculada y San Francisco de Asís de Reggio Emilia.
Hoy en Italia y en otros países se celebra la fiesta de la madre. Mando un afectuoso saludo a todas las madres, con una oración por ellas y por las que están ya en el Cielo.
¡Feliz día a todas las madres!
¡Gracias a todos vosotros! ¡Feliz domingo a todos!
Primera audiencia del papa León XIV a los periodistas
El papa León XIV mantiene su primera audiencia, el lunes 12 de mayo, a las 11 de la mañana, en el Aula Pablo VI del Vaticano, con los representantes de los medios de comunicación que han trabajado durante el cónclave para la elección del nuevo Papa.
Texto íntegro del discurso de León XIV:
Hermanos y hermanas,
os doy la bienvenida, representantes de los medios de comunicación de todo el mundo. Gracias por el trabajo que habéis realizado y seguís realizando en estos días, que son verdaderamente un tiempo de gracia para la Iglesia.
En el Sermón de la Montaña, Jesús proclamó: «Bienaventurados los pacificadores» (Mt 5, 9). Esta es una bienaventuranza que nos interpela a todos, pero que es particularmente relevante para vosotros, llamando a cada uno de vosotros a esforzarse por un tipo de comunicación diferente, que no busque el consenso a toda costa, no utilice palabras agresivas, no siga la cultura de la competencia y nunca separe la búsqueda de verdad del amor con el que debemos buscarla humildemente. La paz comienza con cada uno de nosotros: en la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás y hablamos de los demás. En este sentido, la forma en que nos comunicamos es de fundamental importancia: debemos decir «no» a la guerra de palabras e imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra.
Permítanme, por tanto, reiterar hoy la solidaridad de la Iglesia con los periodistas encarcelados por buscar y difundir la verdad, al tiempo que pido su liberación. La Iglesia reconoce en estos testigos —pienso en quienes informan sobre la guerra incluso a costa de su vida— el coraje de quienes defienden la dignidad, la justicia y el derecho de las personas a estar informadas, porque solo las personas informadas pueden tomar decisiones libres. El sufrimiento de estos periodistas encarcelados interpela a la conciencia de las naciones y de la comunidad internacional, y nos exhorta a todos a salvaguardar el precioso don de la libertad de expresión y de prensa.
Gracias, queridos amigos, por vuestro servicio a la verdad. Habéis estado en Roma estas últimas semanas para informar sobre la Iglesia, su diversidad y, al mismo tiempo, su unidad. Habéis estado presentes en las liturgias de la Semana Santa y luego habéis dado cuenta del dolor por la muerte de Francisco, que sin embargo se ha producido a la luz de la Pascua. Esa misma fe pascual nos ha introducido en el espíritu del Cónclave, durante el cual han trabajado durante largas y fatigosas jornadas. Sin embargo, incluso en esta ocasión, han logrado relatar la belleza del amor de Cristo que nos une y nos hace un solo pueblo, guiado por el Buen Pastor.
Vivimos tiempos difíciles de navegar y de relatar. Son un desafío para todos nosotros, pero no debemos huir de él. Al contrario, exigen que cada uno de nosotros, en nuestros diferentes roles y servicios, nunca cedamos a la mediocridad. La Iglesia debe enfrentar los desafíos que le plantean los tiempos. Del mismo modo, la comunicación y el periodismo no existen fuera del tiempo y la historia. San Agustín nos lo recuerda cuando dice: «Vivamos bien y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros» (Discurso 311).
Gracias, por tanto, por lo que habéis hecho para superar los estereotipos y los clichés a través de los cuales a menudo interpretamos la vida cristiana y la vida misma de la Iglesia. Gracias porque habéis captado la esencia de lo que somos y la habéis transmitido al mundo entero a través de todos los medios de comunicación posibles.
Hoy, uno de los retos más importantes es promover una comunicación que nos saque de la Torre de Babel en la que a veces nos encontramos, de la confusión de lenguajes sin amor, a menudo ideológicos o partidistas. Por eso, vuestro servicio, con las palabras que usáis y el estilo que adoptáis, es crucial.
Como sabéis, la comunicación no es solo transmisión de información, sino también creación de una cultura, de entornos humanos y digitales que se convierten en espacios de diálogo y debate. Al observar cómo se está desarrollando la tecnología, esta misión se vuelve cada vez más necesaria.
Pienso en particular en la inteligencia artificial, con su inmenso potencial, que, sin embargo, requiere responsabilidad y discernimiento para garantizar que pueda utilizarse para el bien de todos, de modo que beneficie a toda la humanidad. Esta responsabilidad incumbe a todos en proporción a su edad y a su papel en la sociedad.
Queridos amigos, con el tiempo nos conoceremos mejor. Hemos vivido —podemos decir juntos— unos días verdaderamente especiales. Los hemos compartido a través de todos los medios de comunicación: televisión, radio, internet y redes sociales. Espero sinceramente que cada uno de nosotros pueda decir que estos días han desvelado un poco del misterio de nuestra humanidad y nos han dejado el deseo de amor y paz.
Por eso, repito hoy la invitación que el Papa Francisco ha hecho en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año: desarmemos la comunicación de todo prejuicio y resentimiento, fanatismo e incluso odio; liberémosla de la agresividad. No necesitamos una comunicación ruidosa y enérgica, sino una comunicación capaz de escuchar y de recoger las voces de los débiles que no tienen voz.
Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar el mundo. Una comunicación desarmada y desarmadora nos permite compartir una visión diferente del mundo y actuar de manera coherente con nuestra dignidad humana.
Ustedes están en primera línea para informar sobre los conflictos y las aspiraciones de paz, sobre las situaciones de injusticia y pobreza, y sobre el trabajo silencioso de tantas personas que luchan por crear un mundo mejor. Por eso, os pido que elijáis con conciencia y valentía el camino de la comunicación en favor de la paz.
¡Gracias y que Dios os bendiga!
Visita del Papa León XIV a la Curia General de los Agustinos
El martes 13 de mayo de 2025, el Santo Padre León XIV visitó la comunidad de los Agustinos de la Curia General en Roma. El Papa León XIV fue poco antes del mediodía a la curia general de la Orden de San Agustín, que durante 12 años fue su residencia, de 2001 a 2013, período en el que fue prior general. El Papa visitó de manera privada a su familia religiosa, donde la unión es la primera de las «normas» observadas, según lo prescrito por el Obispo de Hipona en la regla de la vida para sus frailes: «La razón esencial por la que se han unido es que viven en un acuerdo en la casa y tienen un alma y un corazón protegidos hacia Dios».
El Papa León XIV celebró la misa con sus hermanos Agustinos, el día en que la Iglesia recuerda a la Virgen María de Fátima. Después, almorzó con ellos como solía hacer casi a diario, cuando era cardenal. El Papa dejó la comunidad alrededor de las 15.00h.
Hace siete días, el martes 6 de mayo, el entonces cardenal Robert Francis Prevost compartió por última vez un tiempo con la comunidad agustiniana antes de entrar en el cónclave.
Significado del escudo pontificio de León XIV

La Oficina de Prensa de la Santa ha hecho público, hoy, 14 de mayo, la explicación del escudo papal de León XVI:
Blasón
Cortado: en el 1.º de azur, un lirio de plata; en el 2.º de blanco, un corazón ardiente y atravesado por una flecha puesta en banda, todo en rojo y sostenido por un libro al natural.
El escudo timbrado con una mitra de plata, adornada con tres bandas de oro unidas por un palo del mismo color, con las ínfulas ondeantes, forradas de rojo, cruzadas y con flecos de oro, y acolado con las llaves petrinas cruzadas en aspa y contrapuestas: la que va en banda, de oro; la que va en barra, de plata; atadas con un cordón rojo.
Lema
IN ILLO UNO UNUM
(«En el Único, uno»)
Explicación:
El escudo del Santo Padre León XIV presenta en un campo azul, color que evoca las alturas celestiales y se caracteriza por su valor mariano, un símbolo clásico en referencia a la Bienaventurada Virgen María: el lirio (flos florum).
En el otro campo, de color blanco, resalta el emblema de la Orden Agustiniana: un corazón ardiente atravesado por una flecha. Esta figura representa simbólicamente las palabras de san Agustín recogidas en el libro de las Confesiones: «Sagittaveras tu cor meum charitate tua» («Has herido mi corazón con tu amor»). Se trata de un elemento que, desde el siglo XVI, estará siempre presente en el emblema de los agustinos, con distintas variantes, como la inclusión del libro que simboliza la Palabra de Dios, capaz de transformar el corazón de todo hombre, como ocurrió con Agustín. El libro también alude a las iluminadas obras que el Doctor de la Gracia ha legado a la Iglesia y a la humanidad.
El blanco (en el escudo papal, en tono marfil) es un color que se repite en otros escudos de órdenes religiosos, y puede interpretarse como símbolo de santidad y pureza.
El lema, «In Illo uno unum» («En el único Cristo somos uno»), retoma las palabras que san Agustín pronunció en un sermón, la Exposición sobre el Salmo 127, para explicar que «aunque nosotros los cristianos seamos muchos, en el único Cristo somos uno».
— Don Antonio Pompili, Vicepresidente del Instituto Heráldico Genealógico Italiano
Fotografía oficial del Papa León XIV
La Oficina de Prensa de la Santa Sede difundió el viernes 16 de mayo una nueva fotografía del Papa León XIV. La imagen se concede gratuitamente y solo se puede reproducir con fines institucionales. Se puede descargar con calidad en este enlace.
En la imagen, el Papa aparece sonriente, vestido con la tradicional sotana blanca y la cruz pectoral de oro que lució en su primer saludo desde el balcón de la Basílica de San Pedro, tras su elección como Sucesor de Pedro el 8 de mayo de 2025.

Biografía del cardenal Robert Francis Prevost, el primer Papa agustino
Nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago (Illinois, Estados Unidos). Hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia francesa e italiana, y de Mildred Martínez, de ascendencia española. Tiene dos hermanos, Louis Martín y John Joseph.
Cursó estudios en el seminario Menor de los Padres Agustinos y después en la Universidad de Villanova, Pennsylvania, donde se licencia en Matemáticas y estudia Filosofía, en 1977. El 1 de septiembre de ese mismo año ingresa en el noviciado de la Orden de San Agustín (OSA) de St. Louis, en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo de Chicago, y hace su primera profesión el 2 de septiembre de 1978. El 29 de agosto de 1981 emite los votos solemnes.
Recibe su formación en la Catholic Theological Union de Chicago, licenciándose en Teología. A los 27 años fue enviado por la Orden a Roma para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum). También en Roma es ordenado sacerdote el 19 de junio de 1982. Obtuvo la licenciatura en 1984 y en 1985 es enviado, por un año, a trabajar en la misión de Chulucanas, en Piura (Perú).
En 1987 obtuvo el Doctorado con la tesis: «El rol del prior local de la Orden de San Agustín». Ese mismo año fue nombrado director de vocaciones y de misiones de la Provincia Agustiniana “Madre del Buen Consejo” en Olympia Fields, Illinois (EE.UU.).
En 1988 fue enviado a la misión de Trujillo (Perú) como director del proyecto de formación común de los aspirantes agustinos de los Vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac. También fue prior de la comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y maestro de profesos (1992-1998). Además, en la archidiócesis de Trujillo, fue vicario judicial (1989-1998) y profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el seminario Mayor «San Carlos y San Marcelo». Paralelamente, se le confia la atención pastoral de Nuestra Señora Madre de la Iglesia, más tarde parroquia con el título de Santa Rita (1988-1999), en la periferia pobre de la ciudad, y fue administrador parroquial de Nuestra Señora de Monserrat (1992-1999).
En 1999 fue elegido prior provincial de la Provincia “Madre del Buen Consejo” (Chicago). Dos años y medio después, el Capítulo general ordinario de la Orden de San Agustín lo eligió prior general, ministerio que la Orden le confió nuevamente en el Capítulo general ordinario de 2007.
En octubre de 2013 regresa a su provincia agustiniana, en Chicago, como director de Formación del Convento de San Agustín, primer consejero y vicario provincial, cargos que desempeñó hasta que el papa Francisco lo nombró, el 3 de noviembre de 2014, administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú), elevándolo a la dignidad episcopal como obispo titular de la diócesis de Sufar. El 7 de noviembre tomó posesión de la diócesis en presencia del nuncio apostólico James Patrick Green, quien le ordena obispo poco más de un mes después, el 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de Santa María. Su lema episcopal es «In Illo uno unum», palabras que San Agustín pronuncia en un sermón, la Exposición sobre el Salmo 127, para explicar que «aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno».
El 26 de septiembre de 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo y en marzo de 2018 fue elegido vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana. Además, el 15 de abril de 2020, el Papa lo nombró administrador apostólico de la diócesis del Callao. También lo nombra miembro de la Congregación para el Clero, en 2019, y miembro de la Congregación para los Obispos, en 2020.
El 30 de enero de 2023, el papa Francisco lo llama a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, promoviéndolo a arzobispo. En el Consistorio del 30 de septiembre del mismo año lo creó y nombró cardenal, asignándole el diaconado de Santa Mónica. Tomó posesión el 28 de enero de 2024. El 6 de febrero de 2025 fue promovido al orden de los obispos, obteniendo el título de la Iglesia Suburbicaria de Albano.
Actualmente era miembro de:
- Los Dicasterios: para la Evangelización, Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares; para la Doctrina de la Fe; para las Iglesias Orientales; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; para la Cultura y la Educación; para los Textos Legislativos.
- La Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano.
Durante la última hospitalización de su predecesor en el políclinico «Gemelli», presidió el rosario por la salud de Francisco el 3 de marzo en la plaza de San Pedro.

Primeros compromisos del nuevo Papa
El Papa celebra la primera eucaristía, ante el colegio cardenalicio en la Capilla Sixtina.
Por otra parte, la Sala de Prensa de la Santa Sede ha comunicado la agenda para los próximos días del nuevo Pontífice.
- Domingo 11 de mayo, a las 12.00 horas, rezará la oración del Regina Coeli desde la Logia central de la Basílica de San Pedro.
- Lunes 12 de mayo, a las 11.00 horas, se reunirá en el Aula Pablo VI con todos los trabajadores de los medios acreditados ante la Oficina de Prensa de la Santa Sede que han cubierto los eventos de las últimas semanas.
- Domingo 18 de mayo, a las 10.00 horas, en la Plaza de San Pedro: Misa de inicio del pontificado.
08/05/2025

