Sagrada Biblia
Tito

Tito

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11Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para suscitar la fe de los elegidos de Dios y el conocimiento de la verdad, que, de acuerdo con la piedad,
2lleva a la esperanza de la vida eterna; esta fue prometida antes de los siglos por Dios, que nunca miente;
3al llegar el tiempo apropiado, él manifestó su palabra por la predicación que me fue confiada según el mandato de Dios nuestro Salvador,
4a Tito, verdadero hijo en la fe que compartimos: gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Salvador nuestro.
5Mi intención al dejarte en Creta era que acabaras de organizar lo que aún faltaba por hacer y constituyeses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di.
6Que el presbítero sea alguien sin tacha, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, a los que no quepa acusar de vida desenfrenada ni de ser unos insubordinados.
7Porque es preciso que el obispo sea intachable, como administrador que es de la casa de Dios; que no sea presuntuoso, ni colérico, ni dado al vino, ni pendenciero, ni ávido de ganancias poco limpias.
8Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí.
9Debe mostrar adhesión al mensaje de la fe de acuerdo con la enseñanza, para que sea capaz tanto de orientar en la sana doctrina como de rebatir a los que sostienen la contraria.
10Porque hay mucho insubordinado, charlatán y embaucador, sobre todo entre los de la circuncisión,
11a los cuales se debe tapar la boca, pues revuelven familias enteras, enseñando lo que no se debe, y todo para sacar dinero.
12Un cretense, profeta entre los suyos, dijo: «Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, estómagos perezosos».
13Y su testimonio es verdadero. Por ello, repréndelos con severidad para que se mantengan sanos en la fe
14y no presten atención a fábulas judías ni a preceptos de hombres que viven de espaldas a la verdad.
15Todo es limpio para los limpios; mas para los impuros y los incrédulos nada hay limpio, ya que su mente y su conciencia están manchadas.
16Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus obras. Son detestables, rebeldes e incapaces de cualquier obra buena.
21Habla de lo que es conforme a la sana doctrina.
2Que los ancianos sean sobrios, respetables, sensatos, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia.
3Las ancianas, igualmente, sean, en su comportamiento, como conviene a personas religiosas; no sean calumniadoras, ni se envicien con el vino; sean maestras del bien,
4que inspiren buenos principios a las jóvenes, enseñándoles a amar a sus maridos y a sus hijos,
5a ser sensatas, puras, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea maldecida.
6A los jóvenes exhórtalos también a que sean sensatos.
7Muéstrate en todo como un modelo de buena conducta; en la enseñanza sé íntegro y grave,
8irreprochable en la sana doctrina, a fin de que los adversarios sientan vergüenza al no poder decir nada malo de nosotros.
9Que los esclavos se sometan en todo a sus propios dueños, sean complacientes con ellos y no les lleven la contraria
10ni les sustraigan nada, sino que les manifiesten total fidelidad, para que la enseñanza de Dios nuestro Salvador resplandezca en todo.
11Pues se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres,
12enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa,
13aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo,
14el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.
15De esto es de lo que has de hablar. Exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.

31Recuérdales que se sometan a los gobernantes y a las autoridades; que obedezcan, estén dispuestos a hacer el bien,
2no hablen mal de nadie ni busquen riñas; que sean condescendientes y amables con todo el mundo.
3Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros.
4Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre,
5no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo,
6que derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador,
7para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna.
8Es palabra digna de crédito y en ella quiero que te afiances, para que cuantos han creído en Dios pongan el máximo interés por destacarse en el buen obrar. Esto es bueno y provechoso para todos.
9Evita disquisiciones estúpidas, genealogías, polémicas y disputas sobre la ley, ya que son inútiles y vanas.
10Huye del que es sectario después de haberlo amonestado una o dos veces,
11sabiendo que es un pervertido, un pecador y que es él quien se condena a sí mismo.
12Cuando te haya enviado a Artemas o a Tíquico, procura venir enseguida a mi lado, a Nicópolis, pues he decidido pasar allí el invierno.
13Provee con generosidad de cuanto sea necesario a Zenas el maestro de la ley y a Apolo, para que no les falte de nada.
14Y que aprendan también los nuestros a destacarse en el buen obrar cuando haya necesidades urgentes. Será entonces cuando realmente den fruto.
15Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia esté con todos vosotros.