Fortalecer la familia
Fortalecer la familia es cuidar el lugar donde todos aprendemos a amar y a ser amados.
Porque amar no es solo un sentimiento: es una decisión propia, una entrega cotidiana y una acción que se recibe y se comparte con los demás.
El amor entre un hombre y una mujer, vivido en el matrimonio, es una vocación que genera familia y abre la vida a la esperanza. Una relación basada en la confianza, la sinceridad y la fidelidad, fortalecida por la fe, se convierte en reflejo del amor de Dios.
Fortalecer la familia es fortalecer la sociedad: acompañar, proteger y promover hogares donde el amor sea escuela de vida, solidaridad y futuro.
Semana 2 de 12
Siete ideas clave

La firma de Miguel Garrigós*
La Iglesia continúa apostando decididamente por la familia cristiana. No se trata de un valor anclado en el pasado, sino de una realidad siempre vigente, pues en ella se manifiesta el designio eterno de Dios sobre el hombre y la mujer.
* Miguel Garrigós es director del secretariado de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida.
El papa Francisco ha señalado en numerosas ocasiones que atravesamos un cambio de época que conlleva el riesgo de perder algunas de las referencias que, durante siglos, han sostenido la vida social. Entre ellas se encuentra la familia, célula básica de la sociedad. En ella encontramos un espacio de seguridad y confianza. Por eso, la Iglesia continúa apostando decididamente por la familia cristiana. No se trata de un valor anclado en el pasado, sino de una realidad siempre vigente, pues en ella se manifiesta el designio eterno de Dios sobre el hombre y la mujer. Así se entiende que muchos jóvenes sigan anhelando un amor pleno y definitivo. No hablamos de un ideal romántico e inalcanzable propio de las películas; ese deseo profundo de comunión total está inscrito en lo más hondo del alma.
Y es preciso que esa convicción teórica que aflora en las encuestas sobre valores fundamentales, se concrete en la vida. Resulta decisiva la actitud con la que afrontamos esta tarea. No somos espectadores pasivos que se contentan con administrar el deterioro de la institución familiar. Al contrario, somos misioneros colmados de esperanza, una esperanza fundada en las promesas del Dios Amor, que mantiene su propuesta de salvación para nuestro mundo.
Apoyados en esta certeza firme, comprendemos que la convicción sobre la importancia del matrimonio y de la familia cristiana debe impulsarnos a acompañar a niños, adolescentes y jóvenes en el proceso de descubrir y forjar su vocación al amor. Es necesario destinar personas, tiempo, energías y recursos a esta misión esencial: capacitar a cada uno para reconocer su llamada y vivirla con fidelidad y alegría. Esta responsabilidad corresponde ante todo a las familias cristianas, con el apoyo de las parroquias y de la escuela católica.
La convicción sobre la importancia del matrimonio y de la familia cristiana debe impulsarnos a acompañar a niños, adolescentes y jóvenes en el proceso de descubrir y forjar su vocación al amor.
En consecuencia es importante el acompañamiento durante el noviazgo. El documento “Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial” del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida invita a mejorar cualitativamente la preparación para la vocación matrimonial. Se trata de preparar para una vida, poniendo en el centro el anuncio de Jesucristo vivo, que concede a los esposos la gracia sacramental necesaria para vivir el matrimonio en plenitud.
También ha de interpelarnos el elevado número de jóvenes que no contemplan el matrimonio y la vida familiar en su horizonte. Ante esta situación no caben respuestas simplistas, pues son múltiples y complejos los factores que alimentan tal indiferencia. Necesitamos pedir luz al Espíritu Santo para que nos indique los caminos que permitan redescubrir y mostrar la belleza y la santidad del sacramento del matrimonio. Conviene, además, estar atentos a las iniciativas que ya están dando fruto y que constituyen verdaderos signos de esperanza.
Finalmente, afrontamos el desafío de acompañar a cada matrimonio y a cada familia en sus circunstancias concretas, ayudándoles a descubrir en la Iglesia —su hogar— el ámbito donde vivir la fe y encontrar alimento y refugio. Este acompañamiento ha de sostener a los esposos y a las familias para que comprendan y vivan que el matrimonio es un sacramento al servicio de la comunidad.
PODCAST
Sentido cristiano de la familia
¿Cuál es el sentido cristiano de la familia? ¿Tiene sentido el matrimonio ante el aumento de divorcios? ¿Qué valor tienen los hijos? Estas son algunas de las cuestiones que aparecen en este segundo episodio del podcast de la Iglesia en 12 semanas 2026. Además, el episodio cuenta con la participación del obispo de Canarias y presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, Mons. José Mazuelos, y los delegados de Familia y Vida de Calahorra y La Calzada-Logroño, Francesc Vallejos y Cristina Gredilla.
En Historias contadas
Francesc Vallejos y Cristina Gredilla,
delegados de Familia y Vida de Calahorra y La Calzada-Logroño.
Ella vivía en Vitoria. Él, en Barcelona. Decidieron empezar una vida juntos en un lugar intermedio: La Rioja.
¿Punto intermedio?
El verdadero punto intermedio de su matrimonio no fue un lugar: “Sabíamos que Dios iba a estar en medio de nosotros”.
Estos son Cristina y Francesc, un matrimonio “cristianamente normal”.
La belleza de estar juntos
Un noviazgo sin secretos ni mentiras
El amor en pareja se fortalece cuando se basa en la sinceridad y la confianza. Un noviazgo sano no solo acerca a quienes están enamorados, sino que también impulsa su crecimiento personal. Quienes viven una relación así suelen sentirse más seguros, conectados con su entorno y motivados a soñar en grande, reforzados en su fe.
Hombre y mujer hechos para amarse
El matrimonio va más allá de una costumbre, es una verdadera vocación. Hombre y mujer, creados para estar juntos, encuentran en el matrimonio una forma de amar que refleja fidelidad y compromiso. Cuando se pide la ayuda de Dios para esa relación el matrimonio se hace cristiano y cuenta con la gracia para conseguir el fin propio que es la felicidad de los esposos. La Biblia lo resume bien al afirmar que “no es bueno que el hombre esté solo”.
La vida matrimonial, unidad que sostiene
La vida en pareja implica dar lo mejor de uno mismo en todos los niveles —cuerpo, sentimientos, voluntad y espíritu— y buscar el bien del otro. En este compromiso, la fidelidad, la apertura a la vida y la fe juegan un papel central, convirtiendo la relación conyugal en un testimonio vivo del amor de Dios al mundo.
Unos padres responsables
El fruto más preciado del amor matrimonial son los hijos, un don de Dios y expresión de la confianza que Él tiene en los esposos. Más allá de la alegría que traen, ayudan a los padres a madurar y crecer. En este entorno, los esposos trabajan juntos para construir un hogar donde el amor, la fe y los valores guían las decisiones diarias.
La familia: un lugar de amor y misión
En ese hogar se aprende a amar y a convivir. La familia se convierte en la primera escuela de vida, donde se aprende a perdonar, a colaborar, a trabajar con alegría y a vivir la fe en comunidad.
Un amor maduro y ejemplar
Con el paso de los años, ese amor se transforma y se profundiza. Las parejas mayores muestran cómo la experiencia, el respeto y la confianza pueden enriquecer una relación. Para la Iglesia y la sociedad, estas parejas son un ejemplo de amor maduro y de compromiso duradero, y su testimonio recuerda la importancia de valorar y acompañar a los mayores.
«La familia constituye un medio natural para la iniciación del ser humano en la solidaridad y en las responsabilidades comunitarias»
Catecismo de la Iglesia católica, 2224
Cifras que hablan
Datos relevantes sobre la presencia de la Iglesia en este ámbito
Fuente: Memoria anual de actividades de la Iglesia católica en España 2024
Centros para la defensa de la vida y la familia
259 centros
84.967 personas beneficiarias
Centros de promoción de la mujer
y víctimas de la violencia
156 centros
35.167 personas beneficiarias
Centros de menores y jóvenes y
otros centros para tutela de la infancia
431 centros
63.475 personas beneficiarias









