El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Luis Argüello, ha inaugurado el lunes 31 de marzo de 2025 la 127ª Asamblea Plenaria. Tras el discurso del presidente, Mons. Bernardito Auza ha dirigido su último saludo a la Plenaria antes de incorporarse a su nuevo destino como Nuncio Apostólico ante la Unión Europea. Al finalizar sus palabras, Mons. Argüello le ha entregado, como obsequio de la CEE, los cuatro volúmenes de la Liturgia de las Horas en castellano, con su escudo episcopal.
Discurso Mons. Luis Argüello
Saludo Mons. Bernardito Auza
Discurso inaugural de Mons. Luis Argüello
(Resumen)
Mons. Luis Argüello ha pronunciado esta mañana el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria en su reunión de primavera. En él ha señalado cuestiones fundamentales para la Iglesia en España y su relación con la sociedad contemporánea. Es un análisis de la misión de la Iglesia y de los desafíos actuales en un contexto de profundos cambios políticos, sociales y culturales.
En este sentido, la Asamblea no es solo un acto administrativo, sino una oportunidad para renovar el compromiso con la fe y con la misión de la Iglesia en el mundo.
La Familia como pilar fundamental de la sociedad
Uno de los temas centrales del discurso de Mons. Argüello es la familia, entendida como la base de la sociedad y de la vida cristiana. La preocupación por las crisis familiares, la disminución de la natalidad y el impacto de ciertos modelos económicos y culturales en la estabilidad familiar deben movilizar la acción de la Iglesia y la de los poderes públicos ya que es necesario apoyar políticas que favorezcan la estabilidad de las familias, el acceso a la vivienda y la conciliación entre el trabajo y la vida personal. La Iglesia reafirma su compromiso con la defensa de la familia, basada en los valores del Evangelio y en la doctrina social de la Iglesia.
Economía, política y bien común
En relación al bien común y al lugar que ocupan para ello la economía y la política, Mons. Argüello señala como elemento imprescindible la creación de un modelo económico más justo y equitativo. De manera especial porque la economía de mercado, en muchas ocasiones, pone el lucro por encima de la dignidad humana, cuando debe estar al servicio del bien común. Los empresarios y los políticos deben adoptar políticas que promuevan el empleo digno, la reducción de la desigualdad y la protección de los más vulnerables. La acción política debe estar orientada al bien común y no a intereses partidistas o ideológicos que, como resulta preocupante para nuestro tiempo, están llevando a una creciente polarización y crispación en la vida pública española.
En el ámbito internacional la situación es equiparable. Es preciso promover la paz en un mundo marcado por conflictos y tensiones geopolíticas. A la cuestión sobre la situación del mundo con una mirada especial a Europa ha dedicado el punto 6.1 de su discurso, citando a Bauman: “Tenemos la sensación de que estamos perdiendo el control sobre nuestras vidas y viéndonos reducidos a la condición de peones movidos de un lado para otro en una partida librada por jugadores desconocidos e indiferentes a nuestras necesidades”.
Ante ello, la Iglesia, desde su papel pastoral, hace un llamamiento a la unidad y al diálogo, recordando que los cristianos deben ser instrumentos de paz y reconciliación en una sociedad cada vez más fragmentada. Al mismo tiempo, la Iglesia debe ser una voz profética que clama por la paz y la justicia.
Mons. Argüello hace especial énfasis en la necesidad de cuidar el medioambiente, considerado como la “casa común” y recoge la aportación del papa Francisco en Laudato Si’, insistiendo en que la crisis ecológica es también una crisis moral. La Iglesia debe promover estilos de vida sostenibles y una economía respetuosa con la creación.
El Congreso sobre Vocaciones y el sentido de la vida
El reciente congreso de Vocaciones ¿Para quién soy? pone la atención en la vida entendida como vocación y destaca que el verdadero propósito del ser humano no es el éxito individual sino el servicio a los demás, por lo que ha invitado a los jóvenes a descubrir su vocación en la Iglesia y en la sociedad, ya sea en el sacerdocio, la vida religiosa o el laicado comprometido.
Para ello se hace imprescindible, superar la cultura del “empoderamiento” individualista, que en muchas ocasiones lleva al egoísmo y la autosuficiencia, en contraposición con la llamada cristiana a la entrega y al amor al prójimo.
En relación a los desafíos y a las líneas de reflexión y de acción, Mons. Argüello ha señalado la centralidad de la parroquia que es la comunidad cristiana que se reúne el domingo en torno a un altar y a una pila del bautismo que tiene como desafío grande la celebración del día del Señor: “Somos «pueblo del domingo», primer y octavo día de la semana, fuente permanente de alegría, esperanza, comunión y misión”.
Dos propuestas y un compromiso
Mons. Argüello ha lanzado en su discurso dos propuestas y un compromiso. La primera es impulsar una alianza con padres y educadores, empresarios y políticos, con medios de comunicación, artistas y creadores para promover una «cultura de la vida» reflexionando y proponiendo medidas sobre los diversos ámbitos implicados por la crisis demográfica: económicos, políticos, culturales y espirituales.
La segunda, la propuesta de una reunión de los dos grupos políticos mayoritarios en las Cortes para afrontar el problema de las migraciones e impulsar la iniciativa legislativa popular que reunió más de 600.000 firmas para la regularización de los migrantes. La CEE siempre ha reconocido el derecho del Estado de regular los flujos migratorios, la necesidad de abordar las causas con los países de origen y de combatir a las mafias. Ahora desde la perspectiva de la dignidad humana se trata de abordar la situación de los que ya residen en nuestra nación: ¿Qué hacer, expulsarlos a todos o abordar la manera de regularizar su situación?
El compromiso se refiere a seguir intensificando la reparación integral de las víctimas de abusos y la prevención de estos. Mons. Argüello señala que “hemos puesto en marcha un plan de prevención y reparación, asumimos una obligación moral donde no haya obligación jurídica, en los casos verosímiles del pasado; incluso estamos dispuestos a estudiar una posible supervisión del Defensor del Pueblo en este proceso ya en marcha”.
Discurso inaugural de Mons. Luis Argüello
(texto íntegro)

Saludo inicial
Cardenales, arzobispos y obispos, administradores diocesanos, señor nuncio de su santidad en España. Permítanme que haga un alto en los saludos para ofrecer, en nombre de todos, la enhorabuena a su excelencia Mons. D. Bernardito Auza por su nombramiento como nuncio apostólico ante la Unión Europea, y también nuestro agradecimiento por el trabajo realizado en estos cinco años de estancia en España. Hemos tenido la oportunidad de gozar de su presencia en la mayoría de nuestras diócesis, muchos de los aquí presentes hemos recibido por su mediación la encomienda episcopal que el Santo Padre nos ha hecho, ha compartido alegrías y penas de la sociedad y de la Iglesia españolas. Filipinas ha estado más cerca de nosotros. Cuente con nuestra amistad y que su tarea ante las instituciones de la Unión Europea contribuya, en este momento convulso de Europa, a ofrecer la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, así como una perspectiva católica de la situación del mundo, para ayudar a edificar la justicia y la paz entre los pueblos.
Continúo saludando a los sacerdotes, laicos y consagrados, medios de comunicación social, queridos vicesecretarios, directores y trabajadores de esta casa. Bienvenidos y gracias por vuestra presencia.
Encomendamos a la misericordia de Dios el alma de nuestro hermano el excelentísimo y reverendísimo monseñor don Nicolás Castellanos Franco, obispo emérito de Palencia, fallecido el día 19 de febrero de 2025.
Felicitamos a los nuevos obispos:
— S. E. Mons. D. Xabier Gómez García, OP, nombrado obispo de San Felíu de Llobregat el 8 de octubre de 2024, y ordenado el día 30 de noviembre de 2024.
— S. E. Mons. D. Fernando Enrique Ramón Casas, nombrado obispo auxiliar de Valencia el 6 de noviembre de 2024, y ordenado el día 11 de enero de 2025.
— S. E. Mons. D. Arturo Javier García Pérez, nombrado obispo auxiliar de Valencia el 6 de noviembre de 2024, y ordenado el día 11 de enero de 2025.
— S. E. Mons. D. Eloy Alberto Santiago Santiago, nombrado obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) el 24 de febrero de 2025, que será ordenado el día 1 de mayo.
— S. E. Mons. D. Ángel Román Idígoras, nombrado obispo de Albacete el 6 de marzo de 2025, que será ordenado el día 3 de mayo.
— S. E. Mons. D. Pedro Aguado Cuesta, Sch.P., en la actualidad superior general de la Orden de las Escuelas Pías, nombrado el pasado 29 de marzo, obispo de Huesca y de Jaca, sede de la que en la actualidad es administrador apostólico S. E. Mons. D. Vicente Jiménez Zamora, arzobispo emérito de Zaragoza.
También felicitamos a los Sres. obispos que han sido trasladados a otras sedes:
— S. E. Mons. D. Jesús Vidal Chamorro, nombrado obispo de Segovia el día 3 de diciembre de 2024, y que tomó posesión el día 18 de enero de 2025.
— S. E. Mons. D. Jesús Fernández González, hasta ahora obispo de Astorga, nombrado obispo de Córdoba el pasado 27 de marzo, y que tomará posesión el día 24 de mayo.
Y, por último, felicitamos a S. E. Mons. D. César A. Franco Martínez, a quien el 3 de diciembre de 2024 se le aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia, y a S. E. Mons. D. Demetrio Fernández González, a quien el 27 de marzo se le aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Córdoba.
1. De Pascua a Pascua
Realizamos nuestra Asamblea Plenaria en la cercanía de celebrar el Triduo Santo con el que comienza la Pascua. Esta celebración nos ayuda a comprender mejor la eucaristía, singularmente la dominical, a la que somos convocados como pueblo de bautizados para ser congregados como cuerpo y enviados por el propio Jesús que preside, haciéndose presente en el ministro ordenado, como ungidos que anuncian el reino. Bautizados y ordenados renovaremos nuestras promesas en la Vigilia pascual y en la misa crismal.
Como pueblo del domingo celebraremos el misterio pascual. El domingo es el primer día de la semana, pero también el octavo. Cada domingo, los creyentes somos convocados en un lugar para hacer un alto en nuestra peregrinación —«hoy», domingo y «aquí», en el altar que reúne a los dispersos— y renovar la esperanza que nos puso en marcha y que anticipa la meta de nuestro recorrido en el tiempo.
Cada domingo, decimos, Jesucristo ha resucitado de entre los muertos hoy, ahora. Hoy se nos invita al banquete de las bodas del Cordero en un altar concreto donde cada uno de nosotros, cada comunidad cristiana, estamos convocados. Vivir cada domingo el hoy y aquí nos ayuda a situarnos de una forma renovada en el espacio y en el tiempo, mientras caminamos de Pascua a Pascua.
El lugar donde somos convocados a celebrar la eucaristía del domingo no es un sitio particular, privado, porque la eucaristía, y especialmente la eucaristía del domingo, no es un acto piadoso de devoción particular. Es la reunión de los dispersos. Es el encuentro de los convocados como asamblea de llamados. Es la experiencia de ser congregados en el mismo cuerpo de Cristo, forma que como pueblo adoptamos. Es la renovación del envío: «Id» y salid a los caminos, no de cualquier manera, sino con el corazón sacerdotal de quien ha escuchado: «haced esto». Y esto renueva nuestras relaciones en el espacio. Cada uno viene al aquí del altar, desde situaciones familiares, relaciones de vecinos, la situación económica, política y cultural en la que se desarrolla la convivencia que ha de ser renovada por el grupo de personas que «hoy y aquí» rezamos juntos el padrenuestro.
Renovamos la condición de discípulos misioneros que han escuchado la proclamación de la Palabra del Evangelio en el que Jesucristo mismo nos habla hoy y aquí. Comulgamos su Cuerpo y adoramos su presencia, y así salimos a ofrecer la vida en nuestros espacios vitales. Celebramos el misterio pascual en el tiempo, en la historia, cayendo en la cuenta, en el hoy y aquí del domingo, de que Jesús es el Señor del tiempo. Él abraza el tiempo. Lo acogemos viniendo del futuro, lo acogemos sabiendo que él está sentado a la derecha del Padre y que irrumpe en el tiempo habitando ya lo eterno.
Por eso tenemos esperanza, por eso somos esperanza, porque Jesucristo viene de un pasado y futuro renovados por su muerte y resurrección e innova el presente. Y lo reconocemos porque ha entrado en la historia, en la carne, ha entregado la vida por nosotros, sube al madero de los criminales y, resucitado de entre los muertos, acompaña el caminar de este pueblo, porque es el camino, la verdad y la vida. Camina delante de nosotros, en medio de nosotros, detrás de nosotros y nos ayuda a situarnos en la historia como peregrinos de esperanza. Abraza el primer y el octavo día de nuestro santo viaje, también el camino y a quienes peregrinamos. La alegría y la esperanza nos movilizan. Nos sella con su Espíritu para que compartamos su abrazo que anuncia el reino, edifica la Iglesia y transforma los corazones y la sociedad.
2. Peregrinos de esperanza
Hablar de Iglesia y esperanza es redundante, pues la Iglesia existe porque Jesucristo ha resucitado y nos ha ofrecido el don del Espíritu Santo para incorporarnos a su Cuerpo y darnos la vida eterna. «La esperanza no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado». Esta cita de Romanos 5 es la que está acompañándonos en las diversas reflexiones sobre la esperanza en este año jubilar. La esperanza nos abre a una comprensión nueva del tiempo, redimido y salvado por Jesucristo. El Adviento es nuestra manera de vivir en el tiempo y el tiempo. Como los anawin, el pueblo de Dios gime ¡Maranathá!, ¡Señor, ya estás, ven pronto! Iglesia que en el corazón de la eucaristía aclama: «Anunciamos tu muerte proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús».
El creyente sabe que se ha cumplido el tiempo y que, en Jesucristo resucitado, Rey del universo y Señor de la historia, la plenitud del tiempo ya ha llegado, aunque haya de ser acogida enteramente por los que somos, por los que fueron, por los que vendrán, por toda la humanidad y el cosmos. Por eso la esperanza, además de permitirnos vivir una experiencia del tiempo salvado, enciende en nosotros el deseo de un tiempo consumado y de peregrinar hacia él.
En la primera generación cristiana la fe de los creyentes en la segunda venida de Jesucristo era tan viva que estaban volcados hacia «el tiempo que está viniendo». Al irse abajando la conciencia de esta venida inmediata del Señor en su parusía, el rostro de la esperanza cambia y el anuncio de la vida eterna va adquiriendo nuevas formas. Primero, con la predicación de los novísimos —muerte, juicio, infierno y gloria— se va reduciendo la comprensión de la vida eterna a algo posterior a la muerte con repercusiones morales en el presente. Posteriormente, el tiempo moderno va sustituyendo la categoría de vida eterna por el progreso y la esperanza, por las expectativas, posibles o probables, que el progreso puede llevar consigo.
La recuperación de la acogida de la vida eterna en nuestras existencias históricas frágiles, pero al mismo tiempo renovadas por este gran regalo que nos hace el bautismo, sitúa la esperanza en toda su radical novedad teologal; viene a nosotros como gracia y quiere encarnarse en nuestra existencia como lo hacen la fe y la caridad. Las tres son formas de participar en la vida de Dios, en la verdad, el bien y la salvación que Dios nos comunica para recrear nuestra condición de criaturas a su imagen y semejanza. La esperanza sale así de la línea del optimismo o pesimismo, de lo posible o lo probable, pues estamos en una categoría diferente que no depende tanto de nuestros humores, análisis o proyectos, sino de la participación en la vida de Dios que está vivo y presente y nos incorpora por el bautismo y la eucaristía a su misma vida y señorío sobre el tiempo.
Para que la esperanza se active en nosotros, es imprescindible cultivar esta presencia del Señor en nuestras vidas, de una manera singular la presencia del Señor en la eucaristía del domingo, Pascua semanal. Este es el día del Señor, el día nuevo de la nueva creación. Cuando celebramos la eucaristía del domingo, no solamente hacemos memorial de la Pascua, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, sino que anticipamos el octavo día, día que supera el tiempo y reúne a los dispersos en un banquete de bodas: «Bienaventurados los llamados al banquete del Cordero». En las segundas vísperas de cada domingo, con el himno de Apocalipsis 19,1-7, la Iglesia peregrina se alegra cantando este desposorio culmen del reinado.
Esta participación en el banquete de las bodas eternas nos anima a dar un giro en la manera de medir el tiempo y de estar situados en la historia. Este don que celebramos y alimentamos en la eucaristía se nos regala en el bautismo. «¿Qué pides a la Iglesia?: la gracia de la fe, la entrada en la Iglesia, la vida eterna». Se nos da el don de la fe que nos va a permitir ensayar la vida según el Espíritu; nos incorporamos al Cuerpo de Cristo que nos hace miembros de la Iglesia para ensayar de manera permanente una comunión de hijos y hermanos; se nos otorga la ciudadanía del cielo sin dejar de ser ciudadanos en la historia; se nos ofrece la vida eterna como una realidad para ser vivida ya a lo largo del tiempo. El bautismo nos incorpora a la peregrinación del pueblo santo de Dios por el camino definitivamente abierto que nos une al cielo. La eucaristía es tienda de campaña de los peregrinos donde somos curados y alimentados, al mismo tiempo que reaviva en nosotros la conciencia y la experiencia del abrazo en la alianza nueva y eterna que es fuente y punto culminante de nuestro viaje.
El bautismo, que renovaremos en la próxima Vigilia pascual, nos sitúa en los tres diálogos ineludibles de la vida cristiana en el tiempo: el coloquio entre razón y fe o gracia y libertad; el coloquio entre la Iglesia y la sociedad de la que la comunidad de creyentes forma parte; y el diálogo entre historia y el reino de Dios que en «gérmenes y diseños» irrumpe, desde lo eterno, en el tiempo. Los dones y diálogos del bautismo, que se renuevan en la eucaristía dominical, han de ser iniciados, cultivados y ejercitados por la comunidad peregrina.
La otra forma de presencia del Señor que nos convoca a la esperanza, al mismo tiempo que la pone a prueba, es su manifestación en los pobres en los que el Señor anticipa el juicio de la plenitud del tiempo: «Venid a mí, benditos, apartaos de mí, malditos». La realidad de los empobrecidos es consecuencia de la ruptura del plan de Dios por la desobediencia que provoca apropiación, violencia y mentira. El pecado nos aparta de Dios y de la esperanza, cuyo hueco es ocupado por sucedáneos ideológicos, emotivos o voluntaristas. Los gritos, tantas veces silenciosos, de los pobres nos llaman y ponen a prueba nuestra esperanza en el ejercicio de la caridad. Ponen a prueba la calidad de la vida profética, sacerdotal y real que recibimos con la unción bautismal y son un test de la acogida que realizamos del amor que se nos entrega en la eucaristía y de la obediencia a su doble mandato, id y haced.
La conciencia creyente de la inminente venida del Señor para realizar su justicia nos lanza a vivir y realizar lo que parece imposible. En esta esperanza activa encontramos la fuente de una nueva ética, más allá de la ley natural o de los principios emanados de las modernas declaraciones de los derechos humanos. El relativismo moral y el positivismo jurídico precisan ser desbordados por el rostro de los pobres, las llamadas implícitas al reconocimiento de su dignidad y la respuesta que los creyentes estemos dispuestos a dar, urgidos por el dolor de amor y la inminencia de la vida eterna que abre nuestros corazones y nuestras manos para responder más allá de las lógicas mundanas y para permanecer en la respuesta a pesar de las oscuridades y desiertos que sea preciso atravesar.
3. El tramo reciente de nuestra peregrinación
¿Cómo evangelizar en la actual sociedad española? De esta pregunta partíamos cuando, en el año 2021, la Conferencia Episcopal Española se daba, a sí misma, un instrumento para el trabajo de sus organismos, pero también de ayuda y de reflexión a los obispos en el pastoreo de sus diócesis. El documento titulado Fieles al envío misionero arrancaba así: «La Iglesia vive en la permanente obediencia al mandato del Señor, id y anunciad el Evangelio». Jesucristo resucitado camina delante de nosotros. Su Espíritu nos permite decir, tú eres el Señor, y Abba, eres nuestro Padre. Su mandato, id y haced, ha de vivirse en el hoy del tiempo. La Ecclesia, la Iglesia, asamblea de los llamados, es convocada para ser enviada.
Esta llamada es acogida hoy en la Iglesia como pregunta: ¿cómo evangelizar en la actual situación de nuestra sociedad? La búsqueda de la respuesta quiere situarse en la gran corriente eclesial impulsada por el papa Francisco: alegría de la misericordia que moviliza, Iglesia en salida para evangelizar como pueblo peregrino y en misión, discernimiento del paso y la voluntad de Dios, conversión pastoral para el anuncio permanente del Evangelio y dimensión social de este kerygma en la vida comunitaria y el compromiso social con los otros.
¿Cómo evangelizar? La pregunta había resonado en la experiencia, ya sinodal, vivida en la preparación, celebración y acogida posterior del Congreso de Laicos, Pueblo de Dios en salida, que vivimos en febrero del año 2020, del que surgieron cuatro itinerarios preferentes para nuestras acciones pastorales:
— Primer anuncio como manifestación explícita de la fe a quienes no conocen a Cristo, y también como forma de despertar la fe a aquellos que dicen conocerlo pero que viven «como si Dios no existiera».
— Acompañamiento en procesos de acogida de personas que, en camino de búsqueda, desean vincularse más fuertemente a la Iglesia.
— Procesos formativos que ayuden a la progresiva indicación personal con Cristo, que nos conduce a ir dando forma a toda nuestra vida configurándonos con él; dando forma al corazón, según la vocación en la que hemos sido llamados; forma de pastor, caridad pastoral del ministerio ordenado; forma laical, caridad política de los que están llamados a llevar el amor del Señor a la polis, a los ambientes e instituciones de la polis, de la ciudad en la que vivimos; caridad consumada en la vivencia de un carisma; caridad esponsal, conyugal, en la vida matrimonial que colabora con el Dios creador en la transmisión de la vida. Procesos formativos que nos ayuden a ir dando forma a toda nuestra vida.
— Presencia misionera en la vida pública, desde un compromiso de transformación evangélica de la realidad, en el que, además, se da testimonio de fe ante quienes no conocen a Cristo.
La Iglesia, en la búsqueda de la respuesta a cómo evangelizar, asume dos ejes que al mismo tiempo son espirituales y metodológicos: la sinodalidad y el discernimiento.
La sinodalidad es espiritualidad y, al mismo tiempo, es un camino que el Señor nos está proponiendo en el pontificado del papa Francisco: mirad con quién estáis caminando, mirad alrededor y escuchad, organizad un coloquio entre los miembros del pueblo santo de Dios de tal manera que crezca la participación en la comunión y misión de la Iglesia. Creced en una corresponsabilidad diferenciada de todos, según los rasgos sacramentales y vocacionales que cada uno vive. Peregrinad no a cualquier sitio, sino hacia el cielo, no haciendo cualquier cosa, sino preparando el camino al Señor que vuelve en su segunda venida, dejando en la senda unas marcas, unas señales que digan: «Este es el camino del reino de Dios». Serán señales de fraternidad, de encuentro, de hospitalidad, de acogida, de curación, de paciencia, de perdón, de alegría y de esperanza.
El discernimiento sobre la sociedad en la que anunciamos el Evangelio nos ha llevado a proponer un diálogo eclesial y social en el documento El Dios fiel mantiene su alianza, que ha puesto de manifiesto la relación que existe entre la comprensión de la persona, la familia y la organización económica y política de nuestra sociedad. Esta reflexión se ha visto confirmada por la llamada del papa en Lisboa a profundizar en las relaciones entre antropología, economía y política. El eco producido por el documento no ha sido muy grande, pero sí significativo. Resalto las cuestiones centrales de los diálogos mantenidos en los tres ámbitos: la antropología, la economía y la política.
a) En la antropología emerge una propuesta poshumana, que entra en diálogo con algo en lo que los creyentes en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos podemos sentir más cómodos: el transhumanismo de la divina humanidad, un proyecto que supera lo humano, puesto que le ofrece la plenitud de su anhelo. A este poshumanismo, que la inteligencia artificial puede acelerar, se ha llegado por la reducción antropológica que el tiempo moderno ha provocado, la reducción de la comprensión del sujeto humano de persona (1) a individuo. Persona como ser ontológicamente relacional, recíproca en las relaciones entre unos y otros; persona que en su reciprocidad está abierta desde lo hondo de su ser a la comunión y a la fecundidad. Se produce una reducción de persona a individuo (indivisum in se, et diviso ab alio). Individuo autónomo, independiente, desvinculado, se dirá ya a finales del siglo XX, que hace un elogio tal de su propia autonomía, que las relaciones se miden por consensos, porque mi libertad acaba donde comienza la tuya, con lo cual el conflicto por el territorio y por el poder está prácticamente asegurado. En el siglo XXI las legislaciones referidas a la vida, el matrimonio, el sexo y el género consagran el individualismo autónomo y empoderado como antropología de referencia en la que la ideología casi prescinde de la biología.
Esta comprensión del sujeto como individuo no acaba de satisfacer, pues la reducción antropológica de persona a individuo lleva consigo una reducción de la razón, del afecto y de la voluntad. La insatisfacción trata de ser remediada con más dosis de poder o de sus sucedáneos adictivos. Pero la nostalgia o el malestar continúan. Quizás, siguiendo su senda, se pueda descubrir un secreto: que la vida es don, no poder. Sí, en medio de todo esto, el individuo tiene nostalgia de la persona; el poder tiene nostalgia del amor; el empoderamiento tiene nostalgia de la obediencia; el proyecto de vida lograda en propuestas de felicidad que se compran y se venden en las tiendas y en la red tiene nostalgia de la santidad.
El despliegue existencial de esta antropología autorreferencial y mundana está en la base de la crisis del compromiso comunitario al que se refiere el papa Francisco en Evangelii gaudium (2) y que tanto influye en la comprensión de la economía y en el diseño de la política.
b) La economía, oikos-nomos, la organización de la casa y, desde la casa doméstica, de las casas vecinas, de las ciudades, de las naciones, de la humanidad, del mundo global.
Los criterios para organizar la casa común expresan cuáles son los criterios dominantes de vida buena. La economía dominante impulsa unas reglas del juego basadas en la capacidad que la oferta tiene para teledirigir la demanda a través de la manipulación del corazón, del deseo con promesas de buena vida o, al menos, de vida entretenida o brevemente satisfecha. El oikos-nomos, desde una antropología del empoderamiento de los individuos, tiene dificultades para mantener esa llamada célula de la vida social, que es la familia que, en amplias zonas del mundo, vive la experiencia de una reducción dramática del número de hijos como expresión, nos dice el papa Francisco en la bula de convocatoria del año jubilar, de una radical falta de esperanza.
También el Comité central del Partido Comunista Chino se pregunta: «¿Quién nos cuidará cuando seamos mayores?», partiendo de una constatación, en Pekín hay más mascotas que niños. Se intenta abordar el problema con ayudas económicas para la natalidad, pero no bastan, porque la economía, la manipulación del deseo, las propuestas de estilos de vida marcados por una felicidad consumista, la desaparición de la esperanza generan unas reglas del juego, unas formas de vida en las que es difícil generar familias y que en ellas la transmisión de la vida tenga una importancia central, porque las propuestas de vida lograda van por otra línea.
Estas reglas del juego, de la economía, de la buena vida, las vivimos en un contexto en el que antropología y economía dominantes son fruto y, al mismo tiempo, impulsan el relativismo moral. Entonces, el positivismo jurídico será la vía de salida para organizar la casa. ¿Qué es lo bueno?, lo que dicen las leyes. ¿Qué es lo útil?, lo que dicta el mercado. ¿Qué es lo conveniente?, lo que satisface el deseo que está modulado, formateado, por unas propuestas de estilo de vida ligadas a los intereses económicos.
c) En las cuestiones políticas nuestra propuesta de diálogo ha querido favorecer el encuentro y el bien común. Y nos hemos encontrado con dos asuntos relacionados, la concepción del nosotros y la del progreso.
La organización de la polis tiene que ver con la capacidad de reconocer o generar un «nosotros», lo cual está directamente relacionado con nuestra comprensión de la persona y la manera de organizar la casa común. La antropología individualista hace un elogio del yo y de su poder. Pero el yo tiene un dato incuestionable que ha de gestionar, la convivencia: vivimos con otros, vivimos en relación con otros. Nuestra propia existencia depende de otros. Hacemos cosas con otros. Por lo que son decisivas las relaciones, todo lo que suponga dar cuerpo a un nosotros. ¿Cuál es la cuestión? Que la antropología del individuo, del yo, del poder genera un tipo de «nosotros». El nosotros de las identidades parciales, el nosotros de los corporativismos, el nosotros de las cooperativas de egoísmos, por llamarlo así. El «nosotros» frente a los otros, frente a otros «nosotros» (3). En el momento político actual, esta exacerbación de los nosotros frente a los otros es proverbial en las políticas de polarización y de enfrentamiento. En el surgimiento de las identidades y de su uso político, la antropología se cuartea, es un territorio más de la propia voluntad y surgen identidades parciales, identidades que renuncian a leerse a sí mismas desde una identidad global compartida, común.
Por eso la vida política hoy tiene este desafío grande. ¿Cómo conjugar «los nosotros»? ¿Cómo relativizar «los nosotros» descubriendo un nosotros común en la nación, en la patria, en la familia humana? La Iglesia es el pueblo del nosotros; rezamos «Padre nuestro». Somos conscientes de pertenecer a un pueblo, a un cuerpo, de estar vinculados. Somos hijos, vinculados a un Padre común. Somos bautizados, corre por nosotros la misma sangre, la sangre de Cristo, que regenera la sangre de las pertenencias parciales y, al mismo tiempo, no la anula, porque esta es la belleza de la pretensión católica, que afirma un nosotros, en la una santa católica y apostólica; un nosotros de la barca de Pedro, que navega en varias barcas, que se hace acontecimiento aquí en cada localización eclesial. Vivimos un nosotros abierto a un nosotros más grande, un nosotros que se ofrece a nuestros conciudadanos para ensanchar «sus nosotros», para no caer en movimientos etnocentristas o nacionalistas o identitarios, que de alguna manera contribuyen a rellenar la nostalgia que el individualismo produce.
La otra cuestión es el progreso. Siempre jugamos con el aquí y ahora, en el espacio y el tiempo. Si la política, en las cuestiones del espacio, tiene que abordar la cuestión del nosotros, en la dimensión temporal tiene que abordar la edificación del bien común, releído como progreso. ¿Cómo organizamos el común y hacia dónde dirigimos nuestra andadura histórica como pueblo?
Hay una categoría que ha dominado en los últimos doscientos años. Es la categoría progreso. Una categoría que en las sociedades cristianas ha sustituido en parte a la categoría reino de Dios, como la cultura ha querido sustituir a la gracia.
El progreso está en crisis —el progreso y las dudas que el progreso supone en la salud de la casa común, el progreso y la enfermedad, el progreso y la muerte, el progreso y los fracasos, el progreso y lo imprevisible, el progreso que quería sustituir a la esperanza para reformularla en claves de expectativas de lo probable o lo posible, del optimismo o el pesimismo—. Pero, sin embargo, sigue siendo una categoría importante, medida en clave de producto interior bruto en la economía o medida en la capacidad que pueda ofrecer de felicidad al corazón del individuo. Aparecen dudas a la hora de la organización política teniendo en cuenta las reglas del juego que la economía ha generado, y la antropología que política y economía han modelado, para que el deseo del corazón haga juego con el contenido del progreso programado y así las sociedades sean gobernables.
El anuncio del Evangelio es el anuncio de una nueva alianza, que lleva a su plenitud la primera sellada en el Sinaí. Una nueva alianza sellada en otro monte, Calvario, sellada con la sangre del Cordero, una alianza nueva y eterna. Por tanto, para nosotros, alianza es una palabra amiga, alianza es un Evangelio, alianza es una propuesta de vida y alianza lleva consigo vínculo, comprender al sujeto no como individuo sino como persona, en el que la relación no es un punto segundo —primero soy sujeto y luego decido hacer pactos—. No, nuestra comprensión de la persona es que somos relacionales ya en el origen; la relación nos constituye, nos desarrolla, nos explica.
Pero el individualismo es un virus muy fuerte, y el modelo de sujeto autónomo y desvinculado muy atractivo. La convergencia entre antropología, economía y política en una misma clave marcada por el empoderamiento genera una mentalidad. El anuncio del Evangelio tiene aquí un desafío que no se va a vencer solo con palabras, sino con el testimonio de vidas vinculadas, de familias y comunidades cristianas obedientes a llamada de la verdad y el bien en el rostro de los empobrecidos. Es una propuesta contra corriente, martirial, es decir, una propuesta que necesita ser testificada y que, a veces, el testimonio de esa vida contra corriente, como dice Francisco en Gaudete et exsultate (4), provoca dificultades o amenazas para el puesto en la vida. También esta dificultad, de honda raíz cultural, nos lanza a una vida de cristianos anónimos en una suerte de doble vida, la que escinde nuestra vida concreta entre las reglas del juego del mundo y las reglas del Evangelio. Doble vida en la que podemos asumir banderas evangélicas, pero, sin embargo, llevamos formas de vida, instrumentos y medios de vida y acción mundanos; terminamos reduciendo la vida evangélica a los templos o a los días del calendario marcados en rojo; pero fuera de los templos —donde vivimos las relaciones laborales, las relaciones con otros, con los vecinos, las relaciones como padres y madres de alumnos en el colegio, como profesionales en un ámbito o en otro— hay que asumir las reglas del juego del mundo dominadas por el dinero y el poder que provocan indiferencia y pasividad a la hora de evangelizar en los entresijos de la mentalidad dominante. Esta doble vida es «la alienación social» a la que se refiere Francisco en Dilexit nos, 183 (5).
Por todo ello, el anuncio del Evangelio ha de encarnar la dimensión social del kerygma (6), la vida comunitaria y el compromiso de la caridad iluminado por la Doctrina Social de la Iglesia, que plantea el coloquio entre Evangelio y realidad. Arranca proponiendo una concepción de la persona, continúa con una comprensión de la familia, una propuesta del trabajo y de la economía orientada por la justicia, sigue haciendo una propuesta de vida política en favor del bien común, y culmina con una propuesta de relaciones internacionales que busquen la paz y el cuidado de la casa común.
4. Congreso de Vocaciones
La Iglesia no se edifica sobre proyectos, sino sobre la caridad acogida, encarnada, compartida y ofrecida en una forma vocacional. La caridad es el corazón de Dios, que es amor. En ese amor hemos sido creados, redimidos y enviados a la misión de comunicarlo. El amor es don recibido que hace posible el don de sí. Quien nos ha amado primero se da y, en la entrega de su ser, nos llama a ser don permanente. Con esta luz en el corazón, la Iglesia española ha celebrado un Congreso sobre la vida como vocación «¿Para quién soy?». Ante la cultura del «empoderamiento» insaciable, el humilde servicio. Más allá de la pastoral de los valores y de la opción, la propuesta de la obediencia y la santidad (7). El Congreso sobre las Vocaciones, en su acogida y desarrollo posterior, quiere impulsar la participación de todos en la comunión y misión de la Iglesia siguiendo la estela del Sínodo recientemente celebrado y en cuya puesta en práctica estamos empeñados. Sobre ello hablaremos en esta Asamblea.
Las cuestiones de fondo que el Congreso plantea en su preparación, celebración y desarrollo posterior son:
— La antropología del don, comprensión del ser humano como llamado a darse a sí mismo en amor y servicio a los demás. Esta perspectiva antropológica subraya la idea de que la vida humana encuentra su plenitud en la entrega generosa y desinteresada. Ya lo dice el Concilio: «El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás». (Gaudium et spes, 24). Cada vocación específica —ya sea sacerdotal, laical, matrimonial, especial consagración— es una manifestación de esta dinámica de donación.
— La Iglesia, asamblea de llamados, reúne a todos los bautizados en una comunidad de fe, esperanza y amor. La caridad, don de sí, toma forma y se hace presente en la Iglesia y la sociedad como caridad pastoral, política, esponsal y consumada. Cada cristiano, por el hecho de su bautismo, está capacitado para el don de sí que le permitirá descubrir su lugar concreto en torno a la mesa de la eucaristía y su manera de representar a Cristo en la comunidad y en el camino de la misión. Cada miembro de la Iglesia tiene un papel único que desempeñar, y todos juntos formamos un cuerpo armónico cuya misión es reflejar el amor de Cristo en el mundo. Este ser eclesial como asamblea de llamados enfatiza la responsabilidad compartida y diferenciada y la participación de todos los fieles en la vida y misión de la Iglesia.
— Enviados a anunciar el Evangelio de la vocación como servicio social. La salida misionera es una acción de gracias por el don recibido y la respuesta al dinamismo de comunión y entrega a la que nos incorpora el misterio pascual. Esta presencia testimonial de la vida como vocación tiene una singular relevancia social. El proyecto dominante de vida lograda, como comentaba anteriormente, está atravesado por la reivindicación del «derecho a tener derechos», que afirma el yo independiente, y por un «nosotros» enfrentado a otro «nosotros» en la lucha por encontrar el lugar adecuado, mejor privilegiado, en la carrera del progreso incesante. El Evangelio de la vocación quiere ayudar a despertar el tesoro escondido del don que habita todos los corazones y a reconocer en los derechos de los demás una llamada del deber de amor que nos ayuda a descubrir quiénes somos realmente.
El hilo argumental del Congreso nos ha permitido reconocer que el don entra en la historia en la Palabra que crea y se hace carne (DV), Cuerpo entregado que nos recrea como sujeto (SC) y nos congrega en la comunidad (LG) para ser enviados en misión que anuncia el reino de Dios (GS). Estamos convencidos de que el don de sí edifica la Iglesia y transforma la sociedad. Hemos respondido a la pregunta: «¿para quién soy? Para el Señor en los hermanos».
5. Desafíos, líneas de reflexión, discernimiento y acción
5.1. ¿Cómo realizar el anuncio del Evangelio y la iniciación cristiana?
En España ha pasado la época, asentada durante siglos, en la que decíamos: «Soy católico porque he nacido en España». Eso ya no es del todo así, lo cual, en principio, no es mala noticia, pues está poniendo delante de nosotros la necesidad de no dar por supuesta la conversión, ni, menos aún, la iniciación cristiana. El Concilio instauró el catecumenado, como «noviciado de la vida cristiana»8. Su acogida y desarrollo en cada diócesis nos es imprescindible. En esta Plenaria conoceremos el estado actual del catecumenado de adultos en nuestras diócesis.
En España, en el conjunto de las 70 diócesis, tenemos en torno a 23.000 pilas de bautismo. Hay 22.921 parroquias en 8.131 municipios y 3.719 entidades locales menores. 6.815 municipios tienen menos de 5.000 habitantes (la mayoría menos de 1.000 habitantes). La gran mayoría de las entidades locales menores tienen menos de 100 habitantes.
Lo que constituye una parroquia son fundamentalmente tres cosas: una comunidad cristiana que se reúne el domingo en torno a un altar y a una pila del bautismo. En nuestra distribución actual de parroquias tenemos una gran asimetría. Muchas pilas del bautismo no tienen agua, no porque no llueva, sino porque no hay comunidad cristiana en torno a la pila del bautismo que pueda ayudar al Espíritu Santo a engendrar nuevos cristianos. Esto ocurre en miles de parroquias en España, pero en otras, donde hay más población, la comunidad que se reúne alrededor del altar tiene una conciencia muy débil de la responsabilidad que supone la pila del bautismo. Es un desafío grande, cuantitativo y cualitativo a la hora de hacer primer anuncio e iniciación cristiana. Esto nos pide un discernimiento. ¿Cuántas pilas del bautismo somos capaces de mantener en la diócesis? ¿Cuántas mesas que convoquen a la eucaristía el domingo?
5.2. ¿Cómo celebrar el domingo?
Por eso, además de la iniciación cristiana, otro desafío grande de la vida eclesial es la celebración del día del Señor. Somos «pueblo del domingo», primer y octavo día de la semana del tiempo, fuente permanente de alegría, esperanza, comunión y misión.
El cumplimiento del precepto dominical, signo de identidad de nuestra pertenencia católica, no es un mero acto de devoción particular o cumplimiento normativo, sino la experiencia de ser asamblea de llamados que, convocados por la Palabra, somos congregados como pueblo que toma la forma del Cuerpo de Cristo para ser enviados a la misión según el lugar vocacional que hemos ocupado en torno a la mesa del Señor.
Además de los 23.700 templos parroquiales, hay en España 1.400 monasterios y santuarios, y centenares de templos no parroquiales, mayoritariamente vinculados a instituciones de la vida consagrada, donde se convoca el domingo a la eucaristía. En muchas parroquias rurales ya no es posible. En las ciudades hay un contraste grande de horarios y celebraciones según barrios. ¿Cómo crecer en ser pueblo del domingo y en vincularnos a un altar desde el que acoger a los intermitentes? ¿Qué significado tiene hoy lo territorial? ¿Cómo concretar el «territorio existencial» del que habla el documento final del Sínodo?
5.3. Promover comunidades formativas
Promover comunidades formativas que nos ayuden a refrescar la iniciación cristiana, a afianzar nuestra comprensión de la vida como vocación, ayudar a descubrirla y cultivar la formación permanente. Nunca se ha podido ser cristiano solo, pero en nuestra situación actual es muy importante saber con quién caminamos, ofrecer un rostro comunitario visible en el que estén catequistas, miembros de Cáritas, de liturgia o de economía y demás. El Papa nos indica que la vida fraterna es dimensión social del kerygma. El Sínodo y el Congreso de las Vocaciones proponen la creación de comunidades donde vivir la formación integral del corazón.
En la Iglesia española han surgido muchas iniciativas, directa o indirectamente vinculadas al primer anuncio (retiros Emaús, Effetá, Bartimeo, Proyecto Amor Conyugal, retiros de vida en el Espíritu), que se unen a Cursillos de Cristiandad, predicación de las siete semanas de la renovación carismática, catequesis del camino neocatecumenal, y otras iniciativas vinculadas a la adoración, como Hakuna u otras. Muchas de ellas provocan un impacto y la invitación a continuar; pero a veces surge la dificultad para transformar la emoción en virtud, para encontrar cauces concretos de crecimiento que vayan más allá de recrear el impacto recibido. Esta Conferencia Episcopal ha reiterado la propuesta de la Acción Católica General como cauce para crear en la parroquia equipos formativos que ayuden a vivir la vocación laical en la comunión y misión de la Iglesia. ¿Cómo impulsar la vida comunitaria como escuela básica de sinodalidad y de promoción de la vocación en nuestras parroquias?
5.4. ¿Cómo llevar el amor del Corazón de Cristo al mundo?
El amor de Jesús que recibimos en el bautismo y en la eucaristía que compartimos en la pequeña fraternidad no es solo para la Iglesia; es para todos, empezando por los más frágiles y pobres.
¿Cómo llevar ese amor? Desde el testimonio personal y comunitario, desde el testimonio personal en los ambientes e instituciones que frecuentamos, el testimonio comunitario o asociado como forma de presencia en esos mismos ambientes e instituciones de la vida social y pública. Es imprescindible vivir la caridad política en la escuela, en el barrio, en el hospital, en las relaciones de unos con otros, impulsando posibles presencias en la política institucional, en la vida de partidos políticos u otros cauces de la acción institucional.
También llevamos el amor de Jesús a la sociedad desde la caridad organizada: Cáritas, Manos Unidas, Ayuda a la Iglesia Necesitada, otras asociaciones o fundaciones que surgen de unos corros u otros de la vida de la Iglesia. Para esta forma tan habitual de entregar el amor del Señor, la encíclica Dilexit nos (9) provoca una reflexión. Así como Juliano el Apóstata, interpelado por el testimonio caritativo de los cristianos, puso en marcha unas organizaciones de beneficencia y no logró su objetivo por «falta de amor cristiano», hoy corremos el riesgo de que nuestras organizaciones, tan dependientes del Estado del bienestar, sus reglas y subvenciones para el tercer sector, ofrezcan de una manera débil la novedad del amor cristiano y sean fácilmente confundidas con ONG muy gubernamentales. Lo mismo puede ocurrirnos en nuestras empresas educativas o del mundo de la comunicación.
5.5. Sinodalidad
Vivimos en un tiempo eclesial marcado por una palabra, «sinodalidad». Somos pueblo y camino. Vamos juntos y subrayamos en este «juntos» la importancia que tienen todas las vocaciones en la Iglesia. Todas, para la comunión y la misión de la Iglesia. El analogado principal de la Iglesia sínodo es la celebración de la eucaristía. En ella, como asamblea de llamados, estamos muchos, algunos, uno, expresando lo que la Iglesia es: un pueblo, convocado, congregado y enviado que tiene la forma del Cuerpo de Cristo y por él está encabezado. Todos partícipes de la comunión y misión de la Iglesia en corresponsabilidad diferenciada. Los cuatro campos expuestos han de ser discernidos sinodalmente, desde la invocación al Espíritu, la escucha, el diálogo y la elección de pasos concretos para continuar nuestra peregrinación de esperanza. El desarrollo del documento final del Sínodo en el contexto del Congreso sobre las Vocaciones, las líneas recién comentadas y el proceso de «acompañamiento y evaluación» para la aplicación efectiva del Sínodo propuesto en carta de su secretario general (10), será objeto de trabajo en esta Asamblea para elaborar las orientaciones y líneas de trabajo para el quinquenio 2026-30. Esta Asamblea y la próxima de noviembre han de señalar este rumbo de la Iglesia española, en nuestras Iglesias locales y en los servicios de la CEE, en comunión con la Iglesia entera.
6. Preocupaciones que nos interpelan
Hemos vivido estas últimas semanas de vida social y eclesial con dos preocupaciones: la situación del mundo y la enfermedad del papa Francisco.
6.1. Situación del mundo con una mirada especial a Europa
La llegada al poder del presidente Donald Trump ha sido quizás un elemento catalizador para precipitar la quiebra del «orden internacional» establecido después de la II Guerra Mundial. Ya en 2017, poco antes de morir, Bauman, en el texto citado anteriormente, escribía: «Por encima de todo, tenemos la sensación de que estamos perdiendo el control sobre nuestras vidas y viéndonos reducidos a la condición de peones movidos de un lado para otro en una partida librada por jugadores desconocidos e indiferentes a nuestras necesidades» (11). Los acontecimientos trastocan las relaciones entre Europa, Estados Unidos, Rusia y los nuevos polos de poder mundial, China, India, repúblicas árabes. La respuesta de la Unión Europea está siendo ReArm Europe dedicando 800.000 millones de euros a gastos de defensa (12). Mientras tanto, la terrible guerra continúa en Gaza y en otros lugares del mundo, sin que la supuesta legalidad internacional intervenga. Asistimos, entre asombrados e indiferentes, al sufrimiento humano provocado por la fuerza bruta y ciega de las «armas inteligentes».
Los polos de poder geopolítico, antiguos y nuevos, entre los que Europa busca su sitio, tienen una curiosa característica común, la importancia que los poderes públicos dan al fenómeno religioso —Rusia y el cristianismo ortodoxo, los Estados árabes y el islam, China y la recuperación de Confucio; en India el partido gobernante busca establecer el hinduismo como identidad central; en Estados Unidos sigue siendo importante el valor que otorga a su mosaico de denominaciones cristianas, con un papel singular ahora de la «teología de la prosperidad» o el debate sobre el ordo amoris abierto por al vicepresidente Vance, católico, para justificar la política migratoria de Trump (13)—. En Europa sigue siendo mayoritaria una concepción de la laicidad que empuja las creencias religiosas al ámbito privado. Valga como muestra lo que dice Sami Naïr, un pensador socialdemócrata europeísta muy preocupado por la actual situación, en su libro Europa encadenada: «La identidad europea no se puede construir sin el compromiso social común. Si la gente está excluida, no se puede identificar con el proyecto europeo. Necesitamos una creencia común que no sea religiosa, étnica o cultural, sino que esté basada en la igualdad, la libertad, la solidaridad. Es decir, basada en lo que puede unir y no en lo que divide». Europa sigue haciendo gala de su laicidad. Sigue siendo una propuesta adecuada que el Estado sea aconfesional y no instrumentalizar la religión con intereses de poder. Estos sí que dividen y enfrentan, pero la creencia común y el compromiso social que reclama Naïr, ¿cómo fundamentarlos y alentarlos sin la aportación de las creencias cristianas que han atravesado Europa de este a oeste y de norte a sur y constituyen la base de su patrimonio cultural? El Estado es aconfesional, pero los miembros de la sociedad que somos cristianos estamos llamados a ofrecer en el coloquio entre fe y razón, Iglesia y sociedad, y reino de Dios e historia nuestra aportación para la permanente regeneración ética y espiritual de nuestros sistemas de gobierno y modos de organización política (14). El rearme armamentístico está de actualidad y es presentado como imprescindible para la seguridad. Pero si no hay un «rearme ético y espiritual» que favorezca el encuentro y el diálogo y la búsqueda de un orden internacional más justo, la seguridad armada no asegurará la paz.
6.2. La enfermedad del papa Francisco
La preocupación por la salud del papa se ha transformado en un reconocimiento de lo que su ministerio significa. Nos hemos unido a él en una oración universal, hemos acogido su testimonio de presencia y fragilidad, y también, en la ausencia de palabras e imágenes suyas, seguramente hemos recordado la sorprendente aportación a nuestra vida eclesial del papa venido del sur, con el amor de Jesús en su corazón y la solicitud por anunciar el Evangelio a los pobres en cada palabra y en cada gesto. Resuenan, en las dificultades actuales de su voz, la invitación a la alegría como fuerza movilizadora para ser Iglesia en salida, que pide la conversión pastoral para vivir una comunión misionera que acoja a todos, todos, todos para ofrecerles la misericordia del Señor. Jóvenes y familias son ámbito privilegiado de su anuncio, que nos hace gritar: «Somos hermanos» y reconocer el don de la casa común regalada por quien es Creador y Padre. Queremos unirnos con él a la peregrinación de esperanza que descifra el misterioso significado de nuestra vida.
7. Alianza social para la esperanza
Como homenaje al papa y recogiendo su invitación a la alianza social, permitidme que haga dos propuestas y manifieste un compromiso:
7.1. Primera propuesta. La vida. La demografía
El papa Francisco, en la bula de convocatoria del año santo, señala la pérdida del deseo de transmitir la vida como una señal de falta de esperanza (15), y propone a la comunidad cristiana promover una alianza social para la esperanza, que renueva el llamamiento que hizo san Juan Pablo II en Evangelium vitae, hace ahora treinta años (16).
Desde esta Conferencia Episcopal (17) queremos impulsar esta alianza y convocamos a padres y educadores, a empresarios y políticos, a medios de comunicación, artistas y creadores a promover esta «cultura de la vida» reflexionando y proponiendo medidas sobre los diversos ámbitos concernidos por la crisis demográfica: económicos, políticos, culturales y espirituales. En los próximos meses, quisiéramos organizar un foro para impulsar esta alianza social.
7.2. Segunda propuesta. Las migraciones (Iniciativa Legislativa Popular)
La Iniciativa Legislativa Popular (ILP), promovida por centenares de organizaciones con una presencia muy especial de Cáritas, Confer, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y REDES, recogió 611.821 firmas validadas por la Oficina de Censo Electoral. La ILP fue tomada en consideración por el Congreso de los Diputados el 9 de abril de 2024, con 310 votos a favor. El 19 de noviembre de 2024, se aprueba la modificación del Reglamento de la ley de extranjería, que sirve de argumento para paralizar la tramitación ya aprobada de la ILP por «ser ya innecesaria». Sin embargo, el Reglamento dejará fuera, en una cierta situación de limbo jurídico y existencial, a miles de personas como, por ejemplo, quienes no cumplan el requisito de dos años de permanencia o personas que no puedan demostrar fehacientemente su estancia durante ese periodo; las personas indocumentadas sin posibilidad de recibir documentos de su país de origen; las personas con difícil empleabilidad por edad, discapacidad o enfermedad crónica; quienes estando en posibilidad de trabajar no pueden aceptar una propuesta de empleo por no estar «regularizados» ni pueden «regularizarse» por no aportar un contrato laboral; los solicitantes de protección internacional, a quienes se deniega su solicitud; y las familias con niños y adolescentes que estén en situación de irregularidad administrativa.
La CEE siempre ha reconocido el derecho del Estado de regular los flujos migratorios, la necesidad de abordar las causas migratorias en colaboración con los países de origen y de combatir a las mafias, siempre desde el principio de la dignidad humana que nos impulsa a abordar la situación de los que ya residen en nuestra nación. Por eso, ante la situación de estos miles de personas, especialmente niños, enfermos, trabajadores, ¿qué hacer, expulsarlos a todos o abordar la manera de regularizar su situación?
Proponemos a los dos grupos políticos mayoritarios en las Cortes Generales que se reúnan para afrontar el problema e impulsar la tramitación de la ILP. Es un ejercicio de regeneración democrática, por respeto a la iniciativa de cientos de miles de ciudadanos y a la decisión del Congreso de los Diputados, y también una forma de ayudar a resolver un grave problema en el que la dignidad y el bien común están afectados. Es también una llamada a superar polarizaciones estériles y abordar los graves problemas comunes desde legítimas diferencias, pero buscando puntos de encuentro. Queremos promover una alianza social que lleve la esperanza a quienes están excluidos de la regularización y viven en una tierra de nadie que no propicia nada bueno. Estamos dispuestos a ofrecer un cauce que facilite el encuentro y el diálogo. Por eso en próximas fechas quisiéramos trasmitirles esta iniciativa y sugerirles la posibilidad de un diálogo sobre el asunto.
7.3. Un compromiso. Seguir intensificando la reparación integral de las víctimas de abusos y la prevención de estos
Ante la trágica y dolorosa realidad de los abusos sexuales, de poder y de conciencia que han acontecido y siguen creciendo en la sociedad española, la Iglesia, que encuentra en su seno a víctimas y delincuentes, reconoce su grave y singular responsabilidad espiritual, moral y social. La Iglesia española —diócesis, institutos de vida consagrada y asociaciones— ha hecho un recorrido importante en este campo, que queremos continuar. No desaparecerán todos los comportamientos malvados que queremos evitar y prevenir, porque el mal y el pecado persisten, pero el esfuerzo de prevención, la manera de afrontar los casos y el propósito de reparar a las víctimas forman parte ya de la vida y compromiso eclesial. Hemos puesto en marcha un plan de prevención y reparación, asumimos una obligación moral donde no haya obligación jurídica, en los casos verosímiles del pasado; incluso estamos dispuestos a estudiar una posible supervisión del Defensor del Pueblo en este proceso ya en marcha.
Vivamos esta Asamblea Plenaria como un ejercicio más del sacramento cuaresmal, que nos ayude a profundizar en el conocimiento integral del misterio de Cristo, que nos enamore de Él y nos lance a «enamorar al mundo» (18).
Que estas palabras del papa impulsen nuestra fraternidad y nuestros trabajos:
La propuesta cristiana es atractiva cuando se la puede vivir y manifestar en su integralidad; no como un simple refugio en sentimientos religiosos o en cultos fastuosos. ¿Qué culto sería para Cristo si nos conformáramos con una relación individual sin interés por ayudar a los demás a sufrir menos y a vivir mejor? ¿Acaso podrá agradar al Corazón que tanto amó que nos quedemos en una experiencia religiosa íntima, sin consecuencias fraternas y sociales? Seamos sinceros y leamos la Palabra de Dios en toda su integralidad. Pero por esta misma razón decimos que tampoco se trata de una promoción social vacía de significado religioso, que en definitiva sería querer para el ser humano menos de lo que Dios quiere darle.
Veni lumen cordium.
(1) En este año, 2025, en el que celebramos tantas cosas, 75 años del dogma de la asunción, año jubilar por los 2.025 años de la encarnación y 1.700 años de Nicea. En aquellos concilios que estaban centrados en debates cristológicos y en la explicación de nuestra fe en el Dios trinitario, aparece con fuerza el concepto de persona para referirse a Dios, uno en tres personas. En esta Asamblea Plenaria estudiaremos una declaración sobre el significado del credo niceno.
(2) FRANCISCO, EG 50 y ss.
(3) Cf. ZYGMUNT BAUMAN, «Síntomas en busca de objeto y nombre», en SANTIAGO ALBA RICO Y OTROS, El gran retroceso: Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia (Los Tres Mundos) (Seix Barral, Barcelona 2017).
(4) Cf. FRANCISCO, Gaudete et exsultate, 65 y siguientes.
(5) Cf. FRANCISCO, Dilexit nos, 183: Muchas veces esto se inserta en una mentalidad dominante que considera normal o racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia. Este fenómeno se puede definir como «alienación social»: «Está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y de consumo, hace más difícil la realización de esta donación y la formación de esta solidaridad interhumana».
(6) Cf. FRANCISCO, Evangelii gaudium, 177.
(7) En esta Plenaria estudiaremos el proyecto «Recordar la santidad en la Iglesia particular».
(8) CONCILIO VATICANO II, Decreto Ad gentes, 14.
(9) 169: «Esto explica el razonamiento del emperador apóstata Juliano, quien se preguntaba por qué los cristianos eran tan respetados y seguidos, y consideraba que una de las razones era su tarea de asistencia a los pobres y a los forasteros, dado que el Imperio los ignoraba y despreciaba. Para este emperador era intolerable que sus pobres no recibiesen ayuda de parte suya, mientras los odiados cristianos “alimentan a los suyos, y además a los nuestros”». «En la carta se detiene especialmente en la orden de crear instituciones de beneficencia para competir con los cristianos y atraer el respeto de la sociedad: “Abre en todas las ciudades numerosos alberges, para que los extranjeros puedan gozar de nuestra humanidad […]. Acostumbra a los helenos a los actos de beneficencia”. [167] Pero no logró su objetivo, seguramente porque detrás de estas obras no había algo semejante al amor cristiano que permitía reconocer a cada persona una dignidad única».
(10) MARIO Card. GRECH, SECRETARÍA GENERAL DEL SÍNODO, Carta sobre el proceso de acompañamiento de la fase de implementación del Sinodo (Vaticano, 15-3-2025).
(11) Cf. ZYGMUNT BAUMAN, «Síntomas en busca de objeto y nombre».
(12) La misma cantidad que ya Mario Draghi había solicitado en su informe «The future of European competitiveness» («El futuro de la competitividad europea»).
(13) FRANCISCO, Carta a los obispos de Estados Unidos, 6: «Los cristianos sabemos muy bien que, solo afirmando la dignidad infinita de todos, nuestra propia identidad como personas y como comunidades alcanza su madurez. El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se amplían a otras personas y grupos. Dicho de otro modo: ¡la persona humana no es un mero individuo, relativamente expansivo, con algunos sentimientos filantrópicos! La persona humana es un sujeto con dignidad que, a través de la relación constitutiva con todos, en especial con los más pobres, puede gradualmente madurar en su identidad y vocación. El verdadero ordo amoris que es preciso promover es el que descubrimos meditando constantemente en la parábola del “buen samaritano” (cf. Lc 10,25-37), es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción».
(14) Aparece con especial fuerza la afirmación de Ernst-Wolfgang BÖCKENFÖRDE, en Estudios sobre el Estado de derecho y la democracia (Trotta, Madrid 1977): «El Estado liberal secularizado se basa en premisas normativas que no puede garantizar». Cada vez se habla más de postdemocracia, de democracias iliberales o de democracias autoritarias.
(15) FRANCISCO, SNC 9: «A causa de los ritmos frenéticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones, se asiste en varios países a una preocupante disminución de la natalidad. Por el contrario, en otros contextos, “culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”».
(16) JUAN PABLO II, EV 95: «Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida del hombre; nueva, para que sea asumida con una convicción más firme y activa por todos los cristianos; nueva, para que pueda suscitar un encuentro cultural serio y valiente con todos. La urgencia de este cambio cultural está relacionada con la situación histórica que estamos atravesando, pero tiene su raíz en la misma misión evangelizadora, propia de la Iglesia. En efecto, el Evangelio pretende “transformar desde dentro, renovar la misma humanidad”».
(18) Cf. Dilexit nos, 205.
Saludo de Mons. Bernardito C. Auza

Excmo. Señor Presidente,
Emmos. Señores Cardenales,
Excmos. Señores Arzobispos y Obispos,
Hermanos y hermanas:
El saludo que nos ha dirigido el Sr. Arzobispo Presidente, acompañado del servicio de su magnífica reflexión, me obliga a dirigir de corazón a todo el episcopado español una palabra:
Gracias. Gracias de corazón.
En primer lugar, cumplo el gratísimo deber de expresar, en nombre de Su Santidad, un vivo agradecimiento por las oraciones ofrecidas al Señor por su salud en este tiempo de convalecencia. El Sr. Arzobispo Presidente ha expresado la seguridad de las plegarias elevadas al Señor por ustedes, en las cuales están también las de los fieles en sus diócesis.
Aprecio la apretada síntesis de la aportación a la Iglesia del Pontificado del Papa Francisco que “en las dificultades actuales… invita a la alegría como fuerza movilizadora de una Iglesia en salida, que pide la conversión pastoral para vivir una comunión misionera que acoja a todos… para ofrecerles la misericordia del Señor”.
Especialmente me congratulo por la alegría que este episcopado ofrece al corazón del Papa, expresando la comunión con él “unidos… en la peregrinación de esperanza que descifra el misterioso significado de nuestra vida”, podemos decir, su itinerario interior, “el amor de Jesús y la solicitud por anunciar el evangelio a los pobres en cada palabra y en cada gesto”.
En este Año Jubilar, el Santo Padre nos invita a ser peregrinos de esperanza. La sinodalidad en la perspectiva de la santidad, que ocupará la atención en la Reunión que inauguran – “Recordar la santidad en la Iglesia particular” – pondrá a la vista la perspectiva de una sincera y profunda conversión como tiempo de un nuevo Adviento que abarca la responsabilidad de todo el pueblo de Dios. Les animo en su labor, y que la apertura a recibir la gracia del Jubileo cristalice en iniciativas con la densidad de lo concreto, y alienten la peregrinación interior en la esperanza.
Sentida y muy vivamente agradecido, acojo las palabras con las que, en nombre de esta Conferencia Episcopal, y en el suyo propio, me ha dirigido S.E. Mons. Luis Javier Argüello.
Por lo que se refiere al desempeño de mi misión aquí, durante cinco años y medio, su palabra, Mons. Argüello, me ha tocado al decir que he “compartido alegrías y penas de la sociedad y de la Iglesia española”. Como cada uno de ustedes en sus Diócesis, a pesar de los desafíos, que jamás faltan, también yo tengo por muy seguro que la esperanza es la mejor semilla, estoy convencido. El desafío de los impedimentos, merece siempre el esfuerzo y la fatiga que se les dedica con la seguridad puesta en el Señor. Ahí está la mayor satisfacción.
Con el deseo de conocerles y servirles siempre en nombre del Santo Padre, me he esforzado en acudir donde se me ha llamado, por lo que de madrugada y de noche me hallaba en aeropuertos o estaciones de tren, o en coche. Conozco las diócesis y muchas de sus instituciones gracias a la invitación y la hospitalidad ofrecidas por parte de cada uno de ustedes. Durante mis viajes he podido de hecho disfrutar de la habitación y del despacho llamados “del Nuncio” en vuestras residencias episcopales.
Los numerosos actos y ceremonias en vuestras diócesis también me han dado la oportunidad y el placer de saludar y conversar con las autoridades autonómicas y locales, ocasiones que me han procurado muchas amistades. En tal manera, creo poder afirmar con modestia que, en el desarrollo de mis responsabilidades ante esta Iglesia local, simultáneamente he podido cumplir también las responsabilidades de promover y fomentar las relaciones entre la Sede Apostólica y las Autoridades en todos los niveles.
Al acercarme a cada espacio de la Iglesia y de la sociedad, he comprobado el sentir del Papa Francisco, comprendiendo en cada caso concreto, con admiración y alegría, la alta estima y puesta en valor que Sumo Pontífice tiene por la devoción popular, cultivada por tantas hermandades y cofradías tan vivas por la geografía española y que me recuerdan… ¡cuánto es de andaluza la Iglesia en Filipinas, especialmente durante la Semana Santa! Y por muchos órganos diocesanos, movimientos laicales y asociaciones eclesiales que, con alegría, son las manos y los pies de la solicitud de la Iglesia para con todos, sean católicos 0 no, españoles y extranjeros. No dejo esta oportunidad sin dar aliento a los fieles laicos a participar activamente en la vida pública de la Nación, como actuación de ciudadanos responsables y de testimonio de la propia vida cristiana.
Me complace pensar que no solo les he acompañado en este tiempo en su tarea, sino que he compartido. Ha sido, por supuesto, la misión que el Papa me confió, pero también ha sido algo connatural por razón de mi origen, de una evangelización de mi pueblo llevada a cabo con el sudor y el sacrificio de muchísimos misioneros de esta tierra. De aquí partieron los misioneros que llevaron el Evangelio a Filipinas ya en el siglo XVI.
Pero no solo. De forma muy particular, doy gracias a los misioneros españoles que fueron mis profesores de Universidad. Ellos fueron los que me dieron a conocer a España a través de estudios y muchos viajes al País como joven sacerdote, visitando muchos lugares que fueron las fuentes de la evangelización de mi tierra, como Conventos, Santuarios y Monasterios. De Covadonga a Granada, pasando por los Agustinos filipinos de Valladolid y los dominicos del Monasterio Real de Santo Tomás de Ávila, los benedictinos de Montserrat y los Recoletos de Monteagudo, entre otros muchos lugares: visitas que me han “seducido” en la reflexión de que, en mi tierra, no hay nada más que la Iglesia que encarna y refleja las huellas de España.
Pero jamás había pensado, ni en sueños, la oportunidad de que un día sería enviado como Nuncio Apostólico en España. Para mí, en cierta manera, ser Nuncio aquí ha sido como un aportar en correspondencia. Celebrar la fiesta del Santo Niño de Cebú en muchas localidades en España, donde muchos de mis compatriotas han hallado una acogida, ha sido siempre para mí una ocasión para recordar los primeros bautismos en Filipinas en 1521, por el hecho de que, la imagen del Santo Niño, fue el recuerdo que Fernando de Magallanes regaló a la Reina de Cebú en el día de su bautismo. Comprenderán pues que España no me será un mero recuerdo.
Les agradezco profundamente por la felicitación por mi nuevo nombramiento como Nuncio Apostólico ante la Unión Europea. Gracias a los veintitrés años de estudios y de misión en varios Países en Europa y los siete años y medio de labor en el campo multilateral en Nueva York y Washington, D.C., la nueva misión que el Santo Padre me confía ante la Unión Europea no me será completamente nueva, si bien tengo que reconocer que la Unión Europea – tan nueva como entidad, pero tan antigua en sus componentes -, me será un nuevo desafío, aún con muchas incógnitas y problemáticas propias. Pero tengo confianza que me acompañarán con sus oraciones.
Les aseguro, también de mi parte, mis oraciones y perennes recuerdos. Por intercesión de la Santísima Madre de Dios y Madre de la Iglesia, tan amada en esta tierra de María, encomiendo sus tareas y trabajos y el fruto de esta Asamblea.
Por todo, gracias de corazón, Señores Obispos. Que el Señor les bendiga siempre.
31/03/2025

