Tema 3: Hombre y mujer los creó

Tema 3: Hombre y mujer los creó

 

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CONTENIDO

 

SESIÓN 1: Idénticos y diferentes

1. Acogida (5 min.)
2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)
3. Dinámica inicial (15 min.)
4. Exposición del tema (30 min.)

4.1. Somos idénticos (igualmente dignos)
4.2 …somos distintos
4.3. …y nos necesitamos, pero, ante todo, nos complementamos

5. Experiencia vital (15 min.)
6. El acompañamiento entre sesiones.

SESIÓN 2: Diferencias físicas, psicológicas y espirituales

1. Acogida (5 min.)
2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)
3. Dinámica inicial (10 min.)
4. Exposición del tema (30 min.)

4.1. Hombre y mujer los creó
4.2. ¿Afectan estas diferencias a nuestra relación de pareja?
4.3. Diferencias espirituales

5. Experiencia vital (15 min.)
6. El acompañamiento entre sesiones

 

El objetivo de este tema es descubrir al hombre y a la mujer en toda su unicidad. Todos los seres humanos somos sexuados. Conocerse a uno mismo y conocer al otro es comprenderlo en su ser varón o mujer. Además, descubriremos de qué manera esto se concreta en la complementariedad y cómo el éxito en una relación depende en gran medida de reconocer y amar al otro en su unicidad sexuada, dándole la libertad de ser quién es y quién está llamado a ser.

 

√ En la primera sesión veremos lo más básico de la identidad, diferencia y complementariedad de ambos sexos.

 

√ En la segunda sesión profundizaremos en las diferencias sexuales y cómo estas se manifiestan en la relación del noviazgo.

 

SESIÓN 1: Idénticos y diferentes

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

El texto de la Palabra de Dios que hemos escogido para iniciar esta sesión está orientado a pedir por el amor de la pareja de novios, como algo querido por Dios desde el origen del mundo.

 

Este pasaje del libro del Génesis presenta el momento de la creación de la humanidad y nos pone en el camino de las próximas tres sesiones, donde descubriremos y profundizaremos sobre lo que significa haber sido creados por Dios como seres sexuados, hombre y mujer.

 

Como hemos leído, somos imagen y semejanza de Dios, uno y trino, y, por tanto, dotados de la capacidad de amar. Estamos llamados a vivir en comunión, no en soledad. Nuestra vocación es el amor.

 

Os invitamos a reflexionar:

 

— ¿Qué significa para nosotros el haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”?
— Nuestra vocación al amor tiene su fundamento en Dios, ¿cómo podemos ser reflejo de su amor el uno para el otro y a nuestro alrededor?

 

 

3. Dinámica inicial (15 min.)

 

⇒ Partimos de la primera viñeta de Mafalda y abrimos el diálogo para conocer la opinión de cada uno ante a la misma.
⇒  Podemos plantear las siguientes preguntas: ¿Somos todos idénticos? ¿Valemos lo mismo?

 

 

⇒ A continuación, planteamos la siguiente cuestión: ¿qué es lo que nos da la dignidad, lo que nos hace dignos? ¿Qué es lo que nos hace idénticos, que nos hace diferentes?
⇒ Tras unos instantes de reflexión, leemos la siguiente cita e intercambiamos impresiones.

 

La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (GS 19).

 

En el diálogo procuraremos introducir (con brevedad para desarrollarlo posteriormente en el transcurso del tema):

 

⇒  Somos únicos e irrepetibles, pero todos con una misma dignidad como hijos de Dios.
⇒  Que nuestras diferencias físicas, psicológicas, afectivas nos enriquecen, y nos complementan en nuestro crecimiento y mejora personal.

 

4. Exposición del tema (30 min.)

 

 4.1. Somos idénticos (igualmente dignos) …

 

Todos somos idénticos en cuanto que todos tenemos la misma dignidad; y porque somos idénticos tenemos los mismos derechos y obligaciones… porque somos…. ¿Pero qué somos? Esa es la cuestión. Para decir que somos iguales primero debemos plantearnos bien qué somos.

Hombre y mujer somos seres humanos. Y nuestra “humanidad”, el ser humanos, es lo que nos otorga nuestra dignidad.

Así, en primer lugar: ¿qué significa ser “un ser humano”? Podemos afirmar que hablamos del hombre como un ser vivo, inteligente, libre y sexuado.

 

→ UN SER VIVO: no se trata de un mero existir, como existen por ejemplo lo seres inertes, como una piedra o una estrella, sino que supone un intercambio de energía con el medio que lo envuelve, un vivir orgánico. Sin embargo, su forma de vivir es superior a la del resto de seres vivientes, ya que desde el principio aparece, en su complejidad y perfección, como la cúspide de toda la creación.

Un rasgo crucial en su vivir será el hecho de que el hombre vive su existencia de manera biográfica: todo los acontecimientos y circunstancias que le rodean e involucran desde que nace hasta que fallece configuran “su historia”, lo que va configurando su ser existencial.

Así, Dios, por el misterio de la Encarnación, se presenta como el Dios de la Vida que, por la mediación del Hijo, el “pan de Vida”, llega a nosotros por el Espíritu Santo, para dar verdadera plenitud a nuestro existir, actuando directamente en la historia personal de cada uno.

El sentido de la vida del hombre, al igual que su muerte, alcanza por tanto su plenitud solo en Dios y desde Dios. No podemos reducirlo a un mero fruto de un evolucionismo ni condenarlo a una desaparición en la nada. Vivimos, pero lo hacemos por Él, con Él y para Él.

 

→ UN SER INTELIGENTE: su existir no se limita a un modo automático o programático; el hombre interactúa con su entorno y lo hace desde la razón. Esto supone que el ser humano, como ser racional:

  • Aprehende el mundo: es consciente de lo que le rodea, lo conoce y lo reconoce, pudiendo reflexionar, anticiparse y tomar decisiones acerca de él.
  • Transforma el mundo: desde las limitaciones físicas propias, el hombre interactúa con el entorno amoldándolo, modificándolo y transformándolo, a veces por necesidad, otras por mero gusto o capricho. Sea como sea, su inteligencia no va más allá del conocimiento teórico de lo que le rodea, sino que se realiza en una inteligencia práctica y técnica.
  • Se trasciende a sí mismo y al mundo: no se agota jamás el hombre en su conocer, sino que alcanza la profundidad de lo real hasta su fundamento último. Descubre el misterio como sentido último de la realidad, abriendo las puertas del conocimiento a lo que supera lo científico y matemático, lo emocional e intelectual.

 

→  UN SER LIBRE: el hombre es una libertad finita, pero aun así es libre. Realiza su realidad desde lo que condiciona su libertad (el entorno, sus capacidades …) y lo que capacita su “autorrealización” (su existencia histórica). El hombre siempre puede elegir, aunque sea desde lo que las circunstancias, capacidades y entorno le permitan.

Un ser inerte no puede elegir, simplemente es. Un ser vivo se desarrolla y relaciona desde los impulsos y meros procesos de racionamiento simples. Pero el hombre elige, toma decisiones y, así, ejerce la libertad.

 

→ UN SER SEXUADO: no podemos hablar sobre la condición humana sin tener presente su dimensión corporal. Su corporeidad le supone capacidad, individualidad, límites…, pero también relación; el ser humano es un ser relacional. Su cuerpo es lo que hace al hombre salir de sí para ir al encuentro del otro, del no-yo.

La corporalidad sexual es condición, por tanto, de la propia existencia humana. Todos, desde el nacimiento, somos seres sexuados, abarcando la sexualidad toda nuestra existencia.  Cabe diferenciar, eso sí, entre sexualidad, como dimensión constitutiva de la persona, y sexo (varón o mujer como concreción de la identidad), pero la distinción biológica entre los sexos, por tanto, no supone diferencia ontológica entre los seres humanos.

 

4.2 …somos distintos

 

Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros. Estas diferencias deben alentar la caridad (CCE 194).

 

 

El Catecismo reconoce las diferencias entre las personas. Afirma, además, que dichas diferencias son queridas por Dios y que, a su vez, nos enriquecen.

Seamos sinceros: eso ya lo sabemos. Es una obviedad que todos somos distintos: hombre o mujer, alto o bajo, delgado o grueso, rubio o moreno… Pero no se trata de diferencias meramente físicas o biológicas. Tampoco es una cuestión de gustos, principios o ideales: soñadores vs. realistas, futboleros vs. cinéfilos, conservadores o progresistas…

Todos tenemos un nombre. Para todas las culturas ha sido y es importante el nombre, porque nombre nos identifica “personalmente”, ¿verdad? Ahí la clave de todo: somos personas.

Hablar de la persona implica el reconocimiento de una identidad, una unidad corporal y espiritual que la hace diferente a todos lo demás y, por tanto, valiosa en sí misma. La persona es única e irrepetible, insustituible e irremplazable. La dignidad viene dada por su ser mismo, por ser persona.

Pongamos un ejemplo muy sencillo: Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), maestro universal de la pintura, realizó múltiples obras dedicadas a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción. A simple vista, todos sus cuadros sobre la Inmaculada pueden parecer iguales, sin embargo, basta observar solo dos o tres para descubrir que: las medidas del cuadro son muy diferentes; los rostros de la Virgen no se parecen en nada; aunque tengan los mismos colores en sus vestidos, siempre tienen una tonalidad propia… Pero es que, además, si investigamos, resulta que cada uno responde a un encargo o fin concreto, por lo que lo aquello que el pintor quiso expresar también es siempre nuevo, que en cada obra el autor intenta plasmar un aspecto o sentimiento determinado, etc. Por eso, cada obra es única, irrepetible, preciosa en sí misma y tiene un valor incalculable.

Pues algo así, salvando las distancias, claro está, ocurre con las personas. Todos somos diferentes, pero esas diferencias nos constituyen y configuran desde nuestro ser (corporal, racional y espiritual), haciéndonos únicos.

 

– Dinámica. Para ilustrar el valor único de cada persona puede utilizarse la siguiente escena de la película Hasta el último hombre. Nos cuestionaríamos acerca del valor de la persona, si merece incluso perder la vida por salvar la de otro, más cuando es alguien que no conocemos o que supuestamente no nos aporta nada.

Mel Gibson, 2016

Una Curiosidad: el origen del concepto de persona es cristiano.

 

Sin duda, se trata de uno de los mayores aportes del cristianismo a la humanidad: el concepto de persona. El hombre (persona humana), creado a imagen de Dios (persona divina), se reconoce como único ante Él y ante los demás.
Dios crea al hombre como culmen de su obra y objeto de su amor y misericordia, dándole su ser y dignidad por el amor mismo que de Dios recibe. Entonces, el razonamiento llega solo:

 

√ Somos dignos porque somos amados por Dios.
√ Dios ama a cada uno de manera personal (única y diferente).
√ Dios nos ama a todos por igual.
√ Todos somos idénticos en dignidad.

 

¿Qué te parece? ¿Qué consecuencias crees que debe tener todo esto para ti?

 

4.3. …y nos necesitamos, pero, ante todo, nos complementamos

 

Si recuerdas, en el anterior apartado veíamos un punto del Catecismo que decía: “Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros”. Por supuesto, nos necesitamos. Todos necesitamos de los demás.

Desde que nacemos, el ser humano se diferencia del resto de seres vivos por su dependencia casi absoluta de los cuidados maternos para poder sobrevivir. El crecimiento y la madurez intelectual, racional, e incluso emocional y espiritual viene dado también por la interacción con el otro semejante y distinto a la vez.

Necesitamos del otro para ser lo que somos. Necesitamos los bienes que el otro nos puede ofrecer y necesitamos del otro como un bien en sí mismo. Y esto nos lleva a una relación de complementariedad.

No se trata de recibir del otro lo que a mí me falta, aunque esto también es importante, sino que con el otro alcanzo mi verdadera plenitud, mi completa realidad.

El modelo primordial para nosotros es el mismo Dios, único y trino a la vez. Un solo Dios, pero tres personas al mismo tiempo: Padre, Hijo y Espíritu. Forman una unidad en una relación de entrega y necesidad, de reciprocidad… una “comunión de amor”.

 

Dinámica. En este instante puede verse la escena de la película La Cabaña, donde el protagonista dialoga con Jesús acerca de la figura y relación con cada una de las personas divinas. Reflexionamos brevemente sobre la Trinidad como relación entre las tres personas divinas.

 

Stuart Hazeldine, 2017

 

Y Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza” …

Lo dice la Biblia: “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén 1, 27). La complementariedad del ser humano alcanza su máxima expresión en la complementariedad y reciprocidad del hombre y la mujer, por ser la manifestación misma de la semejanza con la Trinidad.

Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano (FC 58).

La unión física del hombre y la mujer en el acto sexual, dando como fruto la generación de una nueva vida es tal vez lo más evidente. Por mucho que avancen la ciencia y la técnica, el milagro de la vida siempre necesitará de, al menos, la carga genética de ambos. Pero la complementariedad y reciprocidad abarca mucho más allá, porque como hemos dicho, se trata de la comunión del amor.

No puede haber sujeto que ame si no hay sujeto a quien amar. Amante y amado, en el sentido absoluto de la palabra, se complementan, porque podrán vivir el uno sin el otro, pero juntos alcanzan el mayor nivel de su realidad: el amor.

 

5. Experiencia vital (15 min.)

 

Sugerencias. Animar a los novios a que cuenten su propia experiencia vital. Se trata de entrar en una “comunión de ideas y experiencias”, fomentando la participación de todos y creando “comunidad”.

 

Otra opción es invitar a un matrimonio con cierto recorrido, podrían ser alguno de los padres de los novios, y que cuenten su experiencia en lo referente a su proyecto de vida en común.

 

> Preguntas
> Conclusión y resumen final con ideas clave.

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

¡Qué bueno es que tú existas! ¡Qué bueno que no seas otro yo, sino tú mismo! ¡Cuánto me hace crecer el que seas diferente a mí!

 

Reflexionad juntos y expresaros juntos en estos términos para asumir cuánto necesito del otro en su singularidad y especificidad para avanzar en mi camino de plenitud.

 

propuesta de la sesión: os recomendamos ver juntos el corto Cerebro dividido y dialogar sobre los aspectos en los que os veis reflejados.

 

 

– dinámica: mediante el diálogo entre los dos, os invitamos a que descubráis como os veis diferentes en muchos ámbitos y aspectos de vuestra vida y como esas diferencias os complementan y os ayudan a crecer.

 

Haced un cuadro poniendo dos columnas, una con la palabra “hombre” y otra con la palabra “mujer”. En las filas, poned los siguientes aspectos diferenciales:

 

⇒ Diferencias en los aspectos fisiológicas.
⇒ Diferencias en las vivencias afectivas.
⇒ Diferencias en las capacidades intelectuales.
⇒ Diferencias en las formas comunicativas.
⇒ Diferencias en la precepción de la realidad.
⇒ Diferencias en el amar con el cuerpo.

 

Cada uno rellenad por separado el cuadro indicando cuáles son las características de cada apartado que veis en vosotros mismos y en el otro. Luego, ponedlas en común y disfrutad dialogando y comentando sobre ellas, siempre con espíritu constructivo y reconociendo en el otro todo lo que te aporta para crecer en cada uno como persona y para crecer juntos como pareja.

 

 

 

SESIÓN 2: Diferencias físicas, psicológicas y espirituales

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos la sesión iluminados por la Palabra de Dios, que nos invita a amarnos como Cristo ama a su Iglesia.

 

El autor de la Carta a los Efesios habla del amor de Cristo a la Iglesia, explicando el modo en que se expresa ese amor, y presentando, a la vez, tanto ese amor como sus expresiones, cuyo modelo debe seguir el marido con relación a la propia mujer.

 

La invitación al mutuo amor se basa en la voluntad originaria de Dios en el Génesis, cuando creó al hombre y la mujer y quiso que los dos fueran «una sola carne». Por eso: «que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido».

 

Os invitamos a reflexionar:

 

√ El modelo del amor entre el hombre y la mujer es el amor de Cristo a su Iglesia. ¿En qué consiste este amor?
√ “Amar a su mujer es amarse a sí mismo”. ¿Cómo entiendo esta frase del texto?
√ ¿Valoro las diferencias de mi pareja con relación a mí como algo bueno y querido por Dios?

 

 

3. Dinámica inicial (10 min.)

 

– OBJETIVO: observar los conflictos de competición-cooperación que surgen al desarrollar esta actividad y examinar sus soluciones. Al terminar se abrirá un turno de reflexión sobre el comportamiento de los equipos. ¿Estamos llamados a competir o a cooperar?

 

– RECURSOS: dos espacios diferenciados y dos copias de la siguiente tabla (impresa, escrita en pizarra, cartulina, etc.).

 

1
2
3
4
5
Chicas
Chicos

 

Se divide el gran grupo en chicos y chicas y se les dice que la finalidad del juego es ganar tantos puntos como puedan. A continuación, se les separa y no podrán volver a hablar entre ellos hasta finalizar el juego.

 

Ya en el grupo pequeño se les explicará cómo ganar puntos. Durante 5 turnos el grupo deberá escoger entre “X” o “Y”, obteniendo los puntos en función de la elección de ambos grupos.

 

→  Si ambos grupos eligen la X ambos consiguen +5 puntos;
→ Si ambos grupos eligen Y, ambos consiguen -5 puntos;
→ Si un grupo elige la X y el otro elige la Y, el que ha elegido X consigue -10 puntos y el que ha elegido Y consigue +10 puntos.

 

En cada ronda tendrán un minuto para debatir sobre si van a escoger X o Y. Cuando lo sepan se lo comunicarán a la persona encargada de dirigir la dinámica. Cuando sepa lo que han elegido ambos grupos lo comunicará también a los dos grupos para que todos conozcan la puntuación que están obteniendo.

 

Al finalizar las 5 rondas se suman los resultados y se apuntan los totales de cada grupo. A continuación, se suman los totales de cada grupo y se comparan con la puntuación que hubiesen obtenido en caso de escoger siempre “X”: 50 puntos.

 

REFLEXIÓN FINAL. El objetivo del juego era conseguir tantos puntos como se pudiese (50). Puede suceder que un equipo escogiese “Y” por intentar quedar por encima del otro (competir), y por esta razón ambos equipos perdieron.

 

En las relaciones de pareja sucede lo mismo que en este juego. O ganamos los dos o perdemos los dos. Por eso, al percibir que somos diferentes al otro no debemos intentar quedar mejor que él o tener más razón, sino colaborar y trabajar juntos para ganar los dos, sabiendo que vamos en el mismo barco.

 

4. Exposición del tema (30 min.)

 

4.1. Hombre y mujer los creó

 

En la Biblia podemos leer que Dios crea a los seres humanos a su imagen y semejanza, pero que también los crea diferentes, como hombres y como mujeres. Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de sexualidad, ser hombres o mujeres.

 

– Sugerencia. Ver el tráiler de la película Del revés (Inside Out).

 

P. Docter y R. Del Carmen, 2015

 

Toda acción humana es una acción sexuada, pues todo lo que hago lo hago como mujer o como hombre, y, por lo tanto, también las relaciones de encuentro entre personas son sexuadas. A la hora de relacionarnos hay características propias que tiñen en mayor o menor medida nuestro ser personal (la edad, el temperamento, el sexo…). Estas características no solo modulan la vida de la persona, sino que también condicionan de modo profundo las relaciones que se establecen con el otro. La sexualidad es ser mujer u hombre y la persona está siempre encarnada y se muestra como un ser masculino o femenino. ⌊1⌋  Por eso:

 

La vida humana se realiza en dos formas bien distintas: varón y mujer. Ambas tienen carácter personal, y, por eso, la igualdad les pertenece en lo que tienen de personas – derechos y deberes, condición económica, jurídica, posibilidades sociales, etc. – aunque su realidad sea enormemente distinta, y el igualitarismo respecto de ella es una violencia y por tanto una injusticia ⌊2⌋.

 

La sexualidad no afecta solo a la dimensión corporal, sino que todas las dimensiones de la persona se ven condicionadas por su ser mujer u hombre. Físicamente cada célula de nuestro cuerpo posee una combinación cromosómica XX (femenina) o XY (masculina) que nos definen físicamente como varones o mujeres. Es la carga cromosómica “Y” la que producirá a las 8 semanas de gestación un incremento de testosterona en el feto masculino que modulará las diferencias cerebrales y que afectará a las áreas comunicativas, emocionales, afectivas, relacionales, intelectuales, etc.

 

Sugerencia.  Ver el fragmento del documental de REDES: El cerebro tiene sexo. ⌊3⌋

 

4.2. ¿Afectan estas diferencias a nuestra relación de pareja?

 

Lo cierto es que sí, y mucho. De forma natural las personas buscamos a alguien diferente a nosotros, hay una tendencia a buscar aquello que me complemente, lo cual es distinto de intentar que alguien me complete. Dios nos quiere diferentes y las diferencias son muy buenas, pero es importante conocerlas para reconocer que nos unimos a alguien distinto con sus grandezas y sus limitaciones. Si queremos defender el amor debemos entender que nos unimos a alguien que es diferente y por lo tanto debemos aceptarnos mutuamente y amar nuestras diferencias ajustándonos a ellas.

 

 

a. Comunicación

 

La capacidad de comunicación es una habilidad que reside en un área del cerebro que está típicamente más desarrollada en las mujeres que en los hombres por lo que en general la mujer tendrá mayores destrezas comunicativas que el varón. Además, la mujer prioriza las relaciones humanas y la comunicación frente a otras actividades y por lo tanto tiene una mayor necesidad de estas.

Según los estudios de Jesús Amaya, la mujer al hablar expresa emociones y sentimientos y por lo tanto suele utilizar una media de 8 500 palabras al día. Los hombres al hablar expresan ideas y pensamientos y un promedio de 3 500 palabras al día.

¿Qué sucederá entonces si al llegar la noche los dos nos vamos a contar nuestro día? Que la mujer explicará cómo lo ha vivido y el hombre qué ha vivido.

¿Qué es importante? Lo esencial es reconocer que el otro es diferente y eso también es bueno. No enfadarse porque “no cuenta nada” o porque “habla demasiado”. Valorar lo que el otro nos está contando y esforzarnos quizás por satisfacer las necesidades de conocer de la otra persona.

 

b. Afectividad

 

Los estudios de la psiquiatra Louan Brizendine también muestran que el cerebro femenino y masculino son diferentes en este sentido. Las emociones son procesadas por la mujer en el lóbulo frontal por las neuronas espejo. Estas neuronas son las responsables de la empatía y las que provocan, por ejemplo, que si ves bostezar a una persona hagas lo mismo.

El desarrollo de estas neuronas es mayor en la mujer y esto provoca que cuando ésta escucha a alguien contar un problema, empieza a poner las mismas caras de sufrimiento que el otro, imita su posición corporal, siente algo parecido a lo que el otro está sintiendo, busca el contacto físico para consolar.Tiene la empatía mucho más desarrollada.

Sin embargo, las emociones en el hombre son procesadas durante mayor tiempo por una zona cerebral llamada “uniones temporoparietales”. Esto es, cuando a un hombre se le comunica algo, durante un tiempo la información estará en las neuronas espejo, pero rápidamente las procesará en esta otra área del cerebro.

 

Sugerencia.  Ver el vídeo No se trata del clavo.

 

(1:41 min).

 

c. Pensamiento

 

Curiosamente la forma de pensar es también diferente debido a que los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro se encuentran conectados en las mujeres y separados en los varones.

Jesús Amaya lo explica de forma representativa diciendo que es como si los hombres tuvieran cajas en el cerebro y las mujeres cables. Cuando un hombre se centra en algo está pensando simplemente en eso. Si está en la “caja del trabajo” pues piensa en el trabajo, lo mismo sucede con el ocio, la familia, el sexo, etc. La mujer, sin embargo, tiene unas conexiones que provocan que puedan estar haciendo un trabajo y a la vez pensando en cómo le habló esa mañana el profesor y en llevar a arreglar el portátil.

 

d.   Sexo

 

Los estudios de Louan Brizendine también muestran cómo el área encargada de pensar en el sexo es 2,5 veces mayor en el hombre que en la mujer. Es por esto por lo que se aprecia un mayor deseo o pensamientos más recurrentes en ese sentido en el varón que en la mujer.

e.    Memoria

 

El área encargada de la memoria en el cerebro también es algo mayor en las mujeres, además, éstas tienen tendencia a vincular los recuerdos con emociones y sentimientos.

Esto provoca que las mujeres tengan una mayor capacidad para recordar los buenos momentos, el primer encuentro, el primer beso, cita, etc., y también los malos, errores, discusiones, tropiezos, etc.

Por lo tanto, en la relación no es que la mujer sea rencorosa por acordarse de sucesos malos o el hombre dejado por no recordar ciertos aspectos que ella sí recuerda, sino que uno tiene una capacidad para olvidar más fácilmente y otro una capacidad para recordar lo bonito que deberán aprender a apreciar en el otro, disfrutar y complementarlo.

 

4.3. Diferencias espirituales

 

Nunca debemos olvidar que cuando Dios nos crea lo hace a su imagen y semejanza, pero nos crea varón y mujer. ¿Qué supone esto? Que Dios habla de sí mismo y se revela en la condición femenina y en la masculina. Nuestro espíritu es femenino o masculino, también tenemos una espiritualidad sexuada. Cuando vemos a nuestro novio o novia, como hombre o como mujer, es bueno preguntarse: ¿qué me está diciendo Dios de sí mismo con esto?

 

5. Experiencia vital (15 min.)

 

Animar a los novios a que cuenten su propia experiencia vital. Se trata de entrar en una “comunión de ideas y experiencias”, fomentando la participación de todos y creando “comunidad”.

 

Otra opción es invitar a un matrimonio con cierto recorrido, podrían ser alguno de los padres de los novios, y que cuenten su experiencia en lo referente a su proyecto de vida en común.

 

> Preguntas
> Conclusión y resumen final con ideas claves.

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

Para consolidar lo aprendido se retará a la pareja a que se embarque en una tarea con dos condiciones:

 

> Deben realizarla juntos.
> Debe aportar un beneficio para otros.

 

Podrán escoger si quieren que sea una tarea puntual o algo prolongado a lo largo del tiempo. El trabajar juntos por los demás en el noviazgo permite verificar la relación, así como establecer los cimientos de fecundidad y la tolerancia. Posibles actividades:

 

√ Prepararse una charla o testimonio sobre el noviazgo para adolescentes de la parroquia.
√ Realizar una tarea de voluntariado (recoger alimentos, dar clases, cuidar niños, ayudar a los sintecho, etc.).
√ Coordinar juntos alguna tarea (encuentros, viajes, campamentos, misiones, festivales, teatro…).
√ Dar catequesis juntos.
√ Ir de misiones en verano.
√ Acompañar a una persona mayor que sepamos que está sola y estar con ella cada cierto tiempo.
√ Hablar con algún adolescente que necesite orientación.
√ Colaborar, juntos, en una actividad de evangelización de la parroquia.

 


 

⌊1⌋ X. Domínguez Prieto, Antropología de la familia. BAC, Madrid 2007.

⌊2⌋ J. Marías, Mapa del mundo personal, Alianza, Madrid 2005, 27.

⌊3⌋ F. Tejedor (productor) y E. Punset (director), El cerebro tiene sexo . España, TVE, 2005. Recuperado de: https://www.documaniatv.com/ciencia-y-tecnologia/redes-el-cerebro-tiene-sexo-video_f76a503e3.html



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