
Adviento
Esperanza que ilumina el camino
Adviento: tiempo de esperanza
que ilumina el camino
El domingo 30 de noviembre de 2025 comienza el nuevo año litúrgico con el inicio del Adviento. Este tiempo litúrgico, que nos llevará hasta el 24 de diciembre, es el anuncio de la venida del Salvador. El Adviento nos renueva cada año y nos introduce en la Navidad y en su Misterio. El Adviento, en los tiempos que vivimos, se hace especialmente imprescindible porque es un momento de espera y esperanza, de reflexión y de conversión, de sembrar para luego recoger buenos frutos. Una preparación a una vida nueva.
Adviento 2025: tiempo privilegiado para prepararnos para el nacimiento del Señor
y para vivir el cierre del Jubileo. Este Año jubilar, tan intenso, finalizará el 28 de diciembre de 2025 en las iglesias particulares y el 6 de enero de 2026 se clausurará con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica papal de San Pedro, oficiado por el Papa León XIV.
El Adviento es el tiempo litúrgico que abre un año nuevo: un período de espera y preparación para la celebración del nacimiento de Jesucristo. En este año jubilar de la esperanza, el Adviento adquiere un significado especial: nos invita a renovar nuestra fe y a mirar con confianza el futuro, recordando que Cristo es la luz que ilumina nuestras vidas y la historia de la humanidad. Es un tiempo de reflexión, oración y conversión interior, para abrir nuestro corazón a la presencia de Dios.
Durante estos días, la Iglesia nos anima a vivir con esperanza activa, no pasiva. Cada domingo de Adviento, las lecturas, los salmos y las oraciones nos recuerdan que la salvación de Dios ya está presente entre nosotros, pero también se cumple plenamente en el futuro prometido. Este año jubilar nos invita a reconocer que la esperanza cristiana no es un sentimiento superficial, sino una fuerza que nos impulsa a vivir con fe, justicia y caridad.
Renovación espiritual, agradecimiento, reconciliación y esperanza
El Adviento también es una llamada a estar atentos a los signos de Dios en nuestra vida cotidiana. La esperanza jubilar nos impulsa a caminar con alegría y confianza, sabiendo que Dios actúa en la historia y que nuestra vida encuentra su sentido más profundo en Él.
Finalmente, este tiempo litúrgico es una oportunidad para la conversión personal y comunitaria. La esperanza jubilar nos invita a transformar nuestra mirada, a reconocer al prójimo como hermano y a vivir con gratitud y generosidad. Celebrar el Adviento en este año de gracia nos permite prepararnos no solo para el nacimiento de Jesús en Belén, sino también para acogerlo en nuestros corazones y en el mundo, renovando nuestra fe y nuestra misión como Iglesia.
Recordamos, especialmente, este año al papa Francisco, quien convocó el Jubileo de la esperanza. En su Carta para el Jubileo 2025 subrayó que "todo esto será posible si somos capaces de recuperar el sentido de la fraternidad universal, si no cerramos los ojos ante la tragedia de la pobreza galopante que impide a millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños vivir de manera humanamente digna. Pienso especialmente en los numerosos refugiados que se ven obligados a abandonar sus tierras. Ojalá que las voces de los pobres sean escuchadas".
Por tanto, el curso que ahora comienza está marcado por esta clausura del Jubileo de la Encarnación, por la alegría de todo lo vivido, por el agradecimiento del nuevo papa León XIV. Este tiempo nos guiará de manera especial hacia la renovación espiritual, la reconciliación y la esperanza.

