• El Consejo General de la Iglesia en la Educación reconoce en Salamanca nueve trayectorias e iniciativas y concede un Premio Especial a las instituciones herederas de la Escuela de Salamanca.
• Mons. Alfonso Carrasco: «Educar es amar a la persona tomando en serio su inteligencia, su libertad y su futuro»
El Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE) celebró ayer, en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Salamanca, la primera entrega de los Premios Stella. Los galardones reconocen a personas, instituciones y proyectos que encarnan de manera significativa la misión educativa de la Iglesia y contribuyen, desde ámbitos diversos, al desarrollo integral de la persona y al bien común.
La primera edición reunió experiencias de colegios, universidades, educación especial, profesorado, Formación Profesional, deporte, familia, parroquia y cultura. Estos nueve reconocimientos y el Premio Especial permitieron mostrar la amplitud de una presencia educativa que se expresa tanto en instituciones con siglos de historia como en proyectos que responden a necesidades emergentes.
El encuentro estuvo marcado por la cercanía a las víctimas del accidente ferroviario de Urda y a sus familias. Antes de la ceremonia se celebró una Eucaristía en la Clerecía, presidida por Mons. Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura y del CGIE. En su homilía, Mons. Carrasco encomendó a los difuntos a Dios todopoderoso y pidió fe, esperanza y el consuelo del Señor para sus familiares. En relación con la misión educativa, señaló que no puede separarse del amor, la caridad y la esperanza. Por eso, la situación de los hermanos que sufren también forma parte de esa comunión: «Nada de lo humano nos es ajeno. Su sufrimiento no nos es ajeno». Posteriormente, los participantes compartieron durante la entrega un momento de oración por los fallecidos, los heridos y sus allegados
La educación, una expresión de caridad y esperanza
En la apertura, Mons. Carrasco presentó la educación como una expresión concreta del amor a la persona, capaz de tomar en serio su inteligencia, su libertad y su futuro, también cuando encuentra mayores dificultades o dispone de menos oportunidades.
Destacó que la misión educativa nace y se desarrolla en comunidades donde se comparten el conocimiento, la búsqueda de la verdad, la escucha y el cuidado. Desde esta perspectiva, los premios quieren agradecer el bien que las iniciativas educativas hacen posible y reconocer a quienes siguen poniendo sus capacidades y su corazón al servicio de las nuevas generaciones.
El presidente del CGIE recordó especialmente a los maestros y educadores cuya entrega ha resultado decisiva en tantas vidas. Expresó, además, el deseo de que estos reconocimientos ayuden a renovar el aprecio social por la educación y a mantener visible una tradición de humanidad que continúa dando frutos.
Por su parte, Carlos Esteban Garcés, secretario general del CGIE, explicó que los Premios Stella forman parte del plan de trabajo del Consejo, constituido en mayo de 2025. Su primera entrega coincidió con el aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis, aprobada el 28 de octubre de 1965.
El nombre de los premios se inspira en la imagen de la constelación educativa propuesta por León XIV: una red plural cuyas realidades aportan una luz propia y comparten una misma misión. Esteban recordó que, junto a las iniciativas galardonadas, miles de personas y comunidades siguen desarrollando una labor educativa cotidiana, muchas veces discreta, al servicio de todos.
Nueve reconocimientos a la diversidad educativa
En el ámbito de colegios de ideario cristiano, el premio correspondió al Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo, por su trayectoria histórica, su vinculación con la ciudad y su catedral y la continuidad de un proyecto educativo de identidad cristiana. El reconocimiento valoró también el trabajo de su alumnado para investigar y dar a conocer los orígenes del centro.
La Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital de la Universidad Pontificia Comillas recibió el premio en el ámbito de universidades, por integrar investigación, formación y transferencia al servicio de la persona. En su agradecimiento se recordó cómo la colaboración entre distintas disciplinas permitió responder a necesidades de acompañamiento surgidas durante la pandemia y desarrollar nuevas vías de atención y cuidado.
En educación especial, fue distinguida la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión, cuya misión se concreta de manera especial en el Colegio María Corredentora de Madrid. Las hermanas compartieron el reconocimiento con quienes las precedieron y con los profesionales laicos que continúan una tarea centrada en la dignidad, las capacidades y las oportunidades de cada estudiante.
El premio al profesorado de Religión recayó en Patricia Mármol, del CPEE Vicente Ferrer (Comunidad de Madrid), por «El teatro vive en mi cole». La iniciativa, nacida en el aula de Religión y convertida en proyecto de centro, utiliza el teatro como herramienta de inclusión, creatividad y participación. Mármol explicó cómo esta experiencia implica al alumnado, las familias y los profesionales del colegio, haciendo visibles las capacidades de sus protagonistas.
En el ámbito del profesorado cristiano, el galardonado fue Francesc Torralba Roselló, por una vocación docente que une rigor académico, identidad cristiana y capacidad de diálogo. En su mensaje de agradecimiento señaló el Evangelio como fuente de inspiración de su práctica educativa y recibió el premio como estímulo y responsabilidad.
La Congregación Salesiana fue reconocida en Formación Profesional, especialmente por su dedicación a la FP de Grado Básico. El premio destacó una labor que ofrece capacitación, acompañamiento y nuevas oportunidades a jóvenes con dificultades en su trayectoria escolar, favoreciendo su crecimiento personal y su inserción social y laboral.
En educación no formal, tiempo libre y deporte, el reconocimiento correspondió a Luis de la Fuente Castillo, seleccionador nacional de fútbol, por la dimensión educativa de su liderazgo y su trayectoria de acompañamiento de jóvenes. Ausente por compromisos profesionales, agradeció el premio mediante un vídeo en el que destacó el valor formativo del deporte. Antonio Roura Javier, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, recogió el galardón para su custodia hasta la posterior entrega al seleccionador.
Francisco Javier Velasco, «Fano», recibió el premio en parroquia, familia y escuela. El reconocimiento valoró una trayectoria que une vocación educadora, vida familiar y comunitaria, compromiso social y creación artística al servicio del Evangelio. En una intervención participativa, Fano hizo visible la relación entre estos espacios y agradeció especialmente la entrega de su comunidad educativa.
La Escolanía de Lluc, de Mallorca, fue distinguida en comunicación y proyectos culturales, por una tradición de formación académica, musical, espiritual y humanística que se transmite a nuevas generaciones. La Escolanía acompañó también la ceremonia con varias interpretaciones, mostrando el valor educativo de la música y la belleza.
La Escuela de Salamanca, una herencia para el presente
El Premio Especial Stella 2026 reconoció conjuntamente a la Universidad de Salamanca, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Pontificia Facultad de Teología San Esteban, con motivo del V Centenario de la Escuela de Salamanca. La distinción puso en valor su responsabilidad en la conservación, el estudio y la proyección de un legado decisivo para la reflexión sobre la dignidad humana, la justicia y la convivencia.
Las intervenciones de las tres instituciones coincidieron en señalar la actualidad de esta herencia. La defensa de la dignidad de toda persona, la responsabilidad social del conocimiento y la necesidad de escuchar las preguntas de nuestro tiempo aparecieron como tareas que siguen interpelando a la universidad.
La ceremonia concluyó con la fotografía conjunta de los galardonados y la música de la Escolanía de Lluc. La primera edición de los Premios Stella dejó así una imagen compartida de la misión educativa de la Iglesia: trayectorias distintas, vinculadas por el compromiso de acompañar a cada persona y abrir oportunidades de crecimiento, participación y esperanza.








