Sagrada Biblia
Daniel

Daniel

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11El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén y la asedió.
2El Señor entregó en su poder a Joaquín, rey de Judá, y todo el ajuar que quedaba en el templo. Nabucodonosor se los llevó a Senaar, al templo de su dios, y el ajuar del templo lo metió en el depósito del templo de su dios.
3El rey ordenó a Aspenaz, jefe de sus eunucos, seleccionar algunos hijos de Israel de sangre real y de la nobleza,
4jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes, y aptos para servir en el palacio real; y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas.
5Cada día el rey les pasaba una ración de comida y de vino de la mesa real. Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales entrarían al servicio del rey.
6Entre ellos había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías.
7El capitán de los eunucos les cambió los nombres, llamando a Daniel, Baltasar; a Ananías, Sidrac; a Misael, Misac, y a Azarías, Abdénago.
8Daniel hizo el propósito de no contaminarse con los manjares, ni con el vino de la mesa real, y pidió al capitán de los eunucos que le dispensase de aquella contaminación.
9Dios concedió a Daniel encontrar gracia y misericordia en el capitán de los eunucos,
10y este dijo a Daniel: —Tengo miedo al rey mi señor, que os ha asignado la ración de comida y bebida; pues si os ve más flacos que vuestros compañeros, ponéis en peligro mi cabeza delante del rey.
11Daniel dijo al encargado que el capitán de los eunucos había puesto para cuidarlos a él, a Ananías, a Misael y a Azarías:
12—Por favor, prueba diez días con tus siervos: que nos den legumbres para comer y agua para beber.
13Después, que comparen en tu presencia nuestro aspecto y el de los jóvenes que comen de la mesa real, y trátanos según el resultado.
14Él les aceptó la propuesta e hizo la prueba durante diez días.
15Después de los diez días tenían mejor aspecto y estaban más robustos que cualquiera de los jóvenes que comían de la mesa real.
16Así que el encargado les retiró la ración de comida y de vino, y les dio legumbres.
17Dios les concedió a los cuatro inteligencia, comprensión de cualquier escritura, y sabiduría. Daniel sabía, además, interpretar visiones y sueños.
18Al cumplirse el plazo señalado para presentarlos al rey, el capitán de los eunucos los llevó a Nabucodonosor.
19Después de hablar con ellos, el rey no encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y quedaron a su servicio.
20Y en todas las cuestiones y problemas que el rey les proponía, los encontró diez veces superiores al resto de los magos y adivinos de todo su reino.
21Daniel estuvo en palacio hasta el año primero del reinado de Ciro.
21El año segundo de su reinado, Nabucodonosor tuvo un sueño; su espíritu se sobresaltó y no podía dormir.
2El rey mandó llamar a los magos, astrólogos, agoreros y adivinos para que le explicaran su sueño. Vinieron y se presentaron ante el rey.
3Este les dijo: —He tenido un sueño y mi espíritu está sobresaltado hasta que logre entenderlo.
4Los adivinos dijeron al rey en arameo: —¡Viva el rey eternamente! Cuenta el sueño a tus siervos y te expondremos su interpretación.
5Respondió el rey y dijo a los adivinos:—El veredicto que he pronunciado es firme. Si no me decís el sueño y su interpretación, os cortarán los miembros del cuerpo y vuestras casas serán reducidas a escombros.
6Pero si exponéis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones, regalos y gran honor. Por tanto, decidme el sueño y su interpretación.
7De nuevo dijeron: —Cuente el rey el sueño a sus siervos y expondremos su interpretación.
8Contestó el rey:—Verdaderamente me doy cuenta de que queréis ganar tiempo, pues habéis visto que el veredicto que he pronunciado es firme.
9Ahora bien, si no me decís el sueño es porque habéis tomado vuestra decisión: os habéis puesto de acuerdo para decirme algo falso y engañoso mientras va pasando el tiempo. Por tanto, decidme el sueño y sabré que me exponéis su interpretación.
10Los adivinos replicaron al rey: —No hay hombre en la tierra que pueda resolver lo que pide el rey; por ello ningún monarca, aun siendo grande y poderoso, hizo una petición semejante a ningún mago, astrólogo o adivino.
11La petición que hace el rey es tan difícil que no hay nadie que pueda responderla al rey, a no ser los dioses cuya morada no está con los mortales.
12Ante esto, el rey se encolerizó y se enfureció muchísimo, y mandó exterminar a todos los sabios de Babilonia.
13Se publicó el decreto de que fueran ejecutados los sabios, y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14Entonces Daniel se dirigió con sabiduría y prudencia a Arioc, jefe de la guardia real, que había salido a matar a los sabios de Babilonia,
15y preguntó a Arioc, a quien el rey había puesto al mando: —¿Por qué un decreto tan severo de parte del rey? Inmediatamente Arioc informó del asunto a Daniel.
16Daniel fue y pidió al rey que le diera algún tiempo y él le expondría la interpretación del sueño.
17Después Daniel marchó a su casa y expuso el asunto a sus compañeros Ananías, Misael y Azarías,
18a fin de que implorasen misericordia al Dios del cielo sobre aquel secreto, para que no pereciesen Daniel y sus compañeros con los demás sabios de Babilonia.
19Entonces, en una visión nocturna, se le reveló el secreto a Daniel, y Daniel bendijo al Dios del cielo.
20Daniel alzó la voz y dijo: «Bendito sea el nombre de Dios | por los siglos de los siglos, | pues suyos son la sabiduría y el poder.
21Él hace cambiar los tiempos y las estaciones, | y quita y pone a los reyes, | da la sabiduría a los sabios | y la inteligencia a los inteligentes.
22Él revela lo profundo y lo oculto, | y conoce lo que hay en las tinieblas; | la luz habita junto a él.
23A ti, Dios de mis padres, yo te doy gracias y alabo, | porque me has otorgado sabiduría y fortaleza, | y ahora me has revelado lo que hemos pedido, | me has hecho saber el asunto del rey».
24Después de esto, Daniel fue a donde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia; se le acercó y le dijo:—No mates a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey y le expondré la interpretación del sueño.
25Inmediatamente Arioc introdujo a Daniel ante el rey y habló de este modo: —He encontrado un hombre de los deportados de Judá que expondrá al rey la interpretación del sueño.
26El rey preguntó a Daniel, cuyo nombre era Baltasar: —¿De modo que eres capaz de contarme el sueño que he visto y de exponerme su interpretación?
27Dirigiéndose al rey, Daniel contestó: —El secreto del que habla su majestad no lo pueden explicar al rey ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos,
28pero hay un Dios en el cielo que revela los secretos y que ha anunciado al rey Nabucodonosor lo que sucederá al final de los tiempos. Este es el sueño y las visiones de tu mente estando acostado:
29«Tú, oh rey, mientras estabas en tu lecho, te pusiste a pensar en lo que iba a suceder más tarde, y el que revela los secretos te comunicó lo que va a suceder.
30En cuanto a mí, se me ha revelado este secreto, no porque tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que exponga su interpretación al rey, de modo que puedas entender lo que tenías en la mente».
31«Tú, oh rey, estabas mirando y apareció una gran estatua. Era una estatua enorme y su brillo extraordinario resplandecía ante ti, y su aspecto era terrible.
32Aquella estatua tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce,
33las piernas de hierro, y los pies de hierro mezclado con barro.
34Mientras estabas mirando, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua, y los hizo pedazos.
35Se hicieron pedazos a la vez el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano; el viento los arrebató y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que había deshecho la estatua creció hasta hacerse una montaña enorme que ocupaba toda la tierra».
36«Este era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido:
37Tú, ¡oh rey, rey de reyes!, a quien el Dios del cielo ha entregado el reino y el poder, y el dominio y la gloria,
38y a quien ha dado todos los territorios habitados por hombres, bestias del campo y aves del cielo, para que reines sobre todos ellos, tú eres la cabeza de oro.
39Te sucederá otro reino menos poderoso; después, un tercer reino de bronce, que dominará a todo el orbe.
40Vendrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro; como el hierro destroza y machaca todo, así destrozará y triturará a todos.
41Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido, aunque conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla.
42Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil.
43Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán los linajes, pero no llegarán a fundirse uno con otro, lo mismo que no se puede fundir el hierro con el barro.
44Durante ese reinado, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro pueblo, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre.
45En cuanto a la piedra que viste desprenderse del monte sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, esto significa lo que el Dios poderoso ha revelado al rey acerca del tiempo futuro. El sueño tiene sentido y la interpretación es cierta».
46Entonces el rey Nabucodonosor se postró rostro en tierra rindiendo homenaje a Daniel y mandó que le ofrecieran sacrificios y oblaciones.
47El rey dijo a Daniel: —Sin duda que vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de reyes; él revela los secretos, puesto que tú fuiste capaz de explicar este secreto.
48El rey exaltó a Daniel, le dio muchos y espléndidos regalos y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia.
49Daniel pidió al rey que pusiera a Sidrac, Misac y Abdénago en la administración de la provincia de Babilonia, mientras que Daniel permaneció en la corte del rey.
31El rey Nabucodonosor fabricó una estatua de oro de unos treinta metros de alta y tres de ancha, y la colocó en la llanura de Dura, provincia de Babilonia.
2Y el rey Nabucodonosor mandó reunir a los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y todos los gobernadores de las provincias para que acudiesen a la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.
3Entonces se reunieron los sátrapas, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y todos los gobernadores de las provincias para la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor, y permanecieron ante la estatua erigida por Nabucodonosor.
4El heraldo gritó con fuerza: «A vosotros, pueblos, naciones y lenguas, se os hace saber:
5En cuanto oigáis tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor.
6Quien no se postre en adoración será inmediatamente arrojado al horno encendido».
7Así pues, en el momento en que todos los pueblos oyeron tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor.
8En aquel tiempo unos caldeos fueron a denunciar a los judíos.
9Dijeron al rey Nabucodonosor:
10—¡Viva el rey eternamente! Su Majestad ha decretado que, cuando alguien escuche tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, se postre adorando la estatua de oro,
11y quien no se postre en adoración será arrojado a un horno encendido.
12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abdénago, a quienes has encomendado el gobierno de la provincia de Babilonia, que no obedecen la orden real, ni temen a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has erigido.
13Entonces Nabucodonosor, montando en cólera y enfurecido, mandó traer a Sidrac, Misac y Abdénago. Enseguida aquellos hombres fueron llevados ante el rey.
14Nabucodonosor les preguntó: —¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido?
15Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?
16Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: —A eso no tenemos por qué responderte.
17Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos.
18Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.
19Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,
20y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
21Así, a aquellos hombres, vestidos con sus pantalones, camisas, gorros y demás ropa, los ataron y los echaron en el horno encendido.
22Puesto que la orden del rey era severa, y el horno estaba ardiendo al máximo, sucedió que las llamas abrasaron a los que conducían a Sidrac, Misac y Abdénago;
23mientras los tres, Sidrac, Misac y Abdénago, caían atados en el horno encendido.
24Ellos caminaban en medio de las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25Puesto en pie, Azarías oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
26«Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, | digno de alabanza y glorioso es tu nombre.
27Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros | y todas tus obras son verdad, | y rectos tus caminos, | y justos todos tus juicios.
28Has decretado sentencias justas | en todo lo que has hecho caer sobre nosotros | y sobre la ciudad santa de nuestros padres, Jerusalén, | pues lo has hecho con rectitud y justicia | a causa de nuestros pecados.
29Porque hemos pecado y cometido iniquidad | apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, | sin obedecer tus mandatos.
30No los hemos guardado, ni puesto en práctica, | como se nos mandó para que nos fuese bien.
31Cuanto has hecho recaer sobre nosotros | y cuanto nos has hecho, | lo has hecho con verdadera justicia.
32Nos has entregado en poder de enemigos impíos, | los peores adversarios, | y de un rey injusto, el más inicuo en toda la tierra.
33Ahora no podemos abrir la boca, | vergüenza y oprobio abruman a tus siervos | y a quienes te adoran.
34Por el honor de tu nombre, | no nos desampares para siempre, | no rompas tu alianza,
35no apartes de nosotros tu misericordia. | Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; | por Israel, tu consagrado;
36a quienes prometiste multiplicar su descendencia | como las estrellas del cielo, | como la arena de las playas marinas.
37Pero ahora, Señor, somos el más pequeño | de todos los pueblos; | hoy estamos humillados por toda la tierra | a causa de nuestros pecados.
38En este momento no tenemos príncipes, | ni profetas, ni jefes; | ni holocausto, ni sacrificios, | ni ofrendas, ni incienso; | ni un sitio donde ofrecerte primicias, | para alcanzar misericordia.
39Por eso, acepta nuestro corazón contrito | y nuestro espíritu humilde, | como un holocausto de carneros y toros | o una multitud de corderos cebados.
40Que este sea hoy nuestro sacrificio, | y que sea agradable en tu presencia: | porque los que en ti confían | no quedan defraudados.
41Ahora te seguimos de todo corazón, | te respetamos, y buscamos tu rostro; | no nos defraudes, Señor;
42trátanos según tu piedad, | según tu gran misericordia.
43Líbranos con tu poder maravilloso | y da gloria a tu nombre, Señor.
44Sean confundidos cuantos traman maldad contra tus siervos; | sean avergonzados, sin poder ni dominio, | y su fuerza sea arrebatada.
45Sepan que tú eres el Señor, el único Dios, | glorioso sobre toda la tierra».
46Los criados del rey que los habían arrojado dentro no paraban de avivar el horno con nafta, pez, estopa y sarmientos.
47La llama se elevaba más de veinte metros por encima del horno;
48se expandió y abrasó a los caldeos que halló alrededor del horno.
49Pero el ángel del Señor descendió al horno con Azarías y sus compañeros y sacó la llama de fuego fuera del horno;
50formó en el centro del horno una especie de viento como rocío que soplaba, y el fuego no les tocó en absoluto, ni les hizo daño ni les causó molestias.
51Entonces los tres, como una sola boca, empezaron a cantar himnos, a glorificar y a bendecir a Dios dentro del horno diciendo:
52«Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: | a ti gloria y alabanza por los siglos. | Bendito tu nombre, santo y glorioso: | a él gloria y alabanza por los siglos.
53Bendito eres en el templo de tu santa gloria: | a ti gloria y alabanza por los siglos.
54Bendito eres sobre el trono de tu reino: | a ti gloria y alabanza por los siglos.
55Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos: | a ti gloria y alabanza por los siglos.
56Bendito eres en la bóveda del cielo: | a ti honor y alabanza por los siglos.
57Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
58cielos, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
59ángeles del Señor, bendecid al Señor; | ensalzadlo con himnos por los siglos;
60aguas del espacio, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
61ejércitos del Señor, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
62sol y luna, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
63astros del cielo, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
64lluvia y rocío, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
65vientos todos, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
66fuego y calor, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
67fríos y heladas, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
68rocíos y nevadas, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
69témpanos y hielos, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
70escarchas y nieves, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
71noche y día, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
72luz y tinieblas, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
73rayos y nubes, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos.
74Bendiga la tierra al Señor, | ensálcelo con himnos por los siglos.
75Montes y cumbres, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
76cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, | ensálcelo con himnos por los siglos;
77manantiales, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
78mares y ríos, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
79cetáceos y peces, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
80aves del cielo, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
81fieras y ganados, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
82hijos de los hombres, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos.
83Bendiga Israel al Señor, | ensálcelo con himnos por los siglos.
84Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
85siervos del Señor, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
86almas y espíritus justos, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
87santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, | ensalzadlo con himnos por los siglos;
88Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; | ensalzadlo con himnos por los siglos, | porque nos sacó del abismo y nos salvó de la muerte, | nos arrancó del horno encendido y nos libró del fuego.
89Dad gracias al Señor porque es bueno, | porque es eterna su misericordia.
90Fieles todos del Señor, bendecid al Dios de los dioses, | alabadle y dadle gracias | porque es eterna su misericordia».
91 (24)Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros: —¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno? Le respondieron: —Así es, majestad.
92 (25)Preguntó: —Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino.
93 (26)Y acercándose Nabucodonosor a la puerta del horno encendido, dijo: —Sidrac, Misac y Abdénago, siervos del Dios altísimo, salid y venid.
94 (27)Enseguida Sidrac, Misac y Abdénago salieron del fuego. Los sátrapas, ministros, prefectos y consejeros se aprestaron para ver a aquellos hombres en cuyos cuerpos no había hecho mella el fuego; no se les había quemado el cabello de la cabeza, los pantalones estaban intactos, y ni siquiera olían a humo.
95 (28)Nabucodonosor, entonces, dijo: —Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo.
96 (29)Por eso decreto que a quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, lo hagan pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como este.
97 (30)Después el rey dio cargos a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.
98 (31)El rey Nabucodonosor a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: «Paz y prosperidad.
99 (32)Me ha parecido conveniente dar a conocer los signos y prodigios que el Dios altísimo ha realizado conmigo.
100 (33)¡Qué grandes son sus signos | y qué poderosos sus prodigios! | Su reinado es un reinado eterno, | y su dominio de generación en generación».
41«Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y con buena salud en mi palacio,
2cuando tuve un sueño que me asustó; las imaginaciones que me vinieron en el lecho y las visiones de mi mente me aterrorizaron.
3Entonces ordené que trajeran ante mí a todos los sabios de Babilonia para que me expusieran la interpretación del sueño.
4Llegaron los magos, astrólogos, adivinos y agoreros, les expuse el sueño, pero no me expusieron su interpretación.
5Finalmente vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Baltasar como el de mi dios y en el que mora el espíritu de los santos dioses, y le expuse el sueño:
6—Baltasar, jefe de los magos, puesto que yo sé que en ti mora el espíritu de los santos dioses y que no se te resiste ningún secreto, estas son las visiones del sueño que tuve; dime su interpretación.
7Estando en mi lecho tuve estas visiones: Miré y en medio de la tierra había un árbol cuya altura era enorme.
8El árbol creció y se hizo corpulento; su copa llegaba al cielo y era visible desde todos los confines de la tierra.
9Su ramaje era hermoso y su fruto abundante; tenía alimento para todos. Bajo él buscaban refugio las bestias del campo, y en sus ramas anidaban las aves del cielo; de él se alimentaba todo ser vivo.
10Estaba en mi lecho contemplando las visiones de mi mente, cuando un vigilante, un santo, bajó del cielo,
11y gritó con gran fuerza diciendo: “Derribad el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas y desparramad su fruto; huyan de debajo de él los animales salvajes, y de sus ramas las aves.
12Pero el tocón con sus raíces, dejadlo en tierra, atado con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que se empape del rocío del cielo y comparta con las bestias el pasto de la tierra.
13Le será cambiado el corazón de hombre y se le dará un corazón de bestia, y así pasará siete años.
14Por decreto de los ángeles llega la sentencia, y por mandato de los santos la resolución, a fin de que los vivientes reconozcan que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres; él lo da a quien quiere y eleva hasta el reino al más humilde de los hombres”.
15Este es el sueño que yo, el rey Nabucodonosor, he visto. Tú, Baltasar, expón la interpretación, pues ningún sabio del reino ha podido dármelo a conocer. Pero tú sí que eres capaz, pues en ti mora el espíritu de los santos dioses».
16Entonces Daniel, cuyo nombre es Baltasar, quedó atónito durante un momento y sus pensamientos le asustaron. El rey continuó diciendo: —Baltasar, no te asuste el sueño ni su interpretación. Baltasar contestó: —Señor mío, que el sueño sea para los que te odian y su interpretación para tus enemigos.
17El árbol que viste crecer y hacerse robusto, cuya cima alcanzaba el cielo y era visible en toda la tierra,
18cuyo ramaje era hermoso y su fruto abundante, en el que había alimento para todos y bajo el que se refugiaban las bestias del campo y en sus ramas anidaban las aves del cielo,
19eres tú, oh rey, que te has engrandecido y te has hecho fuerte. Tu grandeza ha crecido y ha alcanzado el cielo, y tu dominio los confines de la tierra.
20Acerca del vigilante y el santo que el rey vio bajar del cielo y decir: «Derribad el árbol y destrozadlo, pero dejad el tocón con sus raíces en tierra, atado con cadenas de hierro y bronce entre la hierba del campo, que se empape del rocío del cielo y comparta con las bestias del campo hasta que pase así siete años»,
21esta es, oh rey, la interpretación, y este es el decreto del Altísimo que recae sobre mi señor el rey:
22Te apartarán de los hombres y vivirás con las bestias del campo, te darán a comer hierba como a los toros y dejarán que te empapes del rocío del cielo; así pasarás siete años hasta que reconozcas que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres, y que él lo da a quien quiere.
23En cuanto a la orden de dejar el tocón con las raíces del árbol, significa que tu reinado se te mantendrá cuando hayas reconocido que quien domina es el cielo.
24Por eso, majestad, acepta de buen grado mi consejo: expía tus pecados con limosnas, y tus delitos socorriendo a los pobres, para que dure tu paz.
25Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor.
26Al cabo de doce meses estaba paseando por el palacio real de Babilonia,
27y comenzó el rey a decir: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado para residencia real, conforme a la grandeza de mi poder y según la gloria de mi majestad?».
28El rey tenía aún la palabra en la boca, cuando vino una voz del cielo: «A ti te hablan, rey Nabucodonosor. Se te ha quitado el reino.
29Te apartarán de los hombres y vivirás con las bestias del campo; te darán a comer hierba como a los toros, y así pasarás siete años hasta que reconozcas que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres y que él lo da a quien quiere».
30Al instante la palabra se cumplió en Nabucodonosor. Fue alejado de los hombres, comía hierba como los toros y su cuerpo se empapaba del rocío del cielo, hasta que el cabello le creció como las plumas de las águilas y las uñas como las de las aves.
31Al cabo de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; recobré la razón, y bendije al Altísimo, alabé y glorifiqué al que vive eternamente, porque su dominio es un dominio eterno, y su reinado de generación en generación.
32Todos los habitantes de la tierra no cuentan nada ante él; con los ejércitos de los cielos hace lo que quiere, lo mismo que con los habitantes de la tierra. No hay quien resista a su mano y le diga: ¿Qué estás haciendo?
33En aquel momento recobré la razón y, para gloria de mi reino, me fueron restituidos mi majestad y mi esplendor. Mis consejeros y magnates acudieron a mí; fui restablecido en mi reino y se me concedió mayor grandeza.
34Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo porque todas sus obras son conforme a la verdad y sus designios justos, y porque puede humillar a quien actúa con soberbia.
51El rey Baltasar ofreció un gran banquete a mil de sus nobles, y se puso a beber vino delante de los mil.
2Bajo el efecto del vino, Baltasar mandó traer los vasos de oro y plata que su padre Nabucodonosor había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey junto con sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.
3Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.
4Y mientras bebían vino, alababan a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra.
5De repente aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoque del muro del palacio real, frente al candelabro; y el rey veía el dorso de la mano que escribía.
6Entonces su rostro palideció, sus pensamientos le turbaron, los músculos del cuerpo se le aflojaron, y las rodillas le entrechocaban.
7El rey mandó a gritos que vinieran los astrólogos, magos y adivinos, y dijo a los sabios de Babilonia: —El que lea ese escrito y me explique su interpretación se vestirá de púrpura, llevará al cuello un collar de oro y ocupará el tercer puesto en mi reino.
8Acudieron todos los sabios del reino, pero no pudieron leer lo escrito ni exponer al rey su interpretación.
9Entonces el rey Baltasar quedó muy consternado y su rostro palideció; también sus nobles estaban perplejos.
10A las palabras del rey y de sus nobles, la reina entró en la sala del banquete, tomó la palabra y dijo: —¡Viva el rey eternamente! No te turben tus pensamientos ni palidezca tu rostro.
11En tu reino hay un hombre que tiene el espíritu de los santos dioses y en el que, cuando vivía tu padre, se encontraron inteligencia, prudencia y una sabiduría semejante a la sabiduría de los dioses. Tu padre, el rey Nabucodonosor, lo nombró jefe de los magos, astrólogos, agoreros y adivinos,
12porque en él se encontró un espíritu superior: conocimiento e inteligencia para interpretar sueños, aclarar enigmas y resolver problemas. Se trata de Daniel, a quien el rey puso el nombre de Baltasar. Ahora, que llamen a Daniel y él expondrá la interpretación.
13Trajeron a Daniel ante el rey y este le preguntó: —¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey mi padre?
14He oído decir de ti que posees el espíritu de los dioses, y que en ti se encuentran inteligencia, prudencia y una sabiduría extraordinaria.
15Han traído ante mí a los sabios y astrólogos para que leyeran este escrito y me expusieran su interpretación, pero no han podido exponer la interpretación de todo esto.
16He oído decir de ti que tú puedes interpretar sueños y resolver problemas; pues bien, si logras leer lo escrito y exponerme su interpretación, te vestirás de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro y ocuparás el tercer puesto en mi reino.
17Entonces Daniel habló así al rey: «Quédate con tus dones y da a otro tus regalos. Yo leeré al rey lo escrito y le expondré su interpretación.
18Majestad: el Dios altísimo dio a tu padre Nabucodonosor el reino y el poder, la gloria y el honor,
19y por el poder que se le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas lo temían y respetaban; él mataba al que quería, y al que quería dejaba vivo; exaltaba al que quería, y al que quería humillaba.
20Pero como su corazón se llenó de soberbia y su espíritu se obstinó en la arrogancia, fue depuesto de su trono real y se le quitó su gloria.
21Fue alejado de los hombres y su corazón se volvió como el de las bestias, vivió con los asnos salvajes y comió hierba como los toros; y su cuerpo se empapó del rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios altísimo tiene el dominio en el reinado de los hombres y establece en él a quien quiere.
22Tú, Baltasar, su hijo, no has humillado tu corazón a pesar de que sabías todo esto.
23Te has rebelado contra el Señor del cielo y has hecho traer a tu presencia los vasos de su templo, para beber vino en ellos en compañía de tus nobles, tus mujeres y tus concubinas. Has alabado a dioses de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que ni ven, ni oyen, ni entienden; mientras que al Dios dueño de tu vida y tus empresas no lo has honrado.
24Por eso él ha enviado esa mano para escribir este texto.
25Lo que está escrito es: “Contado, Pesado, Dividido”.
26Y la interpretación es esta: “Contado”: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el final.
27“Pesado”: te ha pesado en la balanza, y te falta peso.
28“Dividido”: tu reino ha sido dividido, y lo entregan a medos y persas».
29Entonces Baltasar mandó que vistieran a Daniel de púrpura, que le pusieran al cuello un collar de oro y que pregonaran que tenía el tercer puesto en el reino.
30Baltasar, rey de los caldeos, fue asesinado aquella misma noche.
61Darío, el medo, accedió al trono a la edad de sesenta y dos años.
2Le pareció conveniente a Darío nombrar a ciento veinte sátrapas que gobernasen en todo el reino,
3y sobre ellos a tres ministros, ­uno de ellos era Daniel­, a quienes los sátrapas rindieran cuentas, de manera que el rey no sufriese ningún perjuicio.
4Este Daniel sobresalía entre los ministros y los sátrapas porque poseía un espíritu superior, y el rey pensó ponerlo al frente de todo el reino.
5Los ministros y los sátrapas buscaban algún motivo para acusar a Daniel en lo concerniente a la administración del reino, pero no pudieron encontrar ninguna causa o falta para acusarlo, puesto que Daniel era leal y no se le podía acusar de ningún error o falta.
6Entonces aquellos hombres se dijeron: «Ya que no podemos acusar a Daniel de ningún fallo, acusémoslo en lo que toca a la ley de su Dios».
7Así pues, aquellos ministros y sátrapas acudieron alborotados al rey y le hablaron de este modo: —¡Viva eternamente el rey Darío!
8Todos los ministros del reino, los prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores han acordado que se promulgue un edicto real y se decrete que, durante treinta días, todo el que haga oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea arrojado al foso de los leones.
9Así pues, majestad, promulga esa prohibición y firma un decreto para que no sea cambiada, según la ley irrevocable de medos y persas.
10De acuerdo con esto, el rey Darío firmó el decreto con la prohibición.
11En cuanto Daniel supo que había sido firmado el decreto, entró en su casa; las ventanas del piso superior daban hacia Jerusalén. Se ponía de rodillas tres veces al día, rezaba y daba gracias a Dios como solía hacerlo antes.
12Entonces aquellos hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios.
13Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición: —Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones? El rey contestó: —El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas.
14Ellos le replicaron: —Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni acata el edicto que has firmado, sino que hace su oración tres veces al día.
15Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar cómo salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo intentando librarlo.
16Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole: —Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, todo decreto o edicto real son válidos e irrevocables.
17Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. Y dijo a Daniel: ¡Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!
18Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, de manera que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.
19Luego el rey volvió a su palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.
20Por la mañana, al rayar el alba, el rey se levantó y fue corriendo al foso de los leones.
21Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada. Le dijo a Daniel: —¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios al que veneras fielmente?
22Daniel le contestó: —¡Viva el rey eternamente!
23Mi Dios envió a su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti.
24El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
25Luego el rey mandó traer a los hombres que habían calumniado a Daniel, y ordenó que los arrojasen al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo del foso y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
26Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que pueblan la tierra: «¡Paz y bienestar!
27De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin.
28Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».
29Daniel prosperó en el reino de Darío y en el de Ciro el persa.
71El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente mientras estaba en la cama. Enseguida escribió el sueño. Comienzo del relato.
2Dijo Daniel: Tuve una visión nocturna: Vi que los cuatro vientos del cielo agitaban el océano.
3Cuatro bestias gigantescas salieron del mar, distintas una de otra.
4La primera era como un león con alas de águila; la estaba mirando y de pronto vi que le arrancaban las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron un corazón humano.
5Había una segunda bestia semejante a un oso; estaba medio erguida, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «Levántate. Come carne en abundancia».
6Después yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo, y esta bestia tenía cuatro cabezas. Y le dieron el poder.
7Después seguí mirando y en mi visión nocturna contemplé una cuarta bestia, terrible, espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba; y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era distinta de las bestias anteriores, porque tenía diez cuernos.
8Miré atentamente los cuernos, y vi que de entre ellos salía otro cuerno pequeño; y arrancaron ante él tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos, y una boca que profería insolencias.
9Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. | Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; | su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas;
10un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. | Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. | Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
11Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la bestia, la descuartizaron y la echaron al fuego.
12A las otras bestias les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada, hasta un tiempo y una hora.
13Seguí mirando. Y en mi visión nocturna | vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. | Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
14A él se le dio poder, honor y reino. | Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. | Su poder es un poder eterno, no cesará. | Su reino no acabará.
15Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro a causa de esto, y me turbaban las visiones de mi mente.
16Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndome la interpretación de la visión:
17«Esas cuatro bestias gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo.
18Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán para siempre por los siglos de los siglos».
19Yo quise saber qué significaba la cuarta bestia, distinta de las demás, terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y pateaba las sobras con las pezuñas,
20y qué significaban los diez cuernos de su cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres; aquel cuerno que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que sus compañeros.
21Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó.
22Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo; se cumplió el tiempo y los santos tomaron posesión del reino.
23Después me dijo: «La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, distinto de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará.
24Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después de ellos vendrá otro distinto que destronará a tres reyes,
25blasfemará contra el Altísimo, e intentará aniquilar a los santos del Altísimo y cambiar el calendario y la ley. Los santos serán abandonados a su poder durante un año, dos años y medio año.
26Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, se le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente.
27El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos».
28Hasta aquí llega el relato. Yo, Daniel, quedé muy turbado con mis pensamientos y se me mudó el semblante; pero guardé todo en mi corazón.
81El año tercero del reinado del rey Baltasar, yo, Daniel, tuve otra visión, después de la que había tenido al principio.
2Contemplaba la visión y, en ella, yo me encontraba en la ciudadela de Susa, en la provincia de Elán; en mi visión yo estaba junto al río Ulay.
3Levanté la vista, miré y vi un carnero que estaba situado delante del río y que tenía dos cuernos. Los dos cuernos eran grandes, pero uno era más grande que el otro, y el más grande salía del otro.
4Vi al carnero que atacaba hacia el Oeste, el Norte y el Sur, y ninguna bestia podía resistir ante él ni librarse de su poder. Hacía lo que quería, y se engrandeció.
5Yo estaba reflexionando y vi un macho cabrío que venía de occidente por la superficie de toda la tierra sin tocar el suelo. El macho cabrío tenía un formidable cuerno entre los ojos.
6Llegó hasta el carnero de los dos cuernos que yo había visto situado delante del río, y arremetió contra él con la furia de su fuerza.
7Lo vi correr hacia el carnero, y, enfurecido contra él, embistió al carnero y le rompió los dos cuernos; y el carnero no tuvo fuerza para resistirle. Lo derribó a tierra y lo pisoteó sin que hubiera nadie que librara al carnero de su poder.
8El macho cabrío se hizo extraordinariamente grande, pero al crecer su poderío, se le rompió aquel cuerno grande y en su lugar surgieron otros cuatro hacia los cuatro puntos cardinales.
9Y de uno de ellos salió otro cuerno pequeño que creció mucho hacia el Sur, hacia el Oriente y hacia la Tierra Hermosa.
10Se alzó contra el ejército de los cielos y derribó parte de ese ejército y de las estrellas; y los pisoteó.
11Se elevó hasta el jefe del ejército, suprimió el sacrificio cotidiano y derribó su santuario.
12Se le dio un ejército contra el sacrificio cotidiano por los pecados, arrojó por tierra la verdad y actuó con éxito.
13Después oí a un santo que hablaba, y a otro santo que decía al que estaba hablando: «¿Hasta cuándo durará la visión: el sacrificio cotidiano, el pecado de la actual desolación, el santuario y el ejército pisoteados?».
14Y le contestó: «Dos mil trescientas tardes y mañanas, y será purificado el santuario».
15Yo, Daniel, seguía contemplando la visión y trataba de comprenderla, cuando apareció ante mí como la imagen de un hombre.
16Oí una voz humana junto al río Ulay, que gritó diciendo: «Gabriel, explícale la visión».
17Se acercó adonde yo estaba, y al acercarse me aterroricé y caí de bruces. Me dijo:—Comprende, hijo de hombre, que la visión tendrá su cumplimiento en el tiempo final.
18Mientras él hablaba conmigo, quedé inconsciente rostro a tierra, pero me tocó y me hizo ponerme en pie.
19Me dijo: —Voy a darte a conocer lo que sucederá al final del tiempo de la cólera, pues está fijado el fin.
20El carnero dotado con dos cuernos que has visto son los reyes de Media y de Persia,
21y el macho cabrío es el rey de Grecia, siendo el cuerno grande que había entre sus ojos el primer rey.
22Una vez roto este, surgieron cuatro en su lugar; son cuatro reinos que surgieron de su pueblo, pero no con la misma fuerza.
23Al final de sus reinados, al colmarse las prevaricaciones, se alzará un rey insolente y experto en argucias.
24Su fuerza será poderosa, aunque no por ella misma; devastará obras maravillosas, actuará con gran éxito y destruirá a los poderosos y al pueblo de los santos.
25Con su astucia hará prosperar el fraude en sus manos, se engrandecerá en su corazón y fríamente destruirá a muchos. Se alzará contra el príncipe de príncipes, pero sin intervención humana será destrozado.
26La visión sobre la tarde y la mañana de la que se ha hablado es verdad. Pero tú sella la visión porque es para días lejanos.
27Yo, Daniel, languidecí y estuve enfermo varios días. Después me levanté y me ocupé de los asuntos del rey, pero estaba confundido por la visión sin comprenderla.
91El año primero de Darío, hijo de Asuero, medo de linaje y rey de los caldeos,
2el año primero de su reinado, yo, Daniel, indagué en los libros la palabra del Señor dicha al profeta Jeremías acerca del número de años que Jerusalén había de quedar en ruinas: era setenta años.
3Después me dirigí al Señor Dios, implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, saco y ceniza.
4Oré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión: «Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos.
5Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos.
6No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
7Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.
8Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
9Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él.
10No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.
11Todo Israel faltó a tu ley y se desvió sin escuchar tu voz; por eso han caído sobre nosotros la maldición y el juramento escritos en la ley de Moisés, siervo de Dios, pues hemos pecado contra él.
12Él ha cumplido las palabras que pronunció contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaban, enviándonos una calamidad tan grande que no ha habido otra bajo el cielo como la que ha sucedido en Jerusalén.
13Ha caído sobre nosotros toda esta desgracia según está escrito en la ley de Moisés, y no hemos aplacado al Señor, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestros crímenes y reconociendo tu verdad.
14El Señor estuvo atento a la desgracia y la trajo sobre nosotros, porque el Señor, nuestro Dios, es justo en todo lo que hace y no hemos escuchado su voz.
15Ahora, mi Señor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de Egipto con mano fuerte y te hiciste un nombre como el que hoy tienes, hemos pecado y obrado inicuamente.
16Señor mío, según toda tu justicia, retira, por favor, tu ira y tu furor de tu ciudad de Jerusalén, tu monte santo, porque, por nuestros pecados y por los crímenes de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son afrenta ante todos los que nos rodean.
17Escucha ahora, Dios nuestro, la oración de tu siervo y sus súplicas, y por tu honor haz brillar tu rostro sobre tu santuario asolado, mi Señor.
18Ay, mi Señor, inclina tu oído y escúchame; abre los ojos y mira nuestra desolación y la ciudad que lleva tu nombre; pues, al presentar ante ti nuestras súplicas, no confiamos en nuestra justicia, sino en tu gran compasión.
19Escucha, Señor; perdona, Señor; atiende, Señor; actúa sin tardanza, Señor mío, por tu honor, pues tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo».
20Aún estaba yo hablando y suplicando, confesando mi pecado y el de mi pueblo, Israel, y presentando mis súplicas al Señor mi Dios en favor de su monte santo;
21aún estaba pronunciando la súplica, cuando aquel hombre, Gabriel, el que había visto al comienzo en la visión, llegó volando hasta mí a la hora de la ofrenda vespertina.
22Al llegar, me habló así: —Daniel, acabo de salir para hacer que comprendas.
23Al principio de tus súplicas se pronunció una sentencia, y yo he venido para comunicártela, porque eres un predilecto. Entiende la sentencia, comprende la visión:
24Setenta semanas están decretadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa; para poner fin al delito, cancelar el pecado y expiar el crimen, para traer una justicia eterna, para que se cumpla la visión y la profecía, y para ungir el santo de los santos.
25Has de saberlo y comprenderlo: desde que se decretó la vuelta y la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido pasarán siete semanas; y pasarán sesenta y dos semanas; y entonces será reconstruida con calles y fosos, pero serán tiempos de angustia.
26Pasadas las sesenta y dos semanas, matarán a un ungido inocente. Vendrá un príncipe con su tropa y arrasará la ciudad y el templo, pero su final será un cataclismo; guerra y destrucción están decretadas hasta el fin.
27Hará una alianza firme con muchos durante una semana: durante media semana hará cesar sacrificios y ofrendas, y pondrá sobre el altar la abominación de la desolación, hasta que el fin decretado le llegue al desolador.
101El año tercero de Ciro, rey de Persia, Daniel, llamado Baltasar, recibió una palabra: la palabra era cierta, acerca de un ejército inmenso. Comprendió la palabra y entendió la visión.
2Por entonces, yo, Daniel, estaba cumpliendo un luto de tres semanas:
3no comía manjares exquisitos, no probaba vino ni carne, ni me ungí durante las tres semanas.
4El día veinticuatro del mes primero, estaba yo junto al Río Grande, el Tigris.
5Alcé la vista y vi aparecer un hombre vestido de lino, con un cinturón de oro de Ofaz;
6su cuerpo era como crisólito, su rostro como un relámpago, sus ojos como antorchas llameantes, sus brazos y piernas como destellos de bronce bruñido, sus palabras resonaban como las de una multitud.
7Solo yo, Daniel, contemplaba la visión; la gente que estaba conmigo, aunque no contemplaba la visión, quedó sobrecogida de terror y corrió a esconderse.
8Así quedé solo, y al ver aquella magnífica visión, me sentí desfallecer; mi semblante quedó desfigurado y no lograba dominarme.
9Entonces oí el sonido de sus palabras y, al oírlo, caí de bruces, en un letargo, con el rostro en tierra.
10Una mano me tocó e hizo que me pusiera sobre las rodillas y las palmas de las manos.
11Luego me habló: —Daniel, predilecto, fíjate en las palabras que voy a decirte y ponte en pie, porque ahora me han enviado a ti. Mientras me hablaba así, me puse en pie temblando.
12Me dijo: —No temas, Daniel. Desde el primer día que te dedicaste a intentar comprender y a humillarte ante tu Dios, tus palabras han sido escuchadas, y yo he venido a causa de ellas.
13El príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi auxilio; por eso me detuve allí, junto a los reyes de Persia.
14Ahora he venido a explicarte lo que ha de suceder a tu pueblo en los últimos días, porque aún hay visión para días.
15Mientras me hablaba así, caí de bruces a tierra y enmudecí.
16Entonces alguien como una figura humana me tocó los labios; abrí la boca y dije al que estaba frente a mí: —Mi Señor, la visión me ha hecho retorcerme de dolor y no puedo dominarme.
17¿Cómo podrá este esclavo de mi Señor hablar a mi Señor? ¡Ahora las fuerzas me abandonan y he quedado sin aliento!
18De nuevo, alguien como una figura humana me tocó y me infundió fuerzas.
19Después me dijo: «La —No temas, hombre predilecto; la paz sea contigo, sé fuerte. Mientras me hablaba, recobré las fuerzas y dije: —Mi Señor, puedes hablar, pues me has dado fuerzas.cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, distinto de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará.
20Me dijo: —¿Sabes para qué he venido hasta ti? Ahora tengo que volver a luchar con el príncipe de Persia; cuando yo me vaya, vendrá el príncipe de Grecia.
21Pero te comunicaré lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra aquellos si no es vuestro príncipe, Miguel.
111Yo, durante el primer año de Darío el medo, estuve presente para darle fuerza y seguridad.
2Ahora te comunico la verdad: «Todavía habrá en Persia tres reyes. El cuarto obtendrá riquezas mayores que las de todos los demás y, cuando sea poderoso por su riqueza, volverá a todos contra el reino de Grecia.
3Entonces surgirá un rey fuerte que tendrá grandes dominios y actuará como le plazca.
4Pero apenas esté consolidado, su reino será desmembrado y pasará a otros distintos de aquellos».
5«El rey del Sur se hará fuerte, pero uno de sus generales se hará más fuerte que él y tendrá más dominios que él.
6Al cabo de los años harán una alianza y la hija del rey del Sur acudirá al rey del Norte para hacer las paces, pero ella perderá su poder, y su linaje no subsistirá; y será entregada con su séquito, su hijo y el que la protegía en ese momento.
7Pero se alzará un retoño de sus raíces en lugar de aquel, saldrá a luchar y penetrará en la fortaleza del rey del Norte, los atacará y los vencerá.
8Se llevará cautivos a Egipto a sus dioses, sus ídolos y los objetos preciosos de plata y oro, y por unos años se mantendrá alejado del rey del Norte».
9«Entrará en el reino del rey del Sur, pero se volverá a su territorio.
10Sus hijos declararán la guerra y reunirán ejércitos enormes. Invadirá, arrasará, volverá a atacar la fortaleza.
11El rey del Sur, exasperado, saldrá a luchar contra él, contra el rey del Norte, y pondrá en pie un gran ejército que caerá en manos de este.
12Este, después de haber derrotado al ejército, se engreirá en su corazón, hará morir a millares, pero no prevalecerá.
13El rey del Norte pondrá en pie otro ejército mayor que el primero y, al cabo de unos años, volverá con gran tropa y abundante avituallamiento.
14En aquellos tiempos muchos se alzarán contra el rey del Sur; se alzarán hijos violentos de tu pueblo, para que se cumpla la visión, pero fracasarán.
15Vendrá el rey del Norte, levantará un terraplén y conquistará la ciudad fortificada. Las tropas del rey del Sur no resistirán, ni siquiera los selectos del pueblo, pues no tendrán fuerza para resistir.
16Quien venga contra él, hará lo que él quiera, sin que nadie le resista. Se establecerá en la Tierra Hermosa y toda ella caerá en su poder.
17Proyectará someter todo su reino; hará pactos con él y le dará una hija como mujer para perderlo, pero no lo logrará ni tendrá éxito.
18Entonces se dirigirá hacia las islas y conquistará muchas, mas un príncipe pondrá fin a su afrenta y aun hará volver sobre él su oprobio.
19Entonces se dirigirá a las fortalezas de su territorio, pero fracasará, caerá y desaparecerá.
20Le sucederá el que ha de enviar a un exactor de la gloria del reino, pero en unos días será destrozado sin riñas ni guerras».
21«Le sucederá un hombre despreciable que no tendrá la dignidad real; vendrá ocultamente y se apoderará del reino con intrigas.
22Las tropas invasoras serán desbaratadas ante él y destrozadas; y también el príncipe de la alianza.
23Desde el momento de haberse asociado con él, él actuará con fraude, prosperará y se hará fuerte con poca gente.
24Penetrará a placer en los lugares más fértiles de la provincia, y hará lo que no hicieron sus padres ni sus abuelos: repartirá a los suyos botín, despojos y riqueza, y tramará planes contra las fortalezas, pero hasta un cierto tiempo.
25Dirigirá su fuerza y su corazón contra el rey del Sur con un gran ejército, y el rey del Sur se dispondrá a la guerra con un ejército muy poderoso, pero no podrá resistir porque tramarán asechanzas contra él.
26Los que comen a su mesa lo destrozarán; su ejército será barrido y muchos caerán heridos.
27Aquellos dos reyes, con su corazón lleno de maldad, se sentarán a una mesa para decirse mentiras, pero no habrá resultado porque todavía se ha de fijar el final.
28Volverá a su país con grandes riquezas y, con su corazón contra la alianza santa, actuará y volverá a su país.
29En el plazo fijado volverá y entrará en el país del Sur, pero esta última vez no le irá como la primera.
30Vendrán contra él las naves de los kitín, y se asustará; volverá y desahogará su ira actuando contra la alianza santa, y, al volver, se entenderá con los que abandonaron la santa alianza.
31Tropas suyas se impondrán y profanarán el santuario y la ciudadela, abolirán el sacrificio cotidiano y establecerán la abominación de la desolación.
32Hará apostatar con halagos a los que abandonaron la alianza; pero el pueblo de los que conocen a Dios se mantendrá firme y actuará.
33Los más sabios del pueblo instruirán a muchos, pero caerán a espada, o por fuego, o por cautiverio, o por saqueo, durante un tiempo.
34Pero en su caída recibirán un poco de ayuda, y muchos se les unirán por adulación.
35Algunos de los sabios caerán para ser probados, purificados y blanqueados mientras llega el tiempo final, pues todavía ha de ser fijado el final.
36El rey actuará a su arbitrio, se enaltecerá y se engrandecerá sobre todos los dioses; prosperará hasta la culminación de la ira, que está decretada y se cumplirá.
37No respetará al dios de sus padres, ni al venerado por las mujeres; no respetará a ningún dios, pues se hará más grande que todos.
38En su lugar dará culto al dios de las fortalezas y honrará con oro, plata, piedras preciosas y joyas a un dios que no conocieron sus padres.
39Atacará fortalezas bien guarnecidas con la ayuda de un dios extranjero, y a quienes le reconozcan los colmará de honores, les dará dominio sobre muchos, y les repartirá tierras en recompensa».
40«En el tiempo final, el rey del Sur luchará contra él y el rey del Norte caerá sobre él como una tormenta, con carros, jinetes y muchas naves; invadirá las tierras, arrasará y pasará.
41Entrará en la Tierra Hermosa y caerán millares, pero se librarán de sus manos los siguientes: Edón, Moab y la mayor parte de los amonitas.
42Extenderá su mano a otros países, y la tierra de Egipto no logrará escapar.
43Se apoderará de los tesoros de oro y plata y de todos los objetos preciosos de Egipto; libios y etíopes estarán en su séquito.
44Pero noticias llegadas del este y del norte lo turbarán y saldrá con gran furia a destruir y aniquilar a muchos.
45Plantará las tiendas de su palacio entre el mar y el hermoso monte santo. Entonces llegará a su fin y no habrá quien lo ayude».
121«Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro.
2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua.
3Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad».
4«Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella este libro hasta el momento final. Muchos lo repasarán y aumentarán su saber».
5Yo, Daniel, vi a otros dos hombres de pie, uno a esta parte del río y el otro a la otra parte del río.
6Y pregunté al hombre vestido de lino, que se cernía sobre el agua del río: —¿Cuándo se cumplirán estos prodigios?
7El hombre vestido de lino, que se cernía sobre el agua del río, alzó la mano derecha y la izquierda al cielo, y le oí jurar por el que vive eternamente: «Un tiempo y dos tiempos y medio tiempo. Cuando acabe la opresión del pueblo santo, se cumplirá todo esto».
8Yo oí sin entender y pregunté: —Mi Señor, ¿cuál será el desenlace?
9Me respondió: —Vete, Daniel. Las palabras están guardadas y selladas hasta el momento final.
10Muchos serán limpiados, blanqueados y purificados; los malvados seguirán en su maldad, sin que ninguno de los malvados entienda; los maestros comprenderán.
11Desde que supriman el sacrificio cotidiano y coloquen la abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días.
12Dichoso el que aguarde hasta que pasen mil trescientos treinta y cinco días.
13Tú, vete hasta el final y descansa. Te alzarás a recibir tu destino al final de los días.
131Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín,
2casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor.
3Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.
4Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.
5Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: «En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo».
6Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.
7A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido.
8Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella.
9Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.
10Ambos estaban locos de pasión por ella, pero no se comunicaron su pena el uno al otro,
11pues les daba vergüenza manifestar su deseo, ya que deseaban unirse a ella.
12Cada día acechaban ansiosamente para verla.
13Se dijeron el uno al otro: «Vámonos a casa, que es hora de comer»; y, saliendo, se separaron.
14Pero, dando media vuelta, volvieron al mismo sitio; se preguntaron uno a otro el motivo y se confesaron su deseo. Entonces, ambos de acuerdo, planearon el momento oportuno en el que pudieran encontrarla sola.
15Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor.
16No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.
17Susana dijo a las criadas: —Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño.
18Ellas hicieron lo que les dijo, cerraron la puerta del jardín y salieron por una puerta lateral a traer lo que se les había ordenado, y no vieron a los ancianos porque estaban escondidos.
19Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella
20y le dijeron: —Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros.
21Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas.
22Susana lanzó un gemido y dijo: —No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos.
23Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor.
24Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella.
25Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.
26Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado.
27Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.
28Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana.
29En presencia del pueblo ordenaron: —Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín. Fueron a buscarla,
30y vino ella con sus padres, hijos y parientes.
31Susana era muy delicada y muy hermosa.
32Aquellos impíos le ordenaron quitarse el velo, pues iba cubierta con velo, para saciarse de su belleza.
33Toda su familia y cuantos la veían lloraban.
34Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.
35Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.
36Los ancianos declararon: —Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas.
37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
38Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos.
39Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo.
40En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven,
41pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello. Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.
42Susana dijo gritando: —Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda,
43tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí.
44Y el Señor escuchó su voz.
45Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel;
46y este dio una gran voz: —Yo soy inocente de la sangre de esta.
47Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: —¿Qué es lo que estás diciendo?
48Él, plantado en medio de ellos, les contestó: —Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel?
49Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella.
50La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: —Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad.
51Daniel les dijo: —Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar.
52Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo: —¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados,
53cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: «No matarás al inocente ni al justo».
54Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados. Él contestó: —Debajo de una acacia.
55Respondió Daniel: —Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio.
56Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: —¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón.
57Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad.
58Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados? Él contestó: —Debajo de una encina.
59Replicó Daniel: —Tu calumnia también se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros.
60Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él.
61Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo.
62Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.
63Jelcías y su mujer alabaron a Dios por su hija Susana, junto con su marido Joaquín y todos sus parientes, porque no se había encontrado nada vergonzoso en ella.
64Daniel gozó de gran prestigio ante el pueblo desde aquel día y en lo sucesivo.
141El rey Astiages fue sepultado junto a sus padres, y le sucedió en el trono Ciro el persa.
2Daniel vivía en casa del rey, y era más estimado que todos sus compañeros.
3Los babilonios tenían un ídolo llamado Bel, y cada día gastaban en su honor doce arrobas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis barriles de vino.
4El rey lo veneraba e iba cada día a adorarlo. Daniel, en cambio, adoraba a su Dios.
5Le preguntó el rey: —¿Por qué no adoras a Bel? Él respondió: —Porque no venero ídolos hechos con las manos, sino al Dios vivo que ha creado el cielo y la tierra, y tiene dominio sobre todo ser vivo.
6Le preguntó el rey: —¿No te parece que Bel es un dios vivo? ¿O no ves cuánto come y bebe cada día?
7Contestó Daniel riendo: —No te engañes, majestad, pues este es de barro por dentro y de bronce por fuera, y nunca ha comido ni bebido.
8El rey, enfadado, llamó a sus sacerdotes y les dijo: —Si no me decís quién es el que come este dispendio, moriréis. En cambio, si me mostráis que se lo come Bel, morirá Daniel por haber blasfemado contra Bel.
9Contestó Daniel al rey: —Que se haga según tu propuesta.
10Los sacerdotes de Bel eran setenta, sin contar mujeres y niños. El rey fue con Daniel al templo de Bel.
11Dijeron los sacerdotes de Bel: —Mira, nosotros saldremos fuera. Tú, majestad, coloca los alimentos, mezcla el vino y ponlo; después cierra la puerta y séllala con tu anillo.
12Cuando vengas por la mañana, si no compruebas que Bel se lo ha comido todo, o moriremos nosotros o morirá Daniel, que miente contra nosotros.
13Ellos se sentían felices porque habían hecho una entrada secreta debajo de la mesa, y por ella entraban siempre y consumían las cosas.
14Cuando aquellos salieron y el rey hubo colocado los alimentos para Bel, Daniel dio órdenes a sus criados. Estos trajeron ceniza, y la esparcieron por todo el templo estando presente solo el rey. Después salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo del rey y se marcharon.
15Los sacerdotes vinieron por la noche según su costumbre, en compañía de sus mujeres y niños, se comieron todo y agotaron la bebida.
16El rey madrugó a la mañana y con él Daniel.
17El rey preguntó: —¿Están intactos los sellos, Daniel? Él respondió: —Intactos, majestad.
18Nada más abrirse las puertas, el rey miró a la mesa y gritó con voz fuerte: —Eres grande, oh Bel, y no hay en ti engaño alguno.
19Daniel se echó a reír, sujetó al rey para que no entrase dentro y dijo: —Mira el suelo y reconoce de quién son esas huellas.
20Respondió el rey: —Veo las huellas de hombres, mujeres y niños.
21Y montando en cólera, el rey hizo apresar a los sacerdotes, las mujeres y sus niños, que le enseñaron las puertas secretas por las que entraban y consumían lo que había en la mesa.
22Entonces el rey los mandó matar y entregó a Bel en poder de Daniel, que destruyó el ídolo junto con su templo.
23Había también un dragón enorme al que veneraban los babilonios.
24El rey dijo a Daniel: —No podrás decir que este no es un dios vivo; adóralo.
25Respondió Daniel: —Adoraré al Señor mi Dios, porque él es el Dios vivo. Tú, majestad, dame permiso y yo mataré al dragón sin espada ni palo.
26Contestó el rey: —Te lo doy.
27Daniel tomó pez, grasa y pelos. Coció todo junto, hizo unas tortas y las echó a la boca del dragón. Tras comérselas el dragón reventó.Daniel dijo: —Mirad lo que venerabais.
28Cuando se enteraron los babilonios se irritaron mucho, se volvieron contra el rey y decían: «El rey se ha hecho judío; ha derribado a Bel, ha dado muerte al dragón y ha degollado a los sacerdotes».
29Y yendo hasta el rey dijeron: —Entréganos a Daniel; si no, te mataremos a ti y a tu familia.
30Al ver el rey que le presionaban con tanta fuerza, obligado, les entregó a Daniel.
31Ellos lo arrojaron al foso de los leones y estuvo allí seis días.
32En el foso había siete leones a los que echaban diariamente dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero entonces no les echaron nada, para que devoraran a Daniel.
33Entretanto, estaba en Judea el profeta Habacuc, que había preparado un cocido y cortado panes en una cazuela, y salía al campo a llevarlo a los segadores.
34Entonces el ángel del Señor dijo a Habacuc: —Anda con la comida que llevas a Babilonia, a Daniel, en el foso de los leones.
35Replicó Habacuc: —Señor, nunca he visto Babilonia ni conozco el foso.
36El ángel del Señor lo cogió por la cabeza y, sujetándolo del cabello, con el zumbido de su espíritu lo dejó en Babilonia, encima del foso.
37Habacuc gritó diciendo: —Daniel, Daniel, toma la comida que te ha enviado Dios.
38Contestó Daniel: —Verdaderamente te has acordado de mí, oh Dios, y no has abandonado a los que te aman.
39Daniel se puso en pie y comió, y el ángel del Señor volvió a llevar inmediatamente a Habacuc a su sitio.
40El día séptimo el rey fue a llorar a Daniel; llegó al foso, miró dentro y Daniel estaba sentado.
41A voz en grito dijo: —Grande eres Señor, Dios de Daniel, y no hay otro sino tú.
42Después lo hizo sacar, y a los causantes de su condena los arrojó al foso. E inmediatamente fueron devorados ante él.