Sagrada Biblia
Eclesiástico

Eclesiástico

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11Toda sabiduría viene del Señor | y está con él por siempre.
2La arena de los mares, las gotas de la lluvia | y los días del mundo, ¿quién los contará?
3La altura de los cielos, la anchura de la tierra | y la profundidad del abismo, ¿quién las escrutará?
4Antes que todo fue creada la sabiduría, | y la inteligencia prudente desde la eternidad.
5La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas | y sus canales son mandamientos eternos.
6La raíz de la sabiduría, ¿a quién fue revelada? | y sus recursos, ¿quién los conoció?
7La ciencia de la sabiduría, ¿a quién fue revelada? | y su mucha experiencia, ¿quién la conoció?
8Uno solo es sabio, temible en extremo: | el que está sentado en su trono.
9El Señor mismo creó la sabiduría, la vio, la midió | y la derramó sobre todas sus obras.
10Se la concedió a todos los vivientes | y se la regaló a quienes lo aman. | El amor del Señor es sabiduría digna de honor; | a los que se revela, se la distribuye para que lo vean.
11El temor del Señor es gloria y honor, | alegría y corona de júbilo.
12El temor del Señor deleita el corazón, | da alegría, gozo y larga vida. | El temor del Señor es un don del Señor, | pues se asienta sobre los caminos del amor.
13El que teme al Señor tendrá un buen final | y el día de su muerte será bendecido.
14El comienzo de la sabiduría es temer al Señor; | fue creada con los fieles en el seno materno.
15Entre los humanos estableció su asiento eterno, | y con su descendencia se mantendrá fiel.
16Plenitud de la sabiduría es temer al Señor; | embriaga a sus fieles con sus frutos.
17Les llena de tesoros toda la casa | y de sus productos los graneros.
18Corona de la sabiduría es el temor del Señor; | ella hace florecer la paz y la buena salud. | Ambas son dones del Señor para la paz, | extienden la gloria a los que lo aman.
19Dios vio y midió la sabiduría, | hizo llover ciencia e inteligencia | y exaltó la gloria de los que la poseen.
20Raíz de la sabiduría es temer al Señor, | sus ramas son larga vida.
21El temor del Señor aleja los pecados, | el que persevera aleja la cólera.
22El injusto apasionado no puede justificarse, | porque la furia de su pasión le hará caer.
23El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno, | y al final su paga es la alegría.
24Hasta el momento oportuno retiene sus palabras, | por eso muchos alaban su prudencia.
25Entre los tesoros de la sabiduría hay proverbios muy atinados, | pero adorar al Señor repugna al pecador.
26Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos, | y el Señor te la concederá.
27Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción, | le agradan la fidelidad y la mansedumbre.
28No seas reacio al temor del Señor, | ni te acerques a él con doblez de corazón.
29No seas hipócrita delante de los demás | y vigila siempre tus labios.
30No te ensalces a ti mismo, si no quieres caer | y cubrirte de vergüenza, | pues el Señor revelará tus secretos | y te humillará en medio de la asamblea, | porque no te has acercado al temor del Señor | y tienes el corazón lleno de engaño.
21Hijo, si te acercas a servir al Señor, | prepárate para la prueba.
2Endereza tu corazón, mantente firme | y no te angusties en tiempo de adversidad.
3Pégate a él y no te separes, | para que al final seas enaltecido.
4Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, | y sé paciente en la adversidad y en la humillación.
5Porque en el fuego se prueba el oro, | y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. | En las enfermedades y en la pobreza pon tu confianza en él.
6Confía en él y él te ayudará, | endereza tus caminos y espera en él.
7Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia | y no os desviéis, no sea que caigáis.
8Los que teméis al Señor, confiad en él, | y no se retrasará vuestra recompensa.
9Los que teméis al Señor, esperad bienes, | gozo eterno y misericordia. | Porque un don eterno con alegría es su recompensa.
10Fijaos en las generaciones antiguas y ved: | ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?, | o ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, | o ¿quién lo invocó y fue desatendido?
11Porque el Señor es compasivo y misericordioso, | perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia.
12¡Ay del corazón cobarde, de las manos inertes, | y del pecador que va por dos caminos!
13¡Ay del corazón desfallecido que no tiene fe, | porque no será protegido!
14¡Ay de vosotros, los que habéis perdido la esperanza! | ¿Qué haréis cuando el Señor venga a visitaros?
15Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras, | los que lo aman siguen sus caminos.
16Los que temen al Señor buscan su agrado, | los que lo aman cumplen su ley.
17Los que temen al Señor tienen el corazón dispuesto, | y se humillan delante de él.
18Caigamos en manos del Señor | y no en manos de los humanos, | pues su misericordia es como su grandeza.
31Hijos, escuchad a vuestro padre, | hacedlo así y viviréis.
2Porque el Señor honra más al padre que a los hijos | y afirma el derecho de la madre sobre ellos.
3Quien honra a su padre expía sus pecados,
4y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.
5Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos | y cuando rece, será escuchado.
6Quien respeta a su padre tendrá larga vida, | y quien honra a su madre obedece al Señor.
7Quien teme al Señor honrará a su padre | y servirá a sus padres como si fueran sus amos.
8Honra a tu padre de palabra y obra, | para que su bendición llegue hasta ti.
9Porque la bendición del padre asegura la casa de sus hijos, | y la maldición de la madre arranca los cimientos.
10No te gloríes en la deshonra de tu padre, | pues su deshonra no es para ti motivo de gloria.
11Porque la gloria de un hombre es la honra de su padre, | y una madre deshonrada es la vergüenza de los hijos.
12Hijo, cuida de tu padre en su vejez | y durante su vida no le causes tristeza.
13Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él | y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.
14Porque la compasión hacia el padre no será olvidada | y te servirá para reparar tus pecados.
15En la tribulación el Señor se acordará de ti, | como el hielo ante el calor así se diluirán tus pecados.
16Quien abandona a su padre es un blasfemo, | y un maldito del Señor quien irrita a su madre.
17Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres, | y te querrán más que al hombre generoso.
18Cuanto más grande seas, más debes humillarte, | y así alcanzarás el favor del Señor.
19Muchos son los altivos e ilustres, | pero él revela sus secretos a los mansos.
20Porque grande es el poder del Señor | y es glorificado por los humildes.
21No pretendas lo que te sobrepasa, | ni investigues lo que te excede.
22Pon atención a lo que se te encomienda, | porque no tienes necesidad de cosas secretas.
23No te afanes por lo que supera tus capacidades, | pues ya te han enseñado cosas que te desbordan.
24Pues a muchos desvió su presunción, | y las falsas ilusiones extraviaron sus pensamientos.
25Si no tienes pupilas, te faltará la luz; | si careces de ciencia, no la proclames.
26Corazón obstinado mal acaba, | y el que ama el peligro en él sucumbe.
27Corazón obstinado se acarrea fatigas, | y el pecador acumula pecado tras pecado.
28La desgracia del orgulloso no tiene remedio, | pues la planta del mal ha echado en él sus raíces.
29Un corazón prudente medita los proverbios, | un oído atento es el deseo del sabio.
30El agua apaga el fuego ardiente, | y la limosna perdona los pecados.
31Quien responde con favores será recordado más tarde, | y cuando llegue la caída encontrará un apoyo.
41Hijo, no prives al pobre del sustento, | ni seas insensible a los ojos suplicantes.
2No hagas sufrir al hambriento, | ni exasperes al que vive en su miseria.
3No perturbes un corazón exasperado, | ni retrases la ayuda al indigente.
4No rechaces la súplica del atribulado, | ni vuelvas la espalda al pobre.
5No apartes los ojos del necesitado, | ni le des ocasión de maldecirte.
6Porque si te maldice lleno de amargura, | su Creador escuchará su imprecación.
7Hazte amar por la asamblea, | y ante un grande baja la cabeza.
8Inclina tu oído hacia el pobre, | y respóndele con suaves palabras de paz.
9Arranca al oprimido de la mano del opresor, | y no seas débil cuando hagas justicia.
10Sé como un padre para los huérfanos | y como un marido para su madre. | Así serás como un hijo del Altísimo, | y él te amará más que tu madre.
11La sabiduría educa a sus hijos | y se cuida de los que la buscan.
12El que la ama, ama la vida, | y los que madrugan por ella se llenarán de gozo.
13El que la adquiere heredará la gloria | y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá.
14Los que la sirven, sirven al Santo, | y a los que la aman, los ama el Señor.
15El que la escucha, juzgará a las naciones, | y el que a ella se aplica, vivirá seguro.
16Si confía en ella, la recibirá en herencia, | y sus descendientes la tendrán en posesión.
17Porque al principio lo lleva por caminos tortuosos; | le infunde miedo y temblor, | lo atormenta con su disciplina, | hasta que pueda confiar en él, | y lo pone a prueba con sus exigencias.
18Pero luego vuelve a él por el camino recto, | lo colma de alegría y le revela sus secretos.
19Si él se desvía, lo abandonará | y lo dejará a merced de su propia ruina.
20Ten en cuenta las circunstancias y guárdate del mal, | pero no te avergüences de ti mismo.
21Porque hay una vergüenza que conduce al pecado, | y hay una vergüenza que es honor y gracia.
22No tengas miramientos en perjuicio propio, | ni sientas vergüenza por tu caída.
23No dejes de hablar cuando sea necesario, | ni escondas tu sabiduría por la belleza.
24La sabiduría se revela en la palabra, | y la educación en la forma de hablar.
25No contradigas a la verdad | y avergüénzate de tu ignorancia.
26No te avergüences de confesar tus pecados, | ni te opongas a la corriente del río.
27No te sometas al insensato, | ni tengas miramientos con el poderoso.
28Hasta la muerte lucha por la verdad, | y el Señor combatirá por ti.
29No seas arrogante con tu lengua, | ni perezoso y negligente en tus obras.
30No seas como león con tu familia, | ni un cobarde con tus servidores.
31No tengas tu mano abierta para recibir | y cerrada para dar.
51No confíes en tus riquezas, | ni digas: «Con esto me basta».
2No sigas tu instinto y tu fuerza, | secundando las pasiones de tu corazón.
3Y no digas: «¿Quién puede dominarme?», | porque el Señor ciertamente te castigará.
4No digas: «He pecado, y ¿qué me ha pasado?», | porque el Señor sabe esperar.
5Del perdón no te sientas tan seguro, | mientras acumulas pecado tras pecado.
6Y no digas: «Es grande su compasión, | me perdonará mis muchos pecados», | porque él tiene compasión y cólera, | y su ira recae sobre los malvados.
7No tardes en convertirte al Señor, | ni lo dejes de un día para otro, | porque de repente la ira del Señor se enciende, | y el día del castigo perecerás.
8No confíes en riquezas injustas, | porque de nada te servirán el día de la desgracia.
9No avientes el grano con cualquier viento, | ni camines por cualquier sendero; | así lo hace el pecador que habla con doblez.
10Mantente firme en tus convicciones, | y no tengas más que una palabra.
11Sé pronto para escuchar | y tardo en responder.
12Si sabes algo, responde a tu prójimo, | pero si no, mano a la boca.
13Hablar puede traer gloria y deshonra, | y la lengua es la ruina del hombre.
14Que no te tachen de murmurador, | ni pongas emboscadas con tu lengua, | porque sobre el ladrón cae la vergüenza, | y una severa condena sobre el que habla con doblez.
15En lo grande y en lo pequeño no faltes,
61ni de amigo te vuelvas enemigo. | Porque la mala reputación trae vergüenza y desprecio; | así le sucede al pecador que habla con doblez.
2No te dejes llevar por el impulso de tu pasión, | no sea que tu ardor te desgarre como un toro,
3devore tus hojas, destruya tus frutos, | y al final te quedes como un tronco seco.
4La pasión desenfrenada arruina a quien la posee | y lo convierte en irrisión del enemigo.
5Una palabra amable multiplica los amigos, | y la lengua afable multiplica los saludos.
6Sean muchos los que estén en paz contigo, | pero tus confidentes, solo uno entre mil.
7Si haces un amigo, ponlo a prueba, | y no tengas prisa en confiarte a él.
8Porque hay amigos de ocasión, | que no resisten en el día de la desgracia.
9Hay amigos que se convierten en enemigo, | y te avergüenzan descubriendo tus litigios.
10Hay amigos que comparten tu mesa | y no resisten en el día de la desgracia.
11Cuando las cosas van bien, es como otro tú, | e incluso habla libremente con tus familiares.
12Pero si eres humillado, se pone contra ti | y se esconde de tu presencia.
13Apártate de tus enemigos | y sé cauto incluso con tus amigos.
14Un amigo fiel es un refugio seguro, | y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
15Un amigo fiel no tiene precio | y su valor es incalculable.
16Un amigo fiel es medicina de vida, | y los que temen al Señor lo encontrarán.
17El que teme al Señor afianza su amistad, | porque, según sea él, así será su amigo.
18Hijo, desde tu juventud acepta la instrucción, | y hasta la vejez encontrarás sabiduría.
19Como quien ara y siembra, acércate a ella | y espera sus buenos frutos. | Pues cultivándola te fatigarás un poco, | pero pronto comerás de sus productos.
20Es muy dura para los ignorantes, | y es insoportable para el insensato;
21como piedra pesada lo oprime, | y él no tardará en sacudírsela.
22Pues la sabiduría hace honor a su nombre, | y no se manifiesta a muchos.
23Escucha, hijo, acepta mi opinión | y no rechaces mi consejo.
24Mete los pies en sus cepos, | y el cuello en su yugo.
25Doblega la espalda y carga con ella, | y no te rebeles contra sus cuerdas.
26Acércate a ella con toda tu alma, | y con toda tu fuerza custodia sus caminos.
27Síguela, búscala, y se te manifestará, | y, una vez alcanzada, no la sueltes.
28Porque al final hallarás su descanso, | y se convertirá en tu alegría;
29sus cepos serán tu baluarte, | y sus cuerdas, un vestido de gloria;
30adorno de oro será su yugo, | y sus coyundas, cintas de púrpura.
31Como vestido de gloria te la pondrás, | y como corona de júbilo te ceñirás con ella.
32Si quieres, hijo, serás instruido, | si te aplicas totalmente, serás hábil.
33Si te gusta escuchar, aprenderás, | y si inclinas tu oído, serás sabio.
34Acude a la reunión de los ancianos, | y si hay uno que sea sabio, únete a él.
35Escucha con interés toda palabra que viene de Dios, | y que no se te escapen los proverbios agudos.
36Si ves a un hombre prudente, madruga en su busca, | y que tus pies desgasten el umbral de su puerta.
37Reflexiona sobre los preceptos del Señor | y medita siempre sus mandatos. | Él mismo fortalecerá tu corazón, | y te será concedida la sabiduría que deseas.
71No hagas el mal, y el mal no te alcanzará,
2sepárate del injusto, y él se alejará de ti.
3Hijo, no siembres en surcos de injusticia, | no sea que coseches siete veces más.
4No pidas al Señor el poder, | ni al rey un puesto de honor.
5No te hagas el justo delante del Señor, | ni te las des de sabio ante el rey.
6No aspires al puesto de juez, | no sea que no puedas erradicar la injusticia, | te acobardes ante el poderoso | y pongas una mancha en tu rectitud.
7No peques en la asamblea de la ciudad, | ni te rebajes en la comunidad.
8No cometas dos veces un pecado, | porque ni una sola quedarás impune.
9No digas: «Él tendrá en cuenta mis muchas ofrendas, | y el Dios altísimo las aceptará, cuando se las presente».
10No seas pusilánime en tu oración, | ni te olvides de hacer limosnas.
11No te burles del afligido, | pues hay uno que humilla y exalta.
12No trames engaños contra tu hermano, | ni tampoco contra tu amigo.
13Proponte no decir mentira alguna, | pues el hábito de mentir no lleva a nada bueno.
14No hables demasiado en la asamblea de ancianos, | ni repitas las palabras en tu oración.
15No desprecies el trabajo duro, | ni la labranza, pues los creó el Altísimo.
16No te unas a la multitud de pecadores, | recuerda que la ira no tardará.
17Humíllate profundamente, | porque el castigo del impío es fuego y gusanos.
18No cambies a un amigo por dinero, | ni a un hermano verdadero por el oro de Ofir.
19No repudies a una mujer sabia y buena, | pues su gracia vale más que el oro.
20No maltrates al criado que trabaja fielmente, | ni al jornalero que pone el alma en su faena.
21Ama al siervo inteligente como a ti mismo, | y no le niegues la libertad.
22¿Tienes rebaños? Cuídalos; | y si te dan ganancias, consérvalos.
23¿Tienes hijos? Edúcalos, | doblega su cerviz desde la juventud.
24¿Tienes hijas? Vigila su cuerpo, | y no les pongas cara muy risueña.
25Casa a tu hija y habrás concluido una gran tarea, | pero dásela a un hombre prudente.
26¿Tienes una esposa que te gusta? No la despidas; | pero si no la amas, no confíes en ella.
27Honra a tu padre con todo tu corazón, | y no olvides los dolores de tu madre.
28Recuerda que ellos te engendraron, | ¿qué les darás a cambio de lo que te dieron?
29Teme al Señor con toda tu alma, | y respeta a sus sacerdotes.
30Ama a tu Creador con todas tus fuerzas, | y no abandones a sus ministros.
31Teme al Señor y honra al sacerdote, | dale su porción tal como te fue prescrito: | las primicias, los sacrificios de reparación, | la pierna de los animales sacrificados, | el sacrificio de santificación | y las primicias de las cosas santas.
32Tiende también tu mano al pobre, | para que tu bendición sea completa.
33Sé generoso con todos los vivos, | y a los muertos no les niegues tu generosidad.
34No te retraigas ante los que lloran, | y aflígete con los que se afligen.
35No dejes de visitar al enfermo, | porque con estas obras te harás querer.
36En todas tus acciones ten presente tu final, | y así jamás cometerás pecado.
81No disputes con el poderoso, | no sea que caigas en sus manos.
2No pelees con el rico, | no sea que te venza con su influencia, | porque el oro ha perdido a muchos | y ha pervertido corazones de reyes.
3No disputes con un charlatán, | y no eches más leña a su fuego.
4No bromees con el insensato, | no sea que se burle de tus padres.
5No reproches al que se arrepiente del pecado, | recuerda que todos somos culpables.
6No te burles del anciano, | pues también nosotros envejeceremos.
7No te alegres de la muerte de nadie, | recuerda que todos moriremos.
8No desdeñes los discursos de los sabios, | sino ocúpate en meditar sus proverbios, | porque de ellos aprenderás instrucción | y el arte de servir a los grandes.
9No desprecies los discursos de los ancianos, | que también ellos aprendieron de sus padres; | porque de ellos aprenderás inteligencia | y a responder cuando sea necesario.
10No atices las brasas del pecador, | no sea que te quemes en sus llamas.
11No te encares con el insolente, | para que no tienda una trampa a tu boca.
12No prestes a uno más fuerte que tú, | y si le prestas, dalo por perdido.
13No salgas fiador por encima de tus posibilidades, | y si lo haces, piensa en cómo pagar.
14No entres en pleito con un juez, | ya que, dada su condición, sentenciarán a su favor.
15Con un temerario no vayas de viaje, | no sea que te complique la vida, | pues él actuará según su capricho | y a causa de su locura tú te perderás.
16No pelees con el violento, | ni atravieses con él el desierto, | porque para él la vida no tiene valor | y, cuando estés indefenso, te matará.
17Con un necio no te aconsejes, | pues es incapaz de mantener la palabra.
18Delante de un extraño no hagas nada secreto, | pues no sabes lo que sacará a la luz.
19No abras tu corazón a cualquiera, | ni le dejes que te arrebate la felicidad.
91No tengas celos de tu propia mujer, | no sea que la incites a portarse mal contigo.
2No te entregues del todo a tu mujer, | no sea que te llegue a dominar.
3No te acerques a una cortesana, | no sea que caigas en sus redes.
4No tengas trato con una coplera, | no sea que te enredes en sus artimañas.
5No te fijes demasiado en la doncella, | no sea que te castiguen por causa suya.
6No te entregues a prostitutas, | no sea que pierdas tu patrimonio.
7No andes fisgoneando por las calles de la ciudad, | ni deambules por sus parajes solitarios.
8Aparta tus ojos de una mujer hermosa, | y no te fijes en belleza ajena. | Por la belleza de una mujer muchos se perdieron, | y a su lado el amor se inflama como el fuego.
9Jamás te sientes junto a una mujer casada, | ni disfrutes del vino con ella, | no sea que tu alma se vaya tras ella | y por tu pasión resbales hacia la ruina.
10No abandones a un viejo amigo, | pues el nuevo nunca será igual. | Vino nuevo es el amigo nuevo, | cuando sea añejo, lo beberás con alegría.
11No envidies el auge del pecador, | pues no sabes cuál será su fatal desenlace.
12No te dejes fascinar por el éxito de los impíos, | recuerda que no llegarán impunes al abismo.
13Aléjate de quien tiene poder para matar, | y no tendrás que temer a la muerte. | Si te acercas a él, no te descuides, | no sea que te quite la vida. | Mira que caminas entre emboscadas | y paseas sobre la muralla de la ciudad.
14En cuanto puedas, atiende a tu prójimo | y aconséjate con los sabios.
15Conversa con los inteligentes | y habla siempre de la ley del Altísimo.
16Hombres justos compartan tu mesa, | y sea tu orgullo el temor del Señor.
17La obra es loada por la destreza del artista | y el gobernante, por su palabra sabia.
18El charlatán es temido en su ciudad, | y el deslenguado se hace odioso por sus palabras.
101Gobernante sabio instruye a su pueblo, | autoridad inteligente está bien consolidada.
2A tal gobernante, tales ministros, | a tal alcalde, tales vecinos.
3Un rey sin instrucción arruina a su pueblo, | pero la ciudad prospera por los gobernantes prudentes.
4En manos del Señor está el gobierno de la tierra, | sobre ella suscitará a su tiempo al hombre apto.
5En manos del Señor está el éxito del hombre, | y él otorga su gloria al legislador.
6Por ningún agravio guardes rencor al prójimo, | ni actúes guiado por un arrebato de insolencia.
7La soberbia es odiosa al Señor y a los humanos, | y para ambos es un delito la injusticia.
8La soberanía pasa de una nación a otra, | a causa de las injusticias, la violencia y el dinero. | Nadie es más injusto que el avaro, | pues vende hasta la propia alma.
9¿De qué se enorgullece el que es tierra y ceniza?, | ¡si ya en vida su vientre es podredumbre!
10La larga enfermedad desconcierta al médico, | y quien hoy es rey mañana también morirá.
11Cuando un hombre muere, | recibe como herencia lombrices, bichos y gusanos.
12Principio de la soberbia es alejarse del Señor | y apartar el corazón del Creador.
13Porque principio de la soberbia es el pecado, | y quien se entrega a ella hace llover abominación. | Por eso el Señor les infligió calamidades, | y los abatió completamente.
14El Señor derribó del trono a los poderosos, | y en su lugar hizo sentar a los sencillos.
15El Señor arrancó las raíces de los soberbios, | y en su lugar plantó a los humildes.
16El Señor devastó los territorios de las naciones | y los destruyó hasta los cimientos de la tierra.
17Arrebató a algunos y los destruyó, | borrando de la tierra su recuerdo.
18No se ha creado la soberbia para el ser humano, | ni la ira apasionada para el nacido de mujer.
19¿Qué raza es digna de honor? La del ser humano. | ¿Qué raza es digna de honor? Los que temen al Señor. | ¿Qué raza es despreciable? La del ser humano. | ¿Qué raza es despreciable? Los que violan los mandamientos.
20Entre hermanos, su jefe es digno de honor, | pero el Señor honra a los que le temen.
21Principio de acogida es el temor del Señor, | pero principio de rechazo son la obstinación y la soberbia.
22Rico o distinguido o pobre, | su orgullo es el temor del Señor.
23No es justo despreciar al pobre inteligente, | ni es conveniente honrar al pecador.
24El noble, el juez y el poderoso reciben honores, | pero ninguno es mayor que quien teme al Señor.
25Al criado sabio lo servirán hombres libres, | y el hombre inteligente no lo criticará.
26No presumas de sabio al hacer tu tarea, | ni te gloríes, cuando estés en aprieto.
27Más vale el que trabaja y anda sobrado | que el que alardea y carece de pan.
28Hijo, ten una moderada estima de ti mismo, | y valórate en la justa medida.
29¿Quién defenderá al que se condena a sí mismo? | ¿Quién honrará al que a sí mismo se desprecia?
30El pobre es honrado por su saber, | y el rico es honrado por su riqueza.
31Quien es apreciado en la pobreza, | ¡cuánto más lo será en la riqueza! | Y quien es despreciado en la riqueza, | ¡cuánto más lo será en la pobreza!
111La sabiduría del humilde levantará su cabeza, | y se le hará sentar entre los grandes.
2No alabes al hombre por su belleza, | ni desprecies a nadie por su aspecto.
3Pequeña es la abeja entre los animales que vuelan, | pero su producto es el más dulce.
4No presumas de los vestidos que llevas, | ni te engrías en los momentos de gloria; | pues admirables son las obras del Señor | y, sin embargo, se ocultan a los humanos.
5Muchos tiranos acabaron por los suelos, | mientras un desconocido se ceñía la corona.
6Muchos poderosos fueron abatidos, | y hombres ilustres cayeron en otras manos.
7Antes de informarte, no recrimines; | reflexiona primero y censura después.
8Antes de escuchar, no respondas, | ni interrumpas al que tiene la palabra.
9Por lo que no te incumbe, no discutas, | ni interfieras en litigios de pecadores.
10Hijo, no multipliques tus ocupaciones, | porque si mucho abarcas, no quedarás impune; | y por más que corras, no alcanzarás, | y por más que quieras huir, no escaparás.
11Hay quien trabaja, se fatiga y apresura, | y a pesar de esto está más necesitado.
12Hay quien es débil y necesita ayuda, | carece de bienes y le sobra pobreza, | pero el Señor lo mira con benevolencia, | lo rescata de su humillación,
13le hace levantar la cabeza | y muchos se asombran al verlo.
14Bien y mal, vida y muerte, | pobreza y riqueza vienen del Señor.
15La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la ley vienen del Señor, | el amor y la buena conducta son de él;
16la insensatez y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; | los que se complacen en el mal, envejecerán en él.
17El don del Señor permanece con los piadosos, | y su benevolencia los guiará siempre hacia el éxito.
18Hay quien se hace rico a fuerza de trabajar y ahorrar, | y esta es la parte de su recompensa:
19cuando dice: «Ahora ya puedo descansar | y disfrutar de todos mis bienes», | no sabe cuánto tiempo pasará, | hasta que tenga que dejarlo todo a otros y muera.
20Sé fiel en tu deber y dedícate a él, | y envejece en tu tarea.
21No admires las obras del pecador, | mas confía en el Señor y sé constante en tu esfuerzo, | porque es cosa fácil para el Señor | enriquecer al pobre de repente, en un instante.
22La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, | en un instante hace florecer su generosidad.
23No digas: «¿Qué necesito?, | o ¿qué bienes podría conseguir todavía?».
24No digas: «Ya tengo bastante, | ¿qué mal puede sucederme ahora?».
25En día de bienes, se olvidan los males, | en día de males, se olvidan los bienes;
26porque es fácil para el Señor, en el día de la muerte, | pagar a cada uno según su conducta.
27El mal momentáneo hace olvidar el gozo, | pero cuando el hombre se acerca al fin se descubren sus obras.
28Antes de la muerte no felicites a nadie, | porque solo en su final se conoce a la persona.
29No metas a cualquiera en tu casa, | pues son muchas las mañas del astuto.
30Perdiz cautiva en jaula | es el corazón del orgulloso: | un espía al acecho de tu caída.
31Trama insidias cambiando el bien en mal, | y deshonra las cosas más dignas.
32Una chispa enciende un brasero, | así el pecador acecha en busca de sangre.
33Guárdate del malvado, que maquina el mal, | no sea que te deshonre para siempre.
34Mete en casa a un extraño y te causará problemas, | te hará sentir extraño con tu propia familia.
121Si haces el bien, mira a quién, | y sacarás provecho de tus favores.
2Haz bien al piadoso y obtendrás recompensa, | si no de él mismo, al menos del Altísimo.
3Ningún beneficio para el que persiste en el mal, | ni para quien se niega a hacer limosna.
4Da al que es piadoso, pero no ayudes al pecador.
5Haz el bien al humilde, pero no des nada al malvado; | niégale el pan, no se lo des, | porque podría utilizarlo para dominarte, | y tú recibirías el doble de mal | por el bien que le habrías hecho.
6Que también el Altísimo odia a los pecadores, | y se vengará de los malvados; | los protege en vistas al día de su castigo.
7Da al que es bueno, | pero no ayudes al pecador.
8No se conoce al amigo en la prosperidad, | ni se oculta al enemigo en la adversidad.
9Cuando uno prospera, sus enemigos se entristecen, | pero en la adversidad, hasta su amigo lo abandona.
10No te fíes nunca de tu enemigo, | pues su maldad es como bronce que se oxida.
11Aunque se haga el humilde y camine con la cabeza baja, | ten cuidado y desconfía de él. | Compórtate con él como quien pule un espejo, | y verás que la herrumbre no lo corroe del todo.
12No lo pongas junto a ti, | no sea que te derribe y te quite el puesto. | No lo sientes a tu derecha, | no sea que pretenda ocupar tu asiento, | y que al final comprendas mis palabras | y te pese recordar mis consejos.
13¿Quién se compadece del encantador mordido por la serpiente | y de todos los que se acercan a las fieras?
14Lo mismo le ocurre al que anda con el pecador | y se enreda con sus pecados.
15Por un tiempo el pecador permanecerá contigo, | pero si sucumbes, no te soportará.
16El enemigo habla con labios melosos, | pero en su corazón trama cómo arrojarte a la fosa. | El enemigo tiene lágrimas en los ojos, | pero llegada la ocasión, no se saciará de verter sangre.
17Si te ocurre una desgracia, allí lo encontrarás | y, fingiendo ayudarte, te pondrá la zancadilla.
18Meneará la cabeza, aplaudirá, | hablará largo rato entre dientes y cambiará de cara.
131El que toca la pez se mancha, | el que se junta a un soberbio acabará siendo como él.
2No cargues un peso superior a tus fuerzas, | ni te juntes a uno más fuerte y rico que tú. | ¿Cómo se puede juntar el cántaro con la olla? | Chocará con ella y se romperá.
3El rico ofende y encima se irrita, | el pobre es ofendido y encima se excusa.
4Si le eres útil, te utilizará, | y si eres torpe, te abandonará.
5Si tienes bienes, se asociará contigo | y te despojará sin que le duela.
6Si te necesita, te engañará, | te sonreirá y te dará esperanzas; | te hablará amablemente | y dirá: «¿Qué necesitas?».
7Te avergonzará en sus banquetes, | te despojará dos o tres veces | y acabará burlándose de ti. | Y después, si te ve, te evitará | y meneará la cabeza mofándose de ti.
8Procura que no te engañen, | que no te humillen por tu insensatez.
9Si te invita un poderoso, mantente a distancia, | así te llamará con mayor insistencia.
10No te adelantes, no sea que te rechace, | ni te quedes muy lejos, no sea que te olvide.
11No pretendas hablar con él de igual a igual, | ni te fíes de sus muchas palabras, | pues con su palabrería te pondrá a prueba | y sonriendo te examinará.
12Es un despiadado que no guarda sus palabras | y no te ahorrará ni golpes ni cadenas.
13Ten cuidado y pon mucha atención, | porque caminas junto a tu propia ruina.
14Si escuchas estas cosas en sueños, despierta; | ama al Señor durante toda tu vida | e invócalo para que te salve.
15Todo animal ama a su semejante, | y todo hombre a su prójimo.
16Todo viviente se une con su especie, | y todo hombre se junta a su semejante.
17¿Cómo puede convivir el lobo con el cordero? | Lo mismo ocurre con el pecador y el piadoso.
18¿Qué paz puede haber entre la hiena y el perro?, | y ¿qué paz puede haber entre el rico y el pobre?
19Los asnos salvajes son presa de los leones en el desierto, | así los pobres son presa de los ricos.
20El soberbio aborrece la humildad, | y así el rico aborrece al pobre.
21Cuando el rico se tambalea, sus amigos lo sostienen, | pero cuando el humilde cae, sus amigos lo rechazan.
22Cuando el rico resbala, muchos lo sujetan, | y si dice estupideces, le dan la razón; | cuando el pobre resbala, se lo reprochan, | y si habla con sensatez, no le hacen caso.
23Habla el rico y todos callan, | y ponen sus palabras por las nubes. | Habla el pobre y dicen: «¿Quién es este?». | Y si tropieza, lo ayudan a caer.
24Buena es la riqueza adquirida sin pecado, | mala es la pobreza en boca del impío.
25El corazón de una persona cambia su rostro, | sea para bien, sea para mal.
26Un rostro alegre revela un buen corazón; | inventar proverbios es un ejercicio difícil.
141Dichoso el hombre que no ha faltado de palabra, | ni sufre remordimientos por sus pecados.
2Dichoso aquel cuya conciencia nada le reprocha, | ni ha perdido la esperanza.
3No es buena la riqueza para el mezquino, | y al avaro, ¿de qué le sirve el dinero?
4El que con privaciones acumula, para otros acumula, | y de sus bienes otros disfrutarán.
5El que es tacaño consigo mismo, ¿con quién será generoso?, | ni siquiera disfruta de sus propios bienes.
6Nadie peor que el avaro consigo mismo, | esa es la paga de su maldad.
7Si hace algo bueno es por descuido | y al final manifiesta su maldad.
8El hombre avaricioso es malvado, | desvía la mirada y desprecia a los demás.
9El codicioso nunca está satisfecho con su suerte, | pues la codicia malsana seca el alma.
10El tacaño hasta el pan escatima, | y en su propia mesa pasa hambre.
11Hijo, en cuanto te sea posible, cuida de ti mismo | y presenta dignamente tus ofrendas al Señor.
12Recuerda que la muerte no puede tardar, | y que el decreto del abismo no te ha sido revelado.
13Antes de morir, haz el bien a tu amigo, | según tus posibilidades, sé generoso con él.
14No te prives de pasar un día feliz, | no dejes escapar un deseo legítimo.
15¿No dejarás a otro el fruto de tu trabajo | y de tus fatigas, para que se lo repartan a suertes?
16Da y recibe, disfruta de la vida, | porque en el abismo no hay que esperar satisfacciones.
17Todo viviente envejece como un vestido, | pues es ley eterna que hay que morir.
18Como las hojas verdes de un árbol frondoso, | que unas caen y otras brotan, | así las generaciones de carne y sangre: | unas mueren y otras nacen.
19Toda obra corruptible desaparece, | y su autor se va con ella.
20Dichoso el hombre que se aplica a la sabiduría | y razona con su inteligencia.
21Dichoso el que presta atención a sus caminos | y se fija en sus secretos;
22sale en su busca como un cazador | y se pone al acecho en sus caminos;
23se asoma a sus ventanas | y a sus puertas escucha;
24acampa muy cerca de su casa | y clava una estaca en sus muros;
25monta su tienda junto a ella | y acampa en morada apacible;
26pone sus hijos a su abrigo | y bajo sus ramas se cobija;
27a su sombra se protege del calor | y habita al reparo de su gloria.
151Así obra el que teme al Señor, | el que observa la ley alcanza la sabiduría.
2Ella le sale al encuentro como una madre | y lo acoge como una joven esposa.
3Lo alimenta con pan de inteligencia | y le da a beber agua de sabiduría.
4Si se apoya en ella, no vacilará, | si se aferra a ella, no quedará defraudado.
5Ella lo ensalzará sobre sus compañeros | y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
6Encontrará gozo y corona de júbilo, | y un nombre eterno recibirá en herencia.
7Jamás la alcanzarán los insensatos | y los pecadores nunca la verán.
8Está lejos de los orgullosos, | y los mentirosos nunca se acuerdan de ella.
9En la boca del pecador no cabe la alabanza, | porque el Señor no se la ha concedido.
10Pues la alabanza se proclama con sabiduría, | y es el Señor quien la inspira.
11No digas: «Por culpa del Señor me he desviado», | porque lo que él detesta no lo hace.
12No digas: «Él me ha extraviado», | porque él no tiene necesidad del pecador.
13El Señor detesta la abominación | y tampoco la quieren los que le temen.
14Al principio él creó al hombre | y lo dejó en poder de su propio albedrío.
15Si quieres, guardarás los mandamientos | y permanecerás fiel a su voluntad.
16Él te ha puesto delante fuego y agua, | extiende tu mano a lo que quieras.
17Ante los hombres está la vida y la muerte, | y a cada uno se le dará lo que prefiera.
18Porque grande es la sabiduría del Señor, | fuerte es su poder y lo ve todo.
19Sus ojos miran a los que le temen, | y conoce todas las obras del hombre.
20A nadie obligó a ser impío, | y a nadie dio permiso para pecar.
161No desees una multitud de hijos inútiles, | no te goces de tener hijos impíos.
2Aunque sean muchos, no te alegres, | si no tienen temor del Señor.
3No confíes en su larga vida, | ni te creas seguro a causa de su número. | Sufrirás a causa de un dolor prematuro | y repentinamente conocerás su final. | Que más vale uno que mil, | y morir sin hijos, que tenerlos impíos.
4Un solo hombre inteligente repoblará la ciudad, | pero la raza de los sin ley quedará desolada.
5Muchas cosas como estas vieron mis ojos, | y cosas aún más graves oyeron mis oídos.
6En la asamblea de los pecadores se enciende el fuego, | contra la nación rebelde se inflamó la ira.
7El Señor no perdonó a los antiguos gigantes, | los que se rebelaron a causa de su fuerza.
8No perdonó a los vecinos de Lot, | a los que aborrecía por su soberbia.
9No se apiadó de la nación corrompida, | de los que alardeaban de sus pecados. | Todo esto se lo hizo a las naciones de corazón endurecido, | y pese a la abundancia de sus santos no se dejó conmover.
10Y así trató a los seiscientos mil de a pie | amotinados por su dureza de corazón. | Con golpes y misericordia los castigó y curó, | el Señor los protegió con piedad y disciplina.
11Aunque solo hubiera uno de dura cerviz, | sería asombroso que quedara impune; | pues misericordia e ira están con él; | es poderoso cuando perdona y cuando descarga su ira.
12Tan grande como su misericordia es su severidad, | y juzga al hombre según sus obras.
13No escapará el pecador con su rapiña, | ni se frustrará la paciencia del piadoso.
14Reservará un sitio para el que da limosna, | cada uno recibirá según sus obras.
15El Señor hizo que el faraón se obstinara para que no lo reconociese; | puso así de manifiesto su poder bajo el cielo.
16En toda la creación se manifiesta su misericordia, | y ha repartido su luz y oscuridad a los humanos.
17No digas: «Me esconderé del Señor, | y, ¿quién se acordará de mí allá arriba? | Entre la gran muchedumbre no seré reconocido, | pues, ¿quién soy yo en la inmensa creación?».
18Mira el cielo y los cielos altísimos, | el abismo y la tierra se estremecen ante su visita. | Todo el universo fue creado y existe por su voluntad.
19Los montes y los cimientos de la tierra | tiemblan de espanto bajo su mirada.
20Pero en estas cosas no piensa el corazón, | ¿quién presta atención a su conducta?
21Como una tempestad que el humano no ve, | la mayoría de sus obras se realizan en secreto.
22Las obras de justicia, ¿quién las anuncia?, | o ¿quién las espera?, pues la alianza está lejos. | Y el examen de todas las cosas será al final.
23Estas cosas piensa el insensato; | el estúpido y descarriado solo piensa necedades.
24Escúchame, hijo, y aprende la ciencia, | y aplica tu corazón a mis palabras.
25Revelaré con mesura la instrucción, | y con precisión anunciaré la ciencia.
26Cuando al principio el Señor creó sus obras, | después de hacerlas, determinó sus funciones.
27Ordenó para siempre su actividad, | y sus dominios por todas sus generaciones. | No tienen hambre ni se cansan, | y eso que no abandonan su tarea.
28Ninguna choca con su compañera, | y jamás desobedecen su palabra.
29Después de esto el Señor miró a la tierra | y la colmó de sus bienes.
30Cubrió su faz con toda clase de vivientes, | y todos volverán a ella.
171El Señor creó al ser humano de la tierra, | y a ella lo hará volver de nuevo.
2Concedió a los humanos días contados y un tiempo fijo, | y les dio autoridad sobre cuanto hay en la tierra.
3Los revistió de una fuerza como la suya | y los hizo a su propia imagen.
4Hizo que todo ser viviente los temiese, | para que dominaran sobre fieras y aves.
5Recibieron el uso de las cinco operaciones del Señor, | como sexta, les concedió participar de la inteligencia; | y como séptima, la palabra intérprete de sus operaciones.
6Discernimiento, lengua y ojos, | oídos y corazón les dio para pensar.
7Los llenó de ciencia y entendimiento, | y les enseñó el bien y el mal.
8Puso su mirada en sus corazones,
9para mostrarles la grandeza de sus obras, | y les concedió gloriarse por siempre de sus maravillas.
10Por eso alabarán su santo nombre, | para contar la grandeza de sus obras.
11Puso delante de ellos la ciencia, | y les dejó en herencia una ley de vida, | para que piensen que los que ahora viven son mortales.
12Estableció con ellos una alianza eterna, | y les enseñó sus decretos.
13Sus ojos vieron la grandeza de su gloria | y sus oídos oyeron su voz gloriosa.
14Les dijo: «Guardaos de toda iniquidad», | y les dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.
15La conducta humana está siempre ante Dios, | no puede ocultarse a sus ojos.
16Desde la juventud sus caminos conducen al mal | y no son capaces de transformar | sus corazones de piedra en corazones de carne.
17Pues al repartir las naciones de toda la tierra, | a cada nación asignó un jefe, | pero la porción del Señor es Israel;
18a este, por ser el primogénito, lo cuida con disciplina | y le dispensa la luz del amor sin abandonarlo.
19Para el Señor todas sus obras son como el sol, | y sus ojos están siempre sobre su conducta.
20No se le pueden ocultar injusticias de ellos, | y todos sus pecados están delante del Señor.
21Pero el Señor, que es bueno y conoce su imagen, | no los rechaza ni los abandona, sino que los perdona.
22La limosna del hombre es para él como un sello, | y custodia la generosidad como la niña del ojo. | Reparte arrepentimiento entre sus hijos e hijas.
23Después de esto se levantará y les retribuirá, | y dará a cada uno su recompensa.
24Pero a los que se arrepienten les permite volver, | y consuela a los que han perdido la esperanza.
25Retorna al Señor y abandona el pecado, | reza ante su rostro y elimina los obstáculos.
26Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia | —pues él mismo te guiará de las tinieblas a la luz salvífica— | y detesta con toda el alma la abominación.
27En el abismo ¿quién alabará al Altísimo | como lo hacen los vivos y quienes le dan gracias?
28Para el muerto, como quien no existe, desaparece la alabanza, | solo el que está vivo y sano alaba al Señor.
29¡Qué grande es la misericordia del Señor | y su perdón para los que retornan a él!
30El hombre no puede tenerlo todo, | porque ningún humano es inmortal.
31¿Qué hay más luminoso que el sol?, y también se eclipsa; | los que son carne y sangre maquinan el mal.
32Dios pasa revista al ejército de las alturas celestes; | los hombres son todos polvo y ceniza.
181El que vive eternamente lo creó todo por igual;
2solo el Señor es reconocido justo, | y no hay otro fuera de él.
3Gobierna el mundo con la palma de su mano, | y todo obedece a su voluntad, | pues él con su poder es rey de todos, | separando en ellos las cosas santas de las profanas.
4A nadie permitió que anunciara sus obras. | ¿Quién rastreará sus maravillas?
5¿Quién medirá el poder de su majestad? | ¿Quién conseguirá narrar sus misericordias?
6No hay nada que quitar, ni nada que añadir, | ni se pueden rastrear las maravillas del Señor.
7Cuando el hombre termina, entonces empieza, | cuando se detiene, entonces queda asombrado.
8¿Qué es el hombre?, ¿para qué sirve?, | ¿cuál es su bien y cuál su mal?
9Los días del hombre son cien años como mucho; | el día más imprevisible de todos es el de la muerte.
10Como gota de agua en el mar, como grano de arena, | así son sus pocos años frente a un día de la eternidad.
11Por eso el Señor es paciente con los humanos | y derrama sobre ellos su misericordia.
12Él ve y sabe que el fin de ellos es miserable, | por eso multiplica su perdón.
13El hombre se compadece de su prójimo, | el Señor, de todo ser viviente. | Él reprende, adoctrina, enseña | y guía como un pastor a su rebaño.
14Se compadece de los que acogen la instrucción | y de los que se afanan por sus decretos.
15Hijo, a los favores no añadas un reproche, | ni a cada regalo palabras ofensivas.
16¿No mitiga el rocío el calor ardiente? | Así una palabra es mejor que un regalo.
17¿No vale más una palabra que un buen obsequio? | Ambas cosas son propias del hombre caritativo.
18El necio reprocha sin caridad, | y el regalo del avaro consume los ojos.
19Antes de hablar, infórmate, | y antes de caer enfermo, cuídate.
20Antes del juicio, examínate a ti mismo, | y a la hora de la visita encontrarás perdón.
21Antes de caer enfermo, humíllate, | y cuando peques, muestra arrepentimiento.
22Nada te impida cumplir un voto a tiempo, | y no esperes a la muerte para cumplirlo.
23Antes de hacer una promesa, prepárate, | y no seas como uno que tienta al Señor.
24Acuérdate de la ira de los últimos días, | y del momento del castigo, cuando él aparte su rostro.
25En tiempo de abundancia acuérdate de la carestía, | de la pobreza y la indigencia en los días de riqueza.
26De la mañana a la tarde cambia el tiempo, | y todo pasa deprisa delante del Señor.
27La persona sabia en todo es precavida, | y en ocasión de pecado se abstiene de la culpa.
28Todo el que es prudente conoce la sabiduría, | y esta rinde homenaje a quien la encuentra.
29Los prudentes en el hablar también se hacen sabios | y derraman como lluvia proverbios acertados. | Es mejor poner la confianza en un solo amo | que confiarse a un difunto con corazón muerto.
30No vayas detrás de tus pasiones | y pon un freno a tus deseos.
31Si te concedes la satisfacción de la pasión, | serás el hazmerreír de tus enemigos.
32No te deleites con muchos placeres, | para no empobrecerte a su costa.
33No te arruines festejando con dinero prestado, | cuando no tienes nada en la bolsa, | pues serás uno que insidia contra la propia vida.
191Un obrero bebedor nunca se hará rico, | y el que desprecia lo pequeño poco a poco caerá.
2Vino y mujeres pervierten a los sensatos, | y el que anda con prostitutas aún es más temerario.
3Larvas y gusanos serán su herencia, | el temerario será eliminado.
4El que pronto se confía no tiene juicio, | y el que peca, a sí mismo se perjudica.
5El que se complace en el mal será condenado, | pero el que resiste a los placeres corona su vida.
6El que domina la lengua vivirá sin peleas, | y el que detesta la palabrería evita el mal.
7No repitas nunca un chisme | y no sufrirás ningún daño;
8ni a amigo ni a enemigo se lo cuentes, | y si para ti no es pecado, no lo descubras,
9pues el que te escucha desconfiará de ti | y, llegada la ocasión, te despreciará.
10¿Has oído algo? ¡Muera contigo! | ¡Tranquilo, que no reventarás!
11El necio oye una noticia y ya siente dolores, | como la mujer que va a dar a luz un hijo.
12Flecha clavada en el muslo | es la noticia en las entrañas del necio.
13Pregunta a tu amigo: quizá no ha hecho nada, | y si lo hizo, para que no vuelva a hacerlo.
14Pregunta a tu prójimo: quizá no ha dicho nada, | y si lo dijo, para que no lo repita.
15Pregunta a tu amigo, pues a menudo se trata de calumnia, | y no te creas todo lo que se dice.
16Hay quien resbala sin querer, | pero, ¿quién no ha pecado con su lengua?
17Pregunta a tu prójimo antes de censurarlo, | y deja que se cumpla la ley del Altísimo.
18El temor del Señor es principio de acogida, | la sabiduría obtiene de él el amor.
19El conocimiento de los mandatos del Señor es instrucción de vida; | los que hacen lo que le agrada obtendrán los frutos del árbol de la inmortalidad.
20Toda sabiduría es temor del Señor, | y en toda sabiduría está la práctica de la ley | y el conocimiento de su omnipotencia.
21Un criado que dice al amo: «No haré lo que te agrada», | aunque después lo haga, irrita a quien le da de comer.
22No es sabiduría el conocimiento del mal, | ni prudencia la deliberación de los pecadores.
23Hay una habilidad que es abominación | y hay un insensato que carece de sabiduría.
24Más vale uno corto de inteligencia pero que teme al Señor, | que uno muy inteligente pero que infringe la ley.
25Hay una habilidad perfecta que es injusta, | y hay quien intriga para obtener un juicio favorable, | pero el sabio es justo en el juicio.
26Hay quien hace el mal encorvado por la pena, | pero su interior está lleno de engaño.
27Se cubre la cara y se hace el sordo, | pero, cuando nadie lo vea, te tomará la delantera,
28y, si por falta de fuerzas se priva de pecar, | en cuanto encuentre la ocasión, hará el mal.
29Por el aspecto se conoce al hombre, | y por el rostro se conoce al inteligente.
30El vestido del hombre, la sonrisa de su boca | y el modo de caminar revelan lo que es.
201Hay reprensión inoportuna, | y hay quien calla por prudencia.
2¡Cuánto mejor reprender que enfadarse! |
3El que se confiesa culpable evita la humillación.
4Eunuco empeñado en desflorar a una doncella, | así es el que impone la justicia por la fuerza.
5Hay quien calla pasando por sabio, | y hay quien se hace odioso por su verborrea.
6Hay quien calla porque no tiene respuesta, | y hay quien calla porque conoce el momento oportuno.
7El sabio guarda silencio hasta el momento oportuno, | pero el fanfarrón e insensato deja pasar la oportunidad.
8El charlatán se hace abominable, | y el que pretende imponerse se hace odioso. | ¡Qué hermoso es mostrar arrepentimiento cuando a uno lo reprenden! | Así, pues, evitarás un pecado voluntario.
9Hay quien en la desgracia encuentra fortuna, | y hay ganancia que trae pérdidas.
10Hay regalo que no te aprovecha, | y hay regalo que rinde el doble.
11Hay humillación que viene de la gloria, | y hay quien de la postración levanta cabeza.
12Hay quien compra mucho con poco, | y luego lo paga siete veces más caro.
13El sabio se hace amable con sus palabras, | mientras las lisonjas del necio son inútiles.
14El regalo del necio no te aprovecha, | así tampoco el del avaro, hecho por necesidad, | pues sus ojos, en lugar de uno, son muchos;
15da poco y te echa en cara mucho, | abre la boca como un pregonero; | presta hoy y mañana reclama; | una persona así es detestable.
16Dice el necio: «No tengo ni un amigo | y nadie agradece mis favores. | Los que comen mi pan son malas lenguas».
17¡Cuántos y cuántas veces se reirán de él! | Pues no acoge con recto entendimiento lo que tiene, | ni es indiferente ante lo que no tiene.
18Mejor es resbalar en el suelo que con la lengua, | así la caída de los malos llegará rápidamente.
19Persona sin educación es como chiste inoportuno: | está siempre en boca de ignorantes.
20De la boca del necio no se acepta un proverbio, | pues nunca lo dice en el momento adecuado.
21A algunos la indigencia los aleja del pecado, | y cuando llega el descanso, no tienen remordimientos.
22Hay quien se pierde por vergüenza, | y quien se pierde por hacer caso de un insensato.
23Hay quien por vergüenza hace promesas al amigo, | y lo convierte en enemigo innecesariamente.
24Grave defecto para una persona es la mentira | y está siempre en boca de ignorantes.
25Mejor ladrón que mentiroso empedernido, | pero ambos heredarán la perdición.
26El hábito del mentiroso es una deshonra, | la vergüenza lo acompaña siempre.
27El sabio se abre camino con las palabras, | y el prudente agrada a los grandes.
28El que cultiva la tierra aumentará su cosecha, | y el que agrada a los grandes expía la injusticia.
29Presentes y regalos ciegan los ojos de los sabios, | y como bozal en boca ahoga el reproche.
30Sabiduría oculta y tesoro invisible, | ¿para qué sirven una y otro?
31Más vale el que oculta su necedad | que el que oculta su sabiduría.
32Más vale constancia inflexible en la búsqueda del Señor | que conducir sin control el carro de la propia vida.
211Hijo, ¿has pecado? No lo hagas más, | y por tus faltas pasadas pide perdón.
2Huye del pecado como de una serpiente, | pues, si te acercas, te morderá. | Dientes de león son sus dientes, | que destrozan vidas humanas.
3Espada de doble filo es la trasgresión, | no hay remedio para su herida.
4Terror y violencia devastan la riqueza, | así la casa del soberbio será arrasada.
5La oración del pobre llega a los oídos de Dios, | y le hará justicia inmediatamente.
6El que odia la reprensión sigue las huellas del pecador, | y el que teme al Señor se convierte de corazón.
7De lejos se conoce al deslenguado, | pero el sensato reconoce sus deslices.
8El que edifica su casa con dinero ajeno | es como el que amontona piedras para su tumba.
9Como haz de estopa es la reunión de los malvados, | y su final es una llamarada de fuego.
10El camino de los pecadores está bien adoquinado, | pero desemboca en lo hondo del abismo.
11El que guarda la ley domina sus pensamientos, | y el culmen del temor del Señor es la sabiduría.
12Quien no es habilidoso no aprenderá, | pero hay una habilidad que aumenta la amargura.
13La ciencia del sabio crece como un torrente, | y su consejo como fuente de vida.
14La mente del necio es como una vasija rota | y no retiene ningún conocimiento.
15Si el instruido oye una palabra sabia, | la elogia y le añade otra; | si la oye el imbécil, se burla de ella | y se la echa a la espalda.
16La explicación del necio es como fardo en el camino, | pero en los labios del inteligente se encuentra la gracia.
17La opinión del sensato es requerida en la asamblea, | y sus palabras se meditan en el corazón.
18Casa en ruinas es la sabiduría del necio, | y la ciencia del tonto, palabras incoherentes.
19Como cepos en los pies es la educación para el bobo, | como esposas en su mano derecha.
20El necio ríe estrepitosamente, | mientras el sabio apenas sonríe en silencio.
21Joya de oro es la educación para el sensato, | es como brazalete en su brazo derecho.
22El necio irrumpe en casa ajena, | el experimentado se presenta con respeto.
23El insensato fisgonea la casa desde la puerta, | el hombre bien educado se espera fuera.
24Es falta de educación escuchar detrás de la puerta, | el sensato se avergüenza de ello.
25Los charlatanes hablan con insistencia, | los sensatos miden sus palabras.
26Los necios tienen el corazón en la boca, | los sabios tienen la boca en el corazón.
27Cuando el impío maldice a su adversario, | a sí mismo se maldice.
28El murmurador se perjudica a sí mismo, | y el vecindario lo detesta.
221El perezoso se parece a una piedra enfangada, | y todos le silban al ver su indignidad.
2El perezoso se parece a una bola de excrementos, | todo el que la toca se sacude la mano.
3Vergüenza del padre tener un hijo maleducado, | pero si es una hija, será su ruina.
4La hija sensata es la herencia de su marido, | y la desvergonzada entristece al que la engendró.
5La descarada avergüenza al padre y al marido, | y los dos la desprecian.
6Música en duelo es advertencia inoportuna, | pero azotes y corrección en todo tiempo son sabiduría.
7Los hijos que tienen de qué vivir con una vida honrada | hacen olvidar el origen oscuro de sus padres;
8los hijos altaneros y que se enorgullecen sin educación | deshonran la nobleza de su linaje.
9Enseñar al necio es como pegar cascotes, | como despertar al que duerme un sueño profundo.
10Conversar con el necio es conversar con un adormilado, | al final dirá: «¿De qué se trata?».
11Llora por el muerto, pues ha perdido la luz, | llora por el necio, pues ha perdido la inteligencia; | llora tiernamente al muerto, porque ya descansa; | con todo, la vida del necio es peor que la muerte.
12El duelo por un muerto dura siete días, | pero por un necio e impío, todos los días de su vida.
13Con el insensato no multipliques las palabras, | y con el tonto no vayas de camino; | obtuso como es, despreciará todas tus cosas. | Guárdate de él, no sea que tengas un disgusto | y te contamines con su roce. | Apártate de él y encontrarás reposo, | y no te irrites por su estupidez.
14¿Qué hay más pesado que el plomo?, | y ¿cuál es su nombre sino «necio»?
15Arena, sal y bola de hierro | son más fáciles de llevar que el insensato.
16Armazón de madera bien trabado en una casa | no se desmorona con un terremoto; | así el corazón asentado en reflexión madura, | en el momento del peligro no se acobarda.
17Corazón apoyado en deliberación inteligente | es como estuco de arena en pared bien lijada.
18Empalizada puesta en lo alto | no resiste ante el viento; | así el corazón cobarde amparado en ideas necias | no resiste ante el temor.
19Quien hiere el ojo, hace saltar lágrimas, | y quien hiere el corazón, descubre el sentimiento.
20Quien tira una piedra a un pájaro, lo ahuyenta, | y quien injuria a un amigo, rompe la amistad.
21Si has empuñado la espada contra tu amigo, | no desesperes, pues aún puede haber vuelta atrás;
22si has abierto la boca contra tu amigo, | no temas, pues aún puede haber reconciliación, | a menos que haya injuria, soberbia, | revelación de secreto o golpe a traición; | en estos casos tu amigo se escapará.
23Gánate la confianza del prójimo en su pobreza, | para que en su prosperidad puedas disfrutar con él; | en tiempo de tribulación permanece a su lado, | para que, cuando herede, heredes con él. | Pues, no siempre hay que despreciar la apariencia, | ni debe maravillar que el rico no tenga sentido común.
24Antes del fuego salen del horno vapor y humo, | así antes de la sangre aparecen las injurias.
25Nunca me avergonzaré de proteger a un amigo, | y no me esconderé de su presencia;
26y si por causa suya me ocurre algún mal, | todo el que se entere se guardará de él.
27¿Quién pondrá una custodia a mi boca | y un sello de prudencia en mis labios, | para que yo no caiga por causa suya, | y mi lengua no me pierda?
231¡Oh Señor, padre y dueño de mi vida, | no me abandones a su capricho, | y no me dejes caer por su culpa!
2¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, | y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, | para que no queden impunes mis faltas, | ni se pasen por alto mis pecados?
3No sea que mis errores aumenten | y se multipliquen mis pecados, | que yo caiga ante mis adversarios, | y mi enemigo se burle de mí; | para ellos está lejos la esperanza de tu misericordia.
4Señor, padre y Dios de mi vida, | no dejes que sea altiva mi mirada,
5y aparta de mí la concupiscencia.
6Que la sensualidad y la lujuria no se apoderen de mí, | no me entregues a una pasión vergonzosa.
7Escuchad, hijos, la instrucción sobre el hablar, | quien la guarde no quedará atrapado.
8El pecador se enreda en sus propios labios, | el calumniador y el soberbio tropiezan en ellos.
9No habitúes tu boca al juramento, | ni te acostumbres a nombrar al Santo.
10Pues, igual que un criado continuamente vigilado | no quedará libre de golpes, | así el que jura y nombra a Dios a todas horas | no quedará libre de pecado.
11El hombre que mucho jura se llena de maldad, | y el látigo no se apartará de su casa. | Si se equivoca, su pecado le cae encima, | y si no cumple, peca dos veces, | Si jura en falso, no será absuelto: | su casa ciertamente se llenará de desgracias.
12Hay un lenguaje equiparable a la muerte: | ¡que no se encuentre en la heredad de Jacob! | Pues los piadosos están lejos de todas estas cosas | y no se revuelcan en los pecados.
13No te acostumbres a la baja grosería, | porque en ella hay motivo de pecado.
14Acuérdate de tu padre y de tu madre, | cuando te sientes en medio de los grandes, | no sea que te descuides ante ellos | y, comportándote como un necio, | llegues a desear no haber nacido | y a maldecir el día de tu nacimiento.
15El que está acostumbrado a injurias | no se corregirá en toda su vida.
16Dos clases de personas multiplican los pecados, | y una tercera provoca la ira:
17el sensual que arde como el fuego | no se apagará hasta consumirse; | el lujurioso con su propia familia | no cejará hasta que el fuego lo abrase; | para el lujurioso cualquier pan es dulce, | no descansará hasta que haya muerto.
18El que es infiel a su mujer | dice para sí: «¿Quién me ve?, | la oscuridad me envuelve y las paredes me encubren, | y nadie me ve, ¿qué he de temer?; | el Altísimo no se acordará de mis pecados».
19Solo teme los ojos de los humanos, | y no sabe que los ojos del Señor | son diez mil veces más brillantes que el sol, | observan todos los caminos de los humanos, | y penetran hasta los rincones más ocultos.
20Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, | y también lo son después de concluidas.
21Este hombre será castigado en las plazas de la ciudad, | y cuando menos lo espere, será detenido.
22Así también la mujer que es infiel a su marido, | y le da un heredero nacido de un extraño.
23Primero, ha desobedecido la ley del Altísimo; | segundo, ha faltado a su marido; | tercero, se ha prostituido con adulterio | y le ha dado hijos de un extraño.
24Esta será llevada a la asamblea, | y el castigo caerá sobre sus hijos.
25Sus hijos no echarán raíces, | y sus ramas no darán frutos.
26Dejará un recuerdo maldito, | y su infamia no se borrará.
27Y los que vengan después de ella reconocerán | que nada es mejor que el temor del Señor, | nada más dulce que guardar sus mandamientos.
28Grande gloria es seguir a Dios, | abundancia de días, que tú seas acogido por él.
241La sabiduría hace su propia alabanza, | encuentra su honor en Dios | y se gloría en medio de su pueblo.
2En la asamblea del Altísimo abre su boca | y se gloría ante el Poderoso.
3«Yo salí de la boca del Altísimo, | y como niebla cubrí la tierra.
4Puse mi tienda en las alturas, | y mi trono era una columna de nube.
5Sola recorrí la bóveda del cielo | y me paseé por la profundidad del abismo.
6Goberné sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, | sobre todos los pueblos y naciones.
7En todos ellos busqué un lugar de descanso | y una heredad donde establecerme.
8Entonces el Creador del universo me dio una orden, | el que me había creado estableció mi morada | y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, | y fija tu heredad en Israel”.
9Desde el principio, antes de los siglos, me creó, | y nunca jamás dejaré de existir.
10Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, | y así me establecí en Sión.
11En la ciudad amada encontré descanso, | y en Jerusalén reside mi poder.
12Arraigué en un pueblo glorioso, | en la porción del Señor, en su heredad.
13Crecí como cedro del Líbano, | como ciprés de las montañas del Hermón.
14Crecí como palmera de Engadí, | como plantel de rosas de Jericó, | como gallardo olivo en la llanura, | como plátano crecí.
15Como cinamomo y aspálato de perfume, | como mirra exquisita derramé aroma, | como gálbano y ónice y estacte, | como nube de incienso en la Tienda.
16Como terebinto extendí mis ramas, | un ramaje de gloria y de gracia.
17Como vid lozana retoñé, | y mis flores son frutos bellos y abundantes.
18Yo soy la madre del amor hermoso y del temor, | del conocimiento y de la santa esperanza, | me doy a todos mis hijos, | escogidos por él desde la eternidad.
19Venid a mí los que me deseáis, | y saciaos de mis frutos.
20Pues mi recuerdo es más dulce que la miel, | y mi heredad más dulce que los panales.
21Los que me comen todavía tendrán hambre, | y los que me beben todavía tendrán sed.
22Quien me obedece no pasará vergüenza, | y los que se ocupan de mí no pecarán».
23Todo esto es el libro de la alianza del Dios altísimo, | la ley que nos prescribió Moisés | como herencia para las asambleas de Jacob.
24No dejéis de ser fuertes en el Señor; | permaneced unidos a él para que os fortalezca. | El Señor todopoderoso es el único Dios, | y fuera de él no hay salvador.
25Ella, la ley, rebosa sabiduría como el Pisón, | como el Tigris en la estación de los primeros frutos;
26desborda inteligencia como el Éufrates, | como el Jordán en tiempo de cosecha;
27derrama enseñanza como el Nilo, | como el Guijón durante la vendimia.
28El primero no acabó de comprenderla, | ni tampoco el último ha podido rastrearla.
29Pues su pensamiento es más ancho que el mar, | y su consejo más profundo que el gran abismo.
30Y yo, como canal que deriva de un río, | como acequia que atraviesa un jardín,
31dije: «Regaré mi huerto | y empaparé mis eras». | Y he aquí que el canal se me convirtió en un río, | y el río se convirtió en un mar.
32Haré que mi enseñanza brille como la aurora | y que resplandezca en la lejanía.
33Derramaré mi enseñanza como profecía | y la transmitiré a las generaciones futuras.
34Fijaos que no he trabajado solo para mí, | sino para todos aquellos que buscan la sabiduría.
251Tres cosas desea mi alma | que agradan al Señor y a los humanos: | concordia entre hermanos, amistad entre vecinos, | y marido y mujer bien avenidos.
2Tres tipos de personas detesta mi alma | y su conducta me llena de indignación: | pobre orgulloso, rico embustero, | y viejo lascivo e insensato.
3Si en la juventud no has recogido nada, | ¿cómo quieres encontrar algo en la vejez?
4¡Qué bien sienta a las canas el juicio, | y a los ancianos saber aconsejar!
5¡Qué bien sienta a los ancianos la sabiduría, | y a los ilustres la reflexión y el consejo!
6La mucha experiencia es la corona de los ancianos, | y su orgullo es el temor del Señor.
7Hay nueve situaciones que considero dichosas, | y una décima que la diré con palabras: | el hombre satisfecho de sus hijos, | el que en vida puede ver la caída de sus enemigos.
8Dichoso el que vive con una mujer sensata | y el que no tiene que arar con buey y asno; | el que no resbala con su lengua | y el que no sirve a un amo indigno de él.
9Dichoso el que ha encontrado la prudencia, | y quien se dirige a oídos atentos.
10¡Qué grande es el que encuentra la sabiduría! | Pero nadie aventaja al que teme al Señor.
11El temor del Señor está por encima de todo, | el que lo posee, ¿a quién se le puede comparar?
12El temor del Señor es el comienzo de su amor; | pero es la fe lo que hace que nos unamos a él.
13¡Cualquier herida, menos la del corazón! | ¡cualquier maldad, menos la de mujer!
14¡Cualquier desgracia, menos la que proviene de los adversarios! | ¡Cualquier venganza, menos la de los enemigos!
15No hay veneno como el de la serpiente, | ni furia como la del enemigo.
16Prefiero vivir con un león o dragón | que convivir con una mujer malvada.
17La maldad de la mujer desfigura su semblante | y oscurece su rostro como el de un oso.
18Su marido se sienta entre los vecinos | y sin poder contenerse suspira amargamente.
19Toda malicia es poca junto a la de la mujer, | ¡que la suerte del pecador caiga sobre ella!
20Cuesta arenosa para pies de anciano, | así es la mujer charlatana para un marido pacífico.
21No te dejes seducir por la belleza femenina, | ni te apasiones por una mujer.
22Motivo de indignación, deshonra y vergüenza | es la mujer que mantiene a su marido.
23Corazón abatido, rostro sombrío | y herida del corazón es la mujer malvada. | Manos caídas y rodillas vacilantes | es la mujer que no hace feliz a su marido.
24Por la mujer empezó el pecado, | y por su culpa todos morimos.
25No des salida al agua, | ni libertad de palabra a la mujer malvada.
26Si no se comporta según tu voluntad, | apártala de tu lado.
261Dichoso el marido de una mujer buena, | el número de sus días se duplicará.
2Mujer valerosa es la alegría de su marido, | él vivirá en paz todos los años de su vida.
3Una mujer buena es una herencia valiosa | que toca en suerte a los que temen al Señor:
4sean ricos o pobres, su corazón estará contento | y llevarán siempre la alegría en el rostro.
5Tres cosas teme mi corazón | y una cuarta me da miedo: | calumnia en la ciudad, motín popular | y falsa acusación: las tres son peores que la muerte;
6pero pena y dolor de corazón es una mujer celosa de otra, | el látigo de su lengua a todos instiga.
7Yugo de bueyes mal ajustado es la mujer malvada; | querer dominarla es como agarrar un escorpión.
8Mujer borracha es una exasperación, | no podrá ocultar su vergüenza.
9La mujer adúltera provoca con la mirada, | y sus párpados la delatan.
10Ante una joven atrevida, refuerza la guardia, | no sea que, al menor descuido, se aproveche de ti.
11Guárdate de sus ojos descarados, | y no te extrañes si te conducen al mal.
12Como caminante sediento, ella abre la boca | y bebe de cualquier agua que encuentra; | se sienta frente a cualquier tienda | y abre su aljaba a cualquier flecha.
13El encanto de la mujer complace a su marido, | y su ciencia lo reconforta.
14La mujer silenciosa es un don del Señor, | la mujer bien educada no tiene precio.
15La mujer honesta duplica su encanto, | es incalculable el valor de la que sabe controlarse.
16Sol que sale por las alturas del Señor | es la belleza de la mujer buena en su casa bien ordenada.
17Lámpara que brilla en el candelabro santo | es un rostro hermoso sobre una figura esbelta.
18Columnas de oro sobre pedestales de plata | son las piernas bonitas sobre talones firmes.
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28Dos cosas entristecen mi corazón, | y la tercera me produce indignación: | el guerrero que desfallece en la miseria, | hombres inteligentes tratados con desprecio | y quien se pasa de la justicia al pecado: | a este el Señor lo destina a la espada.
29Difícilmente está libre de culpa el negociante, | y el comerciante no se verá libre de pecado.
271Por amor al dinero muchos han pecado, | y el que pretende enriquecerse desvía la mirada.
2La estaca se clava unida entre dos piedras, | así entre compra y venta se introduce el pecado.
3Quien no se aferra enseguida al temor del Señor | pronto verá su casa arruinada.
4Cuando se agita la criba, quedan los desechos; | así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos.
5El horno prueba las vasijas del alfarero, | y la persona es probada en su conversación.
6El fruto revela el cultivo del árbol, | así la palabra revela el corazón de la persona.
7No elogies a nadie antes de oírlo hablar, | porque ahí es donde se prueba una persona.
8Si buscas la justicia, la encontrarás, | y te la vestirás como túnica de gloria.
9Los pájaros anidan con los de su especie, | y la verdad con los que la practican.
10El león acecha a su presa, | y el pecado a los que cometen injusticias.
11Las palabras del piadoso rezuman sabiduría, | pero el insensato cambia como la luna.
12No pierdas el tiempo con los necios, | pero entre los sensatos demórate sin reparos.
13La conversación de los necios es exasperante, | solo se ríen de los placeres del pecado.
14El lenguaje del que jura sin cesar eriza los cabellos, | y ante sus disputas hay que taparse los oídos.
15Riña de orgullosos hace correr sangre, | es penoso escuchar sus insultos.
16El que revela secretos no es de fiar, | y nunca encontrará un amigo íntimo.
17Ama a tu amigo y confíate a él, | pero si revelas sus secretos, deja de ir tras él;
18porque como el asesino elimina a su víctima, | así tú has destruido la amistad de tu prójimo.
19Como pájaro que has dejado escapar de tu mano, | así has perdido a tu amigo y no lo recobrarás.
20No vayas en su busca, porque se fue lejos, | huyó como gacela de la trampa.
21Se puede vendar una herida, | se puede perdonar una ofensa, | pero no hay esperanza para el que ha revelado un secreto.
22El que guiña el ojo, algo malo está tramando, | y nadie podrá disuadirlo de ello.
23En tu presencia habla con dulzura | y muestra admiración por tus palabras; | pero luego cambiará de lenguaje | y se escandalizará de tus palabras.
24Muchas cosas detesto, pero nada tanto como a este, | y el Señor también lo detesta.
25Quien tira una piedra al aire, sobre su cabeza la tira, | el golpe a traición hiere al que lo da.
26Quien cava una fosa, caerá en ella, | quien tiende una trampa, en ella quedará atrapado.
27Quien hace el mal, se le volverá contra él, | aunque no sepa de dónde le viene.
28Escarnios e insultos le esperan al orgulloso, | pues la venganza le acecha como un león.
29Los que se alegran de la caída del piadoso | caerán en la trampa y el dolor los consumirá antes de morir.
30Rencor e ira también son detestables, | el pecador los posee.
281El vengativo sufrirá la venganza del Señor, | que llevará cuenta exacta de sus pecados.
2Perdona la ofensa a tu prójimo | y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
3Si un ser humano alimenta la ira contra otro, | ¿cómo puede esperar la curación del Señor?
4Si no se compadece de su semejante, | ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?
5Si él, simple mortal, guarda rencor, | ¿quién perdonará sus pecados?
6Piensa en tu final y deja de odiar, | acuérdate de la corrupción y de la muerte | y sé fiel a los mandamientos.
7Acuérdate de los mandamientos | y no guardes rencor a tu prójimo; | acuérdate de la alianza del Altísimo | y pasa por alto la ofensa.
8Apártate de las disputas y evitarás el pecado, | porque el violento atiza las disputas.
9El pecador enzarza a los amigos, | siembra discordia entre los que están en paz.
10Según sea la leña, así arde el fuego, | cuanto más violencia, mayor es la disputa; | según sea la fuerza de la persona, así es su furor, | cuanto mayor es su riqueza, más se enciende su ira.
11Riña repentina enciende el fuego, | disputa precipitada hace correr sangre.
12Si soplas sobre una chispa, prenderá, | si le escupes encima, se apagará, | y ambas cosas salen de tu boca.
13Maldice al charlatán y al mentiroso, | porque han perdido a muchos que vivían en paz.
14A muchos ha sacudido la lengua calumniadora, | y los ha dispersado de nación en nación; | ha arrasado ciudades fuertes | y ha arruinado familias de príncipes.
15La lengua calumniadora ha repudiado a mujeres excelentes, | privándoles del fruto de sus trabajos.
16El que la escucha no encontrará descanso, | ni plantará su tienda en paz.
17Un golpe del látigo produce moratones, | un golpe de lengua quebranta los huesos.
18Muchos han caído a filo de espada, | pero no tantos como las víctimas de la lengua.
19Dichoso el que de ella se protege, | y no ha estado expuesto a su furor, | el que no ha cargado su yugo, | ni ha sido atado con sus cadenas.
20Porque su yugo es de hierro, | y sus cadenas de bronce.
21Trágica es la muerte que ocasiona, | ¡es mucho mejor el abismo!
22Pero no tiene poder sobre los piadosos, | y en sus llamas no se quemarán.
23Los que abandonan al Señor en ella caerán, | en ellos prenderá su llama y no se apagará. | Como un león se lanzará contra ellos, | como una pantera los desgarrará.
24Mira, valla tu hacienda con espinos, | guarda bien tu oro y tu plata.
25Balanza y pesos para tus palabras, | puerta y cerrojo para tu boca.
26Guárdate bien de resbalar con la lengua, | no sea que caigas ante el que te acecha.
291El que es misericordioso presta a su prójimo, | quien le brinda ayuda guarda los mandamientos.
2Presta a tu prójimo cuando pase necesidad, | y por tu parte restituye lo prestado a su debido tiempo.
3Mantén tu palabra y sé leal con él, | y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.
4Muchos pretenden adueñarse de lo prestado | y ponen en dificultad a quienes los ayudaron.
5Antes de recibir el préstamo, | besan las manos del prójimo | y humillan la voz para conseguir su dinero; | pero, a la hora de restituir, dan largas, | responden con evasivas | y echan la culpa a las circunstancias.
6Si consigue pagar, el otro recibirá apenas la mitad, | y aún lo considerará como una ganga. | En caso contrario, perderá su dinero, | y se habrá ganado sin necesidad un enemigo | que le devolverá maldiciones e insultos, | y en lugar de honor le devolverá desprecio.
7Así que muchos se niegan a prestar dinero, no por maldad, | sino por miedo a que les despojen sin razón.
8En cambio, sé generoso con el humilde, | y no le hagas esperar para darle limosna.
9Por amor a la ley, acoge al indigente, | y según su necesidad no lo despidas con las manos vacías.
10Por el hermano y el amigo gasta tu dinero, | que no se te oxide inútilmente bajo una piedra.
11Utiliza tus bienes según los preceptos del Altísimo, | y te dará más provecho que el oro.
12Almacena las limosnas en tus graneros, | y ellas te librarán de todo mal.
13Mejor que escudo recio o pesada lanza, | ellas combatirán por ti frente al enemigo.
14El hombre bueno sale fiador por su prójimo, | pero el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.
15No olvides los favores de tu fiador, | pues él se ha expuesto por ti.
16El pecador dilapida los bienes de su fiador, | y el ingrato no se acuerda de quien lo ha liberado.
17La fianza ha arruinado a mucha gente de bien, | los ha sacudido como las olas del mar.
18Ha desterrado a hombres poderosos, | que anduvieron errantes por naciones extranjeras.
19Cuando un pecador se apresura a dar fianza, | intentando especular, se enredará en pleitos.
20Ayuda al prójimo según tus recursos, | pero ten cuidado de no arruinarte.
21Lo indispensable para vivir es agua, pan, vestido | y una casa para cobijarse.
22Más vale vida de pobre bajo techo de madera | que grandes banquetes en casa ajena.
23En lo poco y en lo mucho pon buena cara, | y no escucharás reproches de la vecindad.
24Triste vida andar de casa en casa: | no abrirás la boca donde seas un extraño.
25Recibirás humillado hospedaje y bebida, | y encima tendrás que oír palabras hirientes:
26«Pasa, forastero, pon la mesa, | si tienes algo a mano, dame de comer».
27«Vete, forastero, cede el puesto a otro más importante, | mi hermano viene a hospedarse y necesito la casa».
28Duro es esto para el que tiene sentimientos, | reproches del casero e insultos del prestamista.
301El que ama a su hijo lo castiga sin cesar, | para poder alegrarse en el futuro.
2El que corrige a su hijo tendrá muchas satisfacciones, | y entre sus conocidos se sentirá orgulloso de él.
3El que instruye a su hijo dará envidia a su enemigo, | y ante sus amigos se sentirá satisfecho.
4Cuando el padre muere, es como si no muriese, | pues deja tras de sí un hijo semejante a él.
5Durante su vida se alegra de verlo, | y a la hora de su muerte no siente tristeza.
6Contra sus enemigos deja un vengador, | y para sus amigos un bienhechor.
7El que mima a su hijo, vendará sus heridas, | a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
8Caballo no domado sale bravo, | hijo consentido sale arisco.
9Mima a tu hijo y te dará sorpresas, | juega con él y te traerá disgustos.
10No rías con él y no llorarás con él, | ni acabarás rechinando los dientes.
11En su juventud no le des libertad, | ni pases por alto sus errores.
12Doblega su cuello mientras es joven, | túndele las costillas cuando es pequeño, no sea que, volviéndose rebelde, te desobedezca | y sufras por él una honda amargura.
13Educa a tu hijo y dedícate a él, | para que no tengas que soportar su insolencia.
14Vale más pobre sano y fuerte | que rico lleno de achaques.
15Salud y vigor valen más que todo el oro, | un cuerpo robusto más que una inmensa fortuna.
16No hay mejor riqueza que la salud del cuerpo, | ni mayor felicidad que la alegría del corazón.
17Mejor es la muerte que una vida amargada, | el descanso eterno que una enfermedad incurable.
18Manjares derramados sobre boca cerrada | son las ofrendas depositadas sobre una tumba.
19¿De qué le sirve al ídolo una ofrenda? | ¡No la puede comer ni beber! | Lo mismo le ocurre a quien el Señor persigue:
20mira con sus ojos y suspira, | como el eunuco que abraza a una joven doncella y suspira, | así es el que hace justicia con violencia.
21No te abandones a la tristeza, | ni te atormentes con tus pensamientos.
22La alegría de corazón es vida para el hombre, | y la felicidad le alarga los días.
23Distrae tu alma y consuela tu corazón, | aparta de ti la tristeza; | pues la tristeza ha perdido a muchos, | y no se saca ningún provecho de ella.
24Envidia y malhumor acortan los días, | las preocupaciones producen vejez prematura.
25Un corazón radiante tiene buen apetito | y le aprovecha todo lo que come.
311El insomnio del rico acaba con su salud, | sus preocupaciones ahuyentan el sueño.
2Las preocupaciones le impiden dormir, | alejan el sueño como una enfermedad grave.
3El rico se afana para acumular riquezas, | y cuando descansa, se hastía de placeres.
4El pobre se afana para encontrar sustento, | y cuando descansa, cae en la miseria.
5Quien ama el oro no quedará impune, | quien anda tras el lucro en él se extraviará.
6Muchos se arruinaron a causa del oro | y se encontraron cara a cara con la perdición.
7Es una trampa para sus entusiastas, | todos los insensatos quedan atrapados en ella.
8Dichoso el rico de conducta intachable | que no corre tras el oro.
9¿Quién es? Lo felicitaremos, | pues ha hecho maravillas en su pueblo.
10¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? | Será para él un título de gloria. | ¿Quién pudo transgredir la ley y no la transgredió, | hacer mal y no lo hizo?
11Sus bienes se consolidarán, | y la asamblea proclamará su bondad.
12¿Te has sentado en una mesa opulenta? | No abras la boca de par en par, | ni digas: «¡Cuántas cosas hay aquí!».
13Recuerda que es mala cosa el ojo codicioso; | nada peor que él en toda la creación, | pues por cualquier cosa llora.
14No eches mano a lo que otro mira, | ni te lances sobre el mismo plato que él.
15Juzga al prójimo como a ti mismo | y reflexiona siempre antes de actuar.
16Come con educación lo que te pongan delante, | no seas glotón y no quedarás mal.
17Termina el primero por educación, | no seas comilón y no te despreciarán.
18Si estás sentado entre muchos invitados, | no alargues tu mano antes que ellos.
19Al que es bien educado le basta poco, | y en la cama no se sofoca.
20A estómago moderado, sueño saludable, | se levanta temprano y tiene dominio de sí. | Insomnio, vómitos y cólicos | esperan al hombre insaciable.
21Si te viste obligado a comer demasiado, | levántate, ve a vomitar y quedarás tranquilo.
22Escúchame, hijo, no me desprecies, | y al final comprenderás mis palabras. | En todo lo que hagas sé moderado, | y así no cogerás ninguna enfermedad.
23Al anfitrión espléndido todos lo alaban, | y la fama de su generosidad es duradera.
24Del anfitrión tacaño se murmura en la ciudad, | y la fama de su tacañería es duradera.
25Con el vino no te hagas el valiente, | porque a muchos ha perdido el vino.
26El horno pone a prueba el temple del acero, | el vino, los corazones en contienda de orgullosos.
27El vino es vida para el hombre, | siempre y cuando se beba con medida. | ¿Qué es la vida para quien le falta el vino? | Fue creado para alegrar a los humanos.
28Alegría del corazón y regocijo del alma | es el vino bebido a tiempo y con medida.
29Amargura del alma, el vino bebido con exceso | por incitación o desafío.
30La embriaguez enfurece al insensato para su perdición, | debilita sus fuerzas y le ocasiona heridas.
31En un banquete no reprendas a tu vecino, | no te burles de él si se pone alegre; | no le digas nada que pueda ofenderlo, | ni lo molestes reclamándole dinero.
321¿Te hacen presidir la mesa? No te engrías, | sé uno más entre todos los invitados; | atiéndelos primero y luego siéntate.
2Cuando hayas cumplido tu deber, toma asiento, | para alegrarte con ellos | y recibir la corona de la cortesía.
3Habla, anciano, que eso te corresponde, | pero hazlo con discreción y sin estorbar la música.
4En el momento de brindar, no seas locuaz, | ni te hagas el sabio a destiempo.
5Sello de rubí en montura de oro | es el concierto musical en un banquete.
6Sello de esmeralda en montura de oro | es la melodía con vino delicioso.
7Habla, joven, si es necesario, | dos veces a lo sumo, y si te preguntan.
8Resume tu discurso, di mucho en pocas palabras, | sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9Cuando estés entre los grandes no te iguales a ellos, | si otro está hablando, no hables tú también.
10El relámpago se adelanta al trueno, | así la gentileza se adelanta a la modestia.
11Llegada la hora levántate y no te entretengas, | ve corriendo a casa y no te hagas el remolón.
12Allí, diviértete y haz lo que te guste, | pero no peques con palabras insolentes.
13Y por todo esto bendice a tu Creador, | al que te colma de sus bienes.
14El que teme al Señor acepta la instrucción, | los que madrugan por él encuentran su favor.
15El que busca la ley se llena de ella, | pero al hipócrita le sirve de tropiezo.
16Los que temen al Señor encuentran la justicia, | y sus buenas acciones brillan como la luz.
17El pecador rechaza la corrección, | siempre encuentra excusas para hacer su voluntad.
18El hombre sensato no olvida la reflexión, | el malvado y el orgulloso no tienen miedo a nada.
19No hagas nada sin aconsejarte, | y no te arrepentirás de tus acciones.
20No vayas por caminos escabrosos, | y no tropezarás con las piedras.
21No te fíes de un camino inexplorado,
22e incluso con tus hijos mantén distancias.
23En todos tus actos confía en ti, | que también esto es guardar los mandamientos.
24El que confía en la ley observa los mandamientos, | y el que confía en el Señor no sufrirá ningún daño.
331El que teme al Señor no sufrirá desgracias, | e incluso en la prueba será liberado.
2El hombre sabio no aborrece la ley, | pero el que finge observarla es como nave en tempestad.
3El que es inteligente confía en la ley, | se fía de ella como de un oráculo.
4Prepara tu discurso y así serás escuchado, | ordena tus ideas y luego responde.
5Rueda de carro es el sentimiento del necio, | su razonamiento como eje que da vueltas.
6El amigo burlón es como un caballo en celo, | relincha bajo cualquier jinete.
7¿Por qué un día es más importante que otro, | si todos los días del año reciben la misma luz del sol?
8La mente del Señor los ha diferenciado, | estableciendo distintas estaciones y fiestas.
9A unos los ensalzó y santificó, | a otros los hizo días ordinarios.
10Así todos los humanos provienen del polvo, | de la tierra fue creado Adán.
11El Señor los ha diferenciado con su gran sabiduría, | y ha diversificado sus caminos.
12A unos los bendijo y ensalzó, | los santificó y los puso junto a sí; | a otros los maldijo y humilló | y los derribó de su puesto.
13Como la arcilla en manos de alfarero, | que la modela según su voluntad, | así los humanos en manos de su Hacedor, | que da a cada uno según su criterio.
14Frente al mal está el bien, | frente a la muerte, la vida; | así, frente al piadoso, el pecador.
15Observa, pues, todas las obras del Altísimo, | de dos en dos, una frente a otra.
16También yo, el último, he estado vigilando, | como rebuscador tras los vendimiadores.
17Con la bendición del Señor he ido por delante | como el que rebusca tras los que vendimian.
18Mirad que no he trabajado solo para mí, | sino para todos los que buscan la instrucción.
19Escuchadme, grandes del pueblo, | jefes de la asamblea, prestad oído.
20A hijo y mujer, a hermano y amigo | no des poder sobre ti mientras vivas. | No des a otros tus riquezas, | no sea que, arrepentido, tengas que suplicarles.
21Mientras vivas y no te falte el aliento, | no te entregues en manos de otro.
22Mejor es que tus hijos te pidan, | que estar a merced de ellos.
23Sé dueño de todos tus asuntos, | no dejes que se manche tu reputación.
24Cuando se acaben los días de tu vida, | a la hora de la muerte, reparte tu herencia.
25Al asno, forraje, palo y carga, | al criado, pan, disciplina y trabajo.
26Haz trabajar al siervo y encontrarás descanso, | deja libres sus manos y buscará la libertad.
27Yugo y riendas doblegan el cuello, | al mal criado, azotes y castigos.
28Hazle trabajar para que no esté ocioso, | que la ociosidad enseña muchos vicios.
29Oblígale a trabajar como le corresponde, | y si no obedece, pon cepos en sus pies.
30Pero no te excedas con nadie, | ni hagas nada injustamente.
31Si tienes un criado, trátalo como a ti mismo, | porque con sangre lo adquiriste.
32Si tienes un criado, trátalo como a un hermano, | porque lo necesitas como a ti mismo.
33Si le maltratas y se marcha, | ¿por qué camino irás a buscarlo?
341Las esperanzas vanas y engañosas son propias del necio, | los sueños dan alas a los insensatos.
2Atrapar sombras y perseguir viento | es fiarse de los sueños.
3Espejo y sueño son cosas semejantes, | frente a un rostro, la imagen de un rostro.
4De lo impuro, ¿puede salir algo puro?, | de la mentira, ¿puede salir algo verdadero?
5Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, | como fantasías de una mujer en parto.
6A menos que vengan de parte del Altísimo, | no abras tu corazón a estas cosas.
7Porque muchos se extraviaron por los sueños | y fracasaron por fiarse de ellos.
8La ley ha de cumplirse sin engaño, | y la sabiduría en una boca sincera es perfección.
9El que ha viajado mucho sabe muchas cosas, | el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.
10Quien no ha sido probado poco sabe, | quien ha viajado posee muchos recursos.
11Muchas cosas he visto en mis viajes, | mis conocimientos superan mis palabras.
12Varias veces he estado en peligro de muerte, | pero me salvé gracias a todo esto.
13Los que temen al Señor vivirán, | porque su esperanza está en aquel que los salva.
14Quien teme al Señor de nada tiene miedo, | de nada se acobarda, porque él es su esperanza.
15Dichoso el que teme al Señor: | ¿en quién confía?, ¿quién es su apoyo?
16Los ojos del Señor están fijos en los que lo aman, | él es para ellos protección poderosa, apoyo firme, | refugio contra el viento abrasador y el calor del mediodía, | defensa para no tropezar, auxilio para no caer.
17Él levanta el ánimo, ilumina los ojos, | da salud, vida y bendición.
18Sacrificar el fruto de la injusticia es una ofrenda impura, | los dones de los malvados no son aceptables.
19El Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos, | ni perdona los pecados por la cantidad de sacrificios.
20Como inmolar a un hijo en presencia de su padre, | es ofrecer sacrificios con los bienes de los pobres.
21El pan de la limosna es la vida de los pobres, | quien se lo quita es un criminal.
22Mata a su prójimo quien le roba el sustento, | quien no paga el sueldo al jornalero derrama sangre.
23Uno edifica y otro destruye, | ¿qué ganan con ello sino fatiga?
24Uno bendice y otro maldice, | ¿a quién de los dos escuchará el amo?
25Si uno se purifica del contacto de un cadáver y lo vuelve a tocar, | ¿de qué le sirve su baño de purificación?
26Así la persona que ayuna por sus pecados | y después los vuelve a cometer; | ¿quién escuchará su oración?, | ¿de qué le sirve haberse humillado?
351Quien observa la ley multiplica las ofrendas, | quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.
2Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina, | quien da limosna ofrece sacrificios de alabanza.
3Apartarse del mal es complacer al Señor, | un sacrificio de expiación es apartarse de la injusticia.
4No te presentes ante el Señor con las manos vacías, | pues esto es lo que prescriben los mandamientos.
5La ofrenda del justo enriquece el altar, | su perfume sube hasta el Altísimo.
6El sacrificio del justo es aceptable, | su memorial no se olvidará.
7Glorifica al Señor con generosidad, | y no escatimes las primicias de tus manos.
8Cuando hagas tus ofrendas, pon cara alegre | y paga los diezmos de buena gana.
9Da al Altísimo como él te ha dado a ti, | con generosidad, según tus posibilidades.
10Porque el Señor sabe recompensar | y te devolverá siete veces más.
11No trates de sobornar al Señor, porque no lo aceptará; | no te apoyes en sacrificio injusto.
12Porque el Señor es juez, | y para él no cuenta el prestigio de las personas.
13Para él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre, | sino que escucha la oración del oprimido.
14No desdeña la súplica del huérfano, | ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento.
15¿No corren por sus mejillas las lágrimas de la viuda | y su clamor contra el que las provocó?
16Quien sirve de buena gana, es bien aceptado, | y su plegaria sube hasta las nubes.
17La oración del humilde atraviesa las nubes, | y no se detiene hasta que alcanza su destino.
18No desiste hasta que el Altísimo lo atiende, | juzga a los justos y les hace justicia.
19El Señor no tardará, | ni tendrá paciencia con los impíos,
20hasta quebrantar los lomos de los despiadados, | y tomar venganza de las naciones;
21hasta exterminar a los soberbios, | y quebrar el cetro de los injustos;
22hasta pagar a cada cual según sus acciones, | las obras humanas según sus intenciones;
23hasta hacer justicia a su pueblo, | y alegrarlo con su misericordia.
24Buena es la misericordia en tiempo de desgracia, | como nubes de lluvia en tiempo de sequía.
361Ten piedad de nosotros, | sálvanos, Dios del universo, | infunde tu terror a todas las naciones;
2amenaza con tu mano al pueblo extranjero, | para que sienta tu poder.
3Como les mostraste tu santidad al castigarnos, | muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
4para que sepan, como nosotros lo sabemos, | que no hay Dios fuera de ti.
5Renueva los prodigios, repite los portentos, | exalta tu mano, robustece tu brazo.
6Despierta tu furor y derrama tu ira, | extermina al adversario y aniquila al enemigo.
7Acelera la hora, recuerda el juramento, | y que se divulguen tus grandezas.
8Que tu fuego vengador devore a los supervivientes, | y perezcan los que hacen daño a tu pueblo.
9Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, | que dicen: «Fuera de nosotros no hay nadie».
10Reúne a todas las tribus de Jacob | y dales su heredad como antiguamente.
11Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, | de Israel, a quien nombraste tu primogénito;
12ten compasión de tu ciudad santa, | de Jerusalén, lugar de tu reposo.
13Llena a Sión de tu majestad, | y al templo, de tu gloria.
14Da una prueba de tus obras antiguas, | cumple las profecías por el honor de tu nombre,
15recompensa a los que esperan en ti, | y saca veraces a tus profetas,
16escucha la súplica de tus siervos, | por amor a tu pueblo,
17y reconozcan los confines del orbe | que tú eres Dios eterno.
18El estómago consume todo tipo de alimentos, | pero unos son mejores que otros.
19El paladar distingue la carne de caza, | y el corazón inteligente las palabras mentirosas.
20El de corazón retorcido provoca desgracias, | pero el experimentado le da su merecido.
21Una mujer acepta cualquier marido, | pero unas jóvenes son mejores que otras.
22La belleza de la mujer alegra el rostro, | y sobrepasa cuanto el hombre desea.
23Si en su lengua hay bondad y dulzura, | su marido ya no es como los demás hombres.
24El que consigue una mujer tiene el comienzo de la fortuna, | una ayuda semejante a él y una columna de apoyo.
25Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, | donde no hay mujer, el hombre gime a la deriva.
26¿Quién se fiará del ladrón avispado | que va saltando de ciudad en ciudad?
27Lo mismo ocurre con el hombre que no tiene hogar | y se cobija donde la noche lo sorprende.
371Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», | pero hay amigo que lo es solo de nombre.
2¿No es un disgusto mortal | que un compañero o amigo se convierta en enemigo?
3¡Oh intención perversa! ¿De dónde saliste | para cubrir la tierra de engaño?
4El compañero disfruta en la alegría del amigo, | pero en la desgracia se vuelve contra él.
5El compañero compadece al amigo por interés, | y cuando llega el combate, embraza el escudo.
6No te olvides de tu amigo del alma, | ni dejes de recordarlo cuando seas rico.
7Todo consejero da consejos, | pero hay quien aconseja en su interés.
8Ten cuidado con el consejero, | entérate primero de qué necesita, | porque en su propio provecho te aconsejará; | no sea que eche sobre ti la suerte
9y te diga: «Vas por buen camino», | y luego se quede esperando para ver qué te sucede.
10No te aconsejes con quien te mira de reojo, | y esconde tus proyectos a los que te envidian.
11No te aconsejes | con una mujer sobre su rival, | con un cobarde sobre la guerra, | con un negociante sobre el comercio, | con un comprador sobre la venta, | con un envidioso sobre la gratitud, | con un tacaño sobre la generosidad, | con un perezoso sobre trabajo alguno, | con un empleado eventual sobre el fin de una obra, | con un siervo holgazán sobre una gran tarea: | no cuentes con ninguno de ellos para un consejo.
12Recurre siempre a un hombre piadoso, | de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, | que comparte tus anhelos | y que, si caes, sufrirá contigo.
13Atiende al consejo de tu corazón, | porque nadie te será más fiel.
14Pues la propia conciencia suele avisar | mejor que siete centinelas apostados en su torre de vigilancia.
15Pero, sobre todo, suplica al Altísimo, | para que dirija tus pasos en la verdad.
16Principio de toda obra es el pensamiento, | y antes de toda acción está la reflexión.
17Raíz de toda decisión es el corazón, | de él salen cuatro ramas:
18bien y mal, vida y muerte, | mas, a la postre, siempre las domina la lengua.
19Hay hombre hábil capaz de enseñar a muchos, | pero para sí mismo es un inútil.
20Hay quien sabe hablar y es aborrecido, | y acabará sin tener nada que comer,
21porque no ha recibido el favor del Señor | y carece de toda sabiduría.
22Hay quien es sabio para sí mismo, | y los frutos de su inteligencia solo le aprovechan a él.
23El sabio enseña a su pueblo | y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.
24El sabio es colmado de bendiciones | y le llaman dichoso todos los que lo ven.
25La vida del hombre tiene los días contados, | pero los días de Israel son innumerables.
26El sabio se gana la estima de su pueblo, | y su nombre vivirá por siempre.
27Hijo, a lo largo de tu vida ponte a prueba, | mira lo que te hace daño y no te lo permitas.
28Pues no a todos les conviene todo, | ni a todo el mundo le gusta lo mismo.
29No seas insaciable con los placeres, | ni te abalances sobre la comida,
30pues en la gula anida la enfermedad, | y la glotonería acaba en cólicos.
31Muchos han muerto por intemperancia, | pero quien se controla prolonga su vida.
381Honra al médico por los servicios que presta, | que también a él lo creó el Señor.
2Del Altísimo viene la curación, | y del rey se reciben las dádivas.
3La ciencia del médico le hace erguir la cabeza, | y es admirado por los poderosos.
4El Señor hace que la tierra produzca remedios, | y el hombre prudente no los desprecia.
5¿Acaso no endulzó el agua con un leño, | para que se conociera su poder?
6Él es quien da la ciencia a los humanos, | para que lo glorifiquen por sus maravillas.
7Con sus medios el médico cura y elimina el sufrimiento, | con ellos el farmacéutico prepara sus mezclas.
8Y así nunca se acaban las obras del Señor, | de él procede el bienestar sobre toda la tierra.
9Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, | sino ruega al Señor, que él te curará.
10Aparta tus faltas, corrige tus acciones | y purifica tu corazón de todo pecado.
11Ofrece incienso, un memorial de flor de harina | y ofrendas generosas según tus medios.
12Luego recurre al médico, pues también a él lo creó el Señor; | que no se aparte de tu lado, pues lo necesitas:
13hay ocasiones en que la curación está en sus manos. |
14También ellos rezan al Señor, | para que les conceda poder aliviar el dolor, | curar la enfermedad y salvar tu vida.
15El que peca contra su Hacedor | ¡caiga en manos del médico!
16Hijo, por un muerto derrama lágrimas, | y como quien sufre atrozmente, entona un lamento; | amortaja el cadáver como es debido, | y no descuides su sepultura.
17Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, | celebra el duelo según su dignidad: | un día o dos para evitar murmuraciones, | pero luego consuélate de tu tristeza.
18Porque la tristeza lleva a la muerte, | y la pena del corazón consume las fuerzas.
19En la desgracia se prolonga la pena, | la vida del pobre le aflige el corazón.
20No te abandones a la tristeza, | apártala, pensando en el final.
21No olvides que no hay retorno; | al difunto no le aprovecha tu tristeza y a ti te perjudicas.
22Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: | «a mí me tocó ayer, a ti te toca hoy».
23Con el descanso del muerto haz que descanse su memoria, | consuélate de él, una vez que ha dejado de existir.
24La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de ocio, | el que se libera de los negocios se hará sabio.
25¿Cómo podrá llegar a sabio el que empuña el arado, | y alardea de tener por lanza la aguijada, | el que conduce bueyes, los arrea mientras trabajan | y no sabe hablar más que de novillos?
26Se dedica con empeño a abrir surcos | y se desvela cebando terneras.
27De igual modo el obrero o artesano | que trabaja noche y día; | los que graban las efigies de los sellos | y se afanan por variar los detalles; | ponen todo su empeño en igualar el modelo | y pasan las noches rematando la obra.
28También al herrero sentado junto al yunque, | atento a los trabajos del hierro: | el vapor del fuego le perjudica la carne | y en el calor de la fragua se fatiga; | el ruido del martillo lo ensordece | y sus ojos están fijos en el modelo de la herramienta; | se esfuerza por concluir su obra | y pasa sus noches puliendo todos los detalles.
29Igualmente el alfarero sentado a su tarea, | haciendo girar el torno con sus pies, | continuamente preocupado por su trabajo | y atareado en producir más cantidad de piezas;
30con su brazo moldea la arcilla, | con sus pies ablanda su dureza; | se esfuerza por acabar el barnizado | y pasa sus noches limpiando el horno.
31Todos estos confían en sus manos, | y cada uno es experto en su oficio.
32Sin ellos no se podría construir una ciudad, | ni se podría habitar ni circular por ella.
33Pero no se les busca para el consejo del pueblo, | ni ocupan puestos de honor en la asamblea. | No se sientan en el sitial del juez, | ni comprenden las disposiciones del derecho.
34No son capaces de enseñar ni de juzgar, | ni figuran entre los autores de proverbios. | Pero ellos aseguran el funcionamiento del mundo | y su preocupación está en las tareas de su oficio.
391No así el que se aplica de lleno | a meditar la ley del Altísimo. | Indaga la sabiduría de los antiguos | y dedica su ocio a estudiar las profecías.
2Conserva los relatos de los hombres célebres | y penetra en las sutilezas de las parábolas.
3Busca el sentido oculto de los proverbios | y se interesa por los enigmas de las parábolas.
4En medio de los poderosos presta su servicio, | se presenta delante de los príncipes; | viaja por tierras extranjeras | y conoce el bien y el mal de los hombres.
5De buena mañana, con todo el corazón | se dirige al Señor, su Creador; | reza delante del Altísimo, | abre su boca para suplicar | y pide perdón por sus pecados.
6Si el Señor, el Grande, lo quiere, | se llenará de espíritu de inteligencia; | derramará como lluvia sabias palabras | y en la oración dará gracias al Señor.
7Enderezará sus planes y su ciencia, | y meditará los misterios ocultos.
8Mostrará la instrucción recibida | y se gloriará en la ley de la alianza del Señor.
9Muchos elogiarán su inteligencia | y jamás será olvidada; | no desaparecerá su recuerdo | y su nombre vivirá por generaciones.
10Las naciones hablarán de su sabiduría, | y la asamblea proclamará su alabanza.
11En vida, tendrá renombre entre millares, | y cuando muera, esto le bastará.
12Todavía voy a exponer mis reflexiones, | pues estoy lleno como la luna llena.
13Escuchadme, hijos piadosos, y creced | como rosal plantado junto a corrientes de agua.
14Como incienso derramad buen olor, | floreced como el lirio, | exhalad perfume, entonad un cantar, | bendecid al Señor por todas sus obras.
15Reconoced la grandeza de su nombre, | dadle gracias, proclamad su alabanza | con vuestros cánticos y con las cítaras, | alabadlo con estas palabras:
16¡Qué hermosas son las obras del Señor! | Sus órdenes se cumplen a su tiempo. | No hay por qué decir: «¿Qué es esto?, ¿para qué sirve?». | Todo se indagará a su tiempo.
17A su palabra el agua se detuvo amontonada, | a su voz se formaron los depósitos de las aguas.
18A una orden suya se cumple cuanto desea, | y nadie puede impedir su salvación.
19Las acciones de los vivientes están ante él, | y nada puede ocultarse a sus ojos.
20Su mirada abarca toda la eternidad, | y nada le causa admiración.
21No hay por qué decir: «¿Qué es esto?, ¿para qué sirve?», | pues todo ha sido creado con un fin.
22Su bendición se ha desbordado como un río, | como un diluvio ha inundado la tierra.
23Como cuando convirtió las aguas en salinas, | así las naciones experimentarán su ira.
24Sus caminos son llanos para los fieles, | para los malvados son piedras de tropiezo.
25Al principio creó bienes para los buenos, | y males para los pecadores.
26Esenciales para la vida humana son: | agua, fuego, hierro y sal, | flor de harina de trigo, leche y miel, | mosto, aceite y vestido.
27Todas estas cosas son bienes para los piadosos, | mas para los pecadores se transforman en males.
28Hay vientos creados para castigar | y en su furia refuerzan los azotes; | en el momento final desencadenan su fuerza | y desatan la ira de su Creador.
29Fuego y granizo, hambre y muerte | fueron creados para castigar.
30Dientes de fieras, escorpiones, víboras | y espada vengadora para matar a los malvados.
31Todos se alegran de recibir sus órdenes, | están preparados para intervenir en la tierra, | y llegada la ocasión no transgredirán su mandato.
32Por eso desde el principio estaba convencido, | he reflexionado y lo he puesto por escrito:
33«Las obras del Señor son todas buenas, | y él provee oportunamente a cualquier necesidad.
34No hay por qué decir: “Esto es peor que aquello”, | porque todo, a su tiempo, será considerado bueno.
35Y ahora de todo corazón y a plena voz cantad himnos | y bendecid el nombre del Señor».
401Penoso destino se ha asignado a todo hombre, | pesado yugo grava sobre los hijos de Adán, | desde el día en que salen del seno materno, | hasta el día de su regreso a la madre de todos.
2El objeto de sus reflexiones, la ansiedad de su corazón | es la espera angustiosa del día de la muerte.
3Desde el que está sentado en un trono glorioso, | hasta el que yace humillado en la ceniza y el polvo,
4desde el que lleva púrpura y corona, | hasta el que se cubre con harapos: | todos conocen la ira y la envidia, la turbación y la inquietud, | el miedo a la muerte, el resentimiento y la discordia.
5Y mientras descansa en el lecho, | los sueños nocturnos alteran sus pensamientos.
6Descansa un poco, apenas un instante, | y ya, en sueños o en vigilia, | se ve turbado por sus propias visiones, | como si fuese un fugitivo que huye del combate,
7que, justo al sentirse libre, se despierta, | sorprendido de su infundado temor.
8Esto ocurre a todo viviente, del ser humano hasta la bestia, | pero para los pecadores es siete veces peor:
9muerte, sangre, discordia, espada, | adversidades, hambre, tribulación, azote.
10Todo esto fue creado para los malvados, | y por su culpa se produjo el diluvio.
11Todo cuanto viene de la tierra, a la tierra vuelve, | todo cuanto viene del agua, en el mar desemboca.
12Sobornos e injusticias desaparecerán, | pero la honestidad subsistirá por siempre.
13Las riquezas de los injustos se secarán como un torrente, | son como un gran trueno que estalla en la tormenta.
14Al abrir sus manos el injusto se alegrará, | pero los transgresores desaparecerán por completo.
15La estirpe de los impíos tiene pocas ramas, | las raíces impuras solo encuentran piedra áspera.
16Caña que crece en el agua o al borde del río | será arrancada antes que las otras hierbas.
17La caridad es como un paraíso de bendición, | y la limosna permanece para siempre.
18Dulce es la vida del que se autoabastece y del trabajador, | pero todavía más la de quien encuentra un tesoro.
19Tener hijos y fundar una ciudad perpetúan el nombre, | pero todavía más la mujer de conducta intachable.
20El vino y la música alegran el corazón, | pero todavía más el amor a la sabiduría.
21La flauta y la cítara hacen el canto agradable, | pero todavía más la lengua dulce.
22Gracia y belleza el ojo desea, | pero todavía más el verdor de los campos.
23Amigo y compañero se encuentran a su hora, | pero todavía más la mujer y su marido.
24Hermano y protector ayudan en la desgracia, | pero todavía más salva la limosna.
25Oro y plata aseguran el paso, | pero todavía más se estima el consejo.
26La riqueza y la fuerza dan confianza, | pero todavía más el temor del Señor. | Al que teme al Señor nada le falta, | no necesita buscar otra ayuda.
27El temor del Señor es un paraíso de bendición, | protege más que cualquier otro escudo.
28Hijo, no lleves vida de mendigo, | más vale morir que mendigar.
29Hombre que suspira por mesa ajena | vive una vida que no es vida. | Deshonra su boca con comida ajena, | pero el instruido y educado se guarda de ello.
30La mendicidad es dulce en la boca del descarado, | pero en sus entrañas es un fuego abrasador.
411¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo | para el que vive tranquilo entre sus bienes, | para el hombre despreocupado que prospera en todo | y todavía es capaz de saborear la comida!
2¡Oh muerte, qué dulce es tu sentencia | para el hombre necesitado y carente de fuerzas, | para el viejo acabado, preocupado por todo, | que se rebela y ha perdido la paciencia!
3No temas la sentencia de la muerte, | recuerda a los que te precedieron y te seguirán.
4Esta es la sentencia del Señor para todos, | ¿por qué rechazar la voluntad del Altísimo? | Aunque vivas diez, cien o mil años, | en el abismo nadie te lo discutirá.
5Detestables son los hijos de los pecadores, | los que frecuentan las casas de los impíos.
6La herencia de los hijos de los pecadores es la ruina, | con su linaje se perpetúa la infamia.
7Al padre impío lo maldicen sus hijos, | porque por culpa suya son deshonrados.
8¡Ay de vosotros, impíos, | que habéis abandonado la ley del Altísimo!
9Si os multiplicáis, es para la perdición, | si nacéis, nacéis para la maldición, | si morís, heredáis la maldición.
10Todo cuanto viene de la tierra, a la tierra vuelve, | así los impíos pasan de la maldición a la ruina.
11Los humanos hacen duelo por sus cadáveres, | pero el nombre infame de los pecadores será borrado.
12Preocúpate por tu nombre, porque te sobrevivirá, | dura más que mil tesoros de oro.
13La buena vida tiene los días contados, | pero el buen nombre permanece para siempre.
14Hijos, conservad en paz la instrucción. | Sabiduría escondida y tesoro oculto, ¿para qué sirven?
15Más vale hombre que oculta su necedad, | que el que oculta su sabiduría.
16Así pues, os voy a decir de qué tenéis que avergonzaros, | porque no está bien avergonzarse de cualquier cosa, | aunque no todos aprecian por igual las mismas cosas.
17Avergüénzate ante tus padres de una conducta inmoral; | ante el jefe y el poderoso, de la mentira;
18ante el juez y el magistrado, del delito; | ante la asamblea y el pueblo, de la iniquidad;
19ante el compañero y el amigo, de la deslealtad; | ante los vecinos, del robo;
20y ante la verdad de Dios y la alianza, | de poner los codos sobre los panes,
21de despreciar lo que recibes y lo que das, | de no contestar a quienes te saludan,
22de mirar a una prostituta, | de dar la espalda a tu pariente,
23de apropiarte de la parte de otro o de su regalo, | de poner los ojos en una mujer casada,
24de tener intimidades con la criada | —¡no te acerques a su cama!—,
25de insultar a los amigos, | —¡no les eches en cara lo que les has dado!—,
26de repetir lo que oyes a los demás | y de revelar secretos.
27Así serás verdaderamente respetable, | y hallarás el favor de todos.
421Pero no te avergüences de lo siguiente, | ni peques por respeto humano:
2de la ley del Altísimo y de su alianza, | del juicio que justifica a los impíos,
3de arreglar cuentas con el compañero de viaje, | de compartir tu herencia con otros,
4de usar balanzas y pesas exactas, | de obtener grandes o pequeñas ganancias,
5de obtener beneficios en el comercio, | de corregir con rigor a los hijos, | de tundir los lomos a un mal siervo.
6Donde hay mujer malvada bueno es usar la cerradura, | y donde hay muchas manos poner las cosas bajo llave.
7Lo que dejes en depósito, cuéntalo y pésalo, | el haber y el debe, vaya todo por escrito.
8No te avergüences de corregir al necio y al insensato, | ni al viejo decrépito que litiga como un joven. | Así serás verdaderamente educado | y apreciado por todos.
9Una hija es para su padre una secreta inquietud, | la preocupación por ella le quita el sueño. | Cuando es joven, por si le pasa la edad de casarse, | si está casada, por si el marido la aborrece.
10Mientras es virgen, por si se deja seducir | y queda embarazada en la casa paterna. | Si está casada, por si es infiel al marido; | en la relación conyugal, por si resulta estéril.
11Si tienes una hija atrevida, refuerza la vigilancia, | no sea que te convierta en el hazmerreír de tus enemigos, | comidilla de la ciudad, hablilla del pueblo | y te avergüence ante la gente.
12No te dejes fascinar por la belleza de nadie, | y no te sientes entre mujeres.
13Porque de los vestidos sale la polilla, | y de la mujer la malicia femenina.
14Vale más maldad de varón que bondad de mujer; | la mujer puede ser causa de la mayor vergüenza.
15Voy a recordar las obras del Señor, | voy a contar lo que he visto. | Por la palabra del Señor fueron hechas sus obras, | y la creación está sometida a su voluntad.
16El sol radiante todo lo contempla, | de la gloria del Señor está llena su obra.
17Ni siquiera los santos del Señor son capaces | de contar todas las maravillas | que el Señor omnipotente ha establecido firmemente, | para que el universo subsista ante su gloria.
18Él sondea el abismo y el corazón, | y penetra todos sus secretos. | Pues el Altísimo conoce toda la ciencia | y escruta las señales de los tiempos.
19Anuncia lo pasado y lo futuro, | y descubre las huellas de las cosas ocultas.
20No se le escapa ningún pensamiento, | ni una palabra se le oculta.
21Puso en orden las grandezas de su sabiduría, | porque él existe desde siempre y por siempre; | nada se le puede añadir ni quitar, | y no necesita de consejero alguno.
22¡Qué deseables son todas sus obras! | Y lo que contemplamos es apenas un destello.
23Todas viven y permanecen eternamente, | y lo obedecen en cualquier circunstancia.
24Todas las cosas son de dos en dos, una frente a otra, | no ha creado nada imperfecto.
25Una cosa confirma la excelencia de otra, | ¿quién puede cansarse de contemplar su gloria?
431Orgullo de las alturas es el firmamento límpido, | espectáculo celeste en una visión espléndida.
2El sol proclama cuando sale: | «¡Qué admirable es la obra del Altísimo!».
3Al mediodía reseca la tierra, | ¿quién puede resistir ante su calor?
4Para los trabajos de forja se atiza el horno, | pero tres veces más abrasa el sol las montañas; | emite vapores ardientes, | ciega los ojos con el resplandor de sus rayos.
5Grande es el Señor que lo ha creado, | y su palabra acelera su carrera.
6Lo mismo ocurre con la luna: es siempre puntual en sus fases, | para marcar los tiempos, señal eterna.
7La luna es quien señala las fiestas, | astro que mengua después del plenilunio.
8De ella reciben los meses su nombre; | ella crece maravillosamente cuando cambia,
9como estandarte del ejército celeste | que brilla en el firmamento del cielo. | Belleza del cielo es el resplandor de las estrellas, | radiante ornamento en las alturas del Señor.
10Se mantienen fijas según la palabra del Señor, | y no abandonan su puesto de guardia.
11Mira el arco iris y bendice a su Hacedor, | ¡qué bello en su esplendor!
12Rodea el cielo con un arco de gloria, | lo han tendido las manos del Altísimo.
13Con una orden suya hace caer la nieve, | con su decreto fulmina los rayos.
14Por eso se abren sus depósitos, | y las nubes vuelan como pájaros.
15Con su grandeza condensa las nubes, | y se desmenuzan las piedras de granizo.
16El estallido de su trueno estremece la tierra, | a su vista se tambalean las montañas.
17Cuando quiere, sopla el ábrego, | el huracán del Norte y los ciclones.
18Como bandada de pájaros esparce la nieve, | que se posa en el suelo como plaga de langostas. | La belleza de su blancura deslumbra los ojos, | y al verla caer el corazón se extasía.
19Como sal él derrama la escarcha sobre la tierra, | y al helarse forma pinchos espinosos.
20El viento frío sopla del Norte, | y el agua se convierte en hielo; | se posa sobre las superficies acuosas, | y las reviste como de una coraza.
21Devora los montes, quema el desierto, | y como el fuego consume cuanto verdea.
22Como remedio de todo llega la niebla imprevista, | y el rocío, tras el calor, trae de nuevo la alegría.
23Con su palabra somete al océano, | y en medio de él planta las islas.
24Los que surcan el mar hablan de sus peligros, | y nosotros nos maravillamos de lo que cuentan.
25Allí hay criaturas raras y maravillosas, | toda clase de animales y monstruos marinos.
26Gracias a Dios su mensajero tiene éxito, | y gracias a su palabra todo está en su sitio.
27Podríamos decir mucho más y nunca acabaríamos; | mi conclusión es esta: «Él lo es todo».
28¿Dónde hallar fuerza para glorificarlo? | ¡Él es más grande que todas sus obras!
29Temible es el Señor, inmensamente grande, | admirable es su poder.
30Ensalzad al Señor con vuestra alabanza, | todo cuanto podáis, que él siempre os superará; | y, al ensalzarlo, redoblad vuestra fuerza, | no os canséis, que nunca acabaréis.
31¿Quién lo ha visto para poder describirlo? | ¿Quién puede glorificarlo dignamente?
32Aún quedan misterios mucho más grandes: | tan solo hemos visto algo de sus obras.
33Porque el Señor lo ha hecho todo, | y a los piadosos les ha dado la sabiduría.
441Hagamos el elogio de los hombres ilustres, | de nuestros padres según sus generaciones.
2Grandes glorias exhibió el Señor, | desde siempre ha mostrado su grandeza.
3Unos fueron soberanos en sus reinos | y hombres famosos por su poder; | consejeros notables por su inteligencia | y expertos en anunciar profecías.
4Otros guiaron al pueblo con sus consejos, | con la inteligencia de la sabiduría popular | y con las palabras sabias de su doctrina.
5Hubo inventores de melodías musicales, | compositores de poesías,
6hombres ricos, dotados de poder, | que vivieron en paz en sus casas.
7Todos ellos fueron honrados por sus contemporáneos | y fueron motivo de orgullo en su tiempo.
8Algunos de ellos dejaron un nombre | que aún se recuerda con elogio.
9Otros no dejaron memoria, | desaparecieron como si no hubieran existido, | pasaron como si nunca hubieran sido, | igual que sus hijos después de ellos.
10Pero hubo también hombres de bien, | cuyos méritos no han quedado en el olvido.
11En sus descendientes se conserva | una rica herencia, su posteridad.
12Sus descendientes han sido fieles a la alianza, | y, gracias a ellos, también sus hijos.
13Su descendencia permanece por siempre, | y su gloria no se borrará.
14Sus cuerpos fueron sepultados en paz, | y su nombre vive por generaciones.
15Los pueblos hablarán de su sabiduría, | y la asamblea proclamará su alabanza.
16Henoc agradó al Señor y fue arrebatado, | ejemplo de conversión para todas las generaciones.
17Noé fue hallado íntegro y justo, | y en el tiempo de la ira hizo posible la reconciliación. | Gracias a él un resto supervivió en la tierra, | cuando se produjo el diluvio.
18Con él se pactaron alianzas eternas, | para que el diluvio no exterminara a los vivientes.
19Abrahán fue padre insigne de una multitud de naciones, | y no se halló quien le igualara en su gloria.
20Guardó la ley del Altísimo | y con él estableció una alianza. | En su carne selló esta alianza, | y en la prueba fue hallado fiel.
21Por eso Dios le prometió con juramento | bendecir a las naciones por su descendencia, | multiplicarle como el polvo de la tierra, | exaltar su estirpe como las estrellas, | y darle una herencia de mar a mar, | desde el Río hasta los confines de la tierra.
22A Isaac le aseguró lo mismo, | en atención a su padre Abrahán.
23La bendición de todos los hombres y la alianza | las hizo reposar en la cabeza de Jacob; | lo confirmó en sus bendiciones | y le otorgó la tierra en herencia; | la dividió en varias partes | y las repartió entre las doce tribus.
451Hizo salir de él un hombre de bien | que gozó del favor de todos, | amado de Dios y de los hombres: | Moisés, de bendita memoria.
2Le dio una gloria como la de los santos, | lo hizo poderoso para temor de sus enemigos.
3Con su palabra puso fin a los prodigios | y lo glorificó delante de los reyes; | le dio mandamientos para su pueblo | y le mostró algo de su gloria.
4Por su fidelidad y humildad lo santificó, | lo eligió de entre todos los vivientes.
5Le hizo oír su voz | y lo introdujo en la negra nube; | cara a cara le dio los mandamientos, | la ley de vida y de conocimiento, | para enseñar su alianza a Jacob | y sus decretos a Israel.
6Exaltó a Aarón, un santo como él, | su hermano, de la tribu de Leví.
7Estableció con él una alianza eterna | y lo hizo sacerdote para el pueblo. | Lo honró con espléndidos ornamentos | y lo ciñó con una túnica de gloria.
8Lo revistió con perfecto esplendor | y lo confirmó con las insignias de poder: | los calzones, la túnica y el efod.
9Le colocó granadas en los bordes de sus vestidos | y muchas campanillas de oro todo alrededor, | para que tintinearan al caminar | y resonaran por todo el templo, | como memorial para los hijos de su pueblo.
10Le dio los ornamentos sagrados, de oro, jacinto | y púrpura, obra de bordador, | y el pectoral del juicio con los signos de la verdad, | con cintas de escarlata, obra de artista;
11con piedras preciosas, grabadas como sellos, | en engaste de oro, obra de joyero, | y con una inscripción grabada, | según el número de las tribus de Israel.
12Encima del turbante le colocó corona de oro, | grabada con el sello de consagración, | insignia de honor, obra magnífica, | adorno que era un regalo para los ojos.
13Antes de él nunca se vieron cosas semejantes, | y jamás un extraño se vistió de ese modo, | sino solo sus hijos | y sus descendientes para siempre.
14Sus sacrificios se consumían totalmente, | dos veces al día sin interrupción.
15Moisés lo consagró sacerdote, | lo ungió con óleo santo. | Así se estableció una alianza eterna para él | y para su descendencia mientras dure el cielo: | presidirá el culto, ejercerá el sacerdocio | y bendecirá a su pueblo en nombre del Señor.
16Lo eligió de entre todos los vivientes | para presentar la ofrenda al Señor, | el incienso y el aroma como memorial, | y para hacer la expiación por el pueblo.
17Le confió sus mandamientos | y autoridad sobre las prescripciones legales, | para que enseñara a Jacob sus dictámenes | e instruyera a Israel en la ley.
18Unos extraños se confabularon contra él | y en el desierto le cogieron envidia: | los hombres de Datán y Abirón, | la banda enfurecida de Coré.
19El Señor lo vio y se irritó, | y los destruyó con el ardor de su ira. | Hizo prodigios contra ellos, | consumiéndolos con su fuego ardiente.
20Aumentó la gloria de Aarón | y le concedió una heredad. | Le otorgó las primicias de los frutos | y sobre todo pan en abundancia.
21Por eso comen de los sacrificios del Señor, | que él concedió a Aarón y a su linaje.
22En cambio, no tiene heredad en la tierra, | ni porción en el pueblo, | porque el Señor es su porción y su heredad.
23Pinjás, hijo de Eleazar, es el tercero en gloria, | porque se mostró fiel en el temor del Señor. | Cuando el pueblo se rebeló, él se mantuvo firme, | con espíritu noble y valiente, | y así obtuvo el perdón para Israel.
24Por eso el Señor hizo con él una alianza de paz, | y le designó jefe del santuario y de su pueblo. | De este modo él y su descendencia recibieron | la dignidad del sumo sacerdocio para siempre.
25El Señor hizo también alianza con David, | hijo de Jesé, de la tribu de Judá. | Pero esta herencia real solo pasa de hijo a hijo, | mientras que la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.
26Que Dios os conceda la sabiduría del corazón, | para juzgar a su pueblo con justicia, | y para que no se desvirtúen los valores de los padres, | ni su gloria por todas las generaciones.
461Valiente guerrero fue Josué, hijo de Nun, | sucesor de Moisés en la dignidad de profeta. | De acuerdo con lo que su nombre indica, | se mostró grande para salvar a los elegidos del Señor, | para tomar venganza de los enemigos sublevados | e introducir a Israel en su heredad.
2¡Qué glorioso cuando alzaba la mano | y blandía la espada contra las ciudades!
3¿Quién había sido tan valiente antes de él? | ¡Él mismo combatía las batallas del Señor!
4¿Acaso no se detuvo el sol ante su mano | y un día se convirtió en dos?
5Él invocó al Altísimo soberano, | cuando los enemigos le rodeaban por todas partes, | y el Señor, que es grande, le respondió, | enviando una terrible lluvia de granizo.
6Cayó de golpe sobre la nación hostil, | y al bajar aniquiló a los adversarios, | para que las naciones conocieran la fuerza de sus armas | y entendieran que luchaban contra el Señor.
7Josué se mantuvo fiel al Todopoderoso | e hizo el bien en tiempos de Moisés. | Él y también Caleb, hijo de Jefuné, | resistieron frente a la asamblea, | apartaron al pueblo del pecado | y acallaron las murmuraciones malignas.
8Solo ellos dos se salvaron | entre seiscientos mil hombres de a pie, | para ser introducidos en la heredad, | en la tierra que mana leche y miel.
9El Señor dio a Caleb un gran vigor | que le duró hasta su vejez, | para que subiera a las alturas del país, | que sus descendientes conservaron como heredad;
10para que todos los hijos de Israel supieran | que es bueno seguir los caminos del Señor.
11También los jueces, cada uno por su nombre, | cuyo corazón no se prostituyó | ni se apartaron del Señor: | ¡Bendita sea su memoria!
12¡Que sus huesos revivan en sus tumbas, | y sus nombres se renueven | en los hijos de estos personajes ilustres!
13Samuel fue amado de su Señor, | como profeta del Señor estableció la monarquía | y ungió a los príncipes de su pueblo.
14Juzgó a la asamblea según la ley del Señor, | y el Señor se fijó en Jacob.
15Por su fidelidad demostró ser profeta, | por sus oráculos fue reconocido vidente veraz.
16Invocó al Señor todopoderoso, | cuando los enemigos lo rodeaban por todas partes, | y le ofreció un cordero lechal.
17El Señor tronó desde los cielos, | con gran estruendo hizo resonar su voz;
18aplastó a los jefes enemigos | y a todos los príncipes de los filisteos.
19Antes de entrar en el reposo eterno, | dio testimonio ante el Señor y su ungido: | «De nadie he aceptado regalos, | ni siquiera unas sandalias», | y nadie pudo contradecirlo.
20E incluso después de muerto profetizó, | anunciando al rey su destino; | del seno de la tierra alzó su voz, | profetizó para borrar la iniquidad del pueblo.
471Después de él surgió Natán | que profetizó en tiempos de David.
2Como se separa la grasa en el sacrificio de comunión, | así David fue separado de entre los hijos de Israel.
3Jugó con los leones como si fueran cabritos, | y con los osos como si fueran corderos.
4¿Acaso no mató de joven al gigante, | y quitó el oprobio del pueblo, | lanzando la piedra con la honda | y abatiendo la arrogancia de Goliat?
5Porque invocó al Señor altísimo, | quien dio vigor a su diestra, | para aniquilar al potente guerrero | y reafirmar el poder de su pueblo.
6Por eso lo glorificaron por los diez mil | y lo alabaron por las bendiciones del Señor, | ofreciéndole la diadema de gloria.
7Pues él aplastó a los enemigos del contorno, | aniquiló a los filisteos, sus adversarios, | para siempre quebrantó su poder.
8Por todas sus acciones daba gracias | al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria. | Con todo su corazón entonó himnos, | demostrando el amor por su Creador.
9Organizó coros de salmistas ante el altar, | y con sus voces armonizó los cantos; | y cada día tocarán su música.
10Dio esplendor a las fiestas, | embelleció las solemnidades a la perfección, | haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, | llenando de cánticos el santuario desde la aurora.
11El Señor le perdonó sus pecados | y exaltó su poder para siempre: | le otorgó una alianza real | y un trono de gloria en Israel.
12Le sucedió en el trono un hijo sabio, | que, gracias a él, vivió holgadamente.
13Salomón reinó en tiempo de paz, | y Dios le dio tranquilidad en sus fronteras, | para que levantara un templo en su nombre | y edificara un santuario eterno.
14¡Qué sabio fuiste en tu juventud, | lleno de inteligencia como un río!
15Tu espíritu cubrió la tierra, | la llenaste con enigmáticos proverbios.
16Tu nombre llegó hasta las islas lejanas, | y fuiste amado por la paz que infundías.
17De tus cantos, tus sentencias, tus proverbios | y tus interpretaciones se admiraron las naciones.
18En nombre del Señor Dios, | que es llamado Dios de Israel, | amontonaste el oro como estaño, | como plomo multiplicaste la plata.
19Pero entregaste tu cuerpo a las mujeres | y te dejaste dominar por ellas.
20Profanaste así tu gloria | y deshonraste tu linaje, | acarreando la ira sobre tus hijos | y afligiéndolos con tu locura.
21Por eso tu dinastía se dividió en dos, | y de Efraín surgió un reino rebelde.
22Pero el Señor jamás retiró su misericordia, | no dejó que sus palabras se perdieran, | ni que se borrase la descendencia de su elegido, | ni que desapareciese el linaje del que fue su amado. | Por eso dio a Jacob un resto, | y a David un retoño nacido de él.
23Descansó Salomón con sus padres | y dejó en el trono a uno de su linaje, | lo más loco del pueblo, falto de inteligencia: | Roboán, que pervirtió al pueblo con su consejo.
24También Jeroboán, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel | e indicó a Efraín el camino del pecado. | Desde entonces el pueblo cometió tantos pecados | que fueron expulsados de su tierra.
25Hicieron toda clase de maldades, | hasta que el castigo cayó sobre ellos.
481Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, | su palabra quemaba como antorcha.
2Él hizo venir sobre ellos el hambre, | y con su celo los diezmó.
3Por la palabra del Señor cerró los cielos | y también hizo caer fuego tres veces.
4¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos! | ¿Quién puede gloriarse de ser como tú?
5Tú despertaste a un cadáver de la muerte | y del abismo, por la palabra del Altísimo;
6tú precipitaste reyes a la ruina | y arrebataste del lecho a hombres insignes;
7en el Sinaí escuchaste palabras de reproche | y en el Horeb sentencias de castigo;
8tú ungiste reyes vengadores | y profetas para que te sucedieran;
9fuiste arrebatado en un torbellino ardiente, | en un carro de caballos de fuego;
10tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros, | para aplacar la ira antes de que estallara, | para reconciliar a los padres con los hijos | y restablecer las tribus de Jacob.
11Dichosos los que te vieron | y se durmieron en el amor, | porque también nosotros viviremos.
12Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, | Eliseo se llenó de su espíritu. | Durante su vida ningún príncipe lo hizo temblar, | nadie pudo dominarlo.
13Nada era imposible para él, | incluso muerto, su cuerpo profetizó.
14Durante su vida realizó prodigios, | y después de muerto fueron admirables sus obras.
15A pesar de todo, el pueblo no se arrepintió, | ni se apartaron de sus pecados, | hasta que fueron deportados de su tierra | y dispersados por el mundo entero.
16Solo quedó un pueblo muy reducido, | con un príncipe de la casa de David. | Algunos de ellos hicieron lo que agrada a Dios, | pero otros multiplicaron sus pecados.
17Ezequías fortificó su ciudad | y llevó el agua hasta dentro de ella; | con hierro horadó la roca | y construyó cisternas para el agua.
18En su tiempo Senaquerib hizo una expedición | y envió por delante a Rabsaqués; | este partió, alzó la mano contra Sión | y se engrió con altanería.
19Temblaron entonces corazones y manos, | y sufrieron dolores de mujeres en parto.
20Invocaron al Señor misericordioso, | tendiendo sus manos hacia él. | Y el Santo, desde el cielo, los escuchó al instante | y los liberó por medio de Isaías.
21Hirió el campamento de los asirios, | y su ángel los exterminó.
22Porque Ezequías hizo lo que agrada al Señor | y se mantuvo firme en los caminos de David su padre, | como se lo ordenaba el profeta Isaías, | el grande y digno de fe en sus visiones.
23En tiempo de Isaías el sol retrocedió, | y se prolongó la vida del rey.
24Con gran inspiración vio el fin de los tiempos, | y consoló a los afligidos de Sión.
25Reveló el futuro hasta la eternidad | y las cosas ocultas antes que sucedieran.
491El recuerdo de Josías es una mezcla de incienso, | preparada por el arte del perfumista. | Es dulce como miel en la boca, | como música en medio de un banquete.
2Trabajó por la reforma del pueblo | y extirpó la idolatría abominable.
3Enderezó su corazón hacia el Señor | y en una época impía fortaleció la piedad.
4Fuera de David, Ezequías y Josías, | todos cometieron muchos pecados. | Y por abandonar la ley del Altísimo, | los reyes de Judá desaparecieron.
5En efecto, entregaron a otros su poder, | y su gloria a una nación extranjera.
6Incendiaron la ciudad elegida del santuario | y dejaron desiertas sus calles,
7según la palabra de Jeremías, a quien maltrataron, | consagrado profeta desde el seno de su madre, | para arrancar, destruir y derribar | y también para construir y plantar.
8Ezequiel tuvo la visión de la gloria | que Dios le reveló en el carro de querubines,
9porque se acordó de sus enemigos en la tempestad | y favoreció a los que seguían el camino recto.
10En cuanto a los doce profetas: | ¡que sus huesos revivan en sus tumbas, | porque ellos consolaron a Jacob | y lo salvaron con esperanza confiada!
11¿Cómo elogiaremos a Zorobabel? | ¡Es como un anillo en la mano derecha,
12y lo mismo Josué, hijo de Josadac! | En sus días construyeron el templo, | levantaron un santuario consagrado al Señor, | destinado a una gloria eterna.
13También es grande la memoria de Nehemías, | él levantó nuestras murallas en ruinas, | puso puertas y cerrojos | y reconstruyó nuestras moradas.
14Nadie hubo en el mundo igual a Henoc, | pues fue arrebatado de la tierra.
15Ni nació nunca hombre alguno como José, | guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; | cuyos huesos fueron venerados.
16Sem y Set fueron famosos entre los hombres, | pero por encima de todos los vivientes sobresale Adán.
501Simón, el sumo sacerdote, hijo de Onías, | en su vida reparó el templo, | y en sus días fortificó el santuario.
2Puso los cimientos de doble altura, | un alto contrafuerte de la cerca del templo.
3En sus días se excavó el depósito de agua, | un estanque tan ancho como el mar.
4Él cuidó de su pueblo para evitar su ruina | y fortificó la ciudad contra un posible asedio.
5¡Qué glorioso era cuando, rodeado de su pueblo, | salía de la casa del velo!
6Como el lucero del alba en medio de las nubes, | como la luna en su plenilunio;
7como el sol refulgente sobre el templo del Altísimo, | como el arco iris brillando entre nubes de gloria;
8como rosal florecido en primavera, | como lirio junto a un manantial, | como cedro del Líbano en verano;
9como fuego e incienso en el incensario, | como vaso de oro macizo | adornado con toda clase de piedras preciosas;
10como olivo cargado de frutos, | como ciprés erguido hasta las nubes.
11Cuando se ponía la vestidura de gala | y se colocaba sus elegantes ornamentos, | cuando subía hacia el altar sagrado, | llenaba de gloria el recinto del santuario.
12Cuando recibía las porciones de las víctimas | de manos de los sacerdotes, | él mismo de pie junto al fuego del altar, | rodeado de una corona de hermanos, | como retoños de cedro en el Líbano | o como tallos de palmera engarzados.
13Todos los hijos de Aarón en su esplendor, | con la ofrenda del Señor en sus manos, | estaban en presencia de toda la asamblea de Israel.
14Mientras cumplía su servicio en el altar, | preparando la ofrenda del Altísimo todopoderoso,
15tomaba en su mano la copa, | hacía la libación del vino | y lo derramaba al pie del altar, | como aroma suave para el Altísimo, Rey del universo.
16Entonces los hijos de Aarón prorrumpían en gritos, | tocaban las trompetas de metal batido, | hacían oír su sonido imponente, | como memorial delante del Altísimo.
17Entonces, de repente, | todo el pueblo en masa caía rostro a tierra, | para adorar al Señor, su Dios, | el Todopoderoso, el Dios altísimo.
18Los salmistas también lo alababan con sus voces, | y su canto formaba una dulce melodía.
19El pueblo suplicaba al Señor altísimo, | permanecía en oración ante el Misericordioso, | hasta que terminaba la ceremonia del Señor | y concluía el servicio litúrgico.
20Entonces él bajaba y elevaba las manos | sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, | para pronunciar con sus labios la bendición del Señor | y tener el honor de invocar su nombre.
21Y por segunda vez todos se postraban, | para recibir la bendición del Altísimo.
22Y ahora bendecid al Dios del universo, | el que hace grandes cosas por doquier, | el que enaltece nuestra vida desde el seno materno | y nos trata según su misericordia.
23Que nos dé la alegría de corazón | y que haya paz en nuestros días, | en Israel por los siglos de los siglos.
24Que su misericordia permanezca con nosotros | y en nuestros días nos libere.
25Hay dos naciones que mi alma detesta, | y la tercera ni siquiera es nación:
26los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos | y el pueblo necio que mora en Siquén.
27Doctrina de ciencia e inteligencia | ha condensado en este libro | Jesús, hijo de Sira, hijo de Eleazar, de Jerusalén, | que de su corazón derramó sabiduría a raudales.
28Dichoso el que repase estas enseñanzas; | el que las guarde en su corazón se hará sabio.
29Y si las pone en práctica, en todo será fuerte, | porque la luz del Señor iluminará su camino; | y a los piadosos dio sabiduría. | Bendito el Señor por siempre. Así sea. Así sea.
511Te doy gracias, Señor y Rey, | te alabo, oh Dios mi salvador, | a tu nombre doy gracias.
2Porque fuiste mi protector y mi auxilio, | y libraste mi cuerpo de la perdición, | del lazo de una lengua traicionera, | de los labios que urden mentiras; | frente a mis adversarios | fuiste mi auxilio y me liberaste,
3por tu inmensa misericordia y por tu nombre, | de las dentelladas de los que iban a devorarme, | de la mano de los que buscaban mi vida, | de las muchas tribulaciones que he sufrido;
4de las llamas sofocantes que me envolvían, | de un fuego que yo no había encendido;
5de las entrañas del abismo, | de la lengua impura, de la palabra mentirosa,
6calumnia de una lengua injusta ante el rey. | Yo estaba a punto de morir, | mi vida tocaba el abismo profundo.
7Por todas partes me asediaban y nadie me auxiliaba, | buscaba a alguien que me ayudara y no había nadie.
8Entonces me acordé, Señor, de tu misericordia | y de tus obras que son desde siempre, | de que tú sostienes a los que esperan en ti | y los salvas de la mano de los enemigos.
9Y desde la tierra elevé mi plegaria, | supliqué ser librado de la muerte.
10Clamé al Señor: «Tú eres mi Padre, | no me abandones el día de la tribulación, | cuando acosan los orgullosos y estoy indefenso. | Alabaré tu nombre sin cesar | y te cantaré himnos de acción de gracias».
11Y mi oración fue escuchada, | pues tú me salvaste de la perdición | y me libraste de aquel mal momento.
12Por eso te daré gracias y te alabaré, | bendeciré el nombre del Señor.
13Desde joven, antes de viajar por el mundo, | busqué sinceramente la sabiduría en la oración.
14A la puerta del templo la pedí, | y la busqué hasta el último día.
15Cuando floreció como racimo maduro, | mi corazón se alegró. | Entonces mi pie avanzó por el camino recto, | desde mi juventud seguí sus huellas.
16Incliné un poco mi oído y la recibí, | y me encontré con una gran enseñanza.
17Gracias a ella he progresado mucho, | daré gloria a quien me ha dado la sabiduría.
18Pues he decidido ponerla en práctica, | me he dedicado al bien y no quedaré defraudado.
19He luchado para obtenerla, | he sido diligente en practicar la ley, | he tendido mis manos hacia el cielo, | lamentado lo que ignoraba de ella.
20Hacia ella he orientado mi vida | y en la pureza la he encontrado. | Desde el principio me dediqué a ella, | por eso no quedaré defraudado.
21Mis entrañas se conmovieron al buscarla, | por eso he hecho una buena adquisición.
22En recompensa el Señor me dio una lengua, | y con ella lo alabaré.
23Acercaos a mí, los ignorantes, | e instalaos en mi escuela de sabiduría.
24¿Por qué os tenéis que privar por más tiempo, | si estáis tan sedientos de ella?
25He abierto la boca para decir: | «Adquiridla sin dinero».
26Someted vuestro cuello a su yugo | y recibid instrucción: | está ahí, a vuestro alcance.
27Ved con vuestros ojos lo poco que he trabajado, | y qué descanso tan grande he encontrado.
28No escatiméis dinero para recibir instrucción, | pues con ella adquiriréis gran cantidad de oro.
29Alegraos por la misericordia del Señor, | y no os avergoncéis de su alabanza.
30Realizad vuestras obras antes del momento final | y él os dará la recompensa a su tiempo.