Sagrada Biblia
Habacuc

Habacuc

1 | 2 | 3

11Oráculo que vio el profeta Habacuc.
2¿Hasta cuándo, Señor, | pediré auxilio sin que me oigas, | te gritaré: ¡Violencia!, | sin que me salves?
3¿Por qué me haces ver crímenes | y contemplar opresiones? | ¿Por qué pones ante mí | destrucción y violencia, | y surgen disputas | y se alzan contiendas?
4Por ello, la ley se debilita | y el derecho jamás prevalece, | el malvado acorrala al justo | y así sale el derecho pervertido.
5Mirad, contemplad atentos a las naciones, | llenaos de espanto, | pues en vuestros días se hará tal obra | que no la creeríais si os la contasen.
6Movilizo a los caldeos, | pueblo duro e impetuoso, | que ensancha la tierra con su venida, | se apodera de gentes que no son suyas.
7Temible y terrible, | él es la fuente de su derecho y su decisión.
8Sus caballos, más veloces que panteras, | más feroces que lobos nocturnos. | Sus jinetes cargan, de lejos cabalgan, | vuelan como águila lanzada sobre su presa.
9Todo en ellos es violencia, | sus rostros miran hacia Oriente, | reúnen como arena a los prisioneros.
10Se ríe de los reyes | y se burla de los príncipes. | Se mofa de todas las fortalezas, | construye rampas y las conquista.
11Entonces se renueva su ardor, | sigue y se instala. | Para él, su fuerza es su dios.
12Señor, ¿no eres, desde siempre, mi Dios? | ¡Oh, Santo, que no muramos! | Señor, lo pusiste para sentenciar; | ¡oh, Roca!, lo estableciste para juzgar.
13Tus ojos, puros para contemplar el mal, | no soportan ver la opresión. | ¿Por qué, pues, ves a los traidores y callas, | cuando el malvado se traga al justo?
14Tratas a los hombres como a peces del mar, | como a reptiles sin dueño.
15Los atrapa a todos con su anzuelo, | los arrastra con su red; | los amontona en su barca | contento y alegre.
16Por eso ofrecen sacrificios a su red | e incienso a su barca, | pues en ellos tienen su sustento, | su ración y comida abundante. |
17 ¿Seguirá vaciando su red, | asesinando pueblos sin compasión?
21Aguantaré de pie en mi guardia, | me mantendré erguido en la muralla | y observaré a ver qué me responde, | cómo replica a mi demanda.
2Me respondió el Señor: | Escribe la visión y grábala | en tablillas, que se lea de corrido;
3pues la visión tiene un plazo, | pero llegará a su término sin defraudar. | Si se atrasa, espera en ella, | pues llegará y no tardará.
4Mira, el altanero no triunfará; | pero el justo por su fe vivirá.
5¡Cuánto más el orgulloso | se portará como traidor y fanfarrón, | saliéndose de sus límites! | Ese que abre sus fauces como el Abismo | es como la muerte y no se sacia; | juntó para sí a todos los pueblos | y reunió para sí a todas las naciones.
6¿Y no pregonarán todos estos un poema, | una adivinanza, un enigma a su costa? Dirán: | ¡Ay del que acumula | lo que no es suyo! | ¿Hasta cuándo amontonará | para él prendas empeñadas?
7¿No se levantarán de pronto tus acreedores, | se despertarán los que te asustan | y te saquearán en su provecho?
8Puesto que expoliaste incontables pueblos, | te expoliarán todos los demás, | por la sangre humana y la violencia | en el país, sus ciudades y sus habitantes.
9¡Ay del que enriquece su casa | con pérfidas ganancias, | poniendo bien alto su nido | para protegerse así de la adversidad!
10La vergüenza de tu casa has planeado | y has pecado al exterminar tantas naciones;
11las piedras de los muros gritan, | las vigas de madera claman.
12¡Ay del que construye su ciudad con sangre | y la asienta en el crimen!
13¿No es voluntad del Señor del universo | que se afanen las naciones para el fuego | y los pueblos trabajen en vano?
14Pues se llenará la tierra | del conocimiento de la gloria del Señor, | como las aguas cubren el mar.
15¡Ay del que hace beber a su compañero, | mezclando su bebida hasta embriagarlo | y ver así su desnudez!
16Te saciaste de vergüenza, no de gloria, | bebe también tú, y enseña tu prepucio. | Que el Señor te haga beber | la copa de su cólera, | y cambie tu gloria en vergüenza.
17Pues la violencia hecha al Líbano caerá sobre ti | y el exterminio de sus fieras te aterrará, | por la sangre humana y la violencia en el país, | en sus ciudades y en todos sus habitantes.
18¿Para qué sirve un ídolo | si es ídolo de artesano, | una imagen fundida, un oráculo engañoso? | ¿Cómo confía el artesano en su producto, | si fabrica dioses mudos?
19¡Ay del que dice a la madera: ¡levántate!, | y a la piedra muda: ¡despierta! | ¿Es ella quien enseña? | Ahí está, chapada de oro y plata, | pero sin rastro de espíritu en su seno.
20Pero el Señor está en su santo templo: | ¡Silencio ante él toda la tierra!
31Oración del profeta Habacuc, a modo de lamentación.
2Señor, he oído tu fama; | me ha impresionado tu obra. | En medio de los años, realízala; | en medio de los años, manifiéstala; | en el terremoto, acuérdate de la misericordia.
3El Señor viene de Temán; | el Santo, del monte Farán; | su resplandor eclipsa el cielo, | la tierra se llena de su alabanza;
4su brillo es como el día, | su mano destella velando su poder. | Ahí se esconde su poder.
5La Peste lo precede, lo sigue la Fiebre;
6se para y sacude la tierra, | mira y desbarata a los pueblos; | se desmoronan las montañas antiguas, | se encogen las colinas eternas, | eternos son sus caminos.
7He visto demolidas las tiendas de Cusán, | tiemblan los refugios de la tierra de Madián.
8¿Se inflama tu ira, Señor, contra los ríos, | contra los ríos tu cólera, | contra el mar tu furor, | cuando cabalgas en tus caballos, | en tus carros victoriosos?
9Has desnudado tu arco, | llenas de flechas tu aljaba, | con torrentes hiendes la tierra.
10Te ven las montañas y tiemblan, | pasa una tromba, brama el océano, | levanta sus brazos en alto.
11El sol y la luna están firmes en su órbita, | a la luz de tus flechas caminan, | al resplandor de las lanzas de tus relámpagos.
12Caminas airado por la tierra, | furioso pisoteas a los pueblos;
13sales a salvar a tu pueblo, | a salvar a tu ungido; | aplastas el techo de la casa del malvado, | desnudas sus cimientos hasta la médula.
14Con sus flechas atraviesas | la élite de sus tropas, | que se agitan para descuartizarme, | como si se tratase de agarrar | a un pobre en una trampa.
15Pisas por el mar con tus caballos, | revolviendo las aguas del océano.
16Lo escuché y temblaron mis entrañas, | al oírlo se estremecieron mis labios; | me entró un escalofrío por los huesos, | vacilaban mis piernas al andar; | gimo ante el día de la angustia | que sobreviene al pueblo que nos oprime.
17Aunque la higuera no echa yemas | y las viñas no tienen fruto, | aunque el olivo olvida su aceituna | y los campos no dan cosechas, | aunque se acaban las ovejas del redil | y no quedan vacas en el establo,
18yo exultaré con el Señor, | me gloriaré en Dios, mi salvador.
19El Señor soberano es mi fuerza, | él me da piernas de gacela, | y me hace caminar por las alturas. Al director del coro, con cítaras.