
Domingo de Resurrección: el día de Pascua
Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua que se bendijo durante la celebración de la Vigilia; durante la ascensión se puede cantar la antífona “Vidi aquam”, u otro canto de índole bautismal. Con la misma agua bendita conviene llenar los recipientes (pilas) que se hallan a la entrada de la iglesia.
Consérvese, donde ya está en vigor, o establézcase en la medida en que sea posible, la tradición de celebrar las Vísperas bautismales del día de Pascua, durante las cuales, mientras se cantan los Salmos, se hace una procesión al baptisterio.

El cirio pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o cerca del altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de este tiempo, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas, hasta el Domingo de Pentecostés.
Después ha de trasladarse al baptisterio y mantenerse con todo honor para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte es para el cristiano su verdadera pascua. El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio.
Nota: El modo habitual de la celebración se puede leer en las recomendaciones establecidas en la Carta Circular sobre las Fiestas Pascuales, de la Congregación para el Culto Divino, de 1988.
Tiempo Pascual
Comienza el Tiempo Pascual, los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, que «se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo» (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).
La celebración de la Pascua se continúa durante el Tiempo Pascual.
Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados “domingos de pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad. Las solemnidades que coincidan con estos domingos, han de anticiparse al sábado precedente. Aunque los domingos no tienen nombre propio –salvo el domingo de la Octava o domingo II de Pascua, que es el de la “divina misericordia”- cada uno de ellos profundiza un aspecto de este misterio central de nuestra fe a través de las lecturas, muy en especialmente el evangelio de San Juan y también las cartas católicas y el Apocalipsis. Así, la panorámica de estos domingos sería la siguiente:
- Domingo II o “de la divina misericordia” y domingo III. Las apariciones de Jesús: presencia del resucitado entre los suyos.
- Domingo IV. Jesús como buen pastor que da la vida por las ovejas.
- Domingo V y domingo VI. Fragmentos del discurso de la Última Cena: la llamada al amor, vivir como resucitados.
El Domingo VII de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, trasladada del jueves anterior: unida la promesa del Espíritu, se inaugura un nuevo modo de presencia del Resucitado en medio de los suyos. Cristo “no se ha ido para desentenderse de este mundo”, sino que estará presente con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo y, a la vez, nos abre un camino, el del cielo, hacia el que tenemos que transitar por medio de nuestra peregrinación por este mundo.
El domingo siguiente es Pentecostés, la culminación de este tiempo con el sello que es el don del Espíritu Santo, que pone en marcha a la Iglesia. Se concluye este sagrado período de los cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramado sobre los Apóstoles, del comienzo de la Iglesia y del inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigila Pascual, sino más bien de oración intensa, según el ejemplo de los Apóstoles y discípulos, los cuales perseveraban unánimes en la plegaria junto con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo .
Los sacramentos y la pascua
- Para los adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia Pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de “mistagogia”, es decir, de iniciación en la vida cristiana. En todas partes además, aunque no haya neófitos –es decir, adultos recién bautizados-, durante la octava de Pascua, hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el Bautismo en la Vigilia Pascual en toda la Iglesia.
Es muy conveniente que los niños reciban su Primera Comunión en estos domingos pascuales. Se encarece que durante el período pascual y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.
Colores litúrgicos
- Blanco y/o dorado. Este color, el blanco representa a Dios. Simboliza la alegría, pureza, tiempo de júbilo y la paz. Normalmente, el dorado se utiliza en las celebraciones más importantes del año, en este caso, la Vigilia de la Pascua de Resurrección. También el blanco es el color del Domingo de Pascua y el de Jueves Santo, por la tradición de celebrar este día la Misa Crismal en la que se bendicen los óleos que se utilizan durante todo el año.
- Una vez que concluye la Semana Santa, el blanco será el color para el Tiempo de Pascua, hasta que lleguemos, cincuenta días más tarde, a la celebración de Pentecostés. Entonces, regresará el color rojo, símbolo del fuego del Espíritu Santo que inunda el corazón de los apóstoles y todos los que hemos recibido la confirmación.
Comentario a las lecturas según el calendario litúrgico
Se propone la lectura del Evangelio de san Juan sobre el hallazgo del sepulcro vacío. También pueden leerse, si se prefiere, los textos de los Evangelios propuestos para la Noche Santa, o, cuando hay misa vespertina, la narración de Lucas sobre la aparición a los discípulos que iban a Emaús. La primera lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles, que se leen durante el tiempo pascual en vez de la lectura del Antiguo Testamento. La lectura del Apóstol se refiere al misterio de Pascua vivido en la Iglesia.
El color de las vestiduras litúrgicas es el blanco.
LECC.: vol. I (A).
- Hch 10, 34a. 37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
- Sal 117. R. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
- Col 3, 1-4. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo. o bien: 1 Cor 5, 6b-8. Barred la levadura vieja para ser una masa nueva. Secuencia. Ofrezcan los cristianos.
- Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos. o bien, para las misas vespertinas: Lc 24, 13-35. Quédate con nosotros, porque atardece.

Creemos que Cristo ha resucitado de entre los muertos porque aceptamos el testimonio de los apóstoles, que vieron el sepulcro vacío y creyeron; que comieron y bebieron con Él, después de su resurrección; testimonio que se nos transmite por la Iglesia a lo largo de los siglos (cf. Ev. y 1 lect.). Ocurrió el primer día de la semana que a partir de entonces es el día del Señor Resucitado, la piedra que desecharon los arquitectos, que es ahora la piedra angular de la Iglesia (cf. sal. resp.). Por la fe y el bautismo hemos resucitado con Cristo, el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida (Pf.). Por eso debemos buscar siempre los bienes del cielo, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios (2 lect.).
Calendario Litúrgico 2025-2026

