Protección de menores
La protección de menores es un compromiso firme y permanente de la Iglesia. Un deber moral y evangélico que nace del respeto absoluto a la dignidad de cada niño y adolescente, y de la responsabilidad de construir comunidades seguras.
El abuso contra menores es una grave tragedia. Hiere profundamente a la víctima y a su familia, y supone una traición a la misión de la Iglesia. Por eso, la Iglesia rechaza de forma clara cualquier abuso sexual, de poder o de conciencia, los reconoce como pecado grave y delito, y pide perdón por el daño causado.
La acción de la Iglesia se articula en cuatro líneas esenciales: la escucha y el acompañamiento de las víctimas; la atención integral y la reparación del daño; la prevención; y la formación de todas las personas que trabajan con menores.
En España, este compromiso se concreta en oficinas de protección de menores, protocolos de actuación y el Plan de Reparación Integral a las Víctimas, el PRIVA.
Proteger al menor es cuidar la vida, la confianza y el futuro de todos.
Semana 4 de 12
Siete ideas clave

La firma de Jesús Rodríguez Torrente*
Todas las diócesis y los institutos de vida consagrada han creado oficinas de atención a las víctimas
*Jesús Rodríguez Torrente es el director del Servicio de Coordinación y Asesoramiento de las Oficinas para la Protección de Menores
El abuso a menores, desgraciadamente, es una lacra que se ha establecido en la realidad social de una forma muy grave. Somos conscientes de que el mayor número de abusos se produce en los entornos que deberían ser los más seguros, como es el entorno familiar. Sin duda, la perversión en la concepción antropológica y sexual que tiene nuestra cultura hace que se expanda esta vivencia de la sexualidad en todos los demás grupos sociales: familia, ámbitos educativos, deportivos o la propia Iglesia. La influencia de la pornografía y la utilización de las redes sociales sin control ninguno provocan una mentalidad donde lo erótico se instala como vehículo de compra, de deseo y de realización individual. Así, se desdibujan los límites y se promueve la utilización de menores como objeto de satisfacción de adultos. En este momento, una de las mayores preocupaciones es el número, cada vez más elevado, de abusos de menores a menores, fruto de toda esta influencia nociva.
En este momento, podemos decir que una media anual de 200.000 personas está realizando programas formativos y cobrando conciencia de estos temas.
La Iglesia católica, después del impacto que ha supuesto la toma de conciencia de la desprotección de los menores en nuestros entornos, ha tratado de responder con rapidez y decisión. Desde el año 2019, en que la Iglesia estableció de forma preferencial la norma de la atención a las víctimas de abuso y la protección del menor como ejes configuradores de nuestro trabajo, todas las diócesis y los institutos de vida consagrada han creado oficinas de atención a las víctimas. También se ha trabajado e instado a que las actividades de tiempo libre tengan un control muy seguro sobre menores. No hay ni una sola institución que no tenga el protocolo de detección y actuación en caso de abusos, y se ha ido creando una concienciación muy clara sobre entornos seguros y códigos de buenas prácticas. Se ha establecido un plan de prevención a tres fases para ir dando formación y cauces de actuación. En este momento, podemos decir que una media anual de 200.000 personas está realizando programas formativos y cobrando conciencia de estos temas. Creo, con sencillez, que estamos ofreciendo a toda la sociedad un modelo muy bueno de atención a víctimas, de detección de posibles abusos y de prevención.
Es de resaltar que los centros educativos de la Iglesia tienen una implantación del entorno seguro muy amplia y cada vez más evolucionada. La Conferencia Episcopal Española ha aprobado una Instrucción sobre abusos sexuales, un Protocolo marco. Se está haciendo un trabajo inmenso en campamentos y actividades de tiempo libre. Se ha crecido en la implantación de oficinas y seguimiento de víctimas con desarrollo de restauración y reparación. Se aprobó el Plan de Reparación Integral para Víctimas de Abusos (PRIVA), al que las víctimas que no tendrían respuesta jurídica o de reconocimiento pueden acudir de forma absolutamente asegurada. Con todo, solo podemos decir que el grito de los menores ha sido escuchado y está tratando de responderse en y con verdad.
PODCAST
Un compromiso
¿Cuál es el compromiso de la Iglesia frente al drama de los abusos? ¿Cuáles son los avances para la protección de menores? ¿En qué se concretan los trabajos de prevención, formación y actuación? Estas son algunas de las cuestiones que aparecen en este cuarto episodio del podcast de La Iglesia en 12 semanas 2026. El episodio cuenta con la participación de Samuel Segura, miembro de la Comisión Asesora del Plan de Reparación Integral de Víctimas de Abusos (PRIVA), y Sandra Várez, portavoz de la misma Comisión Asesora del PRIVA.
En Historias contadas
Sandra Várez, portavoz de la Comisión Asesora del Plan de Reparación Integral de Víctimas de Abusos (PRIVA).
Una reparación integral, nos solamente material, sino también y sobre todo moral.
Tamara Cordero, miembro del equipo de Entornos Seguros (Sgdos. Corazones).
El compromiso de prevenir, formar y actuar.
Una mirada de conjunto para conocer esta problemática
La Iglesia católica inició, ya a finales del siglo pasado, la lucha contra los abusos sexuales cometidos contra menores o adultos vulnerables en el seno de la Iglesia por parte de algunos de sus miembros. Ante la publicación de los primeros casos de abusos cometidos en Estados Unidos, el papa Juan Pablo II escribió al episcopado de ese país (1993) instando a una seria reforma y contrición.
Desde esa fecha la Iglesia en todo el mundo ha ido dando pasos para conocer la realidad de los abusos sexuales contra menores, establecer medidas de protección de menores y prevención de abusos, juzgar el daño causado y sanar y reparar a las víctimas de esos abusos. Al mismo tiempo se han activado protocolos que dicen qué hay que hacer cuando éstos se producen y se están realizando procesos de formación de los menores y de todas las personas que tratan con ellos en la Iglesia, para protegerlos y prevenir los abusos.
En España, los pasos dados por la Iglesia desde 2018 hasta 2024 permiten ofrecer una mirada de conjunto a esta problemática. Estos pasos se han concretado en cinco puntos de largo alcance: el desarrollo de una normativa legal canónica sobre esta cuestión en la Santa Sede y su desarrollo en la Iglesia en España; la adopción de protocolos de protección de menores y de prevención de abusos en las instituciones eclesiales; la creación de oficinas de protección de menores y prevención de abusos en diócesis, congregaciones religiosas y otras instituciones eclesiales; la aprobación del Plan de Reparación Integral a las Víctimas de Abusos (PRIVA); y la creación de la Comisión Asesora de Reparación Integral.
El camino realizado ha sido largo y, es posible, que se sigan produciendo algunos casos de abusos, pero la Iglesia es la primera institución en España que ha sido consciente del grave problema de los abusos sexuales cometidos contra menores y ha creado un modo de tratar estos asuntos: atendiendo a las víctimas, protegiendo a los menores, formando para la prevención a sus miembros y ofreciendo un camino de reparación a todas las víctimas a las que la justicia ha dejado fuera. Esta dolorosa experiencia puede servir de aprendizaje para aquellas instituciones públicas o privadas que atienden a menores pero que todavía no son conscientes de la urgencia de esta lacra social.
La experiencia de la Iglesia ofrece las siguientes conclusiones:
1. Los abusos sexuales cometidos contra menores en el seno de la Iglesia han producido dolor y vergüenza en todos sus miembros.
2. Son un problema grave en la vida de la Iglesia por la altura de la misión que le ha sido confiada y que queda gravemente menoscabada. Son considerados pecados y delitos y como tal deben ser tratados.
3. La constatación de su existencia ha suscitado tres movimientos en la Iglesia: reparar el daño causado a las víctimas; conocer la realidad de los abusos y el daño causado en tantas personas; y el establecimiento de medidas para que no puedan seguir teniendo lugar.
4. El paso más decisivo en la lucha contra los abusos sexuales ha sido la creación de las Oficinas de protección de menores y de prevención de abusos en las diócesis, en las congregaciones religiosas y en otras instituciones eclesiales.
5. La legislación creada por la Iglesia para atajar esta lacra, tanto en la Santa Sede como en la Conferencia Episcopal, ha supuesto una revolución en el modo de actuar contra los abusos.
6. La realidad de los abusos sexuales contra menores no es un problema exclusivo de la Iglesia. Es uno de los problemas más graves que afronta nuestra sociedad y que hoy, sigue estando oculto. No obstante, la Iglesia quiere aportar su triste y amarga experiencia a la sociedad.
Preguntas frecuentes sobre abusos a menores en el ámbito de la Iglesia:
¿Qué supone el abuso a menores en la vida de la Iglesia?
El abuso sexual a menores es una grave tragedia para la víctima y su familia, cuyas consecuencias pueden durar toda la vida. También hiere a todo el Pueblo de Dios, al traicionar la misión de anunciar el Evangelio. Para quien lo comete, supone una llamada a la conversión, a pedir perdón, cumplir las penas impuestas y reparar el daño.
¿Cuál es el compromiso de la Iglesia ante los abusos?
La Iglesia en España rechaza cualquier abuso sexual, de poder o de conciencia, especialmente contra menores y personas vulnerables. Reconoce el daño causado por algunos de sus miembros, pide perdón a las víctimas y a la sociedad, y se compromete a colaborar de inmediato con la justicia. Considera estos hechos pecados graves y delitos que deben juzgarse en el ámbito civil y canónico.
¿Qué ha hecho la Conferencia Episcopal Española?
Ha promovido oficinas de protección de menores en diócesis y congregaciones religiosas. Estas oficinas acogen a las víctimas, reciben denuncias, investigan hechos incluso prescritos en lo posible y fomentan la prevención y la formación.
¿Quién investiga los abusos?
El obispo o superior religioso que recibe la denuncia realiza una investigación preliminar para valorar su verosimilitud. Si se trata de clérigos, la documentación se envía a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que estudia el caso, decide el procedimiento, garantiza el derecho de defensa y dicta la resolución.
¿Dónde se pueden denunciar los abusos?
Las denuncias pueden presentarse en las oficinas de protección de menores, ante el obispo o el vicario judicial, o ante superiores religiosos. Pueden hacerlo la víctima, sus tutores u otras personas conocedoras, de forma oral o escrita. También pueden iniciarse investigaciones por información procedente de autoridades civiles o judiciales, o por medios de comunicación.
¿Cómo se actúa cuando se presenta una denuncia?
Recibida la noticia de un posible delito, se abre una investigación previa para comprobar su verosimilitud. Después, el caso se envía a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que puede iniciar un proceso penal, ampliar la investigación, imponer medidas, archivar el caso u ordenar otras actuaciones, que se comunican para su ejecución.
¿Qué hace la Conferencia Episcopal cuando recibe una denuncia?
Traslada la denuncia al obispo o superior competente, responsable de la investigación preliminar y de remitir el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe. No juzga los casos, sino que vela por que se sigan los cauces establecidos.
¿Cómo se investigan los abusos cometidos en el pasado?
Se realizan investigaciones personalizadas en diócesis y congregaciones, centradas en la escucha y acogida de las víctimas. Las oficinas reciben denuncias incluso de hechos prescritos, priorizando el acompañamiento, el esclarecimiento y la restauración. Más que cifras, se busca atender cada caso de forma personal.
¿Por qué es importante denunciar?
La denuncia formal es el medio más eficaz para prevenir nuevas víctimas y erradicar estos comportamientos. La Iglesia ofrece espacios de escucha y distintos cauces —civiles, canónicos o sociales— para que cada víctima elija el más adecuado, y reafirma su colaboración con otras instituciones que trabajan en este ámbito.
¿Qué es el PRIVA?
El Plan de Reparación Integral para las Víctimas de Abusos es el plan que la Iglesia ofrece para la reparación de aquellas personas que no han podido acceder al cauce judicial para presentar su testimonio sobre abusos sufridos, cuando los hechos han prescrito o el agresor ha fallecido. En esos casos, la Comisión Asesora de Reparación Integral, integrada por profesionales independientes de los ámbitos jurídico, clínico, terapéutico y restaurativo, analiza cada caso y propone las medidas de reparación adecuadas.
¿Qué puede incluir la reparación?
- Compensación económica.
- Atención médica o psicológica.
- Acompañamiento espiritual.
- Medidas simbólicas.
- Procesos de justicia restaurativa.
La solicitud puede presentarla la propia víctima o su representante, a través de la entidad eclesial correspondiente o directamente mediante un formulario web. El plazo estimado de resolución es de tres meses, con comunicación continua con la persona solicitante.
Más información en la página web: para dar luz
Cifras que hablan
Datos relevantes sobre la presencia de la Iglesia en este ámbito
Fuente: Servicio de Coordinación y Asesoramiento de las Oficinas para la Protección de Menores.
Actividad de las Oficinas año 2025
465.465 personas
han recibido formación para la prevención de abusos y protección de menores
363.060
menores
34.175
profesores
32.310
padres
19.265
agentes de pastoral, monitores de tiempo libre y catequistas
7.712
sacerdotes y religiosos
1.388
seminaristas y religiosos en formación








