Tema 11. Proyecto de vida familiar

Tema 11. Proyecto de vida familiar

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CONTENIDO

 

SESIÓN 1:  Construir una familia cristiana, vuestro gran proyecto

1.Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (10 min.)

4.Exposición del tema (30 min.)

4.1. El mejor proyecto de vuestra vida.

a) ¿Cómo es…?

b) ¿Sobre qué se sustenta?

4.2. Conciliación trabajo y familia

a) El desafío trabajo y familia

b) ¿Mi trabajo y/o mis seres queridos? ¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

c) ¿Cómo alcanzar el equilibrio (horarios, lugares de trabajo, renuncia)?

5.Experiencia vital (15 min.)

6.El acompañamiento entre sesiones

SESIÓN 2: Los hijos y los bienes, dones de Dios y para Dios.

1.Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (10 min.)

4.Exposición del tema (30 min.)

4.1. Educación de los hijos.

a) La educación es un derecho y una responsabilidad de los padres

b) Evitar las discrepancias y buscar el acuerdo, educar en los mismos fines y virtudes

4.2. La economía familiar (el dinero por exceso y por defecto, donativos)

a) La austeridad

b) Lo tuyo y lo mío

c) Economía familiar y número de hijos

5.Experiencia vital (15 min.)

6.El acompañamiento entre sesiones

Material complementario.

SESIÓN 3: Vida social y ocio, siempre para el bien de la familia

1,Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (10 min.)

4. Exposición del tema (30 min.)

4.1. Amigos

a) Dime con quién andas y te diré quién eres

b) Vida espiritual en Comunidad

4.2. Ocio

a) Ocio sano y constructivo

b) El testimonio de la familia cristiana

c) Tiempo de ocio comprometido con la sociedad

d) Ocio juntos y separados

4.3. Familia de origen

a) Cuando no se está de acuerdo con los padres y/o los suegros

b) ¿Poner límites a nuestros padres?

c) Búsqueda del equilibrio

5.Experiencia vital (15 min.)

6.El acompañamiento entre sesiones

 

El Objetivo de este tema es comprender que el matrimonio no es algo solo de los dos cónyuges, sino un amplísimo proyecto familiar y social, para el que conviene prepararse. En este tema se tratan aspectos externos a la persona y a la propia pareja que no solo influyen enormemente sobre ellos, sino que también son pilares sobre los que construirán su vida matrimonial. Los hijos, las familias de origen, los amigos, y el trabajo son partes esenciales en el matrimonio.

 

El camino del noviazgo incluye aprender a formar un hogar cristiano e interiorizar los principios y valores sobre los que la familia debe guiarse y socializarse.

 

⇒ En la primera sesión se explica el proyecto de vida en común y se trata el tema de la conciliación trabajo y familia.
⇒ En la segunda sesión se entra de lleno en el hogar, tratando la educación de los hijos y las cuestiones de economía doméstica.
⇒ En la tercera sesión se tratan las relaciones con la familia política, la familia de sangre, los amigos y el ocio.

 

 

SESIÓN 1:  Construir una familia cristiana, vuestro gran proyecto

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos esta sesión en un clima de oración, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios.

 

Este episodio se sitúa en la amplia parte que el evangelista Lucas dedica al camino de Jesús hacia Jerusalén y donde expone cuáles deben ser las actitudes principales de sus discípulos. Por eso aquí subraya que el discípulo es el que, principalmente y en primer lugar, escucha al Maestro y luego actúa. Este texto, que podría parecer incómodo para las amas de casa, no pretende contraponer la contemplación y la acción, sino que nos invita a ser contemplativos en la acción.

 

Os invitamos a reflexionar:

 

» ¿Dedico tiempo a conocer y escuchar a Jesús para conocer el camino o baso mi seguridad en mi esfuerzo y mi trabajo?
» ¿El agobio y las preocupaciones que me provocan las cosas que hay que “hacer” me están permitiendo mirar al horizonte para saber si llevo el rumbo adecuado?
» ¿Sobre qué estoy construyendo mi vida?

 

Ángelus, 29 de diciembre de 2013

 

 

3. Dinámica inicial (10 min.)

 

Establecemos un diálogo abierto entorno a estas dos preguntas:

 

a) El matrimonio y la familia es un proyecto de vida en común de los dos, el más importante de todos.
b) ¿Es posible conciliar el trabajo y la familia? ¿Dónde encontramos los mayores problemas? ¿Qué podemos hacer personalmente?

 

 

4. Exposición del tema (30 min.)

 

4.1. El mejor proyecto de vuestra vida

 

 

El matrimonio y la familia que forméis serán el mayor y más importante proyecto de vuestras vidas. De él dependerá vuestra felicidad y, en consecuencia, la de vuestros hijos e incluso la de aquellas personas a las que la onda expansiva de vuestras vidas alcance.

 

a) ¿Cómo es…?

 

«Es un proyecto que se debe caracterizar por ser…

 

  • DE LOS DOS. Es un proyecto de vida que debéis ir construyendo los dos. “Un proyecto que no puede ser ni el mío ni el tuyo. No se puede acceder al matrimonio para vivir en él la idea que yo tengo del matrimonio y del que tú serás una pieza más”… el proyecto debe ser el de los dos, meditado, elaborado y querido por los dos.
  • ABIERTO. Un proyecto abierto a los acontecimientos y las circunstancias, pues todo cabrá en él. Abierto a los hijos, sobre todo a medida que crezcan, porque ellos también tendrán algo que decir. Y nuestro hogar también lo vivirán ellos y tendrá que poder ser su hogar.
  • DINÁMICO. Un proyecto dinámico, un crecimiento permanente, revisado y actualizado al caminar. Un proyecto en el que cabrán todos nuestros dinamismos, los de nuestras vidas que no dejarán de crecer y de hacerse, los dinamismos de nuestros hijos, el dinamismo de la vida y de la sociedad, el de la Iglesia. Un proyecto que no se detendrá, que no envejecerá y que sólo podrá morir con nosotros.
  • CREATIVO. Un proyecto creativo de formas nuevas de vivir, de amar y de trabajar. Porque si vivimos abiertos y si permitimos que el dinamismo de nuestra vida se desarrolle, con frecuencia nos encontraremos ante lo insospechado y tendremos que inventar y recrear nuestras vidas y nuestro amor». ⌊1⌋

 

Y en ese proyecto, siempre tiene que presidir Dios, porque la estabilidad del buen ambiente de un hogar depende de ello. Esto es fundamental, ¡cuánto necesitamos de su presencia!

 

b) ¿Sobre qué se sustenta?

 

El gran proyecto que vais a formar se sustenta sobre unos mismos valores y principios compartidos. Es necesario que coincidáis en la afirmación de unos valores y principios comunes que constituyen la base de vuestra comprensión del matrimonio y de la familia, y de vuestras actitudes fundamentales ante la vida. Debéis tener claro qué es importante y qué no, para los dos.

Durante el noviazgo debéis abordar y hablar sobre temas de especial relevancia como:

 

  • Los hábitos familiares que os gustaría tener.
  • El deseo de tener hijos y la idea aproximada sobre el número de estos.
  • El estilo de educación de los hijos que os gustaría seguir.
  • Las aspiraciones profesionales de cada uno, el valor y el significado del trabajo para cada uno.
  • Actitud frente al dinero y los bienes materiales.
  • El cultivo de la vida religiosa…

 

 

 

¡Ojo!, porque a menudo no tenemos en cuenta que nuestros intereses sociales, espirituales, intelectuales… están a kilómetros de distancia de los del otro. Incluso puede que tengamos valores y objetivos contrapuestos (y entonces suele aparecer el «ya no nos queremos» o «se nos acabó el amor»):

 

Sentido y existencia de Dios. vs Mediocridad cristiana.
El amor cristiano: entrega y olvido, perdón, respeto… vs Ojo por ojo y diente por diente». Rencor.
Austeridad (valorar más el ser que el tener, dominio del capricho y del despilfarro). vs  Colmado cuando lo material está cubierto…
Espíritu de sacrificio y alegría evangélica. vs Ideal del placer fácil, huida del esfuerzo, eliminación del dolor…

 

Debéis preocuparos por crear una familia cristiana, dedicando tiempo a examinar los fundamentos intelectuales, emocionales, sociales, espirituales y físicos del matrimonio. Y hablar de todo ello antes de casaros.

La construcción de la familia no se puede dejar en manos de la espontaneidad, ni se debe improvisar, debe ser fruto de una decisión madurada y constantemente trabajada.

 

4.2. Conciliación trabajo y familia

 

a) El desafío trabajo y familia

 

En las últimas décadas la relación trabajo-familia ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Una generalizada incorporación de la mujer al mundo del trabajo fuera de casa, la elevada competitividad y las largas jornadas laborales ponen a prueba a los matrimonios y las familias.

Hasta hace pocas décadas el hombre podía estar todo el día trabajando mientras su mujer estaba en casa ocupándose de gestionar el hogar y la familia. Era la época del “hombre proveedor”. Hoy en día es muy frecuente que tanto el hombre como la mujer trabajen igual, en intensidad y tiempo, fuera de casa, por lo que se encuentran ante el reto de aprender a gestionar el hogar y la familia conjuntamente.

Ser capaz de adaptarse a estos cambios y mantener una sana relación trabajo-familia puede llegar a ser muy complicado y, en ciertas ocasiones, hasta heroico.

Esta situación actual compleja y difícil está provocando en la sociedad un conflicto entre el trabajo y la familia con consecuencias muy negativas tales como divorcios, problemas de salud (estrés, depresiones…), baja natalidad y delegación excesiva de la educación de los hijos a cuidadores y al colegio.

 

b) ¿Mi trabajo y/o mis seres queridos? ¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

 

Empecemos analizando tres situaciones frecuentes…

 

  • SIN VIDA EXTRALABORAL. “Si quieres progresar tienes que ser el que más le entregue a la empresa”. Esto provoca que la vida extralaboral desaparezca, dejando en el camino la familia, los amigos y las relaciones sociales en general.
  • DE MOMENTO DE UNIÓN A SESIÓN RECRIMINATORIA. Muchas parejas no se ven durante el día y la hora de la cena se convierte en la oportunidad ideal para quejas y recriminaciones. Unos se quejan del trabajo, otros de las horas fuera de casa, de que no se ven nunca, de la falta de colaboración en el cuidado de los hijos, etc. A pesar de que estas quejas son frecuentes, nadie hace nada por mejorar la situación y se convierte en una rutina con frecuentes recriminaciones, discusiones, estrés, falta de comunicación, etc.
  • CRISIS EN VACACIONES. Un gran porcentaje de parejas se separan tras los meses de verano, a pesar de ser una época de relax, descanso y disfrute de la pareja. Esto ocurre cuando durante todo el año las parejas se acostumbran a vivir “individualmente”, cada uno con su trabajo, los momentos juntos son escasos y tan solo tratan temas domésticos y cotidianos. Cada uno se organiza a su manera y no cuenta con el otro, ya que solo se ven a las 10 de la noche para cenar y acostarse. Cuando llegan las vacaciones la pauta cambia, estamos juntos todo el día, tenemos que hacer las tareas domésticas, organizar las vacaciones, salidas fuera de casa, cenas con amigos, visitas familiares, etc., y en esta dinámica aparecen problemas cuando tenemos que contar con el otro para organizar las cosas. El problema radica en la falta de comunicación existente durante todo el año. Hemos perdido la costumbre y ahora nos cuesta incorporar en nuestra dinámica a otra persona que supuestamente debería estar siempre ahí.

 

Al final, como todo en la vida, es cuestión de prioridades…

 

¿Prefieres el éxito profesional y una buena situación económica y social por encima de pasar tiempo con tu cónyuge y tus hijos?

¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?

 

Nota de Humor. Amigos que hacen tiempo para llegar a casa y que los niños ya estén bañados, cenados e incluso acostados.

 

 

 

La vida no es solo el trabajo, ni es solo el tener hijos…, la vida es para vivirla, con plenitud, con gozo, con paz interior y con la mirada puesta en el Cielo.

La vida pasa muy rápido, y nadie piensa en el lecho de muerte: “Ojalá hubiera pasado más horas de oficina en mi vida; ojalá hubiera trabajado más”; más bien se suele pensar lo contrario.

 

— Consejo. Nos os dejéis llevar por el espejismo del matrimonio perfecto, con trabajos de éxito, con mil niños, todos guapos, educados, con amigos y santitos. En el mundo hay mucho cinismo, no es oro todo lo que reluce. Ya nos advirtió el papa Francisco en Amoris laetitia (nn. 57 y 135) que no existe la familia perfecta y lo recoge en una cita a los Obispos chilenos: “No existen las familias perfectas que nos propone la propaganda falaz y consumista. En ellas no pasan los años, no existe la enfermedad, el dolor ni la muerte La propaganda consumista muestra una fantasía que nada tiene que ver con la realidad que deben afrontar, en el día a día, los jefes y jefas de hogar”.

 

 

—  Consejo. Visualizaros como marido y mujer, lo que queréis llegar a ser en la vida, las relaciones que queréis tener entre vosotros y con vuestros hijos…, porque eso os puede ayudar mucho a saber si estáis tomando el camino profesional correcto.

 

c) ¿Cómo alcanzar el equilibrio (horarios, lugares de trabajo, renuncia)?

 

Sugerencia. Esta exposición teórica debe ser apoyada con la experiencia vital de las personas que dirigen la reunión.

 

Se propone platearse que ante todo hay que tener las cosas claras. Lo primero son mi cónyuge y mis hijos, y debo luchar por conseguir el equilibrio, y si no lo consigo debo plantearme un cambio radical. ¡No hay que tener miedo a los cambios!

Cuando vuestros hijos sean pequeños y tengáis que renunciar a muchas cosas para atenderlos, haceros esta reflexión: esta es la única infancia que tendrán nuestros hijos. ¿Nos la queremos perder? Si es así, luego no les pidas estar presente en su madurez.

→ Decisiones conjuntas

 

Hay que tener claro que, desde el momento en que os caséis, todo lo que afecte al matrimonio y a la familia debéis decidirlo de común acuerdo. Esto es especialmente importante y sensible en el tema del trabajo:

 

  • No es mi trabajo y tu trabajo, es nuestro proyecto de vida común.
  • Un buen criterio es: «pensar en lo mejor para mi familia y en lo más conforme al querer de Dios». A veces simplemente puede ser «querer agradar al otro».

 

—  Caso.  ¿Quién de los dos debe renunciar y dejar el trabajo para estar más en casa y atender a los hijos? Esta pregunta está mal enfocada, y este error de enfoque es fácil de cometer. La pregunta acertada sería: ¿Qué es mejor para la familia, que dejes el trabajo o reduzcas la jornada laboral tú o lo deje yo? Además, ¿para quién supone una mayor renuncia, para el que deja el trabajo o para el que se va a trabajar? ¡¡El mayor y más grande proyecto de nuestras vidas es nuestra familia!! Aunque no nos demos cuenta de ello, o aunque por las circunstancias y la historia que nos ha tocado vivir, no lo sintamos o no se nos transmita así.

 

 

Has de saber con quién te vas a casar. No le pidas peras al olmo, la gente no cambia su esencia. Si te casas con alguien que para él lo primero es su profesión y para ti no…, eso acabará dando problemas. Lo malo es que muchas veces la sobrecarga de trabajo es sobrevenida o aumenta a medida que se asciende en la profesión.

Como siempre, hay que buscar equilibrio y sentido común en todo. Hay determinadas profesiones en las que el sacrificio puede ser más grande, pero no debe ser la excusa para descuidar las relaciones personales con los demás.

 

—   Caso.  Por ejemplo, cuando una persona está casada con un médico debe tener también vocación de “cónyuge de médico”, no todo el mundo lo aguanta: guardias constantes, desorden en las horas de sueño, caos de horarios en el hogar, renuncia automática a planes interrumpidos por un busca o una llamada de teléfono … ¡Pero para eso está el noviazgo! Para ver si tienes vocación de “mujer de…” o “marido de…”

 

 

—  Caso.  Si tu esposa es abogada y es adicta al trabajo, ¿serías capaz de ver cómo domingo tras domingo se va a trabajar y te deja con la familia? Podría ser una fuente constante de discusiones.

 

 

Cada vez que tengáis que tomar alguna decisión laboral que conlleve aumentar la carga laboral, siempre haceros las mismas preguntas: ¿Realmente es necesario? ¿Realmente necesitamos aspirar a más? ¿Realmente merece la pena a nivel económico tanto esfuerzo personal? Tened claro que se debe trabajar para vivir, no vivir para trabajar.

 

 

→ Organizar conjuntamente el hogar

 

¿Cómo repartir las tareas en casa?

Cada matrimonio tendrá que ver cómo organizará su hogar. Aquí hay mucho de qué hablar durante el noviazgo para establecer unas buenas bases y evitar problemas. Pero, obviamente, hasta que no os caséis no conoceréis los problemas y es imposible preverlos todos. Dos aspectos muy importantes:

  • En el hogar debe haber buen ambiente, y esto dependerá de vosotros dos.
  • Los hijos deben estar bien cuidados, vuestra misión como padres no puede ser suplida por abuelos, tíos ni empleadas del hogar.

 

¿Mejor tiempo de calidad que cantidad de tiempo?

Cuando seáis padres, no podréis renunciar a ninguno de ellos: cantidad y calidad. Hay una gran diferencia entre dos estilos de llegada al hogar:

  • Que los hijos lleguen a casa y estén o no estén «mamá» y/o “papá”
  • Que los padres lleguen a casa y que los hijos estén o no estén despiertos para estar con ellos un rato.

 

—  Nota de Humor:

 

 

 

Los hombres y las mujeres somos diferentes, pero iguales en el servicio

No se trata de seguir roles preestablecidos injustos, sino de que cada uno con su esencia y generosidad aporte lo mejor que pueda al hogar. Leed el punto 175 de Amoris laetitia y dialogadlo entre vosotros:

La madre, que ampara al niño con su ternura y su compasión, le ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno que lo recibe, y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la capacidad de intimidad y la empatía. La figura paterna, por otra parte, ayuda a percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación, por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al esfuerzo y a la lucha. Un padre con una clara y feliz identidad masculina, que a su vez combine en su trato con la mujer el afecto y la protección, es tan necesario como los cuidados maternos. Hay roles y tareas flexibles, que se adaptan a las circunstancias concretas de cada familia, pero la presencia clara y bien definida de las dos figuras, femenina y masculina, crea el ámbito más adecuado para la maduración del niño (AL 175).

 

 

Sugerencia.   Ver el vídeo Iguálamelo, de José Mota. Un vídeo que con humor expone lo que pasa hoy en día con los inmaduros de 30, 40 años…, que pretenden que su esposa les consienta y maleduque igual que han hecho sus padres. ¡OJO! Hay muchos de estas personas disfrazadas ¡Descubrirlos antes de equivocaros!

 

 

 

→ Fórmulas para alcanzar el equilibrio:

 

  • Ser menos exigentes con uno mismo. Es importante reconocer que “ningún padre o madre” puede llegar a todo. Una semana seremos un gran trabajador, un padre mediano y un mal cocinero y otra podremos ser un padre sensacional, mediano cocinero y un trabajador mediocre.
  • Pensar aquello que realmente os importa. Aseguraros de tener siempre tiempo para las cosas primordiales.
  • Establecer prioridades. A veces es más importante que nuestro hijo sea escuchado a que dejemos recogida la casa.

 

5. Experiencia vital (15 min.)

 

Animar a los novios a que cuenten su propia experiencia vital. Se trata de entrar en una “comunión de ideas y experiencias”, fomentando la participación de todos y creando “comunidad”.

 

 

Otra opción es invitar a un matrimonio con cierto recorrido, podrían ser alguno de los padres de los novios, y que cuenten su experiencia en lo referente a su proyecto de vida en común.

 

  • Preguntas.
  • Conclusión y resumen final con ideas clave.

 

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

Entre una sesión y otra se les ofrece alguna “tarea para casa”, de modo que les sirva para profundizar lo visto y vivido y cultiven el diálogo en la pareja:
» Tarea de Comunicación. El noviazgo es el momento de hablar, hablar y hablar, darse a conocer y esforzarse por conocer de verdad al otro. Es por ello por lo que conviene sugerir a los novios que se propongan quedar un día a cenar, pasear, etc.; para hablar de cómo entienden la conciliación trabajo y familia, de cuáles son sus aspiraciones y sus prioridades.
» Enriquecimiento de la vida de Gracia. El cristiano no camina solo, sino de la mano de Dios que nos ha hecho hijos suyos. La acción del Espíritu Santo es fundamental para el correcto discernimiento, y para que pueda actuar es necesaria la vida de la Gracia. Por ello se propone animar a los novios a acercarse al sacramento de la Reconciliación y al de la Eucaristía para enriquecer esa vida de la Gracia. Ir juntos a confesarse y a comulgar es un hábito que hay que fomentar en los novios.

 

» Lectura recomendada: E. D. Montalvo, Profesión y familia, www.portumatrimonio.org, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. ⌊2⌋

 

 

SESIÓN 2: Los hijos y los bienes, dones de Dios y para Dios

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos esta sesión en un clima de oración, dejándonos iluminar por las sabias palabras del Salterio.

 

 

 

Este salmo pertenece a un conjunto de salmos denominados de “peregrinación o graduales”, porque eran los salmos que los judíos recitaban y cantaban cuando iban de peregrinación y subían a Jerusalén.

 

El salmo 127 pinta el cuadro de la familia feliz, una familia sencilla, en la que se practica la piedad (se reza y honra a Dios), el trabajo (que nos da el alimento necesario) y el amor familiar (marido, mujer e hijos, todos alrededor de la mesa).

 

Os invitamos a reflexionar:

 

» ¿En qué medida hemos descubierto como algo fundamental estos tres pilares que describe el Salmo para una familia feliz: la fe en Dios, el trabajo y el amor familiar?
» ¿Cuáles son los valores que deseamos potenciar en nuestro matrimonio y en nuestra futura familia, con los hijos?

 

(Ángelus, 29.12.2013)

 

 

3. Dinámica inicial (10 min.)

 

Establecemos un diálogo abierto tras leer en alto las palabras de san Juan Pablo II en Familiaris consortio:

 

Aun en medio de las dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción educativa, los padres deben formar a los hijos con confianza y valentía en los valores esenciales de la vida humana. Los hijos deben crecer en una justa libertad ante los bienes materiales, adoptando un estilo de vida sencillo y austero, convencidos de que ‘el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene (FC 37).

 

La idea es que sirva de introducción para el desarrollo posterior, por lo que tan solo interesa delinear los puntos generales y ellos manifiesten su opinión. Moderaremos el debate en torno a dos puntos:

 

a) La educación de los hijos.
b) La economía familiar.
Algunas parejas, envueltas en la magia del enamoramiento y la luna de miel, inician su matrimonio pensando que lo único que tienen que compartir son sus sentimientos, sus cuerpos y algunas otras cosas, excluyendo completamente la parte económica. Por desgracia, muchas parejas evitan hablar francamente de “cosas de dinero” porque les parece que implica una «falta de afecto». Además, en general la gente se casa cada vez más tarde, ya acostumbrada a un nivel de vida y a unos caprichos que igual no se pueden mantener con una familia. Durante el noviazgo, que es el tiempo de preparación al matrimonio, no se suele dar importancia a este tema, a pesar de que los problemas económicos están entre las principales causas de rupturas.
La vida ajetreada del siglo XXI y la exigencia económica a las familias, con gran frecuencia exageradas por las ambiciones humanas y el consumismo, hace que muchas veces no se dedique el tiempo ni los recursos adecuados a los hijos y que cuestiones económicas estén destruyendo hogares.

 

4. Exposición del tema (30 min.)

 

4.1. Educación de los hijos

 

a) La educación es un derecho y una responsabilidad de los padres

 

El Concilio Vaticano II dice: “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, ellos tienen la gravísima obligación de educarlos: ellos son los primeros y principales educadores de sus hijos. Tan importante es este deber de la educación familiar, que difícilmente puede ser suplido” (GE 3).

Los padres transmiten a sus hijos:

  • Por la genética: sus valores corporales (una fisonomía peculiar, un cierto grado de fuerza y belleza).
  • Por la educación: sus valores espirituales y culturales (una mentalidad, una tradición, una gracia y un estilo de vida).
  • Por los afectos: sus manifestaciones de ternura, comprensión, apoyo (frialdad o manifestación de los sentimientos, apegos…).

La familia es una escuela constante que, en un clima de amor y confianza, actúa continuamente en los hijos y en los mismos esposos → Si esta escuela falla, de muy poco valdrán catequesis y movimientos, escuelas y universidades.

La familia debe ser una escuela de vida cristiana donde se aprenda a tener a Dios presente en la vida, donde se aprenda a rezar y se rece tanto por los hijos como por los padres.

Los padres cristianos deben llegar a hacerse maestros especializados en la formación de personas. La familia cristiana no ha de ser meramente una granja, un criadero de animales, ni basta con que sea una escuela que transmite ciertos conocimientos y aprendizajes naturales; ha de ser:

  • un templo de Dios,
  • una Iglesia doméstica…

…donde se eduque en las virtudes y se fomente la glorificación de Dios, así como la santidad evangélica. La familia cristiana ha de ser un hogar donde a cada uno se le quiera simplemente por ser, donde cada uno se sienta querido como es.

El matrimonio y la paternidad son dones de Dios que hay que cuidar, cultivar y responder a Dios por ellos. Igual que en la parábola de los talentos.

 

b) Evitar las discrepancias y buscar el acuerdo, educar en los mismos fines y virtudes

 

Desde pequeños educaréis sus conciencias para garantizar la libertad y la paz de sus corazones. Y para ello deberéis tener unos criterios claros, firmes y rectos.

 

→ Educar juntos

 

Educar no es solo tratar de llevar a los hijos a un buen colegio o de que aprendan idiomas. Educar es sobre todo formar personas libres, personas felices y que elijan lo bueno, lo verdadero y lo bello. Esto hay que hablarlo durante el noviazgo y tenerlo claro. Los padres tienen la enorme y preciosa responsabilidad de educar juntos a los hijos en lo relativo a lo afectivo-sexual, en la fe y en las virtudes.

 

  • Debéis estar de acuerdo en los fines que buscáis al educar a vuestros hijos, y en los valores prioritarios. Hay que dialogar mucho.
  • La educación no la hace cada uno por su lado: ambos, marido y mujer, sois protagonistas y, poco a poco, vuestros propios hijos. En lo que os pongáis de acuerdo seréis firmes y coherentes, leales y constantes. No siempre los dos padres estarán de acuerdo en la mejor manera de educar a los hijos (esto puede ser común en la adolescencia de los hijos), pero deberán gestionar adecuadamente esos desacuerdos para que el resultado sea en beneficio de los hijos, con paciencia constante, mucho diálogo y sin perder de vista la necesidad de todos de una convivencia pacífica y caritativa.
  • Debéis ser coherentes entre lo que decís y lo que hacéis: coherencia de ambos a la hora de exigirles las mismas cosas, de entristeceros por las mismas cosas, de alegraros por las mismas cosas.

 

→ Mismos fines y valores

 

Inexcusablemente, deben existir entre vosotros como padres unos principios comunes, unos acuerdos para educar a vuestros hijos: ⌊3⌋

 

√ Los fines que os proponéis al educarlos. Estos fines hacen referencia al tipo de persona que pretendéis ayudar a desarrollar, entre otras cosas:

      • Que se valga por sí mismo, y no sea un inútil a quien todo se le ha dado hecho.
      • Que sea capaz de asumir la realidad, la suya propia y la de los otros.
      • Que sea capaz de vivir desde el amor, y no desde su egoísmo.
      • Que sea capaz de integrarse en la comunidad.
      • Que sea capaz de asumir la presencia de Dios, la trascendencia de la vida, el seguimiento de Jesucristo.
  • √ Los valores prioritarios que queráis transmitirles. Los valores hacen referencia a los objetivos que a corto y largo plazo os propongáis, y que deben hacer posible que esos fines se cumplan. Son los grandes valores del Evangelio, «valores de referencia» para todos, entre otros:
      • La educación en el amor y para el amor.
      • La bondad para con todos.
      • La verdad.
      • La paz.
      • La justicia y la solidaridad.
      • La libertad y la responsabilidad.
      • El diálogo y el respeto.
      • La sencillez y la humildad.
      • El desprendimiento o sobriedad (en el uso de bienes y no solo en el dinero).
      • La castidad.

 

4.2. La economía familiar (el dinero por exceso y por defecto, donativos)

 

Al principio no teníamos problemas de dinero porque no teníamos dinero.

 

a) La austeridad

 

El mejor consejo que se puede dar a un matrimonio en este tema es que sean austeros. La austeridad debería ser algo propio de los cristianos y característico de las personas felices. No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Vivimos en un mundo basado en el consumismo y parece que, si no se consume más y más, el sistema no se sostiene.

  • La austeridad es una actitud, no un nivel de flujo de caja. Hay gente con muy pocos recursos que es muy caprichosa y otra con muchísimo dinero y patrimonio que es muy austera. ¡Ojo!, ser austero no es no gastar nada, sino una manera adecuada de ordenar las necesidades y un estilo de vida.
  • Sed austeros en lo pequeño y así también podréis serlo en lo grande.

Nuestros problemas comenzaron cuando empezamos a ganar dinero; teníamos ideas diferentes sobre qué y cuándo comprar. ¡Ojo!, con la unión de una persona austera y una despilfarradora (en esto los polos opuestos no se atraen). Conoced vuestros criterios financieros y comprobad que sean compatibles. Habladlo durante el noviazgo.

 

b) Lo tuyo y lo mío

 

Después de casaros ya no debería existir “mi dinero” y “tu dinero”, sino “nuestro dinero”, independientemente de quién lo gane o de cómo se plasme eso en el papel.

→ ¿Gananciales o separación de bienes?

 

Antes de nada, hay que tener claro los conceptos. En el régimen ganancial se produce la coexistencia de tres patrimonios:

  • Los patrimonios privativos de ambos cónyuges, respecto de los cuales estos conservan su autonomía, en cuanto a su gestión y su disposición.
  • Y el patrimonio ganancial, que se irá nutriendo a lo largo de la vida del matrimonio, con las ganancias que obtengan los cónyuges con su trabajo o actividad, así como con las adquisiciones a título oneroso (no gratuitas) que se produzcan durante el matrimonio, cualquiera que sea la clase del bien adquirido.

Por el contrario, en el matrimonio cuyo régimen económico matrimonial es el de separación de bienes coexisten durante toda la vida del régimen los dos patrimonios de los cónyuges completamente separados.

 

Si decides tener gananciales, vive como si tuvieras separación de bienes.

Y si decides tener separación de bienes, vive como si tuvieras gananciales.

 

Es decir:

  • «Si tienes gananciales, vive como si tuvieras separación de bienes»: Esto implica no despilfarrar, no gastar más de lo que gastarías si el dinero fuera exclusivamente tuyo, que sería el caso de la separación de bienes.
  • Y «si tienes separación de bienes, vive como si tuvieras gananciales»: Esto implica el compartir, el hacer vivo «todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío». Actuar siempre pensando en el bien de los dos, como si todo fuera de los dos, que sería el caso de los gananciales.

 

El criterio para elegir uno u otro sistema es lo que sea mejor para la familia, no para cada uno individualmente. No hay una norma general, cada caso hay que analizarlo. Por ejemplo:

  • Si uno de los dos realiza negocios de riesgo puede ser conveniente «blindar» la seguridad económica de la familia mediante separación de bienes.
  • Si uno de los dos no trabaja porque se ocupa de la casa y los hijos, y no tiene recursos propios, puede ser prudente el régimen de gananciales para no desampararle ante imprevistos (como quedarse viudo, o poder tener libertad si hay complicaciones…).

 

— Consejo de Abuelo: “Cásate con alguien que sea parecido a ti, que ya será muy diferente…”.

 

→ Gestionar costumbres y culturas diferentes

 

Aunque el “consejo de abuelo” es muy práctico, no siempre uno se casa con alguien de la misma ciudad, del mismo país, de la misma cultura, con el mimo tipo de educación, etc. Esto puede causar complicaciones, pero si las fronteras de la mente y el corazón están suficientemente abiertas a aceptar las diferencias y a compartirlas, los matrimonios entre personas de distintas culturas son no solo posibles sino muy enriquecedores. Para conseguirlo es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • El amor a la tierra y a las costumbres del otro no solo hay que aceptarlas, sino también compartirlas, siempre y cuando sean beneficiosas para el matrimonio y la familia.
  • Antes de casaros conviene establecer una serie de acuerdos sobre:
    • El estilo de vida que queréis llevar y el lugar que le daréis a tradiciones y formas de ver la vida.
    • La fe, las tradiciones y las costumbres que vais a transmitir a vuestros hijos.
    • La formación de vuestros hijos, las prácticas de fe en común y la economía familiar.

 

c) Economía familiar y número de hijos

 

→ Actuar con juicio recto

 

 

La elección del número de hijos, tratado ya en otro tema, no debe ser un antojo, sino que debe regirse por la conciencia, la generosidad y la responsabilidad. El timón no lo debe llevar el egoísmo sino la generosidad y la prudencia. Hay que actuar con un juicio recto buscando el bien personal, de la pareja y de los hijos. En cualquier caso, los esposos han de estar siempre abiertos a considerar al hijo como un don que Dios les confía.

Aunque el número de hijos es un tema importante del que hablar durante el noviazgo, el número exacto no se debe ni puede “cerrar o acordar”, y mucho menos durante esa etapa. Hasta que uno no se embarca en el proyecto familiar no sabe las circunstancias (ya de por sí cambiantes) que habrá. Los criterios que valen para hoy quizá no valen para mañana.

 

→ ¡Cuidado con los lujos disfrazados de necesidades!

 

Los lujos disfrazados de necesidades puede que formen parte de nuestra rutina. El capuchino diario, ir al cine y salir a tomar una copa los fines de semana, el gimnasio, la ayuda doméstica, la peluquería, la pizza a domicilio, la televisión de pago, el móvil último modelo, la decoración de la casa…, pueden ser lujos disfrazados de necesidades que desestabilicen nuestra economía familiar si nuestros ingresos no cubren la totalidad de nuestros gastos, descontada alguna cantidad para el ahorro.

Antes de plantearse si se puede abarcar económicamente con más hijos, hay que plantearse cuáles son las prioridades. En este asunto suele haber mucho «autoengaño». Es una realidad que la gente cada vez se casa más mayor y muchas veces arrastran costumbres, caprichos, estilos de vida de solteros que difícilmente se pueden mantener con una familia.

Los hijos necesitan de muy poco para ser personas íntegras y plenas. Somos nosotros, los adultos, los que los habituamos y acostumbramos a rodearse de determinados lujos que no son vitales y que no son ingredientes básicos para lograr una formación y crecimiento completos. A los niños no les hacen felices las cosas sino las personas. Insistimos en que hay que ser austeros y educar a los hijos en la austeridad.

 

→ Acuerdo sobre las prioridades del gasto

 

Si la base de los valores y principios del matrimonio está bien cimentada, siempre hay un acuerdo factible.

Si se está muy lejos de llegar a un acuerdo, por ejemplo, en cuanto a la elección de posibles colegios, hay que plantearse cuáles son los motivos reales que están detrás de ese desacuerdo:

 

¿Tenéis prioridades distintas en la formación de los hijos?

¿Le dais los dos la misma importancia al componente académico y al religioso?

¿Priorizáis el gasto escolar entre vuestros gastos generales?

¿Verdaderamente no podéis asumir el coste de un determinado colegio?

¿Os planteáis honradamente recortar todos esos «lujos disfrazados de necesidades»?

 

“Si no se comparten los mismos valores y principios fundamentales sobre los que se cimenta el proyecto familiar hay que plantearse con madurez y firmeza la viabilidad de la pareja. El noviazgo está para conocerse y detectar posibles discrepancias o diferencias que, si no se superan, quizás deban ser causa para dejar la relación”.

 

→  ¿Es más generoso el que más hijos tiene o el que más dedica a cada hijo?

 

Los motivos por los que una pareja decide no tener más hijos deben estar cimentados en la generosidad. Analicemos dos casos:

  • Puede estar actuando de manera más egoísta aquel matrimonio «frívolo» que trae hijo tras hijo al mundo por el hecho de tener siempre un bebé en casa y una happy family ideal, delegando casi siempre los hijos a empleadas del hogar, que aquellos padres que deciden regular el número de hijos porque son conscientes de que no le pueden dedicar el tiempo de exclusividad y la afectividad que un niño más le requiere.
  • Pero también puede estar actuando de manera más egoísta aquel matrimonio que quiere tener una vida hiper segura sin que falte ninguna comodidad y que no quiere volver a tener más hijos por el esfuerzo humano que le supone el embarazo, volver a dejar de dormir por las noches.

De lo que se trata es de entender que los motivos por los que un matrimonio decide fijar el número de hijos son muy personales y dependen mucho de cada situación. Es una decisión muy personal que debe hacer el matrimonio y discernir en presencia de Dios con el objetivo de hacer siempre el mayor bien a la familia.

 

— Consejo. No tiene sentido querer darles «todo» y al no poder abarcar tanta expectativa dejar de tener más hijos. En general, se les da demasiado a los hijos. Generosidad y responsabilidad.

 

 

5. Experiencia vital (15 min.)

 

Animar a los novios a que cuenten su propia experiencia vital. Se trata de entrar en una “comunión de ideas y experiencias”, fomentando la participación de todos y creando “comunidad”.

 

Otra opción es invitar a un matrimonio con cierto recorrido, podrían ser alguno de los padres de los novios, y que cuenten su experiencia en lo referente a su proyecto de vida en común.

 

  • Preguntas.
  • Conclusión y resumen final con ideas clave.

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

— Tarea de Comunicación. El noviazgo es el momento de hablar, hablar y hablar, darse a conocer y esforzarse por conocer de verdad al otro. Es por ello por lo que conviene sugerir a los novios que se propongan quedar un día a cenar, pasear, etc. para hablar de cómo ven ellos que debe ser la educación de los hijos y la gestión de le economía familiar.
— Enriquecimiento de la vida de la Gracia. El cristiano no camina solo, sino de la mano de Dios que nos ha hecho hijos suyos. La acción del Espíritu Santo es fundamental para el correcto discernimiento, y para que pueda actuar es necesaria la vida de la Gracia. Por ello se propone animar a los novios a acercarse al sacramento de la Reconciliación y al de la Eucaristía para enriquecer esa vida de la Gracia. Ir juntos a confesarse y a comulgar es un hábito que hay que fomentar a los novios.

 

Material complementario

 

  1. Libro «El Matrimonio en Cristo» (J.M. Iraburu) –
    II PARTE: El matrimonio cristiano
    4. La educación de los hijos.
    http://www.gratisdate.org/archivos/pdf/30.pd
  2. https://portumatrimonio.org/
    Prepara tu matrimonio
    Artículo: Profesión y familia
    Artículo: Manejo de las finanzas

 

SESIÓN 3: Vida social y ocio, siempre para el bien de la familia

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos esta sesión en un clima de oración, sintiéndonos familia, la familia de los hijos de Dios, que deseamos cumplir su voluntad.

 

 

“¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” es la pregunta que nos trae hoy el Evangelio. Jesús no rechaza sus relaciones familiares sanguíneas. Al contrario, le da un nuevo significado. El Señor tiene un corazón universal, no se deja limitar. Las únicas fronteras de su familia son las fronteras del mundo; se siente hermano de todo aquel que hace la voluntad de Dios; así desde ahora, todos somos familia de Jesús.

 

Hoy la contemplación de Jesús con los suyos, la escucha de su palabra, nos pueden ayudar a descubrir que la familia es mi pareja, pero también son los padres de ambos, la comunidad cristiana en la que se participa, los amigos de los ratos de ocio…

 

Os invitamos a reflexionar:

 

  • ¿Somos conscientes de que al casarnos se rompe “el cordón umbilical” y pasamos los dos a ser una sola carne y a formar una familia independiente?
  • “Las únicas fronteras de tu familia son las fronteras del mundo”. ¿Qué opinas sobre esta frase?
  • ¿Cómo concilio la relación “de familia” con mis padres, comunidad cristiana, amigos… con la relación con mi pareja?

 

Ángelus, 29.12.2013

 

3. Dinámica inicial (10 min.)

Establecer un diálogo abierto tras leer las palabras de san Juan Pablo II en Familiaris consortio con la idea de que sirva de introducción para el desarrollo posterior, por lo que tan solo interesa delinear los puntos generales y ellos manifiesten su opinión. Moderaremos el debate en torno a varios puntos:

 

a) Las relaciones con los amigos y las familias de origen respectivas.
b) Disfrutar con un ocio sano, constructivo y responsable.

 

 

Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre.
Amar a la familia significa individuar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos.
Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo (FC, 86).

 

 

4. Exposición del tema (30 min.)

 

4.1. Amigos

 

a) Dime con quién andas y te diré quién eres

 

Este refrán es un clásico que ayuda a conocer a las personas y a conocerse a uno mismo. El tipo de amistades que uno tiene depende en la niñez y en la adolescencia, sobre todo, de las circunstancias vividas (la clase del colegio que te tocó, el grupo de primos de la misma edad…), pero cuando uno llega a la madurez debe saber que hay amistades que te hacen bien y otras que te hacen mal, por lo que debes actuar en consecuencia. No se trata de separar de tu vida toda amistad que no te aporte nada, porque igual te puede ella necesitar, pero sí de ser responsables, maduros y coherentes con los valores que uno tiene.

Un problema frecuente que suele surgir en las parejas es cómo actuar cuando no te gustan los amigos del otro o crees que no son una buena influencia.

Conviene buscar amistades sanas, positivas, que “remen a favor” de vuestro noviazgo. Mucho cuidado con las falsas amistades que fomentan el consumo de alcohol, la promiscuidad, el relativismo… Rodearos de buena gente, no criticones, más bien discretos…, se trata de buscar una red de amigos que sea lo más parecida a vosotros en cuanto a los valores esenciales. Más vale tener pocos amigos, pero auténticos, que mil amigos en Facebook, pero ninguno dispuesto a ayudar en caso de necesidad. Aquí sí es importante la calidad y no la cantidad.

Rodearos de relaciones “sanas”, de un ambiente de trabajo/estudio propicio para los objetivos que queréis conseguir en la vida. Esto es muy importante e influye en gran medida en vuestra vida. Se puede pasar por momentos de crisis en los que un buen consejo solucione parte de vuestro problema, pero a su vez, un mal consejo puede cargarse toda una relación. à Tenéis que saber muy bien a quién acudís a la hora de plantear un problema: un buen director espiritual, un buen matrimonio guía, un buen hermano… No os abráis a cualquiera porque el daño puede ser grande.

 

Sugerencia. Presentadles la escena de la película Comprométete (Casomai, A. D’Alatri, 2002) cuando, al final, el sacerdote invita a que salgan de la iglesia a quienes no estén dispuestos a apoyar ni a ayudar a los novios en su camino matrimonial.

 

 

 

b) Vida espiritual en Comunidad

 

→ Para ser prácticos, os vamos a plantear tres situaciones muy habituales:

 

¿Cómo compatibilizar que cada uno viva la fe en un grupo/comunidad diferente?

Ninguno de los dos debe forzar al otro, los tiempos de cada uno son muy personales. Lo idóneo es que se hable el mismo lenguaje espiritual, porque así el camino es más fácil. Lo importante es que las bases sean las mismas, mutuo respeto y acuerdo en lo verdaderamente importante.

 

¿Y si uno respeta que el otro vaya a un grupo de fe, pero él no quiere ir?

La realidad es que no se puede obligar a nadie a hacer algo que no quiere. Quizá aquí sería bueno saber los motivos por los que no quiere formarse o integrarse en ese grupo, pues las posibles soluciones son distintas: a) no se identifica con ese carisma, pero es una persona de fe con otras vías para formarse; b) sencillamente no quiere formarse y vivir una vida de fe.

  • En el primer caso podríais buscar algo que os vaya a los dos, o limitaros a respetaros y enriqueceros el uno del otro.
  • En el segundo caso quizá habría que analizar si uno de los dos es mucho más maduro que el otro, si apuesta más por la relación, si le da mucha más importancia a la fe… e incluso evaluar si pudiera existir una incompatibilidad de relación.

El matrimonio cristiano debe compartir los mismos valores, la misma fe y las mismas ganas de buscar la santidad. Los medios pueden diferir, pero si vais a ritmos marcadamente distintos, antes o después, es muy probable que lleguen los problemas.

 

¿Y si uno tiene fe y el otro no?

Hay casos en los que la relación funciona, pero todos conocemos muchísimos más casos en los que la ausencia de fe se ha cargado el matrimonio. En estos casos, o si son de distinto culto, es conveniente evaluar bien las dificultades que puedan surgir por no realizar juntos el mismo camino de fe hacia el mismo Dios; así como considerar la posibilidad de no continuar con la relación. En estas situaciones, la buena comunicación, la transparencia y la sinceridad en el noviazgo son fundamentales.

Siempre será más fácil el camino con alguien que camina junto a ti, pero cada uno es libre de elegir el camino hacia Dios. Aun así, conviene no olvidar el “consejo de abuelo” que dice “cásate con alguien parecido a ti, que ya será diferente”.

 

Mismo camino, diferentes ritmos

 

Es muy importante respetar los ritmos y los tiempos de cada uno. En la vida muchas veces hay que esperar. En el ámbito espiritual la paciencia es la mejor de las recomendaciones. Quizá en otros ámbitos, se pueden motivar o acelerar los procesos, pero en cuestiones de fe, lo más importante es respetar los tiempos de cada uno, rezando mientras por esa persona para que encuentre la paz y descubra así a Dios.

El crecimiento espiritual de cada uno es tan personal que nadie sabe lo que realmente tiene el otro dentro, qué le inquieta, las heridas de otras experiencias previas… Todo requiere su tiempo, lo importante es no perderse en el camino y avanzar en el crecimiento espiritual; debe haber voluntad de prosperar en la fe.

 

→  Cómo transmitir la fe a tu novio

 

— Consejo. “La fe se transmite por envidia”. à “Dadle envidia a vuestra pareja”, pero una “envidia” buena, que os vea felices, serenos, templados, con paz interior… Entonces así quizá quiera probar vuestra receta. Pero no forcéis en cuestiones de fe porque lejos de acercar, el forzar siempre aleja o rebota.

 

→  El matrimonio no es una aventura de héroes que rescatan a su ser amado

 

Al matrimonio hay que llegar bien formados, maduros, fuertes en la fe. Es como el comienzo de un maratón para el que te has ido entrenando durante el noviazgo. No soñéis con ser los rescatadores de nadie, os jugáis vuestra felicidad y la de vuestros hijos. El romanticismo infantil de aquellos que pretenden correr el maratón con el otro en brazos es augurio de fracaso.

 

4.2. Ocio

 

a) Ocio sano y constructivo


Descansar es hacer aquello que llena el alma de vida, de esperanza. Es renovar la mirada. Leer lo que me da paz y esperanza. Estar con las personas que llenan el corazón. Solo estar. No hacer mucho. No importa que sea poco. Lo importante es cómo lo aprovecho para que mi alma se llene. ⌊5⌋

 

  • No olvidar nunca el objetivo del tiempo de descanso: descansar. Pero descansar cuerpo, mente y espíritu. No debemos consentir que “el verano del cuerpo sea el invierno del alma”. Que el descanso y la unión familiar sean prioridad al organizar el tiempo de ocio.
  • Los fines de semana o las vacaciones son ocasiones únicas e irrepetibles para aprovechar y comunicarnos más y mejor con mi cónyuge, hijos, familia, etc.
  • Es ocasión para recuperar el tiempo perdido de oración individual y en familia, de hablar sobre Dios, de ver lo sobrenatural en lo cotidiano, en la naturaleza… El día a día es muy ajetreado y las vacaciones son una oportunidad perfecta para poner a punto nuestra vida espiritual, y sin embargo ¡con qué frecuencia ocurre lo contrario! ¡Cuántas infidelidades, separaciones y todo tipo heridas se producen en vacaciones! Las vacaciones deberían presentarse como el momento propicio para fomentar actividades conjuntas como el deporte, paseos, cine, juegos de mesa, cocinar en grupo… tener momentos de evasión y hobbies en común ayuda enormemente a cualquier relación.

 

b) El testimonio de la familia cristiana

 

La familia cristiana vive en el mundo, pero no es del mundo (cf. Jn 15,19), y todo el tiempo de su peregrinación en esta tierra, debe vivir como extranjera y peregrina (cf. 1Pe 1,17; 2,11), pues su ciudadanía verdadera está en el cielo (cf. Flp 3,20; Ef 2,19).

 

No cometáis el error de aceptar el mundo actual en que vivís, aceptando sus criterios, su jerarquía de valores y sus costumbres. Eso sería renunciar al Evangelio, dejar de ser cristianos y, desde luego, no podríais educar cristianamente a vuestros hijos.

Y no solo eso, sino que además la familia cristina debe ser luz en el mundo que guíe a las personas hacia una civilización del amor. La responsabilidad que tiene la familia cristiana con su ejemplo es muy importante. Con su buen ejemplo puede hacer mucho bien y con su mal ejemplo mucho mal.

 

c) Tiempo de ocio comprometido con la sociedad

 

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa (Mt 10,42).

 

Dedicar tiempo a los demás es algo esencial en los cristianos. Es compromiso de todos construir una sociedad más justa y solidaria porque todos formamos parte de la misma familia y compartimos un destino común.

Hacer voluntariados, ayudar en la parroquia o, lo más importante, “ayudar al prójimo próximo” (abuelos, padres, hermanos, amigos, etc.) es fundamental, y hacerlo con tu cónyuge y con tus hijos es, además, muy beneficioso. Compartir la entrega, que la familia experimente la apertura a los demás y conozca la sensibilidad de cada uno es maravilloso y muy enriquecedor.

 

d) Ocio juntos y separados

Está claro que el ocio juntos y en familia es necesario, pero ¿es bueno hacer planes separados?

Es bueno, buenísimo hacer planes separados, siempre y cuando sean planes sanos que fomenten y vayan a favor del bienestar personal de los dos. Ahora bien, mucho cuidado con hacer todos los planes agradables y de despeje con otros que no sean tu pareja, es importantísimo también divertirse juntos en pareja, compartir aficiones… En el matrimonio se está llamado a compartir la vida y eso se tiene que reflejar también en el ocio.

Hay que saber diferenciar muy bien entre lo que es una afición (hobby) o un estilo de vida:

  • Cuando te cases, tendrás que adaptar tu estilo de vida a tu nueva realidad. Vivirás con una persona con la que antes compartías solo determinados aspectos y de ahora en adelante compartirás con ella una vida entera. Esto se enfatiza mucho más cuando lleguen los hijos, no puedes pretender vivir como soltero una vez casado y menos siendo padre.
  • La adaptación no quiere decir que tengas que romper con muchas cosas buenas que hacías de soltero, pero todas ellas deberán integrarse en tu nueva realidad y contribuir a potenciar vuestro proyecto, no a hacerlo trizas. Como hemos dicho antes: equilibrio sano y sentido común.

 

4.3. Familia de origen

 

a) Cuando no se está de acuerdo con los padres y/o los suegros…

 

Es casi imposible estar al 100 % de acuerdo con tus suegros o con tus padres. Siempre existirán muchos puntos sobre los que discutir.

Tendrás que “aprender a surfear”. Las olas del mar son fuertes, te pueden revolcar si te empeñas en meterte de frente…, aprende a observarlas, a conocer sus ritmos, sus remolinos y sus puntos débiles. Aprende a surfear. Por mucho que te enfrentes a la ola, si es más fuerte que tú y no lo haces con inteligencia, te va a ganar y te vas a hundir. Deberás conocer el medio en el que te mueves y no luchar en vano, pues perderás las pocas energías que te queden y acabarás frustrado por la impotencia.

Con la familia pasa un poco lo mismo. Tendrás que surfear, ser diplomático, esquivar aquello que ya has hablado una y mil veces y que ves que jamás te lleva a buen puerto. Pero cuidado, eso no significa ni renunciar a tu esencia ni a lo que eres, ni convertirte en un cínico o un “pelota”. No es fácil, la clave está en ser claro primero con uno mismo, y después con tu novio. ¿Verdaderamente esa persona te parece solo un poco “dura” y podrías sobrellevarlo en un futuro, o es que realmente no lo soportas y estás ante uno de los puntos débiles de tu relación?

En segundo lugar, aquí los tiempos son fundamentales: tenéis que encontrar el momento adecuado para hablar con vuestra pareja de su familia, tenéis que ser inteligentes y elegir un momento donde el otro esté receptivo y no se vaya a poner a la defensiva, haciéndolo con mucha delicadeza.

Es importante también saber diferenciar cómo piensa alguno de tus suegros y cómo piensa tu pareja. Muchas veces cometemos el error de asociar la opinión de ambos, sin que tengan nada que ver. Es cierto que hay costumbres o criterios familiares que se heredan sin más, pero no siempre tiene que ser así. Con mucho diálogo y paciencia, los dos tendréis que encontrar vuestro lugar, sin miedo a desentonar. Vivid vuestra vida, no la que otros quieran que viváis.

 

b) ¿Poner límites a nuestros padres?

 

Las interferencias familiares son enormes, y muchas veces muy desacertadas. Son situaciones difíciles que, lamentablemente, se dan con mucha frecuencia. Hay casos en los que verdaderamente una complicación con la “familia política” puede acabar con la relación.

Debéis formar una unidad familiar, el marido con la mujer, agradecer ayudas y consejos, pero no intercambios ni chantajes. Si el precio de que os ayuden pasa por ceder en cosas importantes para vosotros o tener que vivir conforme a unos criterios que no os van, sed valientes y tened identidad propia.

— Consejo. Si se entrometen demasiado en vuestro matrimonio, es necesario y urgente pararles los pies. Tratar de ir siempre a la par, hablar muchísimo el uno con el otro de las dos familias, comprenderos siempre e ir en la misma línea.

 

—  Consejo. Si es necesario hablar con ese padre/suegro para que algo cambie, que el interlocutor siempre sea el de la misma familia. Aunque se haga con cariño, si habla una nuera o un yerno se puede percibir como un reproche o un ataque, y siempre se perdona antes a un hijo que a un yerno o a una nuera. La capacidad de comprensión y de perdón no es la misma.

 

— Más Consejos:

 

» Novio ¡ojo! Una vez casado, la señora de tu casa será tu mujer, no tu madre.
» Novia ¡ojo! Tu padre no deberá avasallar y reducir a tu futuro marido.
A un hijo le duele mucho que hablen mal de su madre o de su padre, así que:

 

» Sé muy delicado y prudente cuando le hables a tu pareja sobre su propia familia.
» Ten la humildad de reconocer que ni tu padre ni tu madre son perfectos.

 

 

También tendréis que aprender a saber cuándo es mejor callarse y cuándo actuar, dejando que el tiempo también os vaya ayudando.

En ocasiones el conflicto familiar tiene un coste que habrá que asumir. Si hay una determinada situación que no acabáis de encajar y que hace daño al matrimonio, tendréis que cortar esa situación de la mejor manera. Si el coste es una época de tensión con personas ajenas a vosotros, asumid ese precio. A veces el matrimonio necesita blindarse ante los ataques y vivir su propia vida. No tenéis que vivir la vida que ellos quieran, vivid vuestra vida. Sed una nueva familia con vida propia y con decisiones propias. Llevad el timón del barco, si lo llevan otros, terminaréis naufragando.

También puede darse el caso contrario, que seamos nosotros los que terminamos “abusando” de los padres para que nos salven el pellejo con los hijos. ¿Y cuál es el coste de esto? Ahora somos nosotros los que nos entrometemos en sus vidas y los terminamos de meter de lleno en las nuestras. Como siempre: equilibrio justo y sentido común.

 

c) Búsqueda del equilibrio

 

Hay que alcanzar el equilibrio entre:

 

 

 

Entregaos, sed generosos y respetuosos siempre con vuestros padres. No olvidéis nunca la gratitud que les debéis.

No obstante, en ocasiones tendréis que poner límites, con prudencia, con delicadeza y, si es preciso, con firmeza. Ya no sois los “niños” ligados al cordón umbilical de la burbuja protectora. Echasteis a volar y estáis empeñados en construir vuestro propio hogar.

 

5. Experiencia vital (15 min.)

 

Animar a los novios a que cuenten su propia experiencia vital. Se trata de entrar en una “comunión de ideas y experiencias”, fomentando la participación de todos y creando “comunidad”.

 

Otra opción es invitar a un matrimonio con cierto recorrido, podrían ser alguno de los padres de los novios, y que cuenten su experiencia en lo referente a su proyecto de vida en común.

 

> Preguntas.
> Conclusión y resumen final con ideas clave.

 

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

⇒ Tarea de Comunicación. El noviazgo es el momento de hablar, hablar y hablar, darse a conocer y esforzarse por conocer de verdad al otro. Es por ello por lo que conviene sugerir a los novios que se propongan quedar un día a cenar, pasear, etc.; para hablar de cómo entienden que debe vivirse el ocio, vivir la vida social, elegir los amigos y tratar los asuntos de las familias de origen.

 

⇒ Enriquecimiento de la vida de la Gracia. El cristiano no camina solo, sino de la mano de Dios que nos ha hecho hijos suyos. La acción del Espíritu Santo es fundamental para el correcto discernimiento, y para que pueda actuar es necesaria la vida de Gracia. Por ello se propone animar a los novios a acercarse al sacramento de la Reconciliación y al de la Eucaristía para enriquecer esa vida de la Gracia. Ir juntos a confesarse y comulgar es un hábito que hay que fomentar a los novios.

 

⇒  De puño y letra con el corazón en la mano. Hay ocasiones en las que uno no se sabe expresar bien o necesita tiempo para meditar cómo plantear algún aspecto referente a la familia política. Es por ello por lo que puede ser un gran ejercicio que proponer a los novios redactar una carta a mano para plantear estos temas. Las cartas son un medio de comunicación maravilloso en el que se piensa y se estructura bien los que se va a decir. Este medio, que se está dejando de usar entre los novios, está sustituyéndose por mensajerías instantáneas y redes sociales en los que claramente lo que se escribe es más impulsivo, requiere menos esfuerzo, tiene mayor volatilidad (pues acaba en la memoria de un disco duro antes que en la memoria de quien lo escribe y de quien lo lee) y, por supuesto, es menos romántico.

 

 

⌊1⌋ M. Iceta, Vivir en pareja, PPC, Madrid 2011, 100-102.

⌊2⌋ https://portumatrimonio.org/prepara-tu-matrimonio/profesi-n-y-familia/

⌊3⌋ M. Iceta o. c., 86-87.

⌊4⌋ Discernir: Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas (Real Academia Española).

⌊5⌋ C. Padilla, ¿Sabes descansar de verdad?,. https://es.aleteia.org/2018/07/25/sabes-descansar-de-verdad/



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