Tema 7. La belleza de la sexualidad

Tema 7. La belleza de la sexualidad

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CONTENIDO

 

SESIÓN 1: Somos persona con cuerpo y alma, amamos con todo el ser

1.Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (30 min.)

4.Exposición del tema (20 min.)

4.1. Somos cuerpo y alma

4.2. La sexualidad

4.3. Afectividad y ternura en el noviazgo

4.4. Significado de la relación conyugal

5.Experiencia vital (10 min.)

6.El acompañamiento entre sesiones

SESIÓN 2: Detectar y superar los riesgos de vivir una sexualidad banal

1.Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (30 min.)

4.Exposición del tema (20 min.)

4.1. El amor humano exige un don total y definitivo de las personas entre sí

4.2. La pornografía

4.3. Y si nos hemos equivocado… la misericordia de Dios

5.Experiencia vital (10 min.)

6.El acompañamiento entre sesiones

SESIÓN 3: Abiertos a la vida

1.Acogida (5 min.)

2.Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

3.Dinámica inicial (30 min.)

4. Exposición del tema (20 min.)

4.1. Consecuencias del acto de amor. Una sola carne

4.2. El amor conyugal abierto a la fecundidad

4.3. ¿Estar abiertos a la vida es lo mismo que tener hijos?

4.4. ¿Fertilidad es lo mismo que fecundidad?

5. Experiencia vital (10 min.)

6. El acompañamiento entre sesiones

 

 

El objetivo de este tema es descubrir en nuestras vidas la belleza de la sexualidad, la maternidad y la paternidad, como llevarlo a la vida y aplicarlo a nuestro noviazgo.

 

⇒ En la primera sesión veremos que la encarnación de Dios en su Hijo Jesucristo nos revela la importancia y dignidad que tiene la corporalidad del ser humano.
⇒ En la segunda sesión veremos las dificultades para vivir la sexualidad propia del noviazgo, anticipando a la que es propia del matrimonio.
⇒ Y en la tercera sesión nos adentraremos en la apertura a la vida en la relación sexual.

 

 

 

SESIÓN 1: Somos persona con cuerpo y alma, amamos con todo el ser

 

1. Acogida (5 min.)

 

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

 

 

Este pasaje de la Primera Carta a los Corintios se sitúa en un contexto en que Pablo insta a sus lectores a que tomen conciencia de que el cuerpo es para el Señor. Nuestro cuerpo es sagrado, somos templos del Espíritu Santo y Dios habita en cada uno de nosotros. Tú y yo, presencia de Dios, que es amor, hemos sido creados para amar con un amor verdadero, que incluya todo nuestro ser.

 

Os invitamos a reflexionar:

 

» ¿Soy consciente de que mi cuerpo está habitado por Dios?
» ¿Cómo entiendo “el cuidado del cuerpo”?
» ¿En qué medida vivo mis relaciones con todo mi ser y con un amor total, no basado sólo en la genitalidad?

 

 

 

 

3. Dinámica inicial (30 min.)

 

Vamos a tratar de poner en común, entre todos, las ideas preconcebidas que traemos:

 

∼ ¿Cómo pensamos que entienden los cristianos la sexualidad?
∼ Sexualidad y genitalidad, ¿son lo mismo?
∼ En el noviazgo, ¿cómo vivimos la sexualidad? ¿Y en el matrimonio?
∼  ¿Son buenas las relaciones sexuales?, ¿siempre?

 

La razón de estas preguntas previas y esta puesta en común es simplemente poner sobre la mesa de dónde partimos. Qué idea tienen los novios primero sobre la dimensión total de la persona, cuerpo y alma, que nos capacita para un amor pleno. Segundo, destapar errores, moralismos falsos, generalmente transmitidos por la imagen que transmiten las películas más comerciales sobre la vida sexual de los católicos.

 

 

4. Exposición del tema (20 min.)

 

Antiguamente, algunas corrientes cristianas afirmaban la idea de que para los cristianos el cuerpo es un impedimento para la vida espiritual, porque nos hace sentir sueño cuando hay que madrugar, cansancio cuando hay que trabajar, deseo sexual cuando tenemos que ser castos. El Magisterio de la Iglesia en el Concilio Vaticano II se encargó de aclararlo. Dios mismo ha tomado un cuerpo, Jesucristo, la segunda persona de la Santísima Trinidad se ha hecho carne como nosotros y así nos recuerda que somos persona con cuerpo y alma, y que el cuerpo, creado por Dios, es bendecido también.

El papa Francisco pone el marco adecuado para aprender y vivir la sexualidad: el marco de una educación para el amor, para la donación mutua.

Es difícil pensar la educación sexual en una época en que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Solo podría entenderse en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua. De esa manera, el lenguaje de la sexualidad no se ve tristemente empobrecido, sino iluminado (AL 280).

 

4.1. Somos cuerpo y alma

 

Nuestro cuerpo es parte de nuestra propia identidad. Si me pregunto ¿quién soy yo?, lo primero en lo que pienso es “soy yo…” y luego ya “soy hijo de …”, “nací en…”

Mi cuerpo me permite ser y estar en el mundo. Gracias al cuerpo estoy presente en medio de la sociedad y soy capaz de sentirme acogido por los demás y de acoger a otros en mi propia intimidad. Mi cuerpo es expresión de mi persona. Yo soy cuerpo y alma, espíritu corpóreo y cuerpo espiritual a la vez.

Solo quien acepta el cuerpo como un don, como parte de uno mismo que se ha de cuidar con respeto y gratitud, entiende el verdadero valor de su persona.

En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día (GS 14).

Cuando me relaciono con los demás, lo hago con mi cuerpo (si soy alto, bajo, deportista, sedentario…), y también con mi alma (mi forma de ser, si soy egoísta o generoso, simpático o huraño…). Me relaciono personalmente, amo con mi persona, cuerpo y alma, como persona sexuada, donde cada célula de mi cuerpo está sexuada y me determina como varón o como mujer.

La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de unión con otros (CCE 2332).

 

4.2. La sexualidad

 

Este abrazo de la sexualidad a todos los aspectos de la persona dota de una gran importancia al contenido de la educación sexual, de ahí que el papa Francisco insista en que:

La educación sexual debería incluir también el respeto y la valoración de la diferencia, que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los propios límites para abrirse a la aceptación del otro. Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque “una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente…” (LS 155, citado en AL 285).

La sexualidad, por tanto, nos configura como personas, nos condiciona en el modo de ser y estar en el mundo como hombre o como mujer y se manifiesta en todos los actos de nuestra vida.  La sexualidad nos capacita para amar con el corazón y con el cuerpo en una entrega en totalidad, como expresión de la entrega total de la persona:

  • En una relación definitiva que pide eternidad.
  • Fiel, que desea la exclusividad.
  • Que puede ser fecunda, pues nos permite transmitir la vida.

El papa Francisco, en el punto 261 de la Exhortación Apostólica Christus vivit dice:

En este contexto, recuerdo que Dios nos creó sexuados. Él mismo «creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas». Dentro de la vocación al matrimonio hay que reconocer y agradecer que «la sexualidad, el sexo, son un don de Dios. Nada de tabúes. Son un don de Dios, un don que el Señor nos da. Tienen dos propósitos: amarse y generar vida. Es una pasión, es el amor apasionado. El verdadero amor es apasionado. El amor entre un hombre y una mujer, cuando es apasionado, te lleva a dar la vida para siempre. Siempre. Y a darla con cuerpo y alma.

Por ello, tenemos un cuerpo sexuado hecho para:

  • El amor: ¡Qué bueno que tú existas!
  • La donación y la entrega: ¡Amar es desear al amado y el bien del amado!
  • El placer: corporal y de una vida juntos, amando en plenitud.
  • Generar vida: siendo partícipes de la obra creadora de Dios.

Esto es lo que configura el sentido esponsal del cuerpo. La sexualidad no es solo genitalidad, la cual hace referencia a los órganos sexuales y a la dimensión biológica. En sí misma está integrada en algo más grande, en la capacidad de amar. La sexualidad es exclusiva del ser humano, mientras que la genitalidad es común todos los seres vivos para reproducirse.

 

4.3. Afectividad y ternura en el noviazgo

 

 

 

 

Desde que nacemos necesitamos comunicarnos con los demás a través de gestos que expresen nuestras emociones, afectos y sentimientos. Somos seres sociales creados para la comunicación y el encuentro. Por ejemplo, el bebé necesita los besos, abrazos y caricias de sus padres para formar su personalidad. En el caso de que estas muestras de cariño faltasen, ese niño crecería con unas graves carencias, pudiendo afectar a su estabilidad emocional e incluso a su carácter.

El noviazgo tiene unas expresiones de afecto diferentes de la amistad y también diferentes del amor de los esposos. Es importante que aprendan el camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido. Porque todo eso los prepara para un don de sí íntegro y generoso que se expresará, luego de un compromiso público, en la entrega de los cuerpos. La unión sexual en el matrimonio aparecerá así como signo de un compromiso totalizante, enriquecido por todo el camino previo. (cf. AL 283). Los novios necesitan expresarse, en primer lugar, su predilección: “Te he elegido a ti, y nada más que a ti. Por eso te hablo, te abrazo, te beso de manera única, a nadie más doy estas muestras de amor”. Y cuidar mucho las muestras de delicadeza y ternura. También los abrazos de los novios son diferentes a los de los amigos. Una caricia, retirar el pelo de la cara o cualquier gesto, cuando es entre novios está cargado de ternura.

 

4.4. Significado de la relación conyugal

 

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gén 2, 18). “De manera que ya no son dos sino una sola carne” (Mt 19, 6).

El acto conyugal de los esposos es fuente de unión y de felicidad para ellos. Dios, que creó al varón y a la mujer, los pensó para unirse así. Las relaciones sexuales entre los esposos no solo son buenas, sino necesarias. Saquemos entre todos algunas conclusiones de los siguientes textos del Magisterio de la Iglesia:

Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud (GS 49.2).

La sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte (FC 11).

La unión sexual, vivida de modo humano y santificada por el sacramento, es a su vez camino de crecimiento en la vida de la gracia para los esposos. Es el «misterio nupcial». El valor de la unión de los cuerpos está expresado en las palabras del consentimiento, donde se aceptaron y se entregaron el uno al otro para compartir toda la vida. Esas palabras otorgan un significado a la sexualidad y la liberan de cualquier ambigüedad (AL 74).

 

5. Experiencia vital (10 min.)

 

Para ayudar, se proponen estas preguntas y resumen para la puesta en común:

 

> ¿He comprendido la importancia de saber que somos cuerpo y alma?
> ¿Comprendo que mi cuerpo es don de Dios y me permite relacionarme con los demás?
> Los novios, ¿qué forma tienen de expresarse su amor?

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

 

Hasta la próxima reunión os proponemos prestar atención a las muestras de ternura y afecto entre vosotros. El objetivo es que caigáis en la cuenta de la importancia de la sexualidad en el noviazgo. El mundo nos habla de genitalidad, pero nosotros valoramos la ternura en el trato como expresión del amor. Prestad atención a:

 

→ El tono de voz con que os habláis; sin brusquedad, sin gritos, amablemente.
→ Los gestos de afecto: servir primero al otro, escuchar antes de hablar…
→ Las caricias y los gestos como manifestación de ternura y respeto.

 

Tenéis un mes para daros cuenta de la importancia de la sexualidad y la ternura en vuestro noviazgo.

 

 

SESIÓN 2: Detectar y superar los riesgos de vivir una sexualidad banal

 

1. Acogida (5 min.)

 

Nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos esta sesión en un clima de oración, dejándonos iluminar por este bello texto del Antiguo Testamento.

 

 

La lectura profética está tomada de la tercera parte del libro de Isaías, escrito a la vuelta a Jerusalén (principios del siglo VI a.C.), después de la dura experiencia del destierro en Babilonia, que ha sufrido el pueblo de Israel. En un lenguaje poético del enamoramiento, se anuncia el amor de Dios por su esposa, que es Jerusalén, donde se encuentra el Templo. Es como la descripción de la boda de un rey victorioso con su esposa, que en este caso es Sión, Jerusalén. Viene el Señor, el novio ilusionado ardiente de amor.

 

Esta presentación de Dios como un novio enamorado, que tiene una alegría contagiosa, es la que sienten cada uno de los miembros de una pareja cuando hay amor auténtico, que es capaz de integrar con naturalidad la sexualidad.

 

Os invitamos a reflexionar:

 

⇒ ¿En qué medida somos conscientes de que el amor de una pareja es reflejo del amor de Dios a la humanidad?
⇒ ¿Qué lugar ocupa Dios en la vivencia de mi sexualidad?
⇒ ¿Experimentamos gran alegría estando con nuestra pareja, porque así somos plenamente felices?

 

 

 

3. Dinámica inicial (30 min.)

 

Sabemos que cada vez que nos saltamos la forma de vida que Dios ha escrito en nuestro corazón, sufrimos y hacemos sufrir al otro. Por eso, en este tema abordaremos algunos de los muchos riesgos que pueden empobrecer vuestra vivencia de la sexualidad. Hagamos una lluvia de ideas en torno a las siguientes preguntas:

 

→ ¿Cuáles son los mayores obstáculos para vivir una sexualidad propia de vuestro estado?
→ ¿Crees que vuestro amor deja espacio para el egoísmo de las sensaciones?
→ ¿Qué diferencias creéis que existen en la vivencia de la sexualidad entre unos novios o unos esposos? ¿Todo vale? ¿Existe un tiempo para cada expresión de amor?
→ ¿Se puede amar sin sexualidad? (da juego a distinguir el papel de la sexualidad y su reducción en la genitalidad).

 

 

4. Exposición del tema (20 min.)

 

 

 

La vivencia de la sexualidad durante el periodo del noviazgo queda enmarcada en la misma respuesta a la vocación al amor a la que han sido llamados. Es un tiempo para descubrir los valores y la belleza que tiene y que adquirirán su máxima expresión en el matrimonio. No obstante, no podemos obviar las dificultades que pueden surgir. Es importante “darles la posibilidad de reconocer incompatibilidades o riesgos” (AL 209). Generalmente giran en torno a cómo se entiende el significado esponsal, de entrega. Por ello, es clave que entiendan que el peor enemigo para prepararse a esta entrega es el egoísmo, un amor que se “dobla” sobre uno mismo y que no atiende la dignidad del otro. Aquí se hace necesario el acompañamiento de matrimonios cristianos con experiencia y que puedan transmitir la belleza de la sexualidad, antes que presentar un camino lleno de obstáculos que los desanime.

 

4.1. El amor humano exige un don total y definitivo de las personas entre sí

 

Como hemos visto en la sesión anterior, la forma en la que la Iglesia propone a los novios vivir la sexualidad es mediante expresiones propias que los preparen a una entrega en totalidad una vez se hayan comprometido mutuamente y recibido la gracia del Sacramento del Matrimonio. Y muchos se preguntan: ¿Por qué no puedo tener relaciones sexuales antes del matrimonio?, ¿no será mejor probar antes, no vaya a ser que no funcione y, una vez casados, ya no tenga remedio? El Catecismo de la Iglesia Católica en su punto 2391 y la Familiaris consortio nos lo aclaran:

No pocos postulan hoy una especie de “unión a prueba” cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas “no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 7).

La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la ‘prueba’. Exige un don total y definitivo de las personas entre sí (FC 80).

 

San Juan Pablo II decía en 1985:

La experiencia nos demuestra que las relaciones sexuales prematrimoniales dificultan más que facilitan, la elección del compañero de vida correcto. Para preparar un buen matrimonio es necesario que eduquéis y afiancéis vuestro carácter. Debéis cultivar también aquellas formas de amor y ternura que son adecuadas a lo transitorio de vuestra relación de amistad. El saber esperar y renunciar os facilitará más adelante el respetar amorosamente a vuestra pareja.

 

Esta cultura del amor y del encuentro requieren un itinerario previo de educación para el amor, sobre el que no cesa de insistir el papa Francisco:

El lenguaje del cuerpo requiere el paciente aprendizaje que permite interpretar y educar los propios deseos para entregarse de verdad. Cuando se pretende entregar todo de golpe es posible que no se entregue nada. Una cosa es comprender las fragilidades de la edad o sus confusiones, y otra es alentar a los adolescentes a prolongar la inmadurez de su forma de amar (AL 284).

 

¿Por qué la iglesia no aprueba las relaciones sexuales antes del matrimonio?

Porque quiere proteger el amor. Una persona no puede hacer a otra un regalo mayor que el don de sí mismo. “Te quiero” significa para ambos: “Solo te quiero a ti, te quiero totalmente y te quiero para siempre” Puesto que esto es así, no se puede decir en realidad “Te quiero” a prueba o por un tiempo. Tampoco con el cuerpo (Youcat 407).

 

Actualmente, en la sociedad líquida que vivimos, predomina el miedo al compromiso en todos los aspectos de la vida. Existe la necesidad de tener una puerta de salida, por si acaso. ¿Dónde está la posible causa? En “un amor débil o enfermo, incapaz de aceptar el matrimonio como un desafío que requiere luchar, renacer, reinventarse y empezar siempre de nuevo hasta la muerte, no puede sostener un nivel alto de compromiso. (AL 124)

Todo ello les hace vivir en la lógica de la prueba, del probar sin darse, reservándose, o del gozarse sin poseerse. Pero ‘probar’ a la otra persona no conduce nunca a entregarse a ella: porque la entrega personal verdadera se basa en la fe en el amor, no en la experiencia de satisfacción subjetiva. Es un continuo “prestarse».

 

4.2 La pornografía

 

 

Una adecuada educación sexual debe permitir “el desarrollo de un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad. Los jóvenes deben poder advertir que están bombardeados por mensajes que no buscan su bien y su maduración. Hace falta ayudarles a reconocer y a buscar las influencias positivas, al mismo tiempo que toman distancia de todo lo que desfigura su capacidad de amar” (AL 281). El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica dónde está el riesgo:

La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales reales o simulados, puesto que queda fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manea delibrada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público) pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario o de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico (CCE 2354).

 

La pornografía comercializa y falsea la belleza de la entrega conyugal. Es adictiva y causa daño en la persona adicta y puede incluso llegar a condicionar la capacidad de tener una relación afectiva sana y estable. Así lo expresa el papa Francisco, recogiendo las palabras de los Padres sinodales:

Los Padres sinodales se refirieron a las actuales «tendencias culturales que parecen imponer una afectividad sin límites, una afectividad narcisista, inestable y cambiante que no ayuda siempre a los sujetos a alcanzar una mayor madurez». Han dicho que están preocupados por «una cierta difusión de la pornografía y de la comercialización del cuerpo, favorecida entre otras cosas por un uso desequilibrado de Internet», y por «la situación de las personas que se ven obligadas a practicar la prostitución. En este contexto, «los cónyuges se sienten a menudo inseguros, indecisos y les cuesta encontrar los modos para crecer. Son muchos los que suelen quedarse en los estadios primarios de la vida emocional y sexual. La crisis de los esposos desestabiliza la familia y, a través de las separaciones y los divorcios, puede llegar a tener serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad, debilitando al individuo y los vínculos sociales». Las crisis matrimoniales frecuentemente «se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana» (AL 41)

 

 

4.3. Y si nos hemos equivocado… la misericordia de Dios

 

Estas dificultades se presentan hoy en día a los novios y a los matrimonios. Pero ¿y si vivíamos en una de estas situaciones, pero queremos cambiar?

Es posible con la Gracia de Dios tener una vida nueva.

Nicodemo le pregunta (al Señor): «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu (Jn 3, 4-5).

 

Si hemos tenido un noviazgo en el que hemos vivido la sexualidad que es propia del matrimonio, podemos volver a comenzar, con la ayuda de Dios. Recomenzar siempre es posible y la Iglesia nos espera con los brazos abiertos para ofrecernos toda la ayuda necesaria. El Padre Misericordioso, como en la parábola, nos espera con los brazos abiertos y pone a nuestro alcance la ayuda necesaria, pero hay que dejarse ayudar.

 

5. Experiencia vital (10 min.)

 

Para ayudar, se proponen estas preguntas y resumen para la puesta en común:

 

 

» ¿Qué opina la Iglesia sobre las relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Es prudente probar antes de casarme para evitar problemas después?
» ¿Cuáles son las dificultades/riesgos que me puedo encontrar para vivir la sexualidad en el noviazgo y en mi futuro matrimonio?
»La pornografía ¿hace daño a alguien?
»¿Cómo podemos recomenzar? ¿Cuál debe ser nuestro primer paso?

 

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

 

A lo largo de este mes (o en el tiempo que falte hasta la próxima reunión) os proponemos prestar especial atención en las películas que veáis, en las series, etc., analizando cómo se os presentan las dificultades a una vivencia cristiana de la sexualidad y la paternidad. Por ejemplo:

 

⇒ ¿Aparecen matrimonios divorciados y vueltos a casar? Si es así, ¿dejan claro el sufrimiento que ha supuesto la ruptura matrimonial?
⇒ ¿Aparecen parejas de novios o matrimonios que se rompen por una infidelidad? ¿Queda claro en la película-serie que la infidelidad causa un grave daño a la pareja?
⇒ En la película/serie, ¿se trata el tema de las relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Cuál es la postura de la película respecto a este tema?

 

La razón de proponer estas reflexiones para tiempo que tengamos hasta la próxima reunión es generar un espíritu crítico.

 

 

SESIÓN 3: Abiertos a la vida

 

1. Acogida (5 min.)

 

Se puede decorar la sala con flores de papel que simbolicen la fertilidad y nos remitimos a las indicaciones ofrecidas en la Introducción del itinerario.

 

2. Iluminados por la Palabra de Dios (10 min.)

 

Iniciamos esta sesión en un clima de oración, dejándonos iluminar por un texto del primer libro de la Biblia, que narra el anuncio del nacimiento del hijo de Abrahán y Sara.

 

(Aconsejamos hacer la oración con el icono de la Trinidad de A. Rublëv)

 

Este fragmento es la primera parte de lo que podríamos llamar «la saga de Sara», dentro de la historia de Abrahán. Sara, la esposa querida, es estéril y ya vieja, lo que hace imposible la descendencia legal directa de Abrahán y por tanto el cumplimiento de la Promesa. Pero la bendición de Dios va a hacer el milagro de que Sara conciba un hijo, Isaac, el primogénito en quien se cumplirá la Promesa.

 

La clave del texto se encuentra en la pregunta del Señor a Abrahán: ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? El que ha creado los cielos y la tierra, es el dueño de la vida y puede crear otra vida humana. Desde esta confianza en Dios, el matrimonio tiene que ser una comunidad de amor, abierta a la vida.

 

Os invitamos a reflexionar:

 

⇒ ¿Qué significa para cada uno de nosotros que Dios es el dueño de la vida?
⇒ “¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?”. ¿Cómo entendemos esta pregunta del Señor a Abrahán?
⇒ ¿Confiamos el tema de la apertura a la vida en las manos del Señor?

 

 

3. Dinámica inicial (30 min.)

 

Vamos a proyectar un documental titulado La Odisea de la vida.

 

El objetivo de esta dinámica es que los novios se admiren de la grandeza de lo bien hechos que estamos. Dios ha sido el Creador de toda esa belleza y ha escrito en nuestros cuerpos el lenguaje de su amor. Creados a su imagen y semejanza en el amor. La unidad del hombre y la mujer es fecunda y genera vida.

 

También se pretende, al introducir los aspectos biológicos, que sirva de punto de partida para invitarles a participar en cursos de reconocimiento de la fertilidad.

 

Se propone que lo vean dos veces y se lea el texto correspondiente detallado a continuación:

 

PROYECCIÓN 1: En un primer momento os invitamos a disfrutar del paisaje. Es un paisaje especial.  Dejaos sorprender por cada detalle.

PROYECCIÓN 2: Ahora vamos a verlo desde otra perspectiva. Salimos de lo natural y la pura biología a poner la mirada en lo bien hechos que estamos, cuerpo, alma y corazón y como esa ley natural del amor está también escrita con sello en nuestros corazones.

 

Min. PROYECCIÓN 1: BIOLOGÍA PROYECCIÓN: NOVIAZGO
INICIO El acto sexual es la unión del cuerpo del hombre y la mujer.  El gesto más íntimo en unidad y expresión de amor al recibir y entregarse uno al otro.
0:21 250 millones de espermatozoides entran en el cuerpo de la mujer. Solo uno consigue su misión: fecundar el óvulo. El amor tiene sus etapas ¿recordáis?

El inicio es el estallido hormonal que produce la etapa de enamoramiento.

0:44

 

1:05

Pocos millones alcanzan el cuello del útero ya que el pH no les es favorable. Otros caen.

Pero también la fertilidad femenina proporciona las condiciones óptimas para mantener con vida los espermatozoides y alimentarlos para el largo camino que tienen por delante.

 

 

Se sigue avanzando en el amor y se pone en juego la libertad, la razón y la voluntad.

 

Quiero conocerte.

 

Quiero estar contigo

1:47

 

2:00

Se sigue avanzando por este paisaje espectacular que cambia de color y textura. La trompa que corresponde al ovario que ha expulsado el óvulo permanece abierta y el movimiento de sus cilios atrae a los espermatozoides que se esfuerzan por conseguir la meta, ya solo unos miles. El óvulo manda señales que atraen a los espermatozoides, que son recibidas por sus receptores, estableciéndose una relación a distancia entre ellos.  

El camino del amor tiene sus altos y sus bajos, momentos maravillosos y momentos de más dificultad y también pueden aparecer crisis. Es importante discernir si seguir el camino que a veces implica renuncia para llegar también a la meta de la vocación.

A veces, el camino se corta porque no se ve clara la cima.

2:20

 

3:00

Al llegar al óvulo, de los pocos cientos sólo uno entrará en él. Los demás se quedarán fuera. El espermatozoide rompe la capa de protección que tiene el óvulo y una vez dentro cambia su estructura, se transforma porque ya ha sido alcanzado.  

Llega un momento que decimos SI

Solo tú. Solo yo.

Unidos en el sacramento del matrimonio.

Yo me entrego a ti y te recibo.

3:43 Esa unidad dará una nueva vida

Se termina comparando los dos enfoques:

 

PROYECCIÓN 1: BIOLOGÍA PROYECCIÓN: NOVIAZGO
Dos gametos que se buscan, que se encuentran y su íntima unión es transformada en una sola Célula, que da como fruto una nueva vida Hombre y mujer, que se aman, que se entregan y su íntima unión es transformada en una sola CARNE, que da como fruto una nueva vida

 

 

4. Exposición del tema (20 min.)

 

4.1. Consecuencias del acto de amor. Una sola carne

 

En las sesiones anteriores se ha integrado la relación conyugal en el marco de la dimensión sexual de la persona, dando al cuerpo un sentido esponsal, es decir, la capacidad de expresar el amor a través de la donación de uno mismo.

 

 

El capítulo 2 del libro del Génesis define lo que es el matrimonio en toda su plenitud: instituido por Dios, creado con una disposición a la entrega y la donación personal para la unidad en una sola carne de los esposos, que responden al plan de Dios en su designio de amor. “Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gén 2,24). Esta realidad ocurre verdaderamente en la unión conyugal que representa el nivel más íntimo de comunicación dentro del matrimonio.

¿Qué significado tiene ser una sola carne?

Ser una sola carne es la consecuencia de un acto de entrega y donación reciproca de los esposos. Es decir, ser una sola carne es abrazar todo de ti y ser abrazado totalmente por ti.  Es quedar sellado. Mi cuerpo ha quedado marcado por ti, ya no es mío, te pertenece y yo te pertenezco. Yo habito en ti y tú habitas en mí. Habitar es permanecer. Yo permanezco en ti y tú en mí. Somos inmanentes el uno al otro, inseparables, dos en una sola carne.

Podemos recordar la imagen del espermatozoide en unión al óvulo como quedan unidos, inherentes y transformados en una nueva apariencia, en un nuevo diseño.

 

Este “ser una sola carne”, por tanto, sugiere una transformación de la persona. Ser una sola carne en el cuerpo, hace también ser una sola carne en la vida, en los problemas, en los éxitos. Una sola carne en las alegrías y en los sufrimientos, ser una sola carne en la oración y en el amor.

De esta manera misteriosa la unidad conyugal a través del cuerpo redunda en la unidad de los propios esposos, en la unidad matrimonial.  Esta es la primera consecuencia de ser una sola carne: la unidad como bien matrimonial.

La segunda consecuencia tiene que ver con esa transformación que vimos en el vídeo del milagro de la vida, cuando los gametos se unen. Ya no son dos células, sino que han quedado transformadas en una nueva célula, diferente a ellos, distinta. De su fusión ha surgido una nueva criatura, una nueva vida. Así es también como hombre y mujer, siendo una sola carne pueden transmitir la vida humana. El amor de los esposos se encarna también en los hijos y se prolonga en ellos. Ese “ser una sola carne” fecunda, da fruto. La segunda consecuencia es la fecundidad.

Toda esta grandeza del amor tiene su origen en Dios. Hombre y mujer, creados a imagen y semejanza de Dios en el amor para la comunión y la fecundidad: ”Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra” (Gén 1,28).  Este es el mandato de Dios para el hombre y la mujer. Así lo ha querido Dios y lo hace posible: ser una sola carne y ser fecundos. De esta manera, los esposos son también reflejo de la fecundidad de Dios y cooperadores en la creación de los hijos. Reconocer esta grandeza del amor de Dios en el matrimonio no puede dejarnos indiferentes el corazón. Contemplar este misterio se hace verdadera oración y cántico de alabanza: “¡Bendito seas, Dios de nuestros padres, ¡y bendito tu Nombre por siempre! ¡Que por siempre te alaben los cielos y todas las criaturas!” (Tob 8,5).

 

4.2. El amor conyugal abierto a la fecundidad

 

Hemos iluminado el acto conyugal profundizando en sus consecuencias: la unidad y la fecundidad de los esposos.

 

La fecundidad no es solo una función biológica, sino que tiene un significado profundamente personal. Por esta razón se ha mostrado la Proyección del Milagro de la vida desde la biología de la fecundación del óvulo y el espermatozoide, y de forma paralela, desde una visión más amplia y profundamente humana, de la fecundidad del amor.

 

Damos un paso más formulando las siguientes preguntas:

 

⇒ ¿Qué pasaría si en el encuentro y la unidad del óvulo y el espermatozoide se eliminara el contenido genético de ambos?
⇒ ¿Podría nacer un nuevo ser?
⇒ ¿Los gametos habrían realizado su función?

 

La respuesta es manifiesta. Sin carga genética, solo, con una parte de los gametos, es imposible que haya fecundación y como consecuencia, imposibilita la formación de un nuevo ser. De la misma manera, cuando en un acto conyugal, se elimina el significado procreativo del mismo, deja de ser un verdadero acto de amor conyugal. Es un acto infecundo. No existe una entrega total del cuerpo y alma. Se reserva la fertilidad y la posibilidad de la paternidad y la maternidad. La entrega mutua es parcial, con reservas y se excluye de “una sola carne” el abrazar todo de ti, el entregar todo, el habitar por entero, el permanecer por completo y así excluyendo siempre una parte de un todo, deja de ser una expresión verdadera de amor esponsal.

Cuando se elimina voluntariamente del acto conyugal el significado procreativo, se diluye también el significado unitivo de los esposos ya que los dos van ligados. Según la carta encíclica Humane vitae de S. Pablo VI, presentada en 1968, los significados unitivo y procreativo del acto sexual son inseparables (HV 12). Esta encíclica fue escrita para iluminar el valor de la transmisión de la vida humana en la vocación específica de los matrimonios a ser padres desde la santidad conyugal y la responsabilidad.

S. Pablo VI habla de las exigencias del amor conyugal: un amor plenamente humano en la unidad de cuerpo y alma, un amor total que abraza la vida entera, que es fiel y exclusivo, y que es fecundo (HV 9). Por tanto, el amor de los esposos debe estar siempre abierto a la vida. El matrimonio debe responder con un a la voluntad y al Amor de Dios.

 

 

 

4.3. ¿Estar abiertos a la vida es lo mismo que tener hijos?

 

Ha quedado expresado en el punto anterior que todo acto de amor conyugal debe estar abierto a la vida. Esta condición de los esposos parece ser muy exigente, ya que existe la posibilidad de tener un hijo en cada unión conyugal.

Estar abiertos a la vida es responder a la dimensión procreadora de la unión conyugal desde la propia naturaleza humana, creada por Dios. Así, de la misma manera que no todos los espermatozoides que llegan al óvulo lo fecundan, tampoco de cada acto conyugal de los esposos va a surgir un nuevo ser.

Como veíamos en el vídeo de presentación, los espermatozoides atraviesan barreras que dificultan su paso y su viabilidad. Una de las primeras barreras es el cuello del útero. Pero decíamos también que este podía proporcionar una serie de condiciones favorables para la esperanza de vida de los espermatozoides y así alcanzar su misión. Pues bien, esas condiciones suceden solo en la etapa fértil de la mujer. Dios ha creado al hombre y a la mujer con cuerpos diferentes. Cuerpos sexuados que manifiestan su fertilidad también de manera diferente. La fertilidad del hombre es continua y la de la mujer se expresa de forma cíclica y con signos visibles y evaluables.

Esa diferencia entre hombre y mujer está llamada a la comunión, por eso también la fertilidad es cosa de dos.

 

 

En este punto es aconsejable invitar a los novios a participar en cursos del reconocimiento de la fertilidad e incorporarlo como tarea a su noviazgo. Es importante para poder vivir en plenitud esa doble dimensión del amor conyugal y facilitar a los novios el acercamiento personal a través del conocimiento mutuo.

El Magisterio de la Iglesia invita a los esposos a vivir los principios de la doctrina moral del matrimonio a la luz de la ley natural y la Revelación divina (HV 4) asumiendo su responsabilidad en la transmisión de la vida (HV 10).

La paternidad responsable comprende dos principios:

  • Una llamada a dar vida, siendo cooperadores de la Paternidad de Dios.
  • Un llamamiento a la responsabilidad de formar y educar a los hijos como hijos de Dios para que encuentren la vocación al amor.

La paternidad responsable implica por tanto una gran exigencia a los esposos. Llevar adelante esta misión precisa de una conciencia profunda que debe ser iluminada por Dios. Recordamos cómo Tobías y Sara encomiendan sus vidas al Señor en el lecho nupcial. Así los esposos deben estar conectados al plan de Dios para con ellos y responder en conciencia a:

  • El propio bien de los esposos.
  • El bien de los hijos, ya nacidos y por venir.
  • Las circunstancias del momento, del estado de vida, tanto materiales como espirituales.

Estar abiertos a la vida no es lo mismo que tener una “super familia numerosa”. Estar abiertos a la vida es una disposición personal de los esposos, en cuerpo y alma de vivir el “ser una sola carne” desde la ley natural, la moral del matrimonio y el plan de Dios que implica también una llamada a ser para los hijos signo visible del amor de Dios.

 

 

 

 

Por tanto, a veces, en determinadas situaciones personales o familiares, no es lo mejor que los esposos puedan tener un hijo en la unión de un acto sexual. En ocasiones cumplir con la responsabilidad de la paternidad implica espaciar o posponer un embarazo. Lo que siempre deben de mantener los esposos es el significado unitivo y procreativo para que ese acto no sea intencionadamente infértil (HV 12 y 16).  Es decir, que los esposos sean conscientes que un hijo puede no ser concebido en ese acto concreto porque la esposa no se encuentra en su periodo fértil. De esta manera los esposos seguirán manteniendo el significado procreativo en la unión sexual.

El ser humano es capaz de posponer la satisfacción de sus deseos más primarios y naturales, como por ejemplo beber agua cuando se tiene sed o dormirse cuando se tiene sueño. Esa capacidad se ejercita a través de su inteligencia y voluntad. El deseo sexual de unión entre hombre y mujer también puede ser pospuesto por la razón y la voluntad y sostenidos por la gracia. También los esposos pueden transformar ese deseo de unión en otros gestos de expresión del amor, como, por ejemplo, un detalle, una cena romántica, etc. Esta renuncia y la creatividad en la nueva expresión del amor también fortalecerán el amor y la unidad de los esposos.

 

4.4. ¿Fertilidad es lo mismo que fecundidad?

 

La fertilidad se define como la cualidad de ser fértil. Pero algunos matrimonios, en su “ser una sola carne”, en su “fertilidad es cosa de dos”, no logran un embarazo. Esto puede suponer una fuente de dolor grande para los esposos.

La fecundidad engloba a la fertilidad. Tiene un sentido más amplio de abundancia. Todo amor por definición es fecundo. El hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza de Dios, son fecundos en el amor. Así, un matrimonio que no es fértil puede ser fecundo. Es más, todo matrimonio está llamado a ser fecundo.

El hijo es siempre un don, no es un derecho. El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica cómo los hijos no vienen de fuera a añadirse al amor de los esposos (CCE 2366). El hijo es fruto del amor de los esposos, como don de Dios y así debe vivirse.

Hoy en día la ciencia ha avanzado enormemente en el conocimiento del desarrollo embrionario y la fertilidad y son muchas las técnicas que se aplican para facilitar la procreación. La Instrucción Dignitas personae, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos ilumina diciendo que estos avances científicos son buenos cuando sirvan para superar y corregir patologías, sin lesionar la dignidad de la persona (DP 4).

La fecundidad del matrimonio desborda la propia fertilidad. Hay desgraciadamente muchos niños huérfanos o abandonados, sin padres en el mundo. El hijo tiene derecho al amor de sus padres. Es un don en sí mismo que necesita del calor de un hogar. Estar abiertos a la vida invita de forma especial a los matrimonios a acoger ese don del hijo abandonado, que, por la adopción filial, recibirá el don del amor de sus nuevos padres. Recordamos, como, nosotros, cristianos por el bautismo, recibimos también esa adopción filial de Dios Padre. Los matrimonios que no pueden tener hijos a través de la adopción pueden llegar a ser colaboradores de Dios en su Paternidad.

Estar abiertos a la vida también implica dar fruto como matrimonio en la Iglesia y en la sociedad, a través de la donación de los esposos en el compromiso con la sociedad a través de fundaciones, organizaciones caritativas, de ayuda a los demás, o en el mismo trabajo y la propia familia cercana. El amor siempre puede dar fruto. Esta es la fecundidad en el amor, a imagen de la fecundidad de Dios.

 

5. Experiencia vital (10 min.)

 

En el Génesis, Dios nos habla del matrimonio, instituido por Él. Veíamos también que ser una sola carne en el cuerpo, hace también ser una sola carne en los proyectos, en los problemas, en los éxitos, en las alegrías y en los sufrimientos, en la oración y en el amor.

 

–Aunque vosotros, como novios, no seáis una sola carne en el cuerpo, ¿creéis que podéis empezar a participar en ser uno en los proyectos, en los problemas, en las alegrías, etc.? ¿Lo habéis experimentado ya? ¿En qué?
–¿Cómo podéis ser uno en vuestra vida cotidiana? ¿Es bueno que seáis uno en todo?

 

El acto conyugal tiene una doble dimensión: unitiva y procreativa. ¿Sois conscientes del sentido profundo del propio acto?

 

El noviazgo es un camino de discernimiento para conocer a la persona amada en la vocación al matrimonio, ¿consideráis que unos novios que practican relaciones sexuales tienen libertad de elegir bien, o por el contrario la pierden al quedar “unidos” el uno al otro en la propia relación sexual?

 

Hemos visto como el matrimonio por definición es fecundo y está abierto a la vida.

 

–¿Consideráis que vuestro noviazgo, vivido desde una base cristiana, sin todavía “ser una sola carne” puede estar también abierto a la vida? ¿En qué cosas concretas?
–¿Reconocéis que vivir vuestra sexualidad experimentando la capacidad de espera al encuentro sexual en el matrimonio, aunque sea difícil, os hace vivir gestos de amor especiales que vivifican vuestro noviazgo? ¿Os habías planteado que, esperando al momento de unión conyugal, estáis educando vuestros deseos, vuestra voluntad, y todo vuestro cuerpo y alma en saber esperar por un bien mayor?

 

6. El acompañamiento entre sesiones

 

Tenéis tiempo por delante para poder profundizar en todo este tema de la apertura a la vida. Y el mejor regalo es el dialogo entre vosotros. Os invitamos a que volváis a haceros, en privado, las preguntas que hemos compartido antes y añadáis alguna más:

 

–¿Hemos hablado alguna vez de nuestros futuros hijos? Podemos compartir la visión de cada uno.
–¿Hemos hablado de cómo nos gustaría educar a nuestros hijos?
–¿Nos hemos planteado alguna vez la posibilidad de que no pudiéramos tener hijos? ¿Qué haríamos?
–¿Hemos hablado de la organización de los trabajos y el cuidado de los hijos? ¿Nos lo planteamos de la misma manera?

 

Os recomendamos que busquéis información sobre cursos de reconocimiento de la fertilidad para que podáis participar en ellos. Habladlo juntos.

 

 


 

León Magno, Epistula Rustico narbonensi episcopo, inquis. IV: PL 54, 1205A; cf. Incmaro de Reims, Epist. 22: PL 126, 142.

Relatio synodi 2014, 10.

III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje (18 octubre 2014).

Se recomienda lectura del Catecismo de la Iglesia Católica: 369, 371, 372, 2331, 2335.

Se recomienda lectura de la encíclica Humane vitae. El Papa Francisco invita a redescubrir su sentido.



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